No es infrecuente que a veces la tristeza nos asalte. Todos conocemos esa sombra que en el momento menos pensado disminuye nuestra claridad vital, incluida esa extraña sensación de que la gente en torno parezca extrañamente más feliz.
En realidad, sólo es apariencia, como en esta antigua postal francesa, que alguien escribe, después de la I guerra mundial, probablemente a un camarada. En el anverso, la Sale des fêtes del Hôtel de Ville de Avignon.

En el reverso, la declaración de la desolación. Traduzco