La infancia nos conmueve. Tal vez no es sólo su debilidad, sino su ser inacabados, perfectibles, abiertos a todas las posibilidades de futuro, tal vez todo eso nos hace conmovernos, despierta en nosotros lo mejor de nosotros mismos, aquello que creíamos olvidado o superado, una emoción inexplicable, una sensibilidad contra la que normalmente nos protegemos.
Aquí van dos ejemplos claros. El de Lisa es un corto de ficción, suficientemente creíble, no en vano recibió en su día premios y reconocimientos. El de Lou es una canción, un videoclip musical anclado en la realidad.
En
cierto modo, todos nos llamamos Lisa o Lou, tenemos apellidos tan habituales o raros como Alzheimer o De Morsier,
somos débiles y necesitados. Estos niños, contemplados en la realidad o en la ficción, no son más que nuestro espejo, un espejo que los años no han
empañado todavía. Un espejo que refleja de un lado nuestra incomprensión, nuestra tentación del sinsentido como única explicación, nuestro impulso de rebelión, nuestra indignación sin salida, pero, al mismo tiempo, la posibilidad de una sonrisa de alivio, la posibilidad testaruda del amor. Algunos creemos que Alguien ha puesto a nuestro lado a otras Lisas, a otros Lous, y que desde ahí, y sólo desde ahí, tiene la esperanza una oportunidad.
"Y para que la ridiculez resulte en grado superlativo, no hay más que fijarse en la ocasión que han buscado los catalanistas para dar su grito contra España... Suponemos que a estas horas el Gobierno habrá dictado enérgicas medidas para destruir ese foco de filisbuterismo, y que los tribunales militares se habrán hecho cargo de las personas más importantes e influyentes de este grupo separatista, que seguramente hará ya propaganda en los calabozos de Montjuich."
"Hay cosas que no se explican, y esa del regionalismo en España es una. Pase como especulación literaria o histórica; pase como tendencia administrativa descentralizadora; pero salir con aspiraciones de independencia, ni aun de autonomía, pareceríanos hoy sencillamente estúpido si no fuese criminal...En la patria de Gerona y el Bruch, no puede prender el separatismo. Los que propagan éste no son tan sólo malos españoles, sino que resultan peores catalanes. ¡Buen porvenir sería el de Cataluña si semejantes delirios llegaran a convertirse en realidad! Abandonada a sus propias fuerzas, cerrados para ella los mercados peninsulares y de nuestras colonias, tendría que suprimir sus fábricas o abandonar el cultivo de sus campos...De todas maneras, locos o malvados, criminales o víctimas de pertinaz chifladura, necesitan aprender que en ningún país se pueden hacer las campañas que ellos hacen contra la integridad nacional, sin correr el riesgo seguro de pagar con cárceles y multas y destierros tamaña osadía."
"La propaganda no es temible. El hecho y la ocasión son tan vergonzosos que un clamor unánime de reprobación, nacido en la prensa misma de Barcelona y recogido por la de España entera, ahogará con sus protestas la exótica locura. Mas no debe quedar impune. La semilla de esa infamia no hallará tierra propicia donde germinar, es cierto. Pero los brazos que la lanzan por los aires azotando el rostro de los españoles y enrojeciéndolo de vergüenza deben ser contenidos, en su infame tarea, por la justicia."
"Predican la separación y entienden que no debe España preocuparse al ofenderse por una cosa tan inocente y liviana. Puede responder el fenómeno a un mero desequilibrio mental; pero ciego será quien no advierta que responde asimismo a causas más generales y más hondas. Este sínotma no es un síntoma aislado. Forma parte de un cuadro, en el cual aparece al descubierto la relajación de los vínculos que traban y consolidan la existencia social y política de las naciones. Iba a derrumbarse el obelisco, cuando de entre el pueblo romano salió una voz que dijo a los arquitectos y operarios: ¡Mojad las cuerdas! Sirva la nuestra, no menos humilde y anónima, para dar un consejo parecido a los gobernantes: ¡Reforzad la disciplina!".
