lunes, 27 de diciembre de 2010

The 12 days of Christmas - nueva versión

Vale, vale, que es en América... (Pero si no ha llegado, ya llegará)



sábado, 25 de diciembre de 2010

Un niño nos ha nacido


En pleno estado de alarma, un niño nos ha nacido. Ha venido a compartir nuestra intemperie, nuestra incerteza, nuestro futuro imprevisible, nuestra condición nómada. Ha venido a plantar su tienda frágil entre nosotros, no su trono, ni su palacio, ni su castillo. Ha venido a enseñarnos que, como decía un colega en su felicitación, lo que de verdad debería alarmarnos es no amarnos más.,

Bon Nadal!

Imagen: Maternidad, de Valera Montoro



sábado, 4 de diciembre de 2010

Con el parpadeo de las luces a lo lejos



«La Navidad es posibilidad de reunir a la familia, esa institución en quiebra a la que debemos salvar. El catolicismo español, durante muy largos años y aún todavía en determinados estamentos, se apoyó en el derecho administrativo dando de lado al derecho natural –quiero decir: procedía por coacción y no por amor- y los efectos de esa ininteligencia y anticristiana actitud los estamos pagando en nuestras flacas carnes. (...) La sociedad de consumo es anticristiana y la descarada lucha por el dinero, con todas las connotaciones que lleva implícitas, da de lado al espíritu porque entiende, con error manifiesto, que el espíritu no es rentable (y en su concepción de la vida, en efecto, no lo es). Yo pienso exactamente lo contrario y creo que tan sólo con el espíritu podremos combatir esa lacra de la sociedad de consumo y la fría y desalmada tecnocracia que atenta contra la dignidad del hombre y su secuela, la libertad del hombre, premisa necesaria al cristiano».

Son palabras de un escritor de reconocido oficio al que, al margen de estudiadas imposturas o encubiertos partidismos casi ignominiosos (que los tuvo), cabe reconocerle una lucidez y una capacidad de comunicación envidiables. Y no son de ahora. Tienen ya la friolera de 35 años. Suprimamos la alusión a la “fría y desalmada tecnocracia” o, mejor, substituyámosla por ciertos “fríos y desalmados poderes mediáticos”, y las palabras reproducidas conservan una sorprendente actualidad. De pronto, se da uno cuenta de que, para ciertas cosas, treinta y cinco años no son nada. La familia sigue siendo una institución en quiebra que se resiste a quebrar, pese a los vendavales del azar o de la deliberación, como los árboles que en lugar de ser arrancados simplemente cambian su forma esperando tiempos de calma para volver a tender sus ramas en la dirección correcta. Por eso, la Navidad probablemente despierta lo que hay en el alma de aferramiento a un dulce recuerdo. Quien dice la familia dice la sociedad de consumo. Consumimos más (no sé si mejor) y, si reducimos consumo, parece que reducimos bienestar. Seguimos en buena parte dando de lado al espíritu. Y sí, es tremendamente cierto, aunque tanta gente, extraviada la mirada febril por espejismos, se empeñe en no querer verlo: la defensa de la libertad presupone la defensa de la dignidad humana. Y ojalá en esto los cristianos tuviéramos más competencia, esto último en el doble sentido, es decir que lo supiéramos hacer mejor y que hubiera mucha más gente compitiendo con nosotros en la defensa de la verdadera dignidad humana. Seríamos (todos) más libres y entenderíamos por qué la Navidad hace emerger en nosotros (todos, por sintonía o contraste) la riqueza que llevamos dentro: la esperanza humilde, como en el tango...


sábado, 20 de noviembre de 2010

Si fuera prosista o poeta escribiría cosas así o Confesión




Por el flanco siniestro da mi cama a una pared de blanco inmaculado. Los rincones parecen protegernos. Añadamos que necesariamente la ubicación me salva del peligro de levantarme con el pie izquierdo. Y, sin embargo, miento cuando digo que es pura la blancura del tabique. Acostado del lado más seguro, se percibe a la altura de los ojos una mancha de sangre que fue mía, la sangre digo, un tiempo. Tal la huella de la instantánea muerte de un mosquito. Una muerte alevosa y sin piedad. Conservo en el cajón de la mesilla el arma del crimen: un ejemplar de la interpretatio Apocalypsis escrita por Bartolomé Holzháuser, cracoviense edición mil ochocientos noventa y cuatro, en papel forrado, papel de sobre (second hand, reciclo). Doy todos los detalles por si sirven de atenuante o algo parecido. Temo que llegue el día que se me aplique la muy severa ley de Protección de Animales y plantas (o paredes). Vendrán los Mossos a llevarme preso, y aunque grite que fue en defensa propia, dirá el fiscal que hubo "desproporción". Au revoir la libertad, me esposarán, saldré en la tele, la capucha echada. "Ahí va el mosquiticida" informarán novatos reporteros con acné. "Di que presunto", rectificará su jefe con soberbia suficiencia. Quizá la Orden pague la fianza y me trasladen a un convento humilde sin mosquitos ni ácaros ni móviles, arriba, donde las perpetuas nieves. Purgaré mi pecado con el frío, con un silencio hiriente, preguntándome por qué no le pedí educadamente y de rodillas al señor mosquito: "no me pique usted más, se lo suplico, señor ladrón de tiempo, sueño y sangre"...

(Si yo fuera prosista o fuera poeta, se entendería esta algarabía, mas, no siéndolo, díganme el porqué de la endecasilábica estructura):

Por el flanco siniestro da mi cama / a una pared de blanco inmaculado./ Los rincones parecen protegernos./ Añadamos que necesariamente / la ubicación me salva del peligro / de levantarme con el pie izquierdo./ Y, sin embargo, miento cuando digo / que es pura la blancura del tabique. / Acostado del lado más seguro, / se percibe a la altura de los ojos / una mancha de sangre que fue mía, / la sangre digo, un tiempo. Tal la huella / de la instantánea muerte de un mosquito./ Una muerte alevosa y sin piedad./ Conservo en el cajón de la mesilla / el arma del crimen: un ejemplar / de la interpretatio Apocalypsis / escrita por Bartolomé Holzháuser, / cracoviense edición mil ochocientos / noventa y cuatro, en papel forrado, / papel de sobre (second hadn, reciclo). / Doy todos los detalles por si sirven / de atenuante o algo parecido./ Temo que llegue el día que se me aplique / la muy severa ley de Protección / de Animales y plantas (o paredes). / Vendrán los Mossos a llevarme preso, / y aunque grite que fue en defensa propia, / dirá el fiscal que hubo "desproporción". / Au revoir la libertad, me esposarán, / saldré en la tele, la capucha echada. / "Ahí va el mosquiticida" informarán / novatos reporteros con acné. / "Di que presunto", rectificará / su jefe con soberbia suficiencia./ Quizá la Orden pague la fianza / y me trasladen a un convento humilde / sin mosquitos ni ácaros ni móviles /, arriba, donde las perpetuas nieves./ Purgaré mi pecado con el frío, / con un silencio hiriente, preguntándome / por qué no le pedí educadamente / y de rodillas al señor mosquito: / "no me pique usted más, se lo suplico, / señor ladrón de tiempo, sueño y sangre"...

