sábado 14 de noviembre de 2009

Aeropuerto 99 y la evolución de las especies

El pasado miércoles, mientras buscaba en la T4 la situación de la puerta de embarque, recordé cómo más o menos en estas mismas fechas diez años atrás, también en un aeropuerto, me convencí de la teoría de la evolución. No fue en Barajas, sino en el Prat. Como todo el mundo sabe, en un aeropuerto sólo dejas de encontrar a la persona que buscas, los demás aparecen siempre por cosas del azar. Así que aquella tarde de 1999 me encontré casualmente con R., una buena amiga que trabajaba en la venta de billetes de Iberia y que estaba a punto de empezar su turno. La acompañé primero a ver los cambios de moneda (?), después me pidió mi billete económico para ver si podía colarme por la cara en preferente. Esperé. Volvió con cara de circunstancias: "Está totalmente lleno, pero bueno al menos que esperes a gusto, ven conmigo", y de este modo completamente ilegítimo, pero válido, estuve por primera y única vez en mi vida en la sala VIP. Allí R. se tomó un café conmigo y, antes de partir rauda a su ventanilla de trabajo, me avisó señalando a las chaquetas rojas: "no tienes que preocuparte de nada, ellas te avisan cuando tengas que embarcar". Era una hora tranquila y aquellas dos señoritas no tenían trabajo excesivo. En aquella sala llena de luz, revistas, café, té, croissants, ensaimadas, sólo había tres VIPs: un tipo de unos sesenta años, voluminoso, nervioso, antipático, enfundado en un traje gris clásico; un joven nórdico con elegante pullover que tecleaba plácidamente en su Mac; y un outsider con americana sport, macuto deslucido y el alzacuellos pendiendo descuidadamente de un lado para airear la garganta. Después de una merienda más que suficiente, ¿qué hacía un tipo como yo en un sitio como aquel? Pues hice lo único que puede hacerse de provecho en tales casos: observar. El señor nervioso voceaba móvil en ristre y no soltaba precisamente halagos. Por lo visto, se estaba hundiendo el mundo, menudo broncazo se estaba llevando el interlocutor. Ya sé que a ustedes no les interesa, pero uno dice lo que sabe, que el negocio era, al parecer de horchatas, que el tipo era el dueño y que o pagaba muy bien o tenía que estar la cosa muy mala para trabajar para él. "¡Pues lo averiguas y me llamas!". Menos mal, una tregua. Corta. Porque a los cinco minutos el tipo volvió a coger el móvil y no para mantener una conversación tierna. Yo no hablo sueco ni por señas, pero el joven nórdico levantó la cabeza con una expresión clara de "¿por qué no te callas?". Si yo fuera inversor, no pondría un duro en un negocio capitaneado por alguien con tan mala horchata. Además, leí hace tiempo en alguna parte una entrevista al Presidente de una compañía que factura una millonada, donde el entrevistado decía poco más o menos que él apenas usaba el móvil, que eso, concebido como una necesidad continua, era sólo para los pringaos (no utilizaba esta palabra, pero el sentido genuino era ese, y además un sentido acertado, huelga decir que un servidor apenas usa profesionalmente el móvil). Pero volvamos a la sala VIP. Acertó a pasar una de las muchachas, la rubita, cerca del tipo del móvil, y éste, haciendo una pausa que el sufrido empleado del otro lado debió aprovechar para rascarse la oreja, la llamó con un ademán arrogante. "Eh, oiga, oiga, todo es dulce, todo es dulce, ¿no tienen nada salado?", le espetó señalando el amplio surtido de pastelería. "Hay cacahuetes, señor", dijo la señorita poniendo cara de se-acabó-el-jabugo. "Cacahuetes, cacahuetes, ¡cacahuetes pa los monos!". En este punto el joven nórdico volvió a levantar la cabeza, buscó en un departamento de su maletín y extrajo unos auriculares. Estuve observando diez minutos más, luego decidí que allí no aprendería nada nuevo, así que, después de tomarme un poleo menta bien azucarado y teniendo en cuenta que la hora de embarque estaba próxima, enfilé hacia la salida, dije adiós a las amables señoritas del mostrador y, una vez en la puerta, di una última mirada de despedida a la sala, como quien mira la senda que nunca ha de volver a pisar. Y entonces, rendido a la evidencia, comprendí que la teoría era cierta y que, además, funciona en los dos sentidos. Allí había un ser humano con dos hilos de plástico en las orejas, doblado sobre un aparato en el que sus dedos se levantaban y aterrizaban con rapidez, ensimismado en su labor. Y allí había también gesticulando al vacío, profiriendo sonidos mientras masticaba, seguro de sí mismo (la mayor seguridad en uno mismo es saber quién eres, él lo sabía, él lo dijo, la señorita rubia de la chaqueta roja puede dar fe, yo no me invento nada) un mono comiendo cacahuetes.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Consejos para homicidas que quieran minimizar riesgos