No, no. Esto no viene de La Razón, ni de Intereconomía, ni de la Curri de 13 TV (la emisora de una Conferencia Episcopal Española cada vez más española y menos episcopal y conferencia). Los entrecomillados corresponden a La Iberia, El Correo Militar, El Nacional y El Liberal. Son fragmentos de la reacción periodística española al Manifiesto de la Unió Catalanista de marzo de 1897, reproducidos en el suplemento al reusense Lo Somatent escrito por los redactores de La Renaixensa cuando este medio fue suspendido. En fin, cosas que uno se encuentra cuando le toca ordenar viejos papeles de una biblioteca conventual desordenada. Hoy como ayer.
Este año no es que vaya a ser poco original, sino nada original. Así que para felicitar la Navidad ahí van: 1º Un video de interpretación de ThePianoGuys 2º El poema que ha escrito un colega sacerdote (el Padre José M.) como felicitación. Espero que les gusten.¡Feliz Navidad!
Torna Nadal i torno a
escriure tard
i aquest any potser
escric més fosc
(no és cosa de la
tinta) i més fred
(i creieu-me que
avui fa un sol que enamora).
No sé si és
qüestió de llum o de temperatura,
però tinc por que
aquest any
se’m clivellin als
llavis les paraules
en anunciar la pau
aquí i la Glòria in excelsis.
Només sé que ha
nascut un infant
digne en sa petitesa
de l’homenatge adult
i que cal donar
gràcies.
Només sé que
aquest Déu de Betlem
és de la nostra
pasta
i que cal donar
gràcies.
Només sé que es
expressament pro nobis
(que voldria dir
“per tots” si fóssim més autèntics)
i que cal donar
gràcies.
Si ens miréssim als
ulls amb ulleres d'amor
o en escoltéssim
atents com si ens hi fos la vida,
potser descobriríem,
més enllà d'edats i d'aixoplucs,
de les manies
pròpies, de les queixes i les culpes alienes,
d'elaborar projectes
i esmunyir-se dels fracassos,
de xifres i ruletes,
d’adduir males sorts,
d'alçar les veus,
les raons, les banderes,
més enllà del
menyspreu venjatiu i dels adéus amargs,
d’empassar-nos
notícies per combatre el silenci,
potser descobriríem,
-Nadal ens ho recorda
amb el seu rebombori
de llums i sentiments-,
fins a quin punt som
tots, eufòrics o amargats,
terriblement
golafres de la vida.
Tots nosaltres, tu i
jo, totes aquestes
ànimes en pena o en
disbauxa que ens envolten,
coneguts o
estrangers, de fiar o de fugir,
-Nadal ens ho
recorda amb aquest nen en una menjadora,
amb aquest nen
sagrat que plora totes les respostes-,
som com petits
nadons acabats d'infantar,
i tot allò que fem
i repetim i ometem i callem i diem
Así no, Monseñor Taltavull, así no. Esa manera de distribuir la comunión bajo las dos especies, haciendo la intinción en el cáliz el mismo comulgante está expresamente desautorizada por la Instrucción Redemptionis Sacramentum en sus números 103 y 104. Ya sabemos que es usted un Obispo moderno y bondadoso, al que no le gusta hacer feos a la gente, un Obispo inculturado, una cara amable de una Iglesia jerárquica a veces malcarada. Pero permitir irregularidades litúrgicas no es el camino. Esto se hizo en la Asamblea Diocesana de Barcelona del movimiento Vida Creixent. Y no debió hacerse. Entre otras cosas porque luego los sufridos peones de las parroquias, cuando intentamos hacer entender a la gente el porqué no hacemos ciertos experimentos, nos dicen que con Su Excelencia se hizo y fue muy guay y muy hermoso. Hay que joderse.