Si yo fuera prosista o fuera poeta, / se entendería esta algarabía,/ mas, no siéndolo, díganme el porqué / de la endecasilábica estructura.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Minuto y medio de Roger de Taizé


Hay sabiduría en estas palabras. Sólo puliría lo de la "inocencia", tal vez en exceso optimista. Ese genio (al que algunos quieren relegar demasiado apresuradamente al trastero de lo obsoleto y al que el Papa, alumno suyo, ha recordado recientemente) llamado Romano Guardini ya advirtió de la trampa de la inocencia presunta; lo hacía comentando el dicho de Jesús de "hacerse como niños"; el niño de un día, decía Guardini, ya lleva el mal con él, agazapado en su interior, adormecido, pero está ahí. Creo recordar que Guardini venía a decir (¿dónde habrá ido a parar mi ejemplar de El Señor, aquella edición en dos tomos de Rialp en la colección Patmos?) que la presunción de una inocencia infantil es una nostalgia que los adultos tienen de algo que creyeron poseer antaño, pero que realmente nunca tuvieron.

Habría que encontrar otro término y aunque esta objeción parezca dejar sin contenido las afirmaciones de Roger de Taizé, sus palabras siguen conteniendo una gran parte de verdad, pues lo esencial no es tanto el sustantivo, sino el calificativo, no la "inocencia", sino el que algo que se tiene por dentro ha sido a veces profunda e inquietantemente herido.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Reflexiones del día después


Como dijo un colega en el sermón de la misa vespertina, ayer era fácil ser católico, apostólico y hasta romano. Atrás quedaron las preocupaciones de una organización no fácil, aunque en algún aspecto en concreto inexplicablemente (otros escribirían sospechosamente) torpe (¿por qué, si realmente se necesitaban, no se pidieron voluntarios a las parroquias ?). Atrás quedaron las protestas de aquellos que, como era de esperar, no esperaban al Papa. Atrás también aquella gente plural que tuvieron su minuto de prensa y gloria en el acto de la basílica del Pi para repetir su consabido sonsonete (¿se dan cuenta de la facilidad con que por estos lares nos juntamos cuatro y ya somos un "colectivo de..." y hacemos una "declaración ante..."?). Atrás también la inconsciente profesión de ignorancia y la ridícula soberbia del director de la Oficina de Prensa de la CEE, un, como diría mi amiga R.C., pijo cristianito que realmente desconoce lo que es la Iglesia catalana y que, sin embargo, se jacta de conocer la Iglesia universal (¿se habrá empollado el anuario pontificio o se limita a repetir el catecismo españolero al uso?).

Vino el Papa y dijo lo que tenía que decir. Ya en Santiago abrió la boca e hizo pupa. Joan Herrera, campeón donde los haya del más puro dogmatismo de izquierda, ya soltó un ¡ay! en su blog, escribiendo muy serio el día 6 no sé qué de añoranzas eclesiásticas de control social (realmente lo que le ocurre a Herrera es que quiere encerrar lo estrictamente religioso en lo estrictamente privado y no se da cuenta de que, no habiéndolo logrado los soviets allí donde tuvieron el poder, difícilmente lo logrará él con su 6,3% de votos en las últimas generales en Barcelona).

Vino el Papa y dijo lo que tenía que decir. Y hasta quizá algunos pudieron comprobar que ni es un tontaina como lo pintan en cierto programa humorístico de la televisión catalana ni el hombre del saco que refieren, con una connivencia deplorable, tanto algunos "grandes comunicadores" como otros desarrapados okupas.

Vino el Papa y dijo lo que tenía que decir. Y hasta escuchó lo que tenía que escuchar. Lástima que el papamóvil pareciera de allá para acá y de acá para allá una nave supersónica, porque mucha buena gente hubiese agradecido, después de larga espera (estos sí le esperaban) un poquito más de detención (cuando yo digo, como diré, que la batalla es mediática no es por gusto: véase la velocidad a la que avanza el autocar del club cuando celebra el triunfo, hijos de las tinieblas más astutos que los hijos de la luz) y, si era cuestión de tiempo, con podar los discursos de uno y otro (que repetían lo mismo una y otra vez) se ahorraba fácil.

Vino el Papa y dijo lo que tenía que decir. Eso fue ayer. Hoy son los retos. Ayer era la belleza (ohhhhhhhhhhhhh) de la basílica recién dedicada, hoy toca llenarla de piedras vivas. La Iglesia catalana tiene retos mayúsculos. Retos que no se solucionan simplemente con estructuras (como parece proponer Bernabé Dalmau en el último Serra d'Or), sino con decisión y con arrimar el hombro todos. Seguir simplemente invocando unas Arrels cristianes no basta ni sirve. Porque hoy en esta sociedad cada vez más el cristianismo tiene que ser injertado. Porque la savia del pasado pasó (alguien diría que se desperdició y no tendría la razón del todo, pero sí algo de razón).

Si ayer día 7 era fácil ser católico, lo era no sólo pero también porque la televisión se había puesto en marcha. Porque en nuestros días, desengañémonos, la batalla es mediática. La Iglesia catalana o la Iglesia en Catalunya, me da igual, tiene que atreverse a entrar en la liza de los medios. Porque hoy no podemos reducir la alternativa o a confesionalismos que desconocen (prefiero presumir su ignorancia que su malicia) la realidad catalana (tipo Intereconomía) o puro laicismo. ¿De verdad alguien cree que hoy Radio Estel, tal como está planteada su fórmula, es un medio de la nueva evangelización requerida? ¿De verdad alguien cree que hoy Unió es un partido calificable de demócratacristiano? ¿De verdad tiene sentido un Centre d'Estudis Pastorals que sigue con los mismos planteamientos de los años 80? ¿De verdad podemos vivir nuestra fe y transmitirla exigentemente condicionados, como no pocos clérigos y laicos lo están, por el temor de "no nos vayan a calificar de conservadores"? ¿No está en cierto modo la Iglesia catalana atenazada por el miedo a ser radicalmente católica, por el medio a ser una fuerza con un mensaje explícito? No estoy invocando el fanatismo, estoy invocando la coherencia.

jueves, 14 de octubre de 2010

Unos dibujitos y un In memoriam



Siempre hay cierta distancia entre lo que una persona quiere representar y aquello que otra percibe. Más cuando el perceptor tiene cierta imaginación. Tomemos, por ejemplo, uno de los simpáticos dibujitos de los materiales que alguien ha dispuesto para preparar la visita de Benedicto XVI. Contémplenlo con detenimiento y díganme si realmente son o no descabelladas estas preguntas:

a) Ese Benedicto tambaleante y con esos ojillos, ¿qué parecería si substituyéramos la cruz por una farola? (¿Lo habrá dibujado el guionista del Gran Wyoming?)
b) Hablando de bebidas, si le añadimos una pajarita, ¿no parece Gaudí un camarero de taberna sirviendo unas Paulaner?
c) ¿Por qué se parece tantísimo la María a Sor Teresa Forcades?
d) Si a ese José le ponemos unas cartucheras cruzadas sobre el pecho, ¿no es el mismísimo Fernando Sancho de los spaghetti western?
e) En cuanto a Jesús, créanme, de verdad de la buena que si le colocamos una pipa curvada en la boca, es el vivo retrato del profesor de filosofía (un pnn) que tuve en el instituto.

