sábado, 26 de enero de 2013

Todos nos llamamos Lou o Lisa

La infancia nos conmueve. Tal vez no es sólo su debilidad, sino su ser inacabados, perfectibles, abiertos a todas las posibilidades de futuro, tal vez todo eso nos hace conmovernos, despierta en nosotros lo mejor de nosotros mismos, aquello que creíamos olvidado o superado, una emoción inexplicable, una sensibilidad contra la que normalmente nos protegemos.
Aquí van dos ejemplos claros. El de Lisa es un corto de ficción, suficientemente creíble, no en vano recibió en su día premios y reconocimientos. El de Lou es una canción, un videoclip musical anclado en la realidad.









En cierto modo, todos nos llamamos Lisa o Lou, tenemos apellidos tan habituales o raros como Alzheimer o De Morsier, somos débiles y necesitados. Estos niños, contemplados en la realidad o en la ficción, no son más que nuestro espejo, un espejo que los años no han empañado todavía. Un espejo que refleja de un lado nuestra incomprensión, nuestra tentación del sinsentido como única explicación, nuestro impulso de rebelión, nuestra indignación sin salida, pero, al mismo tiempo, la posibilidad de una sonrisa de alivio, la posibilidad testaruda del amor. Algunos creemos que Alguien ha puesto a nuestro lado a otras Lisas, a otros Lous, y que desde ahí, y sólo desde ahí, tiene la esperanza una oportunidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me han hecho llorar los dos videos