jueves, 17 de febrero de 2011

Las cuentas claras o así



A veces bromeo sobre la vocación diciendo que realmente yo me hice fraile porque me aburría mucho con el mundo de la economía, las cuentas, las contabilidades, las inversiones, las rentabilidades, los intereses de demora y todas esas cosas que llenan listados de papel o de pantalla. Desde luego es una extraña manera de ganarse la vida, trazando o revisando signos un día y otro hasta la jubilación. No niego su utilidad social ni su necesidad, pero es innegable que tal trabajo, aunque hoy para sí lo quisieran algunos millones de compatriotas, no deja de ser objetivamente un puñetero aburrimiento.
Ser religioso puede que no parezca más útil y a buen seguro que no es socialmente más relevante (ni laboralmente más deseado), aunque sí resulta menos ordinario (estadísticamente hablando, al menos).

La cuestión es que andando el tiempo uno se da cuenta de que hay extrañas tiranías que derivan de las propias capacidades y de las que resulta difícil escabullirse, especialmente si tienes un nivel alto de razonamiento numérico y verbal. Así, desde hace unos años soy el ecónomo de mi comunidad. El Ecónomo es ese tipo que cuida de que haya un plato humeante en la mesa delante de cada fraile, de que las deudas se paguen a su vencimiento y de que los fondos que entran se empleen debidamente. Y, por supuesto, de que todo sea puntillosamente registrado en los libros contables. Yo no sé si es cierta la teoría de que la escritura la inventaron los sacerdotes de los antiguos templos para llevar cuenta de las ofrendas que hacían los fieles a los dioses respectivos. Lo que sí sé, porque la historia es una tecla que también me ha tocado tocar, que en nuestra Orden desde su fundación se anota escrupulosamente cada céntimo (o en su tiempo cada libra, sueldo o dinero) que entra y/o sale, y que de ello se da cuenta puntualmente cada trimestre al capítulo de comunidad, y que se deja fe mediante las correspondientes anotaciones que firman en los libros los religiosos presentes y que luego en las Visitas canónicas son inspeccionados por los Superiores Mayores o Generales.

El sino del Ecónomo (salvo excepciones, que haberlas las hay, para las que el cargo es atractivo y deseado) es tener que cumplir con una incómoda obligación que requiere un tiempo precioso que uno desearía emplear en ocupaciones más genuinamente religiosas. En un rincón de mi mesa tengo un comentario a nuestra Regla en latín publicado en el siglo XVII; hace al menos dos meses que aguarda un tiempo de serena dedicación; se me propuso editarlo nuevamente con traducción en castellano y las correspondientes notas explicativas, una tarea que pide meses de intenso y cuidadoso trabajo, trabajo por otra parte, lo reconozco, personalmente apasionante y sin duda espiritualmente provechoso. Me acordaba de este volumen encuadernado en pergamino esta mañana, mientras en Hacienda del Ayuntamiento, cerca del mar, esperaba resignadamente a que en la pantalla apareciera mi número para ver qué hay de lo nuestro, de una devolución de impuestos solicitada hace más de un año. Debería haberme acordado de lo que nuestra Regla prescribe sobre la afabilidad cuando, de vuelta a casa, he discutido telefónicamente con el Delegado de zona de la compañía de ascensores, que consideraba "un poco fuerte" el tono de mi queja al Defensor del cliente de dicha compañía, así que he tenido que recordarle que la avería de la luz de emergencia del elevador lleva tres meses sin repararse y que si hay un corte de corriente eléctrica la persona que lo utilice se encuentra en un antro oscurísimo, frío, desangelado, con una sensación tremenda de desamparo, buscando el botoncito de alarma con la sola luz del teléfono móvil. Luego me pasan una carta del Banco, ese que sólo contacta conmigo para ofrecerme un Mercedes en leasing o para adeudarme 6 euros por el ingreso de un cheque (jodida política banquera de "primero cobro y luego ya protestarán, pediré perdón y ofreceré retrocesión"), ahora van y me escriben diciendo que pase "a la mayor brevedad" con justificantes de nuestra actividad económica para cumplir con no sé qué obligaciones de un Real Decreto del 2005. Después de comer, un cierto alivio: a mí padre le han dado el alta en el hospital y ya está de regreso a casita hasta el próximo sustito. El Padre V. me pide que le saque billete para Roma para el miércoles, que al final ha decidido ir a la ordenación de fray F. Luego el Padre G. que dice que tiene que ir al tanatorio esta tarde, que tendría que hacerme cargo del despacho parroquial un ratito. Lo que se dice despachar, no despaché demasiado, sólo he recibido siete bolsas de ropa usada y la petición de una pareja sudamericana que, de pronto, han recibido hoy la repentina iluminación de que querían bautizar a su hija de doce años sin más demora, sin esperar más, porque está ya muy crecida. Después me he puesto a bucear en las cuentas parroquiales para saber quién instaló la calefacción en los locales, pues para el próximo invierno habrá que pensar en instalar calefacción en el convento (los religiosos ancianos notan ya demasiado el frío de los años como para seguir con minúsculas estufitas en las celdas y gelidez en los pasillos), habrá que echar cuentas de veras y pedir presupuestos y ver cómo hacemos.