Qué tiempos aquellos, cómo no recordar a un lobo cansino que en mi memoria siempre será de aquellos tiempos (¿será esta forma de hablar un síntoma del declive?), aquellos en que su voz sonaba extrañamente más auténtica y desgarrada, menos adornada. Aquí dejo in memoriam su mejor canción (en dos versiones, en dos momentos, nótese la diferencia entre el posterior adorno fiestero de la primera y la intemperie grave, hermosa, dura, de la segunda):





jueves, 7 de octubre de 2010

Días de otoño



Pumcatapumpumpum, ¡cómo me gusta el otoño!
No comparto la percepción del ambiente otoñal como entrañablemente triste. Este tiempo no me hiere el corazón con languideces de monotonía. Monótono el verano, monótono el frío invernal. Pero en mi apreciación en otoño se multiplican las tonalidades y la vida. Las mochilas vuelven a llenarse de papel, las calles de hojas secas, las reuniones de gente, up with people (¿existirá todavía?). Además, vienen las lluvias y los vientos, las vacunas, los inmunoferones, ¿no es magnífico?
El otoño en Barcelona es pura maravilla. Uno puede sentarse tranquilamente en la celda, abrir la ventanita, prescindir de las estufas, de los ventiladores, de sus cables respectivos. Qué delicia. O uno puede subir corriendo al mirador de Roquetas sin empapar de sudor la entera camiseta. Formidable.
Días de otoño. Quédense para otros las hogueras de junio, los empachos de turrones y los supuestos despertares de la primavera. Denme otoño, ideal para la placidez e indicado para la producción, es decir, para todos los gustos. Los bienes se multiplican incluso tomándoselo con calma.
Es lo que pasa con el Carrefú, donde los días gangueros rinden más y 20 días naturales se convierten no se sabe muy bien cómo en 30:

viernes, 13 de agosto de 2010

Día del Orgullo Desorientado


Nunca he creído en el relativismo cultural. Siempre me ha parecido un retroceso la moda de perforarse la nariz o las cejas o de convertir la propia piel en material artístico de dudoso valor revelando indeleblemente la propia estupidez.
Ahora van los supuestos pensantes ateos y en un rasgo llamativo de racionalidad (?) promocionan el llamado Día del Orgullo Primate, con su cartelito alusivo y todo. Tengo para mí que con el tiempo se pretenderá incluso que los códigos penales recojan cualquier aserción creacionista como delito de primatofobia.
No soy un antievolucionista. Pero no deja de interrogarme que los acérrimos defensores de la teoría se empeñen tan deliberadamente en su reversibilidad.

jueves, 29 de julio de 2010

Yaaaauum, Ecssss, Puajjjjjj


Nunca he tenido afición a los toros. Serán arte, pero un arte que me aburre, que me hace bostezar (Yaaaauum). Siempre me ha parecido que si a un torero se le embadurna convenientemente la cara y se le da un saxofón se convierte fácilmente en el formal-listo de las típicas parejas de payasos. Tal vez lo mío sea una deficiencia de formación artística o estética; tampoco he entendido nunca la belleza de la obra chapapotesca de Miquel Barceló, la cual me da más bien asco (Ecssss). Por ello, lo de la prohibición de la tauromaquia en Catalunya me ha dejado en el fondo basante indiferente. Una nueva victoria del animalismo, exageración sensiblona, como más o menos lo calificaba Bernard Häring en los tiempos de su famosa La Ley de Cristo (ya ha llovido).
Alguna emisora radiofónica se ha empeñado machaconamente en interpretarlo como otro pasito en el camino del separatismo catalán, es lo que sucede en este tiempo de veranito que los cansinos puros se vuelven cansinos prácticos. Allá ellos. Personalmente, creo que los de Prou y compañía se lo han currado, como se lo curran cada día más los de Progat y otros por el estilo. Hay una mentalidad mayoritaria proclive a la conmiseración con los animales, eso es todo. En principio, no parece necesariamente maligno. Pero cuando uno oye las declaraciones de ese tipo pérfido y tortuoso que es Puigcercós hablando de progreso moral, respeto a la vida, futuro que no nos avergüence, uno no puede evitar que se le revuelvan las tripas. Por si alguien no se acuerda, ERC quería despenalización total del aborto hasta la semana 22. Me pregunto: ¿de verdad está tan claro que un feto humano de 22 semanas no "sufre" al ser abortado? Pues eso, que a veces la ruindad llega a un nivel en que ya no se trata del aburrimiento (Yaaaauum), ni del asco (Ecssss), sino que se pasa directamente al vómito (Puajjjjjj), ustedes perdonen.

sábado, 17 de julio de 2010

Apostate usted como Dios manda

Será porque hay que llenar el tiempo libre de alguna manera o por unas repentinas iluminaciones causadas por el calor, vaya usted a saber, pero lo indudable es que en los meses de verano le da a la gente por bautizar a los niñitos y a las niñitas. Bien, más vale tarde que nunca, así que el clérigo de turno se pone la indumentaria, enchufa los ventiladores y confía en que la poca voz que le queda sobreviva al intento de sobreponerse a la algarabía de tales celebraciones comunitarias. El ritual de bautismos no prevé una despedida del tipo “Podéis ir en paz”, probablemente porque, en realidad, el que queda en paz al terminar es el celebrante, de modo que en los tiempos que corren cada uno de estos bautismos registrados suponen para el ministro un “yo estuve allí” (en aquel galimatías). A mí una vez en Andalucía llego la bulla a tal punto que consiguieron borrarme esa sonrisa de tonto paciente que solemos poner los curas en estas ocasiones y me impelieron a plantarme y a recordar al distinguido público que para bautizar sólo necesitaba a las criaturitas, a los padres y a los padrinos, y que, por tanto, todos los demás o estaban como debían o a la calle.

Curiosamente y parece que por motivos semejantes se da también en estas fechas un aumento del fenómeno contrario, el de querer desbautizarse, el “que me borren”. Vulgarmente les llamamos “apostasías”, aunque técnica y estrictamente no siempre lo sean. Suele invocarse la Ley de Protección de Datos y no voy a cansar al lector con todo el intríngulis administrativo y jurisprudencial que se ha ido formando al respecto. Pero sí me gustaría comentar algo de las fórmulas que suelen utilizarse en los escritos dirigidos a las parroquias o a las Secretarías de los Obispados (en realidad, son los Obispados los responsables de los ficheros). El modelo de escrito suele procurarse a partir de páginas web y aquí viene lo bueno. Porque hay de todo en botica.

Hay páginas de apóstatas serios y documentados. Suelen permitir la descarga de un modelo que va al grano de pedir la cancelación de datos; están al día y tienen cierto rigor. Es el caso, por ejemplo, de Apostasia.es...