Esto de la Asamblea diocesana de VC sólo tiene dos explicaciones. O bien Su Excelencia no conoce las normas, lo cual sería inexcusable porque estamos hablando de algo tan importante como la distribución de la santa comunión. O bien Su Excelencia se dejó manejar por el tándem formado por el consiliario Mossén Bada y el diácono permanente Arribas. Mala cosa cuando todo un Obispo cede ante un párroco que debería estar ya jubilado o ante un diácono que sabe de liturgia lo mismo que de todo lo demás. Con todo el respeto, así no, Monseñor Taltavull, a no ser que lo que usted deliberadamente pretenda sea la inamovilidad como auxiliar de Barcelona hasta la jubilación y hacer la misma carrera que su antecesor buonanima Monseñor Carrera.
(La foto está tomada de Ressó, boletín de Vida Creixent. Me lo pasó velozmente una feligresa para demostrarme que yo era un "carca").
Sé que es difícil de aceptar en un entorno en el que va penetrando cada vez más la envenenada idea de que el aborto y otros procedimientos de la llamada "salud reproductiva" son avances en los derechos humanos, progresos en la historia humana. Pero un servidor no se cansará de repetirlo: lo más feminista en este mundo sigue siendo el respeto de la vida como algo sagrado.
Cuando al anochecer de aquel domingo, a
esa hora queda en que los pueblos pequeños casi duermen, en que la
vida se desarrolla toda intramuros, el Mellado llamó a la puerta de
la Casa Parroquial, el organismo de don Joaquín reaccionó con
aquella piel de gallina y aquella energía que sólo se generaba en
los acontecimientos importantes. “Estoy preparado”, se dijo,
“vamos allá”. El Mellado traía el saco como habían acordado y
don Joaquín le había puesto pilas nuevas a la linterna. El utillaje
estaba, pues, a punto, así que se dirigieron silenciosamente hacia
la iglesia, según el plan elaborado.
Don Joaquín había empezado a
planearlo todo la misma noche del Corpus, empujado por la ofensa
sufrida al mediodía, por la sonrisa hiriente del maestro, por la
carcajada retenida (o no tanto) de los monaguillos y de los que
portaban el palio. La misa del Corpus había sido brillante,
esplendorosa, como a él le gustaba. Todo limpio, correcto, cuidado
en el detalle, como el Señor se merece. La procesión, una
manifestación de fe, con todo el pueblo (menos el maestro, claro)
implicándose. Tres altares primorosamente preparados y adornados en
el trayecto, la custodia refulgente, las cantoras más atinadas y
entonadas que nunca. Don Joaquín se había puesto la capa que
pesaba, la de los bordados primorosos de oro. Oro también aquel sol
de Corpus que era todo luz y vida. No importaba el sudor, ni el
dolor de la rodilla, porque el Señor era adorado, reverenciado como
corresponde. Al regreso, a don Joaquín le gustaba, antes de entrar
en el templo, voltearse y mostrar el pan de vida otra vez a la gente,
sabedor de que muchos no entrarían de nuevo en el sagrado recinto,
así que, desde lo alto de la pequeña escalinata, retirado ya el
palio, bendecía con el Señor Sacramentado al pueblo y a su gente,
incluido el maestro. Hay que aclarar que el maestro era el descreído
del lugar, el que se condenaría si no enmendaba su displicente
desprecio hacia todo lo sagrado; cada Corpus se sentaba en un banco
de la plaza y se ponía a fumar su pipa con gesto de satisfacción,
como si aquel placer evanescente superara cualquier tipo de alegría
religiosa. En la bendición, cuando la custodia daba el último
recorrido a la derecha, con el último trazo de la cruz, don Joaquín
miraba al maestro diciéndose por dentro: “esto va también por ti,
ateo, fastídiate”. Así un año y otro, pero aquel Corpus le tocó
a don Joaquín decirse otras cosas, ninguna buena, por dentro.
