sábado, 20 de noviembre de 2010

Si fuera prosista o poeta escribiría cosas así o Confesión




Por el flanco siniestro da mi cama a una pared de blanco inmaculado. Los rincones parecen protegernos. Añadamos que necesariamente la ubicación me salva del peligro de levantarme con el pie izquierdo. Y, sin embargo, miento cuando digo que es pura la blancura del tabique. Acostado del lado más seguro, se percibe a la altura de los ojos una mancha de sangre que fue mía, la sangre digo, un tiempo. Tal la huella de la instantánea muerte de un mosquito. Una muerte alevosa y sin piedad. Conservo en el cajón de la mesilla el arma del crimen: un ejemplar de la interpretatio Apocalypsis escrita por Bartolomé Holzháuser, cracoviense edición mil ochocientos noventa y cuatro, en papel forrado, papel de sobre (second hand, reciclo). Doy todos los detalles por si sirven de atenuante o algo parecido. Temo que llegue el día que se me aplique la muy severa ley de Protección de Animales y plantas (o paredes). Vendrán los Mossos a llevarme preso, y aunque grite que fue en defensa propia, dirá el fiscal que hubo "desproporción". Au revoir la libertad, me esposarán, saldré en la tele, la capucha echada. "Ahí va el mosquiticida" informarán novatos reporteros con acné. "Di que presunto", rectificará su jefe con soberbia suficiencia. Quizá la Orden pague la fianza y me trasladen a un convento humilde sin mosquitos ni ácaros ni móviles, arriba, donde las perpetuas nieves. Purgaré mi pecado con el frío, con un silencio hiriente, preguntándome por qué no le pedí educadamente y de rodillas al señor mosquito: "no me pique usted más, se lo suplico, señor ladrón de tiempo, sueño y sangre"...

(Si yo fuera prosista o fuera poeta, se entendería esta algarabía, mas, no siéndolo, díganme el porqué de la endecasilábica estructura):

Por el flanco siniestro da mi cama / a una pared de blanco inmaculado./ Los rincones parecen protegernos./ Añadamos que necesariamente / la ubicación me salva del peligro / de levantarme con el pie izquierdo./ Y, sin embargo, miento cuando digo / que es pura la blancura del tabique. / Acostado del lado más seguro, / se percibe a la altura de los ojos / una mancha de sangre que fue mía, / la sangre digo, un tiempo. Tal la huella / de la instantánea muerte de un mosquito./ Una muerte alevosa y sin piedad./ Conservo en el cajón de la mesilla / el arma del crimen: un ejemplar / de la interpretatio Apocalypsis / escrita por Bartolomé Holzháuser, / cracoviense edición mil ochocientos / noventa y cuatro, en papel forrado, / papel de sobre (second hadn, reciclo). / Doy todos los detalles por si sirven / de atenuante o algo parecido./ Temo que llegue el día que se me aplique / la muy severa ley de Protección / de Animales y plantas (o paredes). / Vendrán los Mossos a llevarme preso, / y aunque grite que fue en defensa propia, / dirá el fiscal que hubo "desproporción". / Au revoir la libertad, me esposarán, / saldré en la tele, la capucha echada. / "Ahí va el mosquiticida" informarán / novatos reporteros con acné. / "Di que presunto", rectificará / su jefe con soberbia suficiencia./ Quizá la Orden pague la fianza / y me trasladen a un convento humilde / sin mosquitos ni ácaros ni móviles /, arriba, donde las perpetuas nieves./ Purgaré mi pecado con el frío, / con un silencio hiriente, preguntándome / por qué no le pedí educadamente / y de rodillas al señor mosquito: / "no me pique usted más, se lo suplico, / señor ladrón de tiempo, sueño y sangre"...

Si yo fuera prosista o fuera poeta, / se entendería esta algarabía,/ mas, no siéndolo, díganme el porqué / de la endecasilábica estructura.

3 comentarios:

lourdes dijo...

Gracias que Dios te bendiga un saludo en cristo Jesús

Anónimo dijo...

Hola

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Jordi Morrós dijo...

Felicitaciones por el escrito, y cuidado con publicar la autoría de crímenes de este calado mosquitero en Internet.

Además el arma del crimen utilizada (con profecías apocalípticas incluidas) en estos tiempos que corren seguro que lo considerarían como un agravante.