Hay otras páginas que parecen ideadas para rústicos simplones, como es el caso de cincominutos.com. Cuando uno abre la página su sólo aspecto ya revela por dónde van los tiros. Nótese este bonito consejo: “Apostata y abandona esa gran secta de depravados”, lo cual revela el concepto que sus autores y los usuarios entusiasmados con la idea tienen de sus madres y sus abuelas, la mayoría fervientes católicas. Pero vayamos al texto del modelo que proponen porque no tiene desperdicio. He recibido precisamente una petición de un señor que ha utilizado tal modelo. El Sr. N. nació en 1954 y fue bautizado con un mes de edad. Dice haber sido bautizado por una decisión familiar unilateral de forma que se le obligó a formar parte activa (?) de un determinado núcleo de creencias, etc. La Iglesia, dice, se aprovechó de que sus facultades intelectivas todavía no se habían desarrollado, etc. y etc. y sus derechos civiles y constitucionales (¡1954!) fueron vulnerados...En fin, les ahorro el resto de la formulación, cuyo desdichado redactado bastaría para catear a un estudiante de primero de Derecho. Lo malo no es que alguien redacte esta boñiga de escrito, sino que una persona de 56 años lo firme como quien firma una petición para que se declare a las chinches ibéricas especie protegida. Porque va uno a buscar el registro de bautismos y resulta que el Sr. N. contrajo en 1981 matrimonio canónico, lo cual indica que o hizo entonces uso pleno de sus derechos civiles y constitucionales (entonces sí) o sucedió que a sus 27 años todavía no se le habían desarrollado las facultades intelectivas, lo cual, visto lo visto, tampoco cabría descartarlo.
Por favor, si apostatan, háganlo bien, con la cabeza y no con las tripas, a no ser que quieran quedar como perfectos imbéciles.

martes, 29 de junio de 2010

Algunas preguntas veraniegas



1.- Una de desconfianza: ¿Por qué los salvavidas de demostración de Vueling, que conservan en unas bolsas protectoras, parecen sacados del cubo de la basura? La azafatería parece bastante limpia, así que ¿cabe la posibilidad de que la mugre venga ya de origen? (Por cierto, ¿alguien ha comprobado alguna vez si debajo del asiento está realmente el chaleco correspondiente?)

2.- La segunda de sospecha: ¿Por qué la señalización vial, especialmente los pasos de cebra, se borra tan rápidamente y, en cambio, la pintura de inestéticos graffiti en las fachadas caduca tan difícilmente?

3.- La tercera de frustración: ¿Por qué hoy, cuando llevaba corriendo una horita y cuando el corazón y los músculos daban para otra horita más de alegre trote, he tenido que dar media vuelta por el dolor de una pequeña uña en un pequeño dedo del pie? Además, uno puede encontrar ciertas utilidades a las uñas de las manos, pero, aparte de para que aumenten sus ventas en verano los fabricantes de laca de uñas, ¿para qué nos sirven exactamente las uñas de los pies?

4.- La cuarta es transcendente: la anotaba en su diario Thomas Merton en febrero de 1949:Why do I desire things that are not God?



miércoles, 23 de junio de 2010

Ni guarra, ni puerca, ni zorra


Perder el oremus suele resultar bastante desagradable. Me ha ocurrido sólo un par de veces, afortunadamente en celebraciones feriales. Por mi edad, todavía conservo cierta capacidad de reacción, así que el problema de encontrar la página adecuada fue resuelto en breves segundos. La ridiculez, la extrañeza de qué-pasa-aquí, la distracción fueron breves e intranscendentes. Peor le sucedió a un compañero cuando, revestido con todos los ornamentos de la misa mayor de Pascua, en mitad de la plegaria eucarística, le sonó impertinentemente el móvil que había olvidado apagar, y menos mal que el tono era el del Tantum ergo...
Viene a cuento de que siguen en sus trece; más aún: malos son los otros. La página multimedia de sexe joves sigue imperturbable con sus contenidos. Es más, la consellera está orgullosa de ella, porque dice que está avalada por criterios científicos y técnicos. Me pregunto si se da cuenta del material delicado con el que se trabaja. Nunca en el pasado había circulado tanta información y tan insistente sobre lo técnico-científico de la sexualidad o, mejor dicho, lo "mecánico" de ella. Y, sin embargo, nunca antes había tenido la juventud tanta desorientación, tanta confusión, tanto deterioro psicológico. Tal vez la señora consellera debería preguntarse si en ello no tiene un buen grado de influencia el que, bajo la capa de formación o información, subyace una orientación (si no pretendida, sí captada claramente por el destinatario) de todo-vale y no-pasa-nada. La manera en que se aborda la temática en alguno de los contenidos multimedia, señora consellera, no es buena. Claro que igual me estoy buscando un lío por escribir esto. Porque, aquí viene lo grave, la señora consellera declaró en televisión hace unos días ni más ni menos que esto: "El que no puc tolerar és que pensin que la política nostra es amoral" (= Lo que no puedo tolerar es que piensen que nuestra política es amoral). Ya no se nos pide, fíjense ustedes, que toleremos o respetemos o aguantemos (qué remedio nos queda en el menos malo de los sistemas) lo que el Parlamento legisla, lo que los jueces sentencian o lo que, en este caso, los gobiernos hacen. Se nos pide que suspendamos el juicio moral, que nos adhiramos como meros autómatas receptores, que digamos amén a las nuevas tablas de la ley. Se nos pide que no pensemos.
Hasta donde alcanza mi saber la señora Geli no es ni una guarra, ni una puerca, ni una zorra. Pero desde mi celda una visión benevolente me lleva a pensar que ha perdido el oremus y que, además, no se da cuenta de ello. Si substituyera la benevolencia por la sospecha, me vería obligado a afirmar que de lo que se trata es de suprimir intencionadamente, mediante el descrédito mediático, toda disensión. Y eso nos colocaría, Dios no lo quiera, en la senda oscura de totalitarismo. Así que mejor digamos que a alguien le ha sucedido eso tan molesto, que le puede suceder a cualquiera de cuando en cuando: perder el oremus.

martes, 25 de mayo de 2010

SanaMens

Menos mal que nuestro Presidente del Gobierno lee poco (aparte del Sport, por lo del Barça, y de Público, que es su ajeno portavoz) y menos mal que, además, de inglés da poco pie con bola. Lo digo porque, con todas las discusiones que comporta la Educación por la Ciudadanía como asignatura y especialmente la dificultad de inculcarla en los que ya no estamos en edad de escolarización obligatoria, si hubiese descubierto la existencia de SanaMens, la compañía de McKeesport no daría abasto.

lunes, 10 de mayo de 2010

Culto de mitras


Fue hace años. Era en la sacristía, a punto de empezar la celebración solemne en la fiesta de la patrona. El monaguillo miró compasivamente al obispo y con esa espontaneidad impertinente que caracteriza a los muchachos de nuestro tiempo le espetó: “No et fa vergonya sortir amb això al cap?” (¿No te da vergüenza salir llevando eso en la cabeza?). Recordé la frase el pasado día 25 cuando la multitud de prelados subían las gradas del presbiterio de Santa María del Mar en la beatificación del Padre Tous. No muy lejos de mí mossén Ll., más cerca de los noventa que de los ochenta, gruñía porque no le habían reservado sitio arriba, a él que había sido aquí y allá párroco, más próximo espiritualmente al Padre Tous que algunos de los curas que ocupaban asiento junto a sus eminencias y sus excelencias (¿qué hacía en la comitiva privilegiada el ex-secretario arzobispal incapaz de exhibir otro mérito que el de la mediocridad?).