Dado que, de momento, parece que mi Manual de homicidas tardará en ser publicado, quiero ofrecerles una síntesis del mismo. Creo sinceramente que puede resultar de utilidad para aquellos de ustedes que se levantan a veces con unas ganas tremendas de matar a alguien. Por si esas ganas no se les quitan, tengan en cuenta, a fin de minimizar los riesgos de su acción y especialmente las consecuencias adversas si le pillan, los siguientes consejos:

1º Asegúrese de que la víctima pertenece a la especie humana. Matar animales dice muy poco en favor de quien lo hace. No importa si el gatito del vecino se caga en sus parterres o le llena de pelos la tumbona. Métase esto en la cabeza: los animales, incluidos los piojos y las garrapatas, son sagrados. Si tiene la mala suerte de que un perro le muerde en la pantorrilla izquierda, preséntele la derecha, no se le ocurra tocarlo y, por favor, no tenga usted la crueldad de levantarle la voz, pues podría crearle un trauma psicológico al animalito. Hay una directiva europea que, en aras de preservar el equilibrio ecológico, prohíbe matar a las ratas de alcantarilla (y si no la hay, la habrá pronto), así que descarte definitivamente este tipo de víctimas.

2º Tenga cuidado con los seres humanos no nacidos, porque no se sabe si son humanos o no lo son. ¿No lo entiende? Depende de la conformidad de la madre. Si no tiene usted el permiso de la madre, son alguien y cuidadín con hacerles nada; si tiene usted el permiso de la madre, son algo (pero no animales) que puede ser eliminado. ¿No lo entiende? No importa, no lo entiende nadie, pero en democracia las cosas no tienen por qué ser entendidas, basta con que se voten en el Parlamento y se diriman en la televisión. No se preocupe por la fecha de entrada en vigor de las leyes: en este país hay tanta gente en la cárcel por interrumpir un embarazo como por interrumpir una conversación.

3º Elija a un extraño como víctima y mátelo inmotivadamente. Matar al cónyuge puede salir especialmente caro, más si consideramos lo que lleva gastado la Administración en inútiles campañas de concienciación. Se expone usted a salir en los periódicos y está demostrado que en muchos de estos casos a la acción homicida le siguen irresistibles tendencias suicidas. Lo dicho: a un extraño y porque sí, no se arrepentirá y tendrá todavía la agradable posibilidad de que sus suegros sigan dirigiéndole la palabra.

4º Emplee instrumentos asesinos tradicionales: la escopeta, la navaja trapera, etc. La quijada de asno también queda muy propia, pero en el Lidl no la tienen en oferta. Le desaconsejo los explosivos y los lanzallamas. Ensucian mucho y hay que tener cuidado para no hacerse dañito. Y mate siempre como por arrebato, nada de plan detallado. Mate de frente y, por lo que más quiera y aunque tenga muchas ganas, espere que amanezca.

Mate sólo seres humanos adultos y de mediana edad. Los menores, incluso los que tienen pelos largos en las piernas y le pueden tumbar a usted de un soplido, están superprotegidos. Entiendo que para un profesional de la enseñanza en los tiempos que corren sean el principal objetivo, le entiendo, créame, pero es mejor que aguante hasta salir de clase y en sus horas libres se cargue a un adulto (huelga decir que cargarse a ciertos progenitores de esos y esas entrañables menores sería un acto de justicia). Tampoco suele salir a cuenta matar ancianitos, a no ser que el homicidio se perpetre con una bicicleta; no es ningún secreto que la bicicleta suele proporcionar inmunidad; tiene la desventaja de que no es un arma efectiva al cien por cien. Pese a que combina el triple efecto de percusión, sustito y caída posterior, hay ancianos (sobre todo ancianitas) que sobreviven y encima son capaces de negarse a pagar la reparación del vehículo.

