sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad - Bon Nadal

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Humanae Salutis, al cabo de 50 años


Se cumplirán esta Navidad 50 años de la convocatoria oficial del Concilio Vaticano II por Juan XXIII, mediante la Constitución Humanae salutis.  Hace unas semanas leía la noticia sobre un libro de entrevistas a trece sacerdotes que habían escrito Joan Estruch y Clara Font; el medio (El Punt Avui) titulaba: "Els capellans joves han girat full al Concili Vaticà II" como convicción expresada por los entrevistados. Lo de pasar página es cierto respecto a las nuevas promociones de sacerdotes, pero no en relación al Concilio mismo, sino a la comprensión que de él tenían (y que, al parecer, siguen teniendo) los sacerdotes de una época. Para unos, la aplicación del Concilio Vaticano II está todavía por hacer, fue bloqueada por el Pontificado de Juan Pablo II; para otros, los textos conciliares han sido suficientemente aplicados, incluso en una interpretación más amplia (incluso en ocasiones abusiva) de la que nunca pretendieron los obispos conciliares. Para unos, la Iglesia ha vuelto a cerrarse y, por ello, ha perdido significatividad en el mundo; para otros, está recuperando su puesto después de una tendencia a mimetizarse con el mundo que la despojaba de su propia identidad y que, por ello, la hacía insignificante. 
Un servidor era un parvulito cuando se celebró el Concilio; cuando se aplicó con todas sus exageraciones, la religión no formaba parte de mis intereses más inmediatos; cuando las aguas volvieron a su cauce (o al menos tomaron otro cauce) con Wojtyla, desde quien ha regresado a la fe, este tipo de contiendas intraeclesiales me parecían ridículas, una pérdida de tiempo, un absurdo diálogo entre interlocutores que no estaban dispuestos a escucharse. Hoy todavía me deja estupefacto que existan ultracatólicos preconciliares con nostalgia de los cincuenta y ultraheterodoxos enrocados en posiciones, por más recientes no menos enmohecidas, de hace 30 años. Ciertamente cada cual vive su historia, se aferra a sus personales  nostalgias y fobias, busca el hogar donde se sintió seguro con los suyos. Y mientras tanto, el mundo avanza, el cristianismo es tan combatido como antes, más si cabe, y allá en Roma un lúcido viejito sucesor de Pedro sigue exhortando a crecer en la gracia y en el conocimiento de Cristo. 
50 años del Concilio. Recuerdo, en mis tiempos de estudios teológicos, la afirmación de algún profesor en el sentido de que la aplicación de los concilios siempre requirió de un largo tiempo. Más o menos en aquellas fechas, en 1985, en su Portrait de Marthe Rodin, Jean Guitton, en cambio, escribía: "Quoique le dernier Concile soit récent, Gaudium et Spes, ce message de joie et d'espérance terrestres a beaucoup vieilli". Porque el avance de la historia y sus cambios en las últimas décadas no tienen comparación posible con épocas anteriores. Guitton estaba convencido de que el siglo XXI sería el de la nueva evangelización (así lo manifestaba en una entrevista a La Stampa en 1992; una traducción castellana, aunque poco exacta, aquí). 
Lo que se exige a la Iglesia en el 2011 no es en lo esencial diferente de lo que decía la Humanae Salutis en 1961: "que infunda en las venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divina del evangelio". De esto no nos está permitido pasar página, porque tal es la página actual, la de hoy, la de siempre.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Monzó demuestra su ignorancia (o su desprecio)


Se supone que un articulista de La Vanguardia tiene que ser alguien mínimamente documentado, aunque sólo sea por la magnitud de la tirada del periódico y por la necesidad de mantener un correlativo prestigio de la marca. Quim Monzó parece cubrir tales expectativas. Pero no hoy. Hoy dedica un artículo a denunciar la seriedad de un problema humano, de un problema de derechos humanos (la prohibición de que las mujeres conduzcan en Arabia Saudita). Lo hace con su ironía y su savoir faire habituales. Nada que objetar, salvo en lo que se refiere a la frase final con la que pretende poner la puntilla "graciosa" a su columna:

"De forma que nos limitamos a seguir bromeando: sobre la conducción, sobre el himen, sobre el cambio de marchas y sobre la virginidad, temas que, por cierto, hoy resultan de lo más apropiado, siendo como es el día de la Inmaculada Concepción."

Ocurre a veces que justamente allí donde se pretende ser gracioso, se acaba uno mismo mostrando como ignorante. Porque, dejando aparte las conducciones y los cambios de marchas, Monzó debiera saber que la Inmaculada Concepción no tiene que ver con hímenes ni virginidades, con lo que su gracia final revela su desconocimiento del concepto de gracia. A no ser que, lo cual sería suposición en extremo maliciosa, en realidad sí sabe, pero considera que la mayoría de sus entusiastas lectores son religiosamente palurdos y que tal final les va a parecer de lo más apropiado.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Vivencias, contra la niebla del dolor



Entre las revistas que se amontonan pendientes, aguardando un día de imposible pausa, me detengo hoy en Vivencias. Nació la cosa hace veinte años por impulso de un voluntario en Wad Ras (Hilario Ruiz de Gauna, que el Señor tenga en su gloria, cristiano y buena persona de pro), alguien que no se resignaba a que no se pueda hacer nada por nadie y que, desde su condición de profesor jubilado, decidió hacer algo. Impulsada por él, nació allí una cosita humilde que se llamó en principio Enfermería Cultural de Wad Ras (sic). Hoy se llama Vivencias - Revista de les preses i presos de Catalunya. Tengo en mis manos el número 168, de hace unos meses, 36 páginas en las que hay un par de dibujos y muchas, muchas palabras, de unos sesenta presos-as, muchas palabras que hablan de sueños, de libertad y, sobre todo, de amor. En definitiva, de todo aquello que en la prisión se vive como carencia.
En Vivencias hay mucho arrepentimiento, mucha soledad, muchas heridas, pero también una pizca de ilusión y de esperanza. Parece que el escribir ayuda. Que así sea. Me quedo con una frase de alguien que firma A.B. desde Quatre Camins, un estribillo dirigido a todo aquel que sufre:

"No olvides nunca que la niebla siempre se disipa".

jueves, 17 de noviembre de 2011

Dolorosa belleza (Tarkovski)

Tan hermoso como inquietante...