En la fotografía la cabeza que dormita bajo la mitra inclinada es la de Cañizares. Todo el entorno había de suscitar ese momento de descanso: lo acolchado del asiento, el clima primaveral, el madrugón, la distensión de no tener un papel activo sino lo bastante de la presencia, el canto arrullador de la escolanía...Aquel momento tan callando no lo era de avivar el seso, de contemplar cómo se pasa la vida y la muerte viene, sino de descansar en las verdes praderas de una feliz liturgia que transcurría con la normalidad propia de lo que ha sido contado, medido, pesado. Otros eran en la ocasión a quienes correspondía mantenerse despiertos y vigilantes. Como el Secretario de Estado presidente, a sonreír, a estar pendiente de todo. Como el Ordinario del lugar, primero por la derecha, con la mirada atenta del padre de la novia, un tanto tenso, fluidamente feliz. Como el ceremoniero arrogante que en su juventud todavía no ha alcanzado a comprender que el suyo es un oficio como el del historiador servil en el siglo XVII, un métier mechanique et remplaçable en feliz expresión de Bercé (algo parecido, lamentablemente, a mucho periodista de hoy). Como el President Montilla poniendo cara de interés ante las cámaras, como si la beatificación le importara tres cojones (la cámara sí importa, flash, flash). Como el contrincante Mas, una vez más yendo por delante y perdiendo: se daría cuenta al final de la ceremonia que es mejor estar en el tercer banco en el lado pasillo saludado por sus eminencias (como lo fue Duran i Lleida) que en esa olvidada tierra de nadie de mitad del segundo. Como la Superiora General de las pastoras que estaría repasando si en los agradecimientos finales olvidaría a alguien (no, Madre, no, ni a la última gárgola de la basílica, las gracias a usted por terminar de una puñetera vez). Como los capuchinos confratelli del Beato en su humildad, con sus venerables barbas, haciendo de contrapeso a tanta pompa, a tanta sotana morada, a tanta mitra. La mitra inclinada era de las más majestuosas, la más alta sin duda, supongo que de alguna manera hay que contrarrestar la diferencia de entidad física, especialmente cuando tienes al lado a un pívot como don Carlos, a quien el peso de los años ni dobla ni encoge.

En fin, quien no se haya dormido nunca en misa que tire la primera piedra. O tal vez no, tal vez yo me equivoque y resulte que monseñor no dormitaba sino que meditaba profundamente, parando mientes en que el destino de Tous habría de ser el destino de todos y especialmente de aquellos que con anillo y sombrero romboidal llevan la responsabilidad última, la carga, que lo es, de enseñar, de santificar, de decidir. O acaso sería aquello de: “yo duermo, pero mi corazón vela”.

(Al final, fui a felicitar a fray Valentí, un historiador nada servil, hay más sabiduría en un pelo de su venerable barba capuchina de la que habrá nunca en toda la cabeza de aquel maestro de ceremonias, uf, se conoce que a veces con los blogs pasa como con las escopetas, que los carga el diablo, plato, pum, pum, sorry).

sábado, 3 de abril de 2010

Hay gente pa tó


Pues eso que, saltando de un sitio a otro, he venido a encontrarme con los Motorromeros, una buena gente que se monta sobre dos ruedas y, en lugar de irse juntos a la fiesta de la cerveza o al Carroñeros Festival, cogen la carretera y hala, a un santuario que se van. Bueno, entre compartir carretera y oración, alguna cervecita echarán también, que eso no está reñido con la elevación espiritual (no por casualidad hay cerveza Franziskaner y, más aún, Paulaner). No es mal hobby el disfrutar del motor con prudencia, sentido común y sentido espiritual. Nunca ha sido una de mis aficiones (me gusta ir a cubierto, por eso de las inclemencias del tiempo) y cuando le cuestionaba a mi podólogo motero la incomodidad del artefacto, él siempre terminaba tratando de combatir mis numerosas objeciones con esta frase: "ah, pero cuando estás encima en un día claro, esa sensación de libertad...". Ubi Spiritus Domini, ibi libertas. Será eso. O que Dios puede viajar también en una Harley, no el Dios de Brady y su bestseller, sino el invisible y seguro compañero del himno. Quién sabe, tal vez con el tiempo, esos motorromeros se decidan por una tirada larga y se lleguen a Porcaro (en Bretaña), a visitar a Nuestra Señora de los Moteros. El año pasado la peregrinación (mitad fe y mitad movida, supongo) contó con la presencia de ese inclasificable tipo que es el Padre Guy Gilbert, que gasta en chupas lo que se ahorra de peluquería, quien, al tiempo que daba la bendición a los congregados, les recordó que si superaban la velocidad legal o se saltaban un stop, la bendición les iba a servir de poco. Hay gente pa tó.

Casualidades


Hay que ser muy escéptico, muy arrogante y muy sabihondo para no creer que la inmensa mayoría de las cosas que suceden suceden por pura casualidad.
Hay que ser, por ejemplo, como Manuel Castells quien hoy en La Vanguardia no acaba de creerse que la coincidencia entre los intentos de poner en merecida vereda a la cúpula de los Legionarios de Cristo y los intentos de pringar al mismísimo Papa en la responsabilidad por los asuntos de la pederastia eclesiástica sea una pura casualidad. Yo no sé si la larga mano de LC y Regnum Christi llegan hasta el New York Times, aunque influencia, capacidad de gestión y recursos materiales no les faltan. Castells, como no cree en las casualidades, viene a decir algo así como que el enemigo está en casa y que la iniquidad siempre trata de coaccionar a la justicia. Es verdad que con El Grande algunos podían hacer lo que querían, pero al viejito alemán le ha dado por coger el toro por los cuernos, que no le pase ná. Son casualidades, don Manuel, no sea usted conspiracionista.
También es casualidad, y de la buena, que sólo un par de semanas después de que el nuevo Obispo de Córdoba recordara que las Catedrales son templos católicos y no multiusos, fueran lo que fueran hace casi 800 años y pidan lo que pidan las Juntas Islámicas, a unos "turistas" musulmanes les asalte un inesperado fervor (¿por el ambiente espiritual de las numerosas capillas con imágenes?) y se pongan a hacer sus rezos en la Catedral, antaño mezquita, cordobesa. Y luego van los guardias de seguridad, qué malos son y qué ofensivos y qué provocadores, y les dicen que de eso nada, y ya está liada, qué iban a hacer si no las devotas criaturitas. Y las noticias dicen que uno de ellos llevaba una navaja (pura casualidad, sería para cortar mojama) y dicen que uno de ellos dice que uno de los seguratas le habló en inglés inteligible, que ya es casualidad de casualidades. Lo malo es que va y les toca un juez (probablemente un ultracatólico) de esos escépticos y arrogantes que no cree en casualidades, sino en causalidades, y va, examina el asunto y cree que aquello estaba organizado y, malo él, les imputa a ocho de ellos delitos de diversa tipificación. Y díganme si no es casualidad que El País, al contar la noticia, reitere que "La mezquita de Córdoba fue convertida en catedral en el año 1236 y la Iglesia católica sólo permite rezar allí a su dios", explicación a todas luces necesaria, más teniendo en cuenta que, casualmente y no por otra cosa, todo el mundo sabe que puede exponerse libremente el Santísimo en los templos musulmanes del Magreb. Por si acaso no fuera así, guárdense los lectores de este post, si les da por viajar al norte de África, de dejarse llevar por el ambiente espiritual y ponerse a rezar la coronilla de la misericordia donde no deben, igual da la casualidad que alguien les llama la atención y de poco les iba a servir alegar, por ejemplo, que Constantine fue cristiana antes de que lo fuera la mismísima Salamanca.
Tanta casualidad a mí me tiene, lo reconozco, un poco desorientado, más desde que oigo afirmar a diestra y a siniestra, si no con estas mismas palabras, con palabras parecidas, que si existe algo y no más bien nada, es por pura casualidad.