Llegado al final de la escalinata, se había dado la vuelta, los
varales del palio se habían hecho a un lado. El buen párroco
iniciaba la bendición. Subió hacia arriba la custodia para empezar
a trazar la cruz, y en el preciso momento en que comenzaba a bajar
los brazos, un excremento de paloma de un tamaño increíble se le
estrelló en la frente despejada. “¡Hostias!”, gritó el tonto
del pueblo y no precisamente como reconocimiento y alabanza. ¿Qué
hacer? La bendición estaba ya en marcha y no podía pararla, así
que con los reflejos que da la experiencia clerical, don Joaquín
acabó de trazar la cruz en el aire, tal vez algo más velozmente que
otros años. Al llegar al extremo derecho vio la sonrisa socarrona
del maestro y aquello le dolió, si cabe, todavía más por dentro.
Giró y enfiló hacia el interior de la iglesia, donde le pareció
que hasta la mismísima Virgen de la Soledad se mofaba de él; a
medio pasillo, la mano caritativa de la tía Sabina, cual Verónica
oportuna, le limpió la frente con gesto rápido mediante un paño
adecuado y la ceremonia pudo acabar como de costumbre.
Por todo ello, hete aquí que el
domingo siguiente, ya entrada la noche, penetraron con el Mellado en
el templo y subieron por la empinada escalera que llevaba al
campanario. Con otro motivo, su rodilla no lo habría resistido, pero
la misma tensión de lo que iban a perpetrar parecía haberle
anestesiado los meniscos. Don Joaquín se decía que aquello era como
cumplir un deber de justicia (dar de comer al hambriento) o como
prevenir riesgos laborales. El Mellado era un buen colaborador,
barato y eficiente. No tenía una vida fácil. Solo en el mundo,
incapaz de someterse a la regularidad de los horarios, sobrevivía
con algún encargo esporádico, con la generosidad de las almas
caritativas y con el consuelo de algunos tragos de vino. Llegaron a
lo alto del campanario. La acción fue directa, precisa, rápida. A
medida que la luz de la linterna las alumbraba, se quedaban las
palomas como tontas y el Mellado las agarraba, las daba un golpe
contra el suelo y al saco. Menudo banquete se iba a pegar. En cinco
minutos volvieron a estar abajo. Pasaron a la sacristía, donde el
Mellado ató el saco con un cordel de esparto (alguna todavía se
movía, no importaba, aquella misma noche estaría en la cazuela).
Allí en la sacristía don Joaquín le entregó la acordada botella
de tintorro. Y, antes de despedirse, el broche final. Sacó un vaso
de un armario y le sirvió al Mellado una dosis generosa, casi hasta
el borde, de vino de misa de la acreditada marca De Muller. El Mellado
se relamió los labios como para mejor disponerlos para aquella
experiencia inusitada, y tomó el vaso en su mano. Entonces ambos
autores materiales se dieron cuenta que en el vino de licor flotaba
un mosquito de considerable tamaño. “Siempre hay algo que tiene
que arruinar la fiesta”, se dijo don Joaquín. Pensó que el
Mellado lo apartaría con los dedos de la misma mano asesina. Ni
hablar. “Anda, anda, dobla las patitas que vas de viaje”, le dijo
el Mellado al mosquito. Y hala, de un trago, pa dentro, que ya se
sabe que lo que no mata, alimenta.
Los primeros días de octubre nos
trajeron dos eventos eclesiales multitudinarios en Barcelona, aunque
con protagonistas bien distintos.
Evento multitudinario número 1: la
cena de Catalunya Cristiana y Radio Estel. Exitazo, según los
organizadores. Mil personas. De ellas, calculen que un centenar
fueron comensales institucionales, fueron porque tocaba. De Obispos,
sólo salen en las fotos nuestro Cardenal y su Auxiliar. ¿Será que
los demás no fueron fotografiados o será que no estaban? Cuesta
creer que Vives o Novell dejaran escapar el flash correspondiente. O
será que estos medios son 99% barceloneses. Será. En las fotos del
acontecimiento la que sale hasta en la sopa es Marina Rossell,
diríase que oficiaba como madrina del acto. Los demás comensales,
en su inmensa mayoría, cristianos guay.