Así las cosas, no es extraño que uno a veces se pregunte qué he hecho yo para merecer esto, uno sabe que el comentario de la Regla tendrá que esperar todavía un tiempo a publicarse, uno sigue pensando que nuestra vocación es muy bonita, pese a que los tiempos están cambiando, que el "vuelva usted mañana" se ha convertido en la ventanilla del instituto municipal de Hacienda en un "vuelva usted dentro de un par de meses", vaya progreso, uno se pregunta qué significado tiene la palabra "mañana" en boca del Delegado de la empresa de ascensores (¿tal vez "quién sabe cuándo"?), en cualquier caso los del Banco pueden esperar sentados, cuánta razón tenía aquel cura de Valencia que decía: qué mal cumplimos los curas con el cuarto mandamiento, si el Padre V. va a la ordenación de fray F., no va a ir con las manos vacías, a ver si el lunes me acerco a comprar una clergy camisa al menos (ay, Padre V., si no hubieses dejado la decisión para última hora, la compro por internet a Polonia y con gastos de envío y todo nos ahorramos doce eurillos), es un alivio que a la pareja sudamericana le toque por domicilio otra parroquia y haya podido endilgarle al cura vecino esta tan sospechosa urgencia sacramental, luego va y me dice el párroco que no pierda el tiempo buscando, que con la empresa de calefacción acabó la Parroquia finalmente metida en pleitos, no te metas, y bueno, no importa, queda todavía tiempo por delante para preguntar por ahí y que aconsejen con quién.

Así que uno puede consolarse, acabada la jornada, pensando que si lo de hoy fue un mal día de frío y lluvia (que sí lo fue), más frío tiene que hacer en Alaska y mucho menos atractiva tiene que ser la vida de un ama de casa que ya no recuerda ni la canción de amor que cantaron en su boda, un poco de nostalgia antes de tomarse las cosas con calma, hoy fue un hermoso día de Dios y de servicio, como para merecer unos minutos de música de cuando uno era mucho más joven:



4 comentarios:

Jordi Morrós dijo...

Ayer jueves 17 de febrero fue sin duda fue un día íntimo y lluvioso en Barcelona.

Para Outsider friar.

Sólo voy a hacer tres pequeños comentarios.

El primero es un comentario que pretende servir de consuelo. Un gran místico de la primera mitad del anterior siglo XX fue un monje ortodoxo llamado Starets Silouane, y durante años fue ecónomo de su monasterio de san Panteleimón del Monte Athos, y a pesar de esta ocupación supuestamente mundana ha llegado a convertirse en un gran santo, y célebre entre otras cosas por su mensaje de " Tiens ton esprit en enfer et ne désespère pas".

El segundo es mucho más corto. ¿por qué no nos haces saber el nombre de tu orden religiosa? Yo no conozco mucho el tema, pero conozco pocas parroquias de Barcelona que estén gestionadas por congregaciones religiosas.

Y el tecero es una petición. ¿cuál es la cantante de la canción con la que nos has obsequiado?

Outsider friar dijo...

El tal Silouane debió de ser sin dua un curioso personaje, Jordi. Yo diría que "Déu n'hi do" la de Parroquias de Barcelona en las que trabajamos o colaboramos religiosos (hay Parroquias confiadas y en otras religiosos adscritos); de hecho, las relaciones religiosos/diocesanos han cambiado bastante (y a mejor) si uno echa la vista atrás unos decenios. La cantante es Michelle Shocked, su "Anchorage" tuvo un discreto éxito hará unos veinte años por lo menos, el single grabado era algo más movido que este live de la misma forma que todos éramos más jóvenes
:)

Anónimo dijo...

Otia, tío, je, je, je, a que tadivino que empresa es la que os lleva lo del ascensor, otia, otia, son muy informales, en mi escalera tuvimos que cambiar.

Criteri dijo...

Eso se llama carisma no? Carisma para la economia:)
Estudiad lo de la calefacción solar...de la manera que se va a poner la energía.

Oti tu, yo tambien:)
Por cierto, yo pienso tambien lo de "día intimo y lluvioso" antes que malo.