6º Es muy importante conocer eso que llaman la “orientación” sexual de la víctima. Descarte, por completo, a sodomitas y tortilleras. Por mucho que diga que usted no sabía y que mató sólo por ganas de matar, en estos casos el poder de la maquinaria estatal caerá sobre usted, con toda su fuerza ejecutiva, legislativa, judicial y mediática, especialmente si descubren que usted es, qué escándalo, heterosexual sin reparos. O le meterán en la cárcel por lo que le queda de vida o saldrá de ella con una edad ya venerable y obligado a llevar una estigmatizante pulsera de homófobo.

7º Antes de acabar con la vida de alguien, procure cerciorarse de su nacionalidad. Los extranjeros salen penalmente mucho más caros. Mate sólo víctimas españoles y españolas de toda la vida de Dios. Contrate antes un detective y un genealogista que aseguren la correspondiente limpieza de sangre. Si hay antecedentes africanos, amerindios o vikingos, la xenofobia se presumirá. Si la víctima elegida prima facie presenta un color de piel digamos aceitunado, mejor que lo descarte. Desconfíe de las pelirrojas y de los camareros de ojos pequeños.

8º Se lo repito otra vez: la ley no entiende que usted mate porque tiene ganas de matar. La elección de la víctima es fundamental. El instructor siempre trata de encontrar un motivo, el fiscal (y ya no digamos la fiscal) siempre buscará un tipo agravado. Por eso hay que poner los cinco sentidos al elegir a la víctima. Incluso el olfato. Mate a gente que huela bien, gente que tenga un trabajo de 8 a 15, gente que pague sus impuestos y sus primas de seguro, gente que lleve el coche a pasar la ITV, gente de esa que se pone el chandal los domingos, etc. Si se le ocurre matar a un greñas de los que llevan tres meses sin ducharse, a una tarotista góticamente vestida o a un boy con dragones tatuados en el cuello, creerán a pie juntillas que es usted un intolerante y eso no es bueno.

9º Mate usted sólo a católicos. Matar a alguien que profese otra religión o que no profese ninguna parecería bastante sospechoso. Usted no le estaría sólo quitando la vida a alguien, sino que encima iría contra la libertad de conciencia en un Estado plural y laico cual es el nuestro. No le servirá de nada haber asistido a una conferencia sobre derviches en la Casa Elizalde o haber cursado con aprovechamiento un curso budista de liberación del deseo y de la codicia (sí, sí, ese por el que pagó usted 400 euros la hora), no le servirá.

10º Puestos a escoger, escoja a un cura como víctima. Ideal. Tendrá atenuantes con toda seguridad. Es una simple implicación lógica: todos los curas son pedófilos, los pedófilos no tienen derecho a la vida, luego los curas...¿No lo sabía usted? Entonces es usted, perdone que se lo diga así de crudo y de claro, un tonto sin cultura, un analfabeto cultural. Venga, que eso tiene remedio: vea la Sexta, lea Público, descárguese Los hombres de Paco, luche contra la ignorancia...¿Como puede pretender ser homicida si no sabe la verdad de las cosas?

Una última recomendación: si no quiere ser un mal nacido, cuando siga el décimo consejo no se le ocurra elegir como víctima a alguien que lleve gafas de sol de espejo y gorra con la visera palante, le aseguro que tal como yo lo veo eso no estaría bonito.

De nada, de nada, hoy por ti mañana por mí.

domingo 1 de noviembre de 2009

Del siglo pasado: Josep M. Llovera y la actualidad neomaniquea


En la primera mitad del siglo pasado tuvo la Cataluña católica pensadores relevantes, cuyos escritos revelan una profundidad de conocimientos, una útil erudición que difícilmente se encontrará hoy en nuestros teólogos y filósofos. Hoy quiero recordar al canónigo Josep M. Llovera, sociólogo y traductor, y en concreto, su versión catalana de las Confesiones de San Agustín, ilustrada con abundantes notas a pie de página y con una nota proemial en la cual, cuando retrata al adolescente de 1931 en su semejanza con el joven Agustín, parece que esté trazando con pocas variaciones el retrato de no pocos de nuestros contemporáneos (y no precisamente sólo de nuestros adolescentes):