jueves, 10 de noviembre de 2011

Nostalgia de la muerte



He conocido en mi vida varias personas que tenían una extraña nostalgia de la muerte. Esta nostalgia sólo podía ser expresada confidencialmente y escuchada desde el respeto y la acogida. No hablo de suicidas potenciales. Ninguno de ellos, ninguna de ellas, se hubiera atrevido a quitarse la vida, pero tenían un profundo deseo de morir. Consideraban cerrado su libro, sin nada más que escribir, consideraban todas sus tareas ya cumplidas, sin nada que fuera posible proyectar ilusionadamente. Tal vez todas esas personas padecían alguna dolencia, pero no se trataba de enfermedades necesariamente invalidantes o que implicaran un estado de sufrimiento continuado. Tampoco adolecían de una acumulación de problemas personales de difícil solución. Aunque detrás de estas actitudes afloraba un pesimismo existencial, no se trataba tampoco de un escepticismo nihilista: la mayor parte de ellos/as eran creyentes. Hablo de "nostalgia" porque cuando se referían al más allá, allí donde querían ir ya, sin más demora, lo hacían como si hablaran de un lugar conocido, propio, familiar. Y, aunque no poseían la pulsión del "no puedo más" propia de la desesperación, sí percibían su paso al otro lado como una liberación de un cierto "taedium vitae" arraigado no en el hartazgo del sinsentido, sino en la convicción de haber recorrido ya todo el camino posible, todo el que a ellos les competía hacer. Y, además, repito, afloraba en sus palabras una esperanza aparentemente serena.
En casos así uno se contenta con escuchar pacientemente, porque detrás de la verbalización hay un inconscientemente aplacado deseo de seguir viviendo, que requiere ser encauzado sin prisa y con detenimiento hacia mostrar el valor que uno tiene para los demás, es decir, hasta qué punto queda todavía tarea por hacer si no claramente en favor de uno mismo, al menos en favor de los demás. Si la persona llega a percibir que se la necesita, recibe un cierto alivio y pacta con ella misma que tal vez todavía quede algo por hacer. Ello no significa que la nostalgia no vuelva a presentarse recurrentemente y que no haya que volver a empezar, aunque nunca se empieza ya desde el mismo lugar.
No sé por qué noviembre me conduce a estas reflexiones tan serias en un blog en el que siempre he tratado que no falte cierto sentido del humor. Será por eso que llaman el "mes de los muertos", por la conveniencia de cuando en cuando de recordar que un día también nosotros pasaremos al otro lado y para hacerlo no desde la desvaloración de nuestro presente, pero sí al menos desde la adecuada relativización de cosas a las que a veces otorgamos una importancia excesiva. En fin, avivemos la esperanza de que si un día cruzaremos hacia un "mejor", esa mejoría hay que abordarla sin nostalgias y prepararla desde nuestro hoy cotidiano.
Acabemos con una canción, una de mis preferidas en mi versión preferida, una canción de amor (¿qué canción no lo es?), pero que habla también de cruzar fronteras y de que al otro lado aguarda una felicidad que desde la esperanza empieza ya a saborearse.




lunes, 7 de noviembre de 2011

Una "predicación" made in USA

Un ejemplo de cómo transmiten el mensaje algunos evangélicos en Estados Unidos.
El "predicador" es Blaine Hogan (su cara os sonará como actor de telefilm), perteneciente a la Willow Creek Church.

(si ponéis pantalla completa, tal vez es más cómodo, especialmente para los gafotas como yo)



domingo, 16 de octubre de 2011

Pobre, sucia, triste, desafortunada patria



Es costumbre en mi Orden que cuando un español pasa por Roma lleve una botellita para goce y disfrute de la comunidad donde se aloja. Años atrás se solía llevar Fundador, que era lo que conocían, les gustaba y les bastaba. Con los años han ido aprendiendo y hoy, si se presenta uno con una botella de, por ejemplo, Torres 10, los hermanos italianos te recuerdan, amable, fraternal y un tanto socarronamente, que allí en Roma lo que pega son los cardenales, especialmente un tal Mendoza. Últimamente he resuelto el problema substituyendo el brandy por la catalana ratafía, la cual no suscita en los paladares italianos otro comentario más que el remoto parecido, en plan más suave, con su nocino. Y, además, es un modo de hacer país, un país que cada día está más embrollado.
Los errores se pagan. Los padres comieron agrazones y los hijos sufrieron dentera. Mala cosa cuando nuestra desmemoria nos empuja al victimismo. El tándem Roca-Pujol rechazó en el momento constitucional el concierto económico. Los padres de la patria catalana de la transición tenían tan poca fe en el país que vieron en el concierto un riesgo y no un chollo, oh sí, ¡estaban locos aquellos vascos! Pujol nunca fue económicamente un genio. Hoy toca mendigar o ir reduciendo calidad de vida o ambas cosas...
Desmemoriados todos, también los del otro lado del cuadrilátero, los que hoy sí y mañana también van repartiendo coces centralistas, los que dicen que ya está bien, que cómo va a funcionar nada con diecisiete parlamentos, gobiernos, etc. También esos se quejan de la dentera, olvidando que proviene de las uvas agrias que comieron los padres. Porque esos son los directos descendientes ideológicos de aquellos que, buscando desactivar identidades gallegas, vascas o catalanas, dijeron que nones, que café para todos y si son diecisiete, diecisiete. Luego ha resultado que quien más, quien menos, se ha servido café, copa cardenalicia y puro habano. Ahora se pelean para que la cuenta la pague el de al lado.
El alcance de mi conocimiento económico es muy limitado y tiene que serlo porque no estoy en el siglo. Los seglares sabrán de estas cosas más que yo. Pero sí sé que comemos tomates de Holanda, que me hago limonada con limones argentinos, que la uva del postre viene de Chile, la leche del desayuno de Francia, que estoy tecleando en un ordenador made in China y que en el mismo lugar fue fabricada la regleta del enchufe donde enchufo, que visto unos pantalones fabricados en Bangla Desh y una camisa clergyman que viene de Polonia, que me sueno la nariz con unos pañuelos de papel alemanes y que tomo un medicamento de patente suiza.
En este enmarañado mundo no es extraño que a veces tenga la sensación de percibir mi patria chica como cada vez más pobre, más sucia, más triste, más desafortunada. Mi patria chica es cada vez más chica. La achican los cerrados de mollera, tanto los de los Països como los de las Españas. Y no hay recetas mágicas para los tiempos de vacas flacas, por mucho que unos se indignen mucho. Desde mi limitación y desde mi celda no veo otra salida que la internacionalización y trabajar como chinos.
Me refiero no a un paseo garantizado, sino a la internacionalización arriesgada y productiva, no la de abrir oficiales Delegaciones exteriores difícilmente útiles, frecuentísimamente desiertas y que demasiadas veces sirven sólo para colocar a amiguetes. Arriesgarse es lo que hizo ese catalán que, en tiempo de crisis, se lanza a comprar empresas en la mismísima Norteamérica, primero una chiquita y después una grandota. El jefe se ha vuelto loco, decían sus propios directivos. Pero por lo que sé ahora mismo esa empresa es, entre las del Ibex 35, una de las que más ha subido de valor en Bolsa en lo que va de año, y, lo que es más importante, no ha despedido a nadie de aquí.
Me refiero no tanto a trabajar veinticuatro horas diarias como a trabajar bien. Un chino inventa poco y difícilmente será pionero de nada, pero cuando aprende a hacer bien un trabajo lo hace bien siempre, con una normalidad que a nosotros puede parecernos incluso exasperante. Este verano, por circunstancias que no vienen al caso, comí algunas veces fuera de casa. Dos de ellas, con siete días de intervalo, en un bar restaurante gestionado por chinos. La persona que servía las mesas sonreía siempre. El segundo plato, en un menú de 8,50 €, fue una generosa sepia a la plancha increíblemente buena, bien presentada, parcialmente loncheada, en su punto justo de cocción, bien aderezada; nada tenía que envidiar (incluso superaba) a la que pueda comer usted en barcas salmantinas en el Puerto Olímpico. Y además un día y otro idénticas en excelencia (¡parecía la misma sepia!). En mi patria esta virtud que alguna vez caracterizó a los indígenas se ha ido perdiendo. Hoy entra usted en unos almacenes, se dirige usted a una empleada (suponiendo que tenga suerte y no esté hablando con el novio por el móvil), le pregunta por el precio de un artículo y, mirándole como si hubiera usted cometido el atroz delito de haber invadido su modorra y su ocupación en otras cosas, le señala hacia su compañero que está a 10 metros atendiendo a otros sufridos clientes, "le mirará el precio mi compañero que está en el terminal"; no hay mejor modo de motivarte para que vayas a comprar a otro sitio y que te preguntes si lo justo no sería añadir merecidamente una persona más a los muchísimo parados de este pequeño país. Duele que estos modos de proceder, este know-how al revés, vaya siendo cada día menos excepcional, que predomine, respecto a la calidad de productos y servicios, el "tente mientras cobro", el "para quién es y para lo que paga" o el denostable "si pasa, pasa". Trabajar como chinos. Recuérdenlo la próxima vez que se sientan ustedes muy indignados o que se sienten a una mesa y un camarero carilargo les ponga una sepia de esas que quebraría las cuchillas del minipimer.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Forcadéeeees (Un cover particular)