domingo, 21 de marzo de 2010

Letra pequeña y paidofilia eclesiástica


Uno piensa que sufre una disfunción, cuando realmente lo que le ocurre es que no ha leído la letra pequeña. Nos dejamos llevar por los grandes letreros y con demasiada frecuencia olvidamos que la verdad de las cosas se encuentra precisamente en la letra pequeña. Esto vale para las ofertas bancarias, para los contratos de suministros y no menos para la información que circula en los medios. Recojo una información menor aparecida hoy en La Vanguardia, más allá de la portada y de los grandes titulares. Dice un profesor de Psicología forense alemán y prestigioso cosas tan interesantes como ignoradas. Que en los casos de sospecha de abusos sexuales (o sea los probados más los supuestos) en Alemania desde 1995 un 0,045% tenían que ver con sacerdotes o religiosos. Si mis matemáticas funcionan bien, eso equivale a 4,5 de cada 10.000 (y si fueran, que no son, 450 en lugar de 4,5, no me daría igual, pero para el caso me serviría lo mismo). La cifra que maneja el profesor Kröber no es una cifra desdeñable y sigue siendo vergonzosa, pero no es lo que determinados medios deliberadamente quieren transmitir (basta poner en Google la palabra paidofilia para comprobarlo). Esta asombrosa desproporción jamás la transmitirá con claridad, por ejemplo de ejemplos, ese culo mediático que es la Sexta, empeñada como está en convertir a su audiencia a la coprofagia y en hacerlo de modo que se consiga el efecto sin que se note el cuidado (dejémonos de eufemismos amables como telebasura y llámemos a las cosas como son).
Pero el profesor Hans Kröber dice otras cositas que tampoco tienen desperdicio. Que el celibato no causa la paidofilia, por ejemplo, del mismo modo que no la causa ser entrenador de fútbol o peluquero. Bueno, todavía quedan ateos con un mínimo de dignidad profesional, a quienes la ideología no les contamina la apreciación científica de la realidad.
Forzosamente tengo que apreciar la valentía de un tipo que, sabiendo que la honradez científica en este tema equivale a ponerse la horca mediática al cuello por mor del lobby LGBT, es capaz de hacer esta afirmación: "Los problemas que tiene ahora la Iglesia católica son problemas de sacerdotes homosexuales que no son capaces de, o no quieren, vivir la abstinencia sexual y por lo tanto intentan disimularlo".
Bueno, el señor Kröber me ha quitado un peso de encima. Yo pensé realmente que sufría una disfunción y veo que no necesariamente. Uf, llegué a pensar que era un bicho raro como sacerdote, simplemente porque alguna noche me desperté empalmado por haber soñado con mujeres y no, como sería de esperar según los media, con niñitos.

lunes, 15 de marzo de 2010

Men (?) in black

Qué quieren que les diga, uno se va haciendo mayor y se percata de quedarse desfasado cuando ve estas cosas, que curiosamente generan comentarios extremos, desde el "qué guay" hasta el "imbéciles"...
(Por si acaso, me cambio la imagen para evitar confusiones)



lunes, 8 de marzo de 2010

Desde mi celda, hoy, esto

domingo, 7 de marzo de 2010

Bamba la bamba

Sin comentarios (míos, se entiende).


domingo, 28 de febrero de 2010

Y qué más da

La vida en una ciudad (pongamos Barcelona, por ejemplo) puede ser muy aburrida para los que todavía no utilizamos, sentados en ella o empujándola, una silla de ruedas. También nos perdemos ciertas aventuras si no hemos alcanzado la edad de los achaques al salir a llenar el carrito de la compra. Algunos ni siquiera vivimos ciertos lances inherentes a empujar un cochecito de bebés gemelos. Como buen outsider, no soy un defensor a ultranza de ciertas discriminaciones positivas que acaban derivando hacia la falta de equidad. Para muestra un botón políticamente incorrecto: nunca he entendido lo razonable de que un inválido (perdón, minusválido, digo discapacitado) tenga que tener reservada en exclusiva una plaza de aparcamiento veinticuatro horas sobre veinticuatro, cuando seis días por semana sólo la usa de 8 de la noche a 6 de la mañana (el resto de horas, los “capacitados” dando vueltas para no encontrar dónde y aquel amplio espacio siempre vacío). Sin embargo, reconozco que ciertas ventajas hay que ofrecer a las personas a las que les han tocado en suerte particulares limitaciones, aunque sólo sea por aquello de que mañana puede tocarme a mí.

Por ello, me pregunto si uno de los verdaderos problemas que asola nuestra sociedad no es la filosofía de la chapuza, del “y qué más da”, con la cual algunos, probablemente adoradores de Cobras o que cobran por lo que no hacen, por no pasar por “pringaos” acaban pringando a los demás. Todo esto viene a cuento del interrogante que se plantea al considerar que si se gasta un pico de las arcas públicas para accesibilidades, para hacer la vida urbana más fácil, para que todo sea más viable y hacedero, cómo entender que de pronto nos topemos con cosas como ésta:



sábado, 13 de febrero de 2010

La espiritualidad como complicación


A veces uno piensa que hay gente convencida de acceder al misterio simplemente complicando el lenguaje. Hoy acabo de ver anunciadas unas conferencias que organiza el Centre Edith Stein y que tendrán lugar próximamente en el Carmelo de Mataró. El titulo principal del conjunto no es muy original: "ser uno mismo y vivir en libertad". Los títulos de las conferencias tampoco están fuera de lugar; en cuanto a los conferenciantes, dos pesos medios, un peso pluma y un sparring. Lo que chirría es el subtítulo explicativo (ja) que le han puesto al conjunto: "la desposesión de las alienaciones cotidianas a la luz de las diferentes tradiciones monásticas". El tipo o la tipa que ha pergeñado la explicación se habrá quedado bastante desposeído de pelo. Personalmente, creo que podría haberse esmerado más, algo así como: explicitación del extrañamiento de la enajenación de la desposesión de las alienaciones cotidianas que emergen en la multiplicidad de tradiciones monásticas. Sí, hombre, sí, ya puestos a complicar las cosas, llevémoslo al extremo. No me explico cómo San Francisco, Santa Teresita del Niño Jesús y tantos otros pudieron alcanzar la santidad y enriquecer la Iglesia con indicaciones espirituales sin tamaña complicación lingüística.
Reconozcamos, al menos, una virtud del cursito: el precio. Por cuatro sesiones de éstas en un centro budista seguro que le cobran a usted una pasta.
Entrando en materia, tengo mis dudas respecto a calificar de "monástica" la espiritualidad franciscana, como me parece muy cuestionable admitir que Taizé haya producido ya eso que se llama una "tradición". ¿Y no hubiera sido mejor recalcar el ser uno mismo en el Otro? No sé, seguramente la primera conferencia sin utilizar "libertad" ni derivados haya dado en el clavo con su título. Porque a todos nos haría falta una mayor dosis de humildad, empezando por el blogger que aquí escribe y terminando por el alma en pena que redactó el subtítulo del curso.

martes, 2 de febrero de 2010

El Dios terremoteado


Hace unos días el obispo Munilla abrió la boca y encendió los ánimos no sólo de los que siempre tienen el bidón de keroseno preparado para hacer de una chispa de chisquero una fogata, sino también de personas más decentes que inmediatamente fruncieron el ceño ante las declaraciones del mitrado. No entro a examinar el fondo del asunto (más profundo de lo que una captación rápida permitiría); otros lo han hecho ya y no mal, pero sí que deberíamos preguntarnos si ciertas frases pueden soltarse con tamaña expedición. Nuestra época, en la cual los poderes mediáticos cuidan muy bien de que quien más quien menos andemos con un pervertido sonotone, no es un buen ámbito para proceder con un “el que tenga oídos para oír que oiga” generalizado. No se trata de reclamar silencio o de callar determinadas verdades, sino de la no siempre fácil pericia de decir las cosas no sólo para que sean entendidas acertadamente (lo que ya cuesta, por esa interesada sordera a la que antes me refería), sino, además, para que no puedan ser fácilmente desentendidas en beneficio de quien se lucra de la confusión. La prueba del desacierto está en que poco tiempo después el mismo Munilla se vio forzado a aclarar qué quiso o no quiso decir.