“(El joven) será un dogmático encuadrado en un maniqueísmo de moderna acuñación, que pretenda explicar el mundo y la vida como un juego de acciones y reacciones de fuerzas contrapuestas, de principios antitéticos, y dé como destino final de la vida humana la reabsorción en un mar de luz del que cada alma será concebida como una chispa. Con esto la petulancia juvenil creerá haber alcanzado la superación de ese concepto mezquino de un Dios personal y providente que se forman los católicos, de la misma forma que Agustín creía haber superado el antropomorfismo empequeñecedor de la divinidad que él confundía neciamente con la fe de la Iglesia. Un concepto más amplio (es decir, más laxo) de la moralidad se desplegará a sus ojos, una moral en la que tendrán cabida todas las inmoralidades, especialmente las de orden sexual, que la pseudociencia actual proclama y avala y que, por singular coincidencia, encontraríamos prácticamente cada una de ellas practicadas y avaladas por la moral maniqueísta. Incluso, si se quiere, no faltará, como en el maniqueismo, el paliativo de las “abstenciones”, bautizado con el venerable título de “austeridades”, ni las morbosas sensiblerías de los maniqueos hacia los seres inferiores animados de la naturaleza. Y así como aquellos antiguos sectarios, generosa y compasivamente, llegaban a considerar como semicristianos a los pobres católicos, que gemían bajo el peso de una “autoridad terrible”, así el adolescente de hoy, pretencioso como Agustín, se considerará liberado de un pesado yugo y se sentirá superior a los que todavía son esclavos de los prejuicios admitidos en la infancia, más aún si, como a Agustín, le ocurre que se topa con defensores de la doctrina católica porfiados, pero al mismo tiempo faltos de formación e ineptos, sobre los cuales obtenga una victoria fácil. Aun así, la paz intelectual, fruto sólo de la posesión de la verdad, no le será otorgada. Como Agustín en su novenio de extravío, vivirá en buena parte sólo de esperanzas, esperando el gran adoctrinamiento de Fausto. Fausto será, para el joven culto de hoy, un nombre cualquiera de los grandes maestros de la filosofía naturalista. Mientras aplazará el contacto directo con las obras de tales maestros, creerá que todas las dificultades que hierven en su espíritu serán detalladamente aclaradas y resueltas. Con el contacto directo vendrá también el desengaño. Podrá descubrir allí el talento y elegancia de Fausto, pero, al mismo tiempo, su vaciedad y parvedad de doctrina. Como antes fue un dogmático del maniqueísmo disfrazado de ciencia moderna, llegará ahora a la posición escéptica o agnóstica de los modernos académicos: Ignoramus et ignorabimus (no sabemos ni sabremos).”

[Traducción del catalán (manifiestamente mejorable) de un servidor]

sábado 24 de octubre de 2009

Como al memorable Cardoso

Como excepción, hoy he corrido cuarenta minutitos por el campo. Ya decía William Jammes, en su Compendio de Psicología, respecto a los vicios y a las virtudes, que la repetición de un acto lo facilita hasta casi automatizarlo, porque en ese todo que es el ser humano quedan grabadas las impresiones repetidas, es decir que, a fuerza de repetición, independientemente de nuestra voluntad de recordar o de perdonar, nuestras moléculas materiales o espirituales memorizan implacablemente. Es el hábito, la costumbre. A mi organismo debe sucederle algo parecido, porque, acostumbrado al entorno espeso al que nos habituamos los corredores urbanos, hoy reaccionó de pena en la naturaleza sin tregua del campo. Punzada lateral, cansancio, nerviosismo, todo ello debido, según creo, al aire demasiado transparente y puro (con lo alimenticio que es el de ciudad), al silencio demasiado ininterrumpido (qué añoranza de ese caleidoscopio decibélico de motores, gritos, martillos percutores)... Total que me ha pasado como al Cardoso de El malvado Carabel, admirablemente interpretado en el cine por Joaquín Roa...