Esta, pese al tiempo que llevaba en You Tube, ha sido por estos pagos catalanes como la canción del verano que se acaba gracias al uso patriarcal de Jordi Pujol:




¿Qué queréis? Tengo ganas de empezar el curso de buen humor, disculpadle esta irreverencia nada malintencionada a este Outsider (ay, modestia aparte, qué eminencia perdió el mundo de la farándula cuando dejé el siglo):

Forcadéeeees

Jo que en lloc de la senyera

porto sempre la bandera

amb la creu de Borgonya ben llampant.

Jo que tinc una erecció quan sento Rouco Varela

que és d’Espanya el gran cardenal.

Jo que trio sacerdots del Lumen Dei per fer els meus exercicis

espirituals.

Jo que tinc a l’escriptori la foto del Pare Apeles,

una estampa i un detente

i els goigs en llaor de Sant Honorat.

Jo que sempre he estat

un bon tradicionalista

ara m’he enamorat

d’una monja feminista,

oh Forcadéeeees,

casaré gais i bolleres per tu,

oh Forcadéeeees,

diré missa amb pega dolça i vermut,

i lluitarem

pel nostre amor prohibiiiiit,

oh Forcadéeeees.

Jo que escolto tot lo dia per ràdio Ràdio Maria

i no trago ni en pintura els pijos

de Ràdio Estel,

i que em van les casulles de guitarra,

el llatí, les quaranta hores,

i el mes de Sant Josep.

Jo que em sé de pe a pa Syllabus i profecies,

i el catecisme explicat de Claret.

Jo que porto l’oriamendi com a politò del mòbil,

i em faig d’Aigua del Carme el carajillet.

Jo que llegeixo el cigüenya

i em confesso amb el Fortea

i predico molt bé de l’infern.

Jo que sempre he estat

un bon tradicionalista

ara m’he enamorat

d’una monja feminista,

oh Forcadéeeees,

denunciarem de les vacunes els fraus,

oh Forcadéeeees,

llegirem junts el Gonzàlez Faus,

i lluitarem

pel nostre amor prohibiiiiit.

sábado, 16 de julio de 2011

Echar cuenta del empleo del tiempo



Traducción libre (y un poco torpe) de un "Soneto muy espiritual y devoto sobre el buen empleo del tiempo" escrito por un religioso francés en el siglo XVIII:

De los años pasados el tiempo pide cuentas

y he respondido que echar cuentas requiere tiempo,

porque aquel que sin cuenta pierde tiempo y más tiempo.

¿cómo, sin quedar tiempo, podría rendir cuentas?


El tiempo ha rechazado el aplazarme las cuentas

arguyendo que mi cuenta ha rechazado el tiempo;

no habiéndolo empleado cuando aún había tiempo,

en vano pido ahora tiempo para dar cuentas.


Oh, Dios, ¿qué cuenta puede retornar tiempo al tiempo?

¿Qué tiempo bastaría para tan grandes cuentas

a quien sin cuenta alguna derrochó tanto tiempo?


Ay, presionado en firme por el tiempo y las cuentas,

entrego el alma sin poder dar cuenta del tiempo

pues el tiempo perdido no vale a fin de cuentas.



El original, aquí.

sábado, 9 de julio de 2011

El Ciervo, en babia

Soy un lector extraño. Empiezo La Vanguardia por la última página, por la Contra de la contraportada. Después Calvin & Hobbes (me gusta comprobar la nueva traducción, a menudo bastante peor, de las antiguas tiras), después Las cartas al director y luego los titulares. Hoy me encontré en la Contra con la Roser Bofill y, por supuesto, tres cuartas partes van de El Ciervo.

El Ciervo fue una ventana abierta durante años. Aquel formato grande, aquellas páginas gruesas en tiempos de la transición y en los primeros ochenta... Fui suscriptor e incluso, en un tiempo de campaña para salvar el trote del animalito, llegué a ser hasta accionista (es un decir, porque quince mil del ala tampoco eran un capitalazo). Después me alejé, porque uno se mueve y vive y, en cambio, El Ciervo desdichadamente se quedó ideológicamente petrificado. Pocas sorpresas en la entrevista de hoy. Pura repetición, una cierta nostalgia. Tuvo su tiempo, que no es éste. Lo mejor que podría haber hecho Bofill (Gomis era menos periclitado, porque tenía talento) es dejar paso hace tiempo. Tal vez gente más joven, más inquieta, menos de su cuerda, hubieran dado un futuro a esta lastrada publicación.

¿Exagero? No lo sé. Pero hay una pregunta reveladora. Revela en esta ocasión a un Amiguet indocumentado, a una Bofill en babia:

Amiguet: -Juan XXIII aún no ha sido beatificado.
Bofill: -¡Ni lo beatificarán!