El terremoto de Haití, como cualquier otro desastre natural con víctimas inocentes (tsunamis, volcanes, ciclones, pestes, etc.), tiende a provocar un cierto descalabro en nuestra imagen de Dios, tanto si ese Dios es un mero concepto como si es un Alguien arraigado en el corazón. En el primer caso no hemos avanzado demasiado desde Epicuro: o es muy malo y cruel, porque pudiendo no quiere evitar estas cosas; o quiere y no puede y entonces es una divinidad del tres al cuarto; o simplemente no es. Huelga decir que los grandes defensores de este razonamiento son los que afirman que Él no es y tragedias como las de Haití les vienen como anillo al dedo para sonreírse burlones frente a los creyentes. Estos no necesitan que les venga nadie con dilemas filosóficos porque la gran mayoría de ellos mismos se pregunta, cuando ve las imágenes que estos días la televisión nos repite una y otra vez, dónde está Dios o por qué Dios permite o todas esas cuestiones que también honradamente pueden hacerse desde la fe. Tampoco falta quien parece tenerlo excesivamente claro. Los viejos manuales de teología llegaban a decir que Dios permitía estas cosas como avisos saludables y que mostraba así a propios y extraños la verdad de las palabras de Cristo, de que la muerte viene como un ladrón. He visto por la televisión cómo un carpintero haitiano, sin duda un evangélico, se extrañaba de la admiración ajena, decía que todo aquello estaba ya previsto y citaba pasajes como Mateo 24,7, mientras continuaba fabricando ataúdes. O cómo otros daban gracias a Dios por haber sobrevivido, mientras un pastor les decía que ellos habían sido escogidos para vivir gracias a su fe, que su fe les había salvado (alguien debería haberle recordado ciertas palabras de Jesús sobre aquellos dieciocho aplastados por la caída de una torre en Siloé). Un compañero la semana pasada salió de rezar el oficio señalando insistentemente su Breviario y diciendo: “ea, a los que preguntan dónde está Dios en el terremoto, que escuchen En el terremoto, acuérdate de la misericordia, oración, oración”; este hermano es uno de los más mayores y de los más espirituales de la congregación, tal vez aquel versículo de Habacuc a él le sirviera, yo no quise decirle que la traducción litúrgica española es cuando menos en este punto moderadamente libre y que fuera a mirar en la Vulgata, mucho más pungente: cum iratus fueris, misericordiae recordaberis, aunque en cualquier caso comparto que siempre es oportuno decirle a Dios que se acuerde de su misericordia. Espeja ha escrito en Ecclesia recordando que el Dios de Elías no estaba en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en una brisa suave.

Hay quien dice que la cuestión sobre el mal no tiene otra respuesta que el silencio, la compasión y la solidaridad. Tampoco yo tengo una respuesta fácil y diáfana. Dios parece no haber respondido más que con nuestra libertad, de la que sólo muy excepcionalmente se desdiría (suponiendo que efectivamente se desdiga). En algo tenían razón los viejos manuales: estas catástrofes nos sorprenden por lo inesperado, por la cantidad (millares) y por la cualidad (inocencia) de las víctimas, pero en esencia no hay más que una diferencia de tiempo y de modo con todos los dolores y todas las muertes injustas de la tierra. La repetición y difusión de las imágenes aumenta nuestra conciencia del desastre. A veces me pregunto qué pasaría en las conciencias si los medios nos ofrecieran imágenes repetidas y en directo, imágenes vivas y detalladas, por ejemplo, de los abortos practicados, de la explotación infantil, de tantas y tantas catástrofes silenciosas en las que no podemos utilizar el recurso de culpar tan directamente a Dios. Y volviendo al terremoto, ¿no es una llamada de atención al orgullo de un progreso científico que pretende explicar el origen del universo pero que se revela incapaz de predecir qué es lo que va a ocurrir dentro de unos instantes bajo nuestros pies?

¿Dónde está el Dios terremoteado o terremoteador, sondeador de abismos? ¿Debería acabar en todos los casos con el mal inculpable? ¿Podría hacerlo sin descrear el mundo? Lo ignoro. Sólo soy un outsider que ve oscuramente, como en un espejo enigmático, espero un día ver cara a cara. Mientras tanto, el Dios cristiano, hasta dónde yo sé, está, como cantamos el Jueves santo, ubi caritas et amor.

viernes, 22 de enero de 2010

Brevísimo soggiorno hispalense



He estado transitoriamente en una Sevilla encapotada, con motivo de la intervención quirúrgica de un colega. La última vez apenas me detuve. En estos días he visto que tienen, por fin, metro. Y zona peatonal. Y que están ciclísticamente encarrilando toda la ciudad. Me dice Rafa que los vagones del metro tienen su propio túnel de lavado, que para eso pasa bajo el río. Me dice Ovidio que el tranvía lo toman sólo los jubilados (lo tienen gratis) y los turistas (les es grato). Me dice Maricarmen que me pase por el Salvador, que está restaurado y vale la pena. Me dice Pedro que ha dicho el nuevo Arzobispo que quiere ver a los curas vestidos de curas, que no se les ocurra presentarse en Palacio con atuendo diverso. Me dice mi antiguo arcipreste que lo que es él antes muerto que matriculao. Me dice Charo que ella sigue sin saber reflesionar. Me dice don Antonio que confesar sí confiesa, porque para confesar no hay que andar. Me dice el camarero en la churrería de Virgen de Luján, mientras me sirve un café con leche y una de esas bandejas prodigiosas y chorreantes, que no me preocupe, que hoy tampoco lloverá. Me dice Emilio que sigue atendiendo servicial y voluntariamente el despacho parroquial y una vez más me confirma que invariablemente, a la pregunta de algún despistado: “¿es usted un Padre?”, sigue contestando: “sí, y abuelo”. Me dice Clarita que murió su madre. Me dice su hermana en un aparte que si Clarita está desmejorada es por la depresión, que lleva meses en tratamiento.