El cristiano guay catalán constituye
una especie bien diferenciada. Normalmente milita en UDC, partido
que, como es sabido, es muy sensible a la cuestión catalana, pero
que cuando se trata, por ejemplo, de la defensa de la vida opta por
abstenerse, ya que tal tema es “muy complicado” y, además, los
cristianos guays son siempre y en todo muy modernos. Los cristianos
guays suelen ser ortodoxos, pero a su modo, es decir en el mismo
grado de conocimiento del francés de aquel chiringuito de la Costa
Brava: “on parle français, però no gaire” (se habla francés,
pero no mucho). El cristiano guay, si es laico, estudia en el ISCREB,
donde un profesor guay le revela, por ejemplo, que, oooooohhhhhh,
Jesús sólo instituyó dos sacramentos y que los demás son inventos
de la Iglesia, lo cual es una información ideal para no confesarse,
para relativizar la indisolubilidad matrimonial, para tener al
ministerio presbiteral en la desestima que se merece y para
considerar la unción de los enfermos algo parecido a las velas
cruzadas de San Blas. Al cristiano guay no le gusta la palabra
“caridad” y, en su lugar, prefiere hablar de “solidaridad”
que es más transversal (la transversalidad es siempre muy guay); en
general, al cristiano guay no le gustan las virtudes y prefiere los
valores, porque, en el fondo, las virtudes hay que currárselas
mientras que el valor se le supone. El cristiano guay suele ser
bastante reacio a arremangarse y dar el callo; él entiende como
solidaridad el ímprobo trabajo de la concienciación, de los
comunicados-del-colectivo X, la Carta por la Paz y otras zarandajas
de poco o nulo efecto práctico, pero que lucen mucho , especialmente
si están subvencionados gracias a unos políticos muy guays (no hay
que olvidar que al cristiano guay le cuesta también rascarse el
bolsillo y en este sentido sí que hay que reconocerle a la cena de
marras un éxito imprevisto). Al cristiano guay, si es diácono
permanente, le gusta remenar les cireres (lo siento, estoy de un vago
que no me da ni para traducciones, les pongo la de Google: remover las cerezas, toma del frasco). El
cristiano guay es muy ecuménico; le fascina, por ejemplo, cómo
inciensan los ortodoxos en sus liturgias, pero si usted le cuenta el
complejo modo de incensación que preveía la antigua liturgia
católica el cristiano guay le dirá que eso son tonterías
preconciliares. El cristiano guay catalán, cuando se canta el Credo,
frunce el ceño y baja el volumen de voz al llegar al “ro-ma-a-na”
. El cristiano guay político, cuando se aprobó el Estatut, no dijo
ni pío respecto a la “salud reproductiva y sexual” (todos
sabemos lo que eso quiere decir, pero él prefiere no enterarse o
interpretar modo suo, porque ya se sabe que queda guay y aggiornato).
El cristiano guay nunca utilizaría este singular tan machista y sin
duda se referiría a "los cristianos y las cristianas guays". El
cristiano, si es monja y extraordinariamente guay, viste velo y
pantalones; si no es tan guay, viste como las chicas de oro, de modo
que puede confundirse con ellas, aunque en el momento que abre la
boca revela una insensatez de la que aquellas carecen. El cristiano
guay, si es religioso, no está en el mundo, pero es del mundo y se le
reconoce pronto porque tiende a poner una sonriente cara de cretino.