Quina cagada! Signos de los tiempos, de los que no volverán.

jueves, 23 de junio de 2011

Indignaciones (II): De esfuerzos y bongos


Mala cosa cuando la indignación es una eximente del esfuerzo. Pongo un par de ejemplos no generalizables, no sé si frecuentes o no:

R. lleva once meses en el paro (en la empresa llevaba 12 años). Es administrativa, tiene 43 años, formación en FP admtva, un nivel pasable de inglés, sin cargas familiares (salvo hacerle la compra a su madre y llevarla a pasear un ratito cada día). Ha echado currículums en todas partes, ha hecho cursillos subvencionados variopintos, etcétera. Una tarde a la semana colabora todavía con la Cáritas parroquial clasificando ropa y, si hace falta, descargando alimentos cuando los traen del Banco de ídem. Me llama la semana pasada, el lunes por la mañana. Ha tenido una entrevista para un trabajo y le han preguntado sobre su nivel de Acces; les ha dicho que no tiene ni idea, pero que para el miércoles habrá aprendido (!). Yo utilizo Acces para algo tan simple como las 200 etiquetas de un boletín bimensual, le digo que no sé mucho, pero que venga. Viene a verme, abre su viejo ordenador portátil y cuando veo la pantalla de Acces 2007 me quedo con la boca abierta (yo utilizo el 2003) y no sé por dónde empezar porque la mitad de las ventanas no las entiendo. Más mal que bien le enseño a diseñar los diversos campos de una tabla, le digo que los formularios son fichas y que los informes son los listados, y que veo muy difícil que para el miércoles (día en que tiene la prueba final) consiga dominar el programa. Soy muy positiva, recuerda. Caramba. Ya en su casa el lunes por la tarde se baja un manual intermedio de Acces 2007 por internet. Hinca codos, le da jornada intensivísima al portátil y el miércoles, después de dos noches de no dormir mucho, va a la entrevista. Ayer firmó el contrato, son seis meses, horario de trabajo de 8 a 15, va a seguir ayudando en Cáritas.

J.M. tiene 26 años. Estudió Filología Catalana. Hace unas semanas se quedó en el paro. Trabajaba en una tienda de informática que se fue al garete. Al día siguiente de quedarse sin empleo fue a comprarse una tiendecita de campaña y la plantó, indignado él, en la Plaza de Cataluña; allí ha estado manifestando su indignación, poniendo cartelitos con frases ingeniosas y a ratos tocando el bongo (actividad, como todo el mundo sabe, harto reinvindicativa).

Entre el esfuerzo y el bongo, la verdad, yo prefiero lo primero, aunque resulte más difícil. Y bien mirado, lo cortés no quita lo valiente, miren si no a mi primita M.T.; estudia Ciencias de la Educación, se paga la carrera haciendo de canguro y todavía, si puede, batukea, como aquí:


miércoles, 22 de junio de 2011

Indignaciones (I): Nova Insula Utopia



Parto de la premisa de que la mera indignación, por muy justificada que esté, sirve para poco, se disuelve en un "estar contra" sin alcance positivo alguno. El simple cabreo no soluciona nada, por mucho que convoque a miles de personas a manifestarse, a marchar hacia ninguna parte.

He leído muchos slogans, algunos ingeniosos, pero en su mayoría poco prácticos. Lo de "menos crucifijos y más empleos fijos", v. gr., reconozco que supera mis estudios de lógica. Muchos slogans y pocas propuestas concretas (cuando digo concretas, digo concretas de verdad de la buena). Examino ahora algunas formuladas por una persona aparentemente de buen criterio.

¿Listas abiertas? Tal vez resulten más democráticas. Personalmente, no le veo las ventajas. Pero soy un tipo raro, uno de esos que no cree que la democratísima institución del jurado, por ejemplo, vaya en favor de la justicia. Lo de las listas abiertas puede favorecer el liderazgo personal, sin duda. O el de quien tenga más capacidad de autobombo o más capacidad mediática o mejor financiación. Lo que puede hacer es quitar algunos consuelos. "Yo voté a una lista cerrada y ella estaba en ella, no es culpa mía", era ahora un consuelo. Pero si votas directamente a Leire Pajín, ¿cuál será tu excusa? Por cierto, cuando se vota para el Senado, ¿no se votan listas abiertas? Honradamente, ¿supone eso un cambio importante en la actuación de los políticos?

Algunas propuestas son impagables:
-Promover el granel, la artesanía, etcétera. Cuidado porque esto lo teclea gente en unos aparatos que si tuviesen que ser fabricados artesanalmente sólo estarían al alcance de los multimillonarios.
-Considerar delito que los supermercados tiren la comida -toneladas - y que el ciudadano tire cosas (sic) en buen estado (esto está bien, aunque no veo por qué limitarlo a las toneladas; en cualquier caso, salvo que se pretenda que la comida se pudra en las estanterías, hay que recordar que la mayor parte de la comida que los supermercados tiran no se pierde, hay quienes la esperan; vehicularla hacia bancos de alimentos y similares podría ser solución, pero aumenta el costo de la distribución, almacenaje, burocracia, etc). El delito de tirar cosas en buen estado: ésta es otra; si a usted no le sirve una cosa, no se le ocurra tirarla o le llevo preso (curiosa obligación de propiedad); no sé, no le veo la razón, cualquier cosa en buen estado dura en mi calle menos que un caramelo a la puerta de un colegio.
-Recuperar campos y dignificar a nuestro campesinado. Si no me equivoco está frase la leí en la revista Játiva editada por el sindicato vertical, sería en el mismo número de los años 40 donde aparecía esta foto:

No sigo, que en el sarcasmo no puede faltar pecado. No juzgo de la buena intención, juzgo del realismo. No se mantiene un cierto nivel de bienestar general desde la nada, sino desde los excedentes generados por la especialización, la excelencia y, mal que nos pese, la competitividad. Entiendo el nivel de frustración y de dolor, incluso de indignación, de quien se queda al margen (día sí y día no veo eso continuamente en los que llaman a la puerta de mi parroquia), descubriendo que no hay sistema que garantice el Paraíso. Soy, lo confieso, incapaz de proponer soluciones indoloras, pero tampoco creo en propuestas de vuelta al medioevo sólo articulables (hablo de pagar la cuenta, porque las cuentas al final hay que pagarlas) cargándose el sistema. Es cierto, la fiesta, en los términos en los que se había concebido y celebrado, se acabó. Pero no se inciará una fiesta nueva tocando el bongo, no si se quieren seguir pagando las pensiones a los ancianos, manteniendo hospitales comarcales donde todos puedan ser atendidos o poder desde Sevilla hablar con alguien que esté en Nueva York. Pero esto del bongo, si me lo permiten, lo dejaré para otro post.