Luego está lo que yo siento por los cinco sentidos. Que tal vez ya estaba la última vez, cuando apenas me detuve, pero que no había visto un gran azulejo de la Esperanza trianera en mínimas. Veo unas magníficas fotografías en la fachada de FNAC, Aitor Lara. Oigo timbres de bicicletas que aparecen de pronto, como por arte de magia. No veo aglomeraciones en el tranvía que circula por San Fernando, ni que la boca del metro de Puerta Jerez engulla multitudes. Delante del Palacio Arzobispal no me he tropezado con cura alguno uniformado; en mis tres años de coadjutor por estos lares sólo una vez entré en Palacio; el guardia de seguridad de la puerta hizo una excepción conmigo y me tomó el nombre (por lo visto, era el sospechoso número uno). Qué historia, merece un aparte, pero la cuento punto y seguido. Que conste que fui por causa de la obediencia, porque mi General quería fotocopia de un proceso de vida y virtudes ancorado desde el XVIII, que como era un proceso de este tipo la Archivera tenía instrucciones de no facilitar nada sin la previa anuencia del Vicario General, que el Vicario General, de cuyo nombre no quiero acordarme y de cuyas luces prefiero no hablar, dijo que aquello sólo podía facilitarse al Postulador, lo cual me sirvió para decirle a mi General que no había nada que hacer, que un servidor estaba sin comerlo ni beberlo en una lista de merodeadores y que sólo con una obediencia intimada formalmente volvería yo a presentarme en el Palacio Arzobispal. Al cabo de un tiempo cerraron provisionalmente el Archivo por obras, con lo cual me froté las manos de satisfacción y tranquilidad pensando que el asunto quedaría así sobreseído. Pero una tarde me despertó en la siesta una llamada del General. Había hablado con el Arzobispo y ambos habían coincidido en algo para mí bastante evidente: la negativa a darme fotocopia de aquella documentación era absolutamente absurda. El Padre Reverendísimo y su Excelencia procedieron por la vía rápida. A la mañana siguiente un servidor tenía a disposición la documentación fotocopiada y, estando el Archivo en obras, la pude recoger en la Colombina. Mi antiguo arcipreste se ha cabreado porque después de tener su parroquia en un barracón durante diez años sin que sus gestiones para obtener una iglesia y locales decentes encontraran eco en Palacio, en cambio a don G. (quien tampoco se ha puesto en la vida cuello romano) le soltaron treinta mil euros para edificar un centro de culto absolutamente innecesario en el barrio de L.H., vamos, como para que le vengan con cuestiones de atavío. Yo me he puesto a reflexionar mientras iba estos días por Nervión y me he dicho que para confesar no hace falta andar, pero sí haber andado. Los churros de Virgen de Luján siguen siendo como esos rollos que devoraba el profeta: una delicia en el paladar y un torpedo en el estómago, así que me pido el café con leche no con uno sino con dos vasos de agua, lo cual no importa porque de agua andan sobrados este invierno, me dice el camarero. Emilio ha tenido ya tres avisos-recordatorios de que a todos nos llama el Señor algún día, así que el párroco, teniendo en cuenta lo empinados que son los treinta y dos escalones que llevan al despacho parroquial, le insinuó que convendría que fuese enseñando a un ayudante y que él lo tomara con más calma; Emilio lo tomó con calma, con seriedad, con aplomo y con cabreo contenido, respondiendo algo así como “¿me quiere usted echar?”; como se comprenderá, sigue encaramándose tres días por semana por los treinta y dos escalones, y el párroco a callar. Me percato una vez más de que sólo hay una pena peor que la de ser ciego en Granada: estar deprimido en Sevilla, así que Clarita tiene que andar muy cuesta arriba, y yo he escapado antes de tiempo (sin ver siquiera la Parroquia del Salvador restaurada), no sea que fuera a deprimirme en estos días de londinense luz.

sábado, 2 de enero de 2010

La solidaridad desatinada

Si lo que querían era jugar a los Reyes Magos, mejor habría sido meterse en una de las caravanas que se organizan por estos pagos el 5 de enero y dedicarse a tirar caramelitos. Aviso que este post puede parecer duro y desalmado (lo es) y desde luego muy poco políticamente correcto, pero tengo que manifestar mi irritación porque al día de hoy todavía no he escuchado a los dirigentes de la movida reconocer el error. Y porque al final este tipo de cosas perjudican de rebote (porque la opinión pública mete fácilmente a todos en el mismo saco) a instituciones serias que están haciendo un trabajo bien hecho día a día y desde hace muchos años.

Me refiero, claro está, a la Caravana Solidària, tres de cuyos miembros (dejemos el calificativo de cooperantes para los auténticos) permanecen secuestrados en África.

No entro a juzgar las buenas intenciones que animaron a este grupo de personas. Pero sí hay que decir que la solidaridad puede ser divertida, pero no es un juego. Se convierte en un juego cuando se va en plan rally de aventuras, cuando la generosidad se contamina de la autosatisfactoria vivencia en detrimento de la eficacia. Las cifras son tan estruendosas como engañosas. Se habla de 36 ONGs, de 107 toneladas, etc. La Caravana Solidària se autoproclama con orgullo laica y progresista, para no ser confundida con otras. No está mal saber qué ideología se encuentra en el trasfondo de las motivaciones, aunque lo que realmente debe distinguir a una ONG es el objetivo que se propone y, conocido éste, el nivel de excelencia con el que tiende a conseguirlo.

Y aquí tiene huevos la cosa. Aclaremos simplemente que si usted coge en su pueblecito a cuatro inmigrantes argelinos originarios de la misma aldea, montan una Asociación de Inmigrantes de X, el ayuntamiento les cede un localito y les financia con cargo a una partida que lucirá muy hermosa en los presupuestos municipales como Cooperación al Desarrollo, pues ya está, ya tienen ustedes una ONG. No sé si ustedes lo sabían, pero la mayoría de las ONGs de la caravana estaban financiadas en buena parte por entes locales y empresas municipales o similares.

No sé si ustedes lo sabían, pero podrían echar cuentas. Sólo con el coste de los pasajes de avión de repatriación de los 38 autodenominados cooperantes desde Senegal a Barcelona vía Madrid podrían haberse enviado los correspondientes contenedores al puerto de destino. Con el resto de la financiación habría bastado y sobrado con creces para que la ayuda fuese distribuida mediante transportistas locales, incluidas en su caso las propinillas a los funcionarios de turno del recorrido. Con media docena de personas organizando en Barcelona y otra media docena en África las toneladas de ayuda habrían llegado a sus destinatarios de forma más segura, más eficiente y, ay (ahí les duele), más discreta. Mala cosa cuando en la solidaridad la escenificación de autobombo le gana a la efectividad.

Y escribo esto porque finalmente la broma va a costar (está costando ya) un dineral a las arcas públicas. Resulta que del bolsillo suyo y mío salió en buena parte el inicio de la aventura y va a tener que salir el final de la misma (esperemos que sea un happy end, en cuyo caso no nos ahorrarán las imágenes de la recepción a los aventureros de tres al cuarto convertidos ahora en "héroes").

Créanme que la tentación es fuerte, sé que no puedo ceder a ella, porque es mi obligación de cristiano y aun de ser humano civilizado el luchar contra este tipo de tentaciones, luchar contra la tentación de decirles alto y claro a los cabrones de los secuestradores: Por favor, mejor vengan a llevarse a estos Directores, Portavoces y no sé qué (van de tres en tres y con cara de preocupación) de Barcelona Acció Solidària que salen tan frecuentemente por televisión a darnos noticias de noticias que no tienen, incapaces de soltar la única frase que les daría dignidad y nos haría creer que al cabo de la calle les queda un poco de vergüenza: “la hemos cagado”.