(Por cierto ¿a qué se parece este proceder de animar a los currantes a esforzarse mientras los que están al mando van y vienen con coche? Rayos y truenos, ¿a qué me recuerda esto? Ay, demasiado olvidado don Wenceslao...)

domingo 18 de octubre de 2009

Bailongos y espiritualidad

En la posguerra abundaban los libros moralistas que prevenían contra los nocivos efectos morales del baile. "¿Es pecado bailar?" no era una pregunta estúpida por aquel entonces. Hoy creo que estas preguntas subsisten en el ámbito de algunas iglesias evangélicas. La Escritura da poca respuesta, si no es la única que puede darse válidamente, es decir la de un situacionismo legítimo en este caso: "depende del baile, del cómo, del dónde, etc". Tampoco faltan exegetas que dicen que María danzaba al cantar el Magníficat, como tampoco faltan los que dicen que, no es que no danzara, sino que en realidad nunca cantó ni recitó el Magníficat, siempre suponiendo que María existiera (con los exegetas hay que andar siempre con cuidado). Como estoy de buen humor, hoy me ha dado por preguntarme si es "adecuado" bailar en la vida religiosa. En otros tiempos un maestro de novicios, por ejemplo, habría caído de culo ante tal disipación , ante una palmaria falta de compostura, ante tal cesión al mundo, al demonio y a la carne. Hoy día no faltará el maestro de novicios que informe desfavorablemente respecto a un pupilo amuermado y retraído incapaz de mover el esqueleto. En fin, Dios nos pille confesados que, en los tiempos que corren y si la cosa no cambia, confusos nos va a pillar de todas todas...





Estos eran de ficción:







Pero estos/as son de verdad:




















Se puede recordar que:
Dixitque David ad Michol: “ Ante Dominum salto. Benedictus Dominus, qui elegit me potius quam patrem tuum et quam omnem domum eius, ut constitueret me ducem super populum Domini, super Israel! Ludam in conspectu Domini et vilior fiam plus quam factus sum et ero deiectus in oculis meis, sed apud ancillas, de quibus locuta es, gloriosior apparebo ”. (2 Sam 6, 21-22)

pero también que:

Die autem natalis Herodis saltavit filia Herodiadis in medio et placuit Herodi, unde cum iuramento pollicitus est ei dare, quodcumque postulasset. (Mt 14,6-7)

en realidad,

...tempus flendi et tempus ridendi,tempus plangendi et tempus saltandi (Eccle 3,4)


(Vale, Cohélet, apúntate otra, tío)

jueves 15 de octubre de 2009

Catalunyareligio.cat: una de cal y otra de arena

Acabo de darme un paseíto por el relativamente reciente portal católico Catalunyareligio.cat. En principio, me parece un poco desigual, lo cual no es malo cuando tiene que ver con la pluralidad, pero no es tan bueno cuando tiene que ver con la calidad. Para muestra dos botones.
De una parte, la defensa infumable que Llisterri hace de Forcades. Los amigos están para ayudarse, pero aquí Llisterri, que otras veces se ha mostrado más lúcido, se ha lucido, sacando los estandartes del victimismo y el papus de tenebrosas campañas silenciadoras e inquisitoriales, total para desviar la atención sobre el meollo del asunto, el que la doctora haya efectuado un discurso teológico condicionado por su fidelidad al magisterio feminista, y el que este discurso se haya transmitido alegremente (y oportunamente favoreciendo intereses muy claros) a través del medio televisivo. Hay una distancia, que Llisterri calla, entre la simple "imprecisión" de matiz y el disparate. Sin embargo, hay algo en lo que le doy toda la razón: en Roma no tendrían que haber perdido el tiempo con esto. Si lo han perdido, si ha intervenido la Congregación pertinente, es porque quien tuvo que intervenir en su momento no lo hizo, porque la madre abadesa miró hacia otro lado. Lamentablemente, este no es un defecto exclusivo de quien rige el monasterio de Sant Benet. Muchos son los superiores y superioras a los que hoy les cuesta llevar adelante su labor. En aras de una autonomía y de una corresponsabilidad mal entendidas, prefieren dedicarse a una labor puramente administrativa. La abadesa de Sant Benet no está ahí principalmente para decidir si la cerámica X representa a San Nicolás o a San Severo, sino para mostrar su auctoritas (suponiendo que la tenga, ya que es más difícil de tener que el simple imperium) y haberle hecho ver a Sor Teresa que tal vez conviniese reflexionar sobre una orientación que no se ha revelado buena ni para el mundo, ni para la Iglesia, ni para el monasterio, ni para su propio camino espiritual.
En tiempos de confusión y superficialidad y como contraste con lo anterior, hay que destacar la inteligente reflexión de Andreu ibarz sobre el documento emitido desde Instituto Borja de Bioética Consideraciones sobre el embrión humano. Andreu, a quien conozco y de quien doy fe que posee las infrecuentes cualidades de escuchar con atención y comunicar sin arrogancia, elogia, encomia, incensa el contenido formal del documento. Pero ello no le impide, tratando con respeto (al estilo del Pedro Crespo de Calderón), poner el dedo en las muchas llagas de la sustancia material. Socarronamente pide unas precisiones y/o ampliaciones, cuyo dilatado alcance (algunas son peticiones de principio) sólo es digno del concepto de precisión-imprecisión que maneja Llisterri. En resumen, que Andreu Ibarz hace como quien extiende amigablemente hacia el Grupo Interdisciplinario en Bioética el brazo izquierdo abrazándoles y dándoles unas palmaditas amigables en la espalda, mientras les pega unos merecidos derechazos en los morros. Bien à vous, Andreu.