viernes, 3 de junio de 2011

Diccionario Biográfico: arrogancia académica e ignorancia mediática


Los medios de comunicación, y en especial Público y la Sexta, han desatado una exacerbada campaña de desprestigio contra el Diccionario Biográfico Español publicado por la Real Academia de la Historia. Lo han hecho tomando pie sobre todo de las entradas correspondientes a personajes de nuestro pasado reciente.
Algunos argumentos de crítica adolecen, sin embargo, de una marcada superficialidad. Se ha recalcado y citado de forma repetida, como si de una blasfemia histórica se tratara, que en la entrada de Franco se dice que "montó un régimen autoritario pero no totalitario". No seré yo quien aplauda la visión de conjunto, probablemente bastante escorada, que Luis Suárez pueda dar de Franco, pero la distinción entre el totalitarismo y el autoritarismo conservador era una distinción clásica en los manuales de derecho político y constitucional de principios de los ochenta. Lo sabemos bien los que estudiamos con el manual del para nada reaccionario profesor González Casanova. Claro que no se les puede pedir a ciertos adoctrinados adoctrinadores de Público o de la Sexta que tengan la capacidad de entrar en conceptos de derecho político. Otra cosa distinta es si el profesor Luis Suárez (calificado de presunto historiador por estos eruditos de la televisión) es la persona ideal para abordar con rigor y distancia la figura de Franco. Don Luis sabe mucho de Isabel la Católica, pero, en mi humilde opinión, tal vez para biografiar al General se hubiera podido encontrar a alguien más objetivo y más especializado en historia contemporánea (no me estoy refiriendo a Pío Moa, desde luego).
El Diccionario Biográfico Español, en el que han colaborado miles de personas, no puede ser juzgado sólo a partir de unas pocas voces. Tengo para mí que si hay algo reprochable en él sea la autoreserva que los académicos (Luis Suárez lo es) se han hecho del tratamiento de personajes importantes. Hablo por experiencia. A un servidor le encargaron hace años para la magna obra media docena de biografías de personajes secundarios; las escribí y las cobré puntualmente (esto siempre es de alabar tratándose de instituciones de este tipo). Sin embargo, del personaje del que más sé (no digo yo que yo sea quien más sabe de él, aunque probablemente sea así) se pasó el encargo a un Académico correspondiente. El resultado, por más que digno, es incompleto y hasta en algún punto claramente erróneo.
En fin, líbrenos Dios de la interesada arrogancia académica y pongámonos en guardia contra la cada vez más descarada ignorancia mediática.

sábado, 14 de mayo de 2011

Americanos

Desde luego, son los puñeteros amos del bussiness. Aquí nos contentamos con las populares representaciones de la Passió en algunas poblaciones. O con los belenes más o menos artísticos en Navidad. O con pasear unas imágenes detrás de unas gentes con caperuza y cirio que se apaga. Aquí el más osado pasa unos vídeos de dibujos animados en la catequesis o pinta unos carteles con muy buena intención y muy poca idea de marketing.
En cambio, los americanos y especialmente los WASP andan ya por el parque temático:




The Holy Land Experience - CBN.com per the700club

Lo dicho. en cuanto a aggiornamento, no nos queda ná...Wow!

sábado, 30 de abril de 2011

Incontinencia descerebral



Muestras de la verborrea del señor X (si alguien las cree sacadas de contexto, le advierto que, en realidad, no hay otro contexto):

1.- «Este monólogo se centra en el estreñimiento mental de cualquier persona que ha tenido una educación religiosa».

2.- «Hay muchas víctimas de la religión que hemos sufrido mucho».

3.- «La religión hace que la gente, en lugar de pensar, crea, y las creencias han propiciado la mayor violencia que ha existido en la historia».

4.- «La religión debería estar prohibida hasta los 18 años».

5.- «Este país (Estados Unidos) tuvo la primera constitución laica y secular del mundo y resulta que se ha convertido en un país de capillita».

6.- «¿Qué es esto de que el Corán, la Biblia...son libros sagrados? Son novelas.»

La proposición 1 no merece más comentario.

La proposición 2 es victimismo puro y duro. Realmente, tiene que ser muy duro y doloroso tal estreñimiento mental (el señor X estudió en un colegio de jesuitas): años y años durante los cuales los pensamientos pugnan por salir y las ideas-desecho sólo se exteriorizan con agónico esfuerzo.

La proposición 3 parece propia de un comentarista palurdo o de un tertuliano tabernario. Ningún historiador serio la suscribiría. Otra idea excrementaria.

La proposición 4 es incoherente. ¿Por qué antes no y después sí? Si "la religión mata" (esta también es del señor X), hay que prohibirla siempre. ¿Cómo puede confundirse tan fácilmente la mayoría de edad con la libertad?

La proposición 5 también sería susceptible de un comentario histórico. Pero para ello habría que saber qué significa exactamente la expresión "país de capillita", cosa que el señor X sin duda entiende, pero los demás no.

La proposición 6 refleja los amplios conocimientos del autor sobre los géneros literarios.

Del señor X se estrena hoy una antigua obra de teatro en Nueva York. Se promociona como "The play that rocked Spain and the world". Nada menos.

El Señor X es alguien que cobra del presupuesto para promocionar conciertos de Sabina, performances de Amadeo Penalver y cosas por el estilo. O para promocionar su propia provocadora obra teatral desde la plataforma del Consulado General de España en Nueva York.

Tipos como el Señor X hacen bueno al Sr. Puente Ojea, quien, al menos, tenía la decencia de ser culto; de Puente Ojea se podía afirmar, para emplear la expresión de un sabio capuchino de los años treinta, que se cerraba herméticamente en el círculo férreo de sus negaciones apriorísticas (sé que mis lectores entenderán esta última frase y que el señor X no).

Del Señor X sólo podremos concluir que sus palabras reflejan la peligrosidad de medicarse sin control contra el "estreñimiento mental": se pasa al otro extremo, es decir, a la descomposición, a la cagalera mental.

En fin, de momento sigamos pagando nuestros impuestos o recortando en sanidad para que el Señor X no deje de percibir su retribución, que bien ganada se la tiene, aunque, si nuestro discurrir intelectual no retrasara su normal curso a causa de la educación que recibimos en nuestra juventud, quiero decir que si evacuáramos fácilmente nuestros pensamientos, cogeríamos un vuelo a Nueva York y pagaríamos con gusto los 18 $ de entrada para poder asistir en vivo y en directo a la representación neoyorquina de una pieza teatral que ya en su día sacudió a España y al mundo entero.