El cristiano guay o es profesor o es funcionario o, simple y
llanamente, vive del cuento (reconozco que en esto no se diferencia
de un servidor). El cristiano guay, cuando su trabajo consiste en
tratar con personas, dice que “trabaja con”; ejemplos: trabajar
con marginados, trabajar con sin techo, trabajar con discapacitados;
curiosamente, las más de las veces ese “trabajar con” equivale a
rellenar fichas. El cristiano guay asiste a cursos del Centre
d’Estudis Pastorals, ese centro que teóricamente debería servir
para formarnos a los pastores, pero del que huimos porque, puestos a
perder el tiempo, preferimos incluso leer Catalunya Cristiana o
escuchar Radio Estel; por cierto, el último cuaderno que han
editado sobre (traduzco el título, que este es fácil) La espiritualidad en la comunidad cristiana. Guía de
buenas prácticas merece, con mucho merecimiento, un post aparte. No
quiero olvidarme de que el cristiano guay catalán, si es clérigo,
asegura que la culpa de sus repetidos fracasos pastorales la tiene
Rouco Varela. En fin, no quiero cansarles, porque me parece que a
estas alturas la figura está suficientemente definida.
Evento multitudinario número 2:
Encuentro de voluntarios de Cáritas en el Fórum. Bastantes miles
más que en el evento anterior. Hay que reconocer, sin embargo, que
el cubierto era más barato e incluía final en la Basílica de la
Sagrada Familia. Si uno mira las fotos, se percata de que la mayoría
eran chicas de oro. Pero si para las Golden Girls de la tele lo
importante era ligar, para estas de nuestras Cáritas, lo importante
es atender necesidades. Y lo hacen día tras día y semana tras
semana. Aguantando ingratitudes y a veces incluso protestas
desabridas, porque hay necesitados que necesitan mucho y lo reclaman
incluso exigentemente. Cuando alguna vez un cristiano guay atiende
alguna necesidad, lo cual suele ser de higos a brevas, lo califica
como una experiencia-muy-enriquecedora. Las chicas de oro no
necesitan enriquecerse con experiencias, sino que lo que hacen es
para ellas una cuasiobligación de la fe que profesan, de la fe que
les mueve. Tal vez no asistan a largas charlas sobre la
concienciación y el cambio-de-las-estructuras, pero su labor, esa
calificada peyorativamente como puramente asistencial, es una labor
necesaria. Sí, realmente son chicas de oro, lo son por los muchos
quilates de su splendor charitatis.
Sólo una observación final:
Supongamos que Catalunya Cristiana y Radio Estel fueran medios
exclusivamente de la diócesis barcelonesa. La diócesis de Barcelona
tiene, si no me equivoco, 209 parroquias. Echando cuentas, a mí 1000
comensales no me salen ni a 5 personas por parroquia. Exitazo. Pero
qué guay...
Taltavull, que suma muchos/as fans en
las parroquias barcelonesas por las que pasa, no me cae ni bien ni
mal. Es una persona de trato correcto, dialogante, ortodoxo. Un
obispo más, como tantos hay en la Iglesia católica, gente que
cumple su función lo mejor que puede y sabe en un mundo difícil de
evangelizar. No siempre he estado de acuerdo con él y, cuando lo he
creído oportuno, he expresado desde este minúsculo rincón mi
desacuerdo. Por ejemplo, cuando hace unos meses hizo pública su nota
“Por una comunicación objetiva y veraz”. Sin embargo, el ataque
que está sufriendo desde determinadas tribunas en relación a lo que
dijo (o a lo que interpretan, tergiversándolo, que dijo) en una
entrevista de Catalunya Radio me parece tan injusto que me creo en el
deber de dedicarle unas líneas desde mi celda.
Una traducción de la entrevista al
castellano la ha realizado Pablo J. Ginés en Religión en libertad
con una honradez y un tino que ya quisiéramos que abundara más
entre los comunicadores católicos.
Si de algo peca Taltavull en la
entrevista, es de bondad y de inocencia. Enfrentarse a una
profesional como Silvia Cóppulo no es moco de pavo y habría
requerido de una capacidad de zafarse que su Excelencia no posee. Hoy
en día una entrevista en un medio de comunicación en directo acaba
siendo o un masaje reconfortante (cuando el entrevistador se dedica a
hacer la pelota) o un auténtico pugilato (para el que hay que estar
mínimamente entrenado). Su Excelencia tal vez debería mejorar la
ascesis, la colaboración con la gracia, y no fiarlo todo a la
asistencia del Espíritu...