martes 6 de octubre de 2009

Del siglo pasado: un poema de Guillem A. Tell

Guillem A. Tell Lafont pertenece a ese grupo de poetas humildes y olvidados de la literatura catalana. “Mestre en Gai Saber” (título que se daba a los que habían ganado los tres premios de los Juegos Florales), su obra poética recogida en libro a instancias de sus familiares se publicó póstumamente, ya que falleció cuando le faltaban sólo por corregir las pruebas del índice. El título del libro se presenta humilde como el autor: Poesies (Impremta La Renaixensa, Barcelona, 1929; se hizo una segunda edición en 1971). Cuando preparaba este post, me he percatado que el libro puede leerse enteramente on-line (también esta vez, supongo, por empeño de sus descendientes); dejo aquí el enlace para quien le interese.
Yo me limito a transcribir el poema Enterro, sobre la sepultura de un niño, algo que en aquel entonces era menos excepcional que ahora (en nuestras latitudes se entiende, lamentablemente en otras partes los niños siguen siendo sepultados con escalofriante y escandalosa frecuencia).
(El poema en catalán es una obra de arte; he puesto la traducción castellana en letra más chiquita y sólo para casos de urgencia, en la confianza que la bondad de los entendidos sabrá disculpar la extraordinaria distancia cualitativa que hay entre original y traducción; aunque este outsider ha procurado no traicionar excesivamente, la devaluación salta a la vista. Perdón, pues, perdón y clemencia).

ENTERRO

Es mor la tarda silenciosa i clara
en mig dels flams de la rogenca posta,
dalt del fossar de l’enasprada costa,
una tomba d’un nin oberta encara.

El plor amarguíssim nostres ulls amara,
que el trist adéu, per sempre més s’acosta
al llir caigut de la florida brosta,
que té la terra eternament avara.

El devassall de flames de l’altura
enrogeix la muntanya i la planura,
i abans d’endur-se’n els colors que moren,

els núvols plens de lliris i de roses,
reflecteixen les flors sobre les lloses
on els nins dormen i les mares ploren.



ENTIERRO

La tarde silenciosa, en agonía,
arde rojiza por crepuscular.
Se halla en el cementerio sin cerrar
la tumba de un chiquillo todavía.

El más amargo llanto nos inicia
al ritual de la triste depedida.
Adiós al lirio fresco en su caída,
tomado por la tierra y su avaricia.

Vuelcos de llamaradas de la altura
enrojecen montañas y llanura.
Los colores que mueren atesoran

nubes llenas de lirios y de rosas
con reflejos floridos en las losas:
los niños duermen y las madres lloran.

domingo 4 de octubre de 2009

Otro que se la está buscando

Se llama Mehdi-Georges Lahlou, se autoproclama artista y hace este tipo de cosas anodinas, irritantes o graciosas, depende del color del cristal. Recientemente parece que una exposición suya en Bélgica tuvo que ser retirada antes de lo previsto (ver noticia). Qué quieren que les diga, mis gustos estéticos van por otros andurriales. Lo cierto es que en todo caso al tipo hay que reconocerle un valor que a la mayoría de los mortales sólo se nos supone. Además, no puedo evitar preguntarme: si en este video en lugar de ponerse sobre la cabeza un Corán se hubiese puesto un crucifijo, ¿cuál habría sido la reacción de la progresía europea políticamente correcta? Lo que decía al inicio, lo del enojo o la sonrisa complacida.


(Aviso para navegantes a los que no les gusta perder el tiempo: a no ser que estén fascinados por la sublimidad del arte o por lo relajante que les parezca el video, bastan los 2 primeros minutos para hacerse cargo de qué va la cosa...)