martes, 5 de abril de 2011

De goteros y comunicaciones




Acompañar durante algunos ratos a un colega hospitalizado da para interesantes reflexiones. Hace unos días, al anochecer, después de calcular inútiles cadencias mirando hacia fuera (las luces de señalización de la torre de comunicaciones de Collserola: 40 parpadeos por minuto) o hacia dentro (el descenso del suero fisiológico: 31 gotas por minuto), acabé meditando, desde aquella quinta planta y sus vistas privilegiadas, en cómo ciertos contenidos ideológicos van mediáticamente infiltrándose en la conciencia social. Cuando volviendo los ojos hacia el exterior percibes detrás de las cortinas de las viviendas próximas el movimiento de luces de los televisores y si miras hacia el interior percibes cómo las gotas de las soluciones salinas, de los antibióticos, de los calmantes, discurren lenta pero inexorablemente por tubitos hacia la sangre de quien pasiva y pacientemente los recibe (para eso es un paciente), acabas planteándote ciertas cuestiones.
Te preguntas, por ejemplo, si la generalidad de nuestros contemporáneos, a base del bombeo constante de los medios, no va admitiendo ciertos presupuestos morales cada vez más acríticamente, si no los consume sin necesidad de asumirlos a partir de la deliberación personal. Se me ocurren ejemplos que resultan paradigmáticos sin ser los únicos: la indiferencia ética del aborto o incluso su consideración como derecho, la exacta equivalencia entre heterosexualidad y homosexualidad, etc. ¿Hasta qué punto en nuestra sociedad de liberales no predomina el dejarse llevar por la corriente en boga, por la moda y los modos ideológicos? En un mundo en el que el librepensamiento se erige como el gran estandarte, ¿no camina mucha gente por vías cada vez menos libres y menos pensadas? Preguntarse sobre el porqué de la aprobación o reprobación de ciertas conductas, ¿no se presenta cada vez más como una cansada tarea frente a la cual muchos se revelan como mentalmente asténicos, como too lazy?
En mi humilde opinión, lo más preocupante hay que situarlo en el alcance dogmático que algunos de estos contenidos morales están alcanzando. En la medida en que no se discuten (y precisamente para que no se discutan) se van convirtiendo en doctrina y suscitando inquisidores que vigilan cualquier atisbo de disidencia. Me preocupa que muchos de mis conciudadanos arrastren consigo un invisible gotero que, en lugar de sanar su existencia, les va proporcionando un alimento sucedáneo y desde luego más fácil de digerir que la verdad, unos componentes de amplio espectro capaces de anular el más microscópico cuestionamiento de vida, unos anestesiantes que les dispensan del dolor de las propias decisiones.
Curiosamente los creyentes somos etiquetados frecuentemente por nuestros contemporáneos como escasos de juicio, como esclavos institucionalizados, como rebaño aborregado. Pero en noches como estas, con a lo lejos el Tibidabo iluminado (despilfarro, cierto), cuando sería más cómodo y acomodado y socialmente rentable el rendirse, no puedo evitar sentirme, mientras pienso y existo, desde mi razón y desde mi fe, orgullosa y dolorosamente libre.

sábado, 12 de marzo de 2011

Tres párrafos

Entiendo que pueda ignorarse la redención o incluso negarse rotundamente. Entiendo que no se crea en la resurrección de la carne o en la creación ex nihilo. Entiendo que se viva sin una fe, sin un amor fundamentado, sin esperanza auténtica.

Aunque se discuta, todos queremos ser Dios.

Lo que no puedo entender es que pueda negarse o ignorarse que el pecado jamás ha divinizado a nadie.

(Lo siento, sé que tengo el día espeso, son cosas que a uno se le ocurren cuando corre en la ciudad bajo la lluvia y no canta)

(sin duda, mejor una canción):



viernes, 25 de febrero de 2011

La delgada línea horta

Regresando de una reunión cojo uno de esos periódicos gratuitos y me entretengo leyéndolo en el autobús. Líniahorta. Vaya collar de perlas. Si los de difusión nacional ya suelen tener un nivel bajo, este de distrito barcelonés, con su editor, su director de edición, sus dos jefes de redacción y sus tres redactores (bonita proporción), parece sacado directamente del boletín del instituto, cuanto más que el director de edición (como solía ocurrir en los institutos en el tiempo del ciclostil) se curra la mitad del rotativo. Para empezar o son rumberos o exprimen la noticia a base de pura repetición; entienden que el Sant Gaudenci Rumba Club merece portada, editorial y semáforo verde, amén de la media página de la noticia, o sea que esto del Sant Gaudenci Rumba Club debe ser lo más grande que ha parido madre en el barrio de Horta.

Entrevista con el alcalde Hereu. 14 preguntas, de las que 9 son sobre futuras concreciones de proyectos. La primera en la frente. Le preguntan sobre unas obras (isla de equipamientos del Mercado del Guinardó) paradas desde hace meses; la respuesta clara y contundente del tipo “no sé si es, pero si es, yo no he sido” es un bello título para quien escriba el Manual del Político Despistado. Hay una Regidora de distrito municipal, una Gerencia de distrito, una Dirección de Servicios Generales del distrito, un Departamento de territorio, un Departamento de servicios a las personas, etc. Pero el señor Alcalde no sabe si la obra más importante que se está realizando en el distrito está en marcha o está parada. Trías habrá aplaudido, aunque su equipo propagandístico tampoco es que se luzca. En su faja publicitaria del lema “el canvi en positiu”, donde aparece con unas gafas que parecen de las primeras que usó mi madre para coser, “el canvi” está en un azul marino sobre fondo oscuro para que no se lea con facilidad. Sospecho que las personas cambiarán, pero las cosas van a cambiar poco.

Sigamos. Las cartas al director a veces son un oasis de cordura frente a la insensatez periodística. Aquí no. Aquí se mantienen en la línea editorial. Un tal Jamal equipara en legitimidad a los gobiernos de Alemania o Catalunya con los de Turquía o Indonesia; para acabar de redondearlo, dice que los Hermanos Musulmanes de Egipto llevan décadas luchando contra la dictadura y el terrorismo para alcanzar la democracia. Usted y yo somos sin duda un poco cortitos, porque esto no son meras opiniones del señor Jamal, sino, según dice, “obviedades”.

Otra magnífica noticia. Magnífica como inocentada. Ésta es digna del blog del Bwana. Resulta que el Consorci del Parc de Collserola y los técnicos del Departament d’Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació i Medi Natural no se ponen de acuerdo sobre cómo cazar los jabalíes cuyo número crece de forma insostenible. Primero los iban a cazar de común acuerdo con arcos y flechas (!), pero después el Departament, ante las quejas de asociaciones protectoras de animales, dijo que no, que dardos anestesiantes y después inyección letal. Los del Consorci dicen que nanay (tal vez ya habían contratado a expertos bosquimanos para llevar a cabo la caza). Y digo yo si no sería mejor, ya que el censo aproximado de jabalíes está hecho, poner un cupo para cazadores como se ha hecho toda la vida de Dios. Un fin de semana deportivo y problema resuelto. ¿Demasiado racional e insostenible? No, no. Demasiado político y demasiado técnico viviendo del chollo del Consorci y del chollo del macroDepartament.

El Mercado de Vall d’Hebron estrena página web. Dice el rotativo que “aparte de informaciones más prácticas (sic), también se podrán hallar en ella recetas y trucos gastronómicos entre otras curiosidades”. Mala cosa cuando las recetas gastronómicas abandonan el terreno de la práctica y se convierten en teoría (o en curiosidad propia de la razón pura, vaya usted a saber).