Entre los centinelas de Occidente que
han salido a la palestra, esos que desde su altísima torre de vigía
reparten pasteles o pedradas, se cuenta un sacerdote de Jaén, un
cráneo privilegiado, un prodigio de erudición, alguien a quien, si
no fuera por su esforzada modestia, se disputarían las mejores
universidades del mundo. El hombre es profesor de religión y moral
católica en un instituto, cargo para el que te designan a dedo
(normalmente el dedo del Delegado diocesano de Enseñanza), de lo que
resulta que los colegas de otras materias, que se han tenido que
currar sus buenas oposiciones, te miren (acaso con no poca razón)
por encima del hombro. Pues bien, este señor va y nos dice en su blog que Taltavull (dejo aparte a Novell, para no alargar y no
mezclar churras con merinas) es un obispo “víctima de la Logse”.
En la primera redacción del post decía más cosas, pero quizá
hasta él mismo se ha dado cuenta de que despotricar estaba muy feo,
así que ha revisado el texto (lástima no haber hecho una captura,
porque los calificativos eran antológicos).
De todas maneras, para don Tomás, el
Obispo Taltavull, pobre criatura, es una víctima de la Logse
socialista. Yo quiero creer a don Tomás, pero se me hace difícil si
tenemos en cuenta que don Sebastián terminó su educación (si
incluimos la enseñanza superior) hacia 1970.
Uno sigue leyendo y se entera de que
don Tomás ha ejercido también de psicoanalista, pues atribuye a don
Sebastián sueños imperiales (¡collons!), infantiles (esto
corrobora lo que yo decía de la inocencia) y perniciosos (si no
saben ustedes lo que son los “sueños perniciosos”, es que,
víctimas también ustedes de la logse, no han leído a Clemente de
Alejandría). Después don Tomás saca a colación unas palabras de
Benedicto XVI que cualquiera, desde un maestro de pueblo a un premio
Nobel de literatura interpretaría, pobret, como relativas a la
unidad cultural europea; pero en realidad, don Tomás, como no es
víctima de la logse, es capaz de ir a su oculto meollo y sabe
colegir de ellas, al parecer, la pontificabilidad de la unidad de
España.
No sigo, porque lo más triste es que,
si ustedes leen atentamente lo que dijo el bonachón de don Sebastián
en la entrevista, no advertirán en sus palabras ninguna proclama
independentista. Advertirán en la entrevista, como bien escribe
Pablo, el afán de instrumentalizar a la Iglesia por parte de una
curtida periodista cathoprogre y la distancia desdeñosa que emana de
Ridao, ese tipo que se atreve a hablar de la Iglesia y los impuestos
(hoy la Iglesia tiene en materia de impuestos el mismo exacto
tratamiento que pueda tener ERC, podría haberle dicho Taltavull si
hubiera tenido un poco de malicia, como podía haberle recordado que
fue a ERC y no a la “privilegiada” Iglesia a quien la Caixa
condonó unos milloncejos de deuda).
En fin, que nada, que lo que propone
don Tomás es que don Sebastián tiene que volver a reeducarse (!).
Así estamos, el ministro Wert queriendo españolizar a los niños y
el cura De la Torre queriendo reeducar a nuestros obispos. Que
quieren que les diga, al menos Jiménez Losantos cuando a contrario sensu contribuía
al independentismo desde sus micrófonos de la COPE (pastores de la unidad) era igualmente cerril, pero
tenía más maestría. Claro que como Jiménez Losantos y Taltavull
deben ser más o menos de la misma quinta, pues nada, eso, todos
víctimas de la logse. Hala, hala, a reeducarse tocan.