En la última página va la publicidad de una funeraria: “La tranquilidad de estar en las mejores manos”. Siempre es un consuelo saber que finalmente Barcelona es una buena ciudad para morirse bien muerto y que, si aciertas al elegir la compañía funeraria, si no fuiste bien tratado en vida, al menos de tus restos se ocuparán las mejores manos.

jueves, 17 de febrero de 2011

Las cuentas claras o así



A veces bromeo sobre la vocación diciendo que realmente yo me hice fraile porque me aburría mucho con el mundo de la economía, las cuentas, las contabilidades, las inversiones, las rentabilidades, los intereses de demora y todas esas cosas que llenan listados de papel o de pantalla. Desde luego es una extraña manera de ganarse la vida, trazando o revisando signos un día y otro hasta la jubilación. No niego su utilidad social ni su necesidad, pero es innegable que tal trabajo, aunque hoy para sí lo quisieran algunos millones de compatriotas, no deja de ser objetivamente un puñetero aburrimiento.
Ser religioso puede que no parezca más útil y a buen seguro que no es socialmente más relevante (ni laboralmente más deseado), aunque sí resulta menos ordinario (estadísticamente hablando, al menos).

La cuestión es que andando el tiempo uno se da cuenta de que hay extrañas tiranías que derivan de las propias capacidades y de las que resulta difícil escabullirse, especialmente si tienes un nivel alto de razonamiento numérico y verbal. Así, desde hace unos años soy el ecónomo de mi comunidad. El Ecónomo es ese tipo que cuida de que haya un plato humeante en la mesa delante de cada fraile, de que las deudas se paguen a su vencimiento y de que los fondos que entran se empleen debidamente. Y, por supuesto, de que todo sea puntillosamente registrado en los libros contables. Yo no sé si es cierta la teoría de que la escritura la inventaron los sacerdotes de los antiguos templos para llevar cuenta de las ofrendas que hacían los fieles a los dioses respectivos. Lo que sí sé, porque la historia es una tecla que también me ha tocado tocar, que en nuestra Orden desde su fundación se anota escrupulosamente cada céntimo (o en su tiempo cada libra, sueldo o dinero) que entra y/o sale, y que de ello se da cuenta puntualmente cada trimestre al capítulo de comunidad, y que se deja fe mediante las correspondientes anotaciones que firman en los libros los religiosos presentes y que luego en las Visitas canónicas son inspeccionados por los Superiores Mayores o Generales.

El sino del Ecónomo (salvo excepciones, que haberlas las hay, para las que el cargo es atractivo y deseado) es tener que cumplir con una incómoda obligación que requiere un tiempo precioso que uno desearía emplear en ocupaciones más genuinamente religiosas. En un rincón de mi mesa tengo un comentario a nuestra Regla en latín publicado en el siglo XVII; hace al menos dos meses que aguarda un tiempo de serena dedicación; se me propuso editarlo nuevamente con traducción en castellano y las correspondientes notas explicativas, una tarea que pide meses de intenso y cuidadoso trabajo, trabajo por otra parte, lo reconozco, personalmente apasionante y sin duda espiritualmente provechoso. Me acordaba de este volumen encuadernado en pergamino esta mañana, mientras en Hacienda del Ayuntamiento, cerca del mar, esperaba resignadamente a que en la pantalla apareciera mi número para ver qué hay de lo nuestro, de una devolución de impuestos solicitada hace más de un año. Debería haberme acordado de lo que nuestra Regla prescribe sobre la afabilidad cuando, de vuelta a casa, he discutido telefónicamente con el Delegado de zona de la compañía de ascensores, que consideraba "un poco fuerte" el tono de mi queja al Defensor del cliente de dicha compañía, así que he tenido que recordarle que la avería de la luz de emergencia del elevador lleva tres meses sin repararse y que si hay un corte de corriente eléctrica la persona que lo utilice se encuentra en un antro oscurísimo, frío, desangelado, con una sensación tremenda de desamparo, buscando el botoncito de alarma con la sola luz del teléfono móvil. Luego me pasan una carta del Banco, ese que sólo contacta conmigo para ofrecerme un Mercedes en leasing o para adeudarme 6 euros por el ingreso de un cheque (jodida política banquera de "primero cobro y luego ya protestarán, pediré perdón y ofreceré retrocesión"), ahora van y me escriben diciendo que pase "a la mayor brevedad" con justificantes de nuestra actividad económica para cumplir con no sé qué obligaciones de un Real Decreto del 2005. Después de comer, un cierto alivio: a mí padre le han dado el alta en el hospital y ya está de regreso a casita hasta el próximo sustito. El Padre V. me pide que le saque billete para Roma para el miércoles, que al final ha decidido ir a la ordenación de fray F. Luego el Padre G. que dice que tiene que ir al tanatorio esta tarde, que tendría que hacerme cargo del despacho parroquial un ratito. Lo que se dice despachar, no despaché demasiado, sólo he recibido siete bolsas de ropa usada y la petición de una pareja sudamericana que, de pronto, han recibido hoy la repentina iluminación de que querían bautizar a su hija de doce años sin más demora, sin esperar más, porque está ya muy crecida. Después me he puesto a bucear en las cuentas parroquiales para saber quién instaló la calefacción en los locales, pues para el próximo invierno habrá que pensar en instalar calefacción en el convento (los religiosos ancianos notan ya demasiado el frío de los años como para seguir con minúsculas estufitas en las celdas y gelidez en los pasillos), habrá que echar cuentas de veras y pedir presupuestos y ver cómo hacemos.

Así las cosas, no es extraño que uno a veces se pregunte qué he hecho yo para merecer esto, uno sabe que el comentario de la Regla tendrá que esperar todavía un tiempo a publicarse, uno sigue pensando que nuestra vocación es muy bonita, pese a que los tiempos están cambiando, que el "vuelva usted mañana" se ha convertido en la ventanilla del instituto municipal de Hacienda en un "vuelva usted dentro de un par de meses", vaya progreso, uno se pregunta qué significado tiene la palabra "mañana" en boca del Delegado de la empresa de ascensores (¿tal vez "quién sabe cuándo"?), en cualquier caso los del Banco pueden esperar sentados, cuánta razón tenía aquel cura de Valencia que decía: qué mal cumplimos los curas con el cuarto mandamiento, si el Padre V. va a la ordenación de fray F., no va a ir con las manos vacías, a ver si el lunes me acerco a comprar una clergy camisa al menos (ay, Padre V., si no hubieses dejado la decisión para última hora, la compro por internet a Polonia y con gastos de envío y todo nos ahorramos doce eurillos), es un alivio que a la pareja sudamericana le toque por domicilio otra parroquia y haya podido endilgarle al cura vecino esta tan sospechosa urgencia sacramental, luego va y me dice el párroco que no pierda el tiempo buscando, que con la empresa de calefacción acabó la Parroquia finalmente metida en pleitos, no te metas, y bueno, no importa, queda todavía tiempo por delante para preguntar por ahí y que aconsejen con quién.

Así que uno puede consolarse, acabada la jornada, pensando que si lo de hoy fue un mal día de frío y lluvia (que sí lo fue), más frío tiene que hacer en Alaska y mucho menos atractiva tiene que ser la vida de un ama de casa que ya no recuerda ni la canción de amor que cantaron en su boda, un poco de nostalgia antes de tomarse las cosas con calma, hoy fue un hermoso día de Dios y de servicio, como para merecer unos minutos de música de cuando uno era mucho más joven:



viernes, 11 de febrero de 2011

Servir en la enfermedad


Hoy, Virgen de Lourdes, jornada mundial del enfermo. El enfermo es, sirve, vale. Esto es algo que tenemos que proclamar muy alto contra la tendencia a infravalorar, a “inutilizar” por definición al enfermo. Haremos bien en recordarlo, si no por otras razones, al menos por la incuestionable realidad de que cada uno de nosotros, si no lo es, ha sido en algún momento o será sin duda en el futuro alguien enfermo, es decir, partícipe de tan acerba condición.

Vinculamos acentuadamente la enfermedad con la incapacidad, con la ineptitud, con la nulidad. Sin embargo, hasta en la enfermedad una vida puede ser fecunda, dar fruto. Incluso indirecta e involuntariamente. Pongo unos ejemplos chiquititos y uno grande.

El ejemplo chiquitito es el de mi amiga M.C.; cuidó a su padre, en estado “vegetativo” (entrecomillo, porque no parece que siempre nuestros conocimientos sean plenamente capaces de dirimir la frontera entre la conciencia y la inconsciencia) durante seis años, hasta que murió. A veces le preguntaban cómo lo soportaba, qué hacía aquel hombre en aquel estado; “me hace compañía”, decía ella.

Otro ejemplo chiquitito es el de mi feligresa la señora P. Padece manía persecutoria desde hace mucho tiempo. Dice que la persiguen por motivos políticos, la espían, no tiene teléfono porque se lo pinchan, le abren la correspondencia, la observan cuándo sale a comprar, etc. Mientras vivió su madre (anciana y enferma, pero lúcida), conservó todavía un resquicio de apertura, una ventanita al equilibrio. Desde que aquella aparentemente inútil viejita nonagenaria murió, la señora P. se ha desbordado: le entran en casa cuando ella no está, le han robado la documentación de su tesis doctoral, le han cambiado el médico de cabecera por uno del partido, la Caja de Ahorros le ha retenido la devolución del IRPF...

El ejemplo grande: hace unos días se cumplieron 30 años de la muerte de Marta Robin. Meto entre paréntesis sus viernes de Pasión o su alimentación casi exclusivamente eucarística (lo dejo para los arduos y a veces preocupantemente malsanos buscadores de curiosos fenómenos sobrenaturales, lo dejo también para los que, en el otro extremo, desdeñosamente desprecian lo que ignoran). Me limito a que por su lecho de dolor, donde durante más de 50 años estuvo postrada, pasaron a visitarla miles de personas, recibiendo la mayoría de ellas la visita del consuelo o el interrogante sobre el absoluto. Me limito a sus Foyers de Charité repartidos por el mundo.

La enfermedad puede ser sólo una maldita desgracia. O puede ser, además de una desgracia, una ocasión de gracia y de servicio.





sábado, 29 de enero de 2011

De luces de fuera y dentro


Estuve en Valls el pasado jueves. Andaban todavía montando los aparejos de luces para celebración de las fiestas Decennals de la Candelaria que empezaban al día siguiente (o sea ayer). Los aparejos en la plaza del Pati me recordaron al alumbrao de la Feria de Abril sevillana. En Valls, aunque habrá danzas, lo característicamente central del lugar (con fiestas o sin ellas) no es el baile, sino los castells. Digo yo que algo hay de común, además de las luminarias, entre estos y aquellas. Es la dedicación a lo evanescente y lo gratuito. Horas y horas de preparación y aprendizaje. Sudor y autoestima. la mujer que baila unas sevillanas es, en ese momento, la reina del mundo, al menos se siente así, no importa la edad que tenga, ni importan los espejos, ni la clase social. Algo parecido sucede con el casteller. No importa el lugar que ocupe, si en los dosos o simplemente apretando en la pinya. Lo que se carga y se descarga es su castillo. ¿Qué más efímero que el baile de una sevillana o la ejecución de un castell? Y, sin embargo, son esta suerte de cosas efímeras las que parecen acercarnos más a la corza huidiza que es la felicidad.

Por cierto, a Valls fui a visitar a unas monjitas de clausura. No me dolió regresar el mismo día, perderme el encendido de las 350.000 bombillas y todo eso. Porque me vine llevando mucha luz por dentro. Será quizá que lo que realmente perseguimos y no siempre encontramos en la fiesta y el jolgorio es que nos alumbren por dentro.

martes, 4 de enero de 2011

Divinas palabras


En el principio, era la Palabra, y la Palabra era cabe Dios, y Dios era la Palabra. ¿Y si no hubiera sido así? ¿Qué hubiera sido de nosotros si Dios fuera todo silencio y reserva? Un Dios silente, mudo. Dios de la taciturnitas y no del Verbum. Una posibilidad sería entonces la del paganismo en toda su pureza: adoraríamos un astro, una piedra, una madera carcomida, una pantalla de plasma. Y cualquier oración sería inútil. Porque en tal Dios el mutismo iría muy probablemente unido, como suele pasar, a la sordera. Si Dios no hubiera hablado, no podríamos saber que Él es. Dirá el ateo que en realidad no ha hablado, que él mismo nunca lo escuchó, que precisamente por eso no puede admitir que sea. Dirá el creyente que para captar la Palabra (la de las muchas ocasiones y muchos modos) se requiere un oído atento, que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Digo yo que si Dios no hablase, no habría manera de saberse concernido respecto a Él, no habría manera de saber de qué lado está.

Si Él no hubiera hablado, puede pensarse que tampoco sabríamos hablar, que no iríamos más allá del gesto torpe, del gruñido, del ladrido. Bien mirado, si Dios no hubiera hablado, yo sería un fanático animalista, uno de esos que equiparan lo humano y lo animal, hombre y mono y mosquito, uno de esos que hablan de sí y mismos y de las ratas en primera persona del plural. Yo creo que tal vez tendrían una remotísima posibilidad de convencerme, si no fuera por un detalle que no puedo fácilmente obviar, el jodido detalle de que para defender algo presentado como tan evidente necesitan muchas, insistentes y densas palabras.

Tengo para mí que si Dios no hubiera hablado, todo sería fácil certidumbre, pero certidumbre de oscuridad, de muerte, de falsedad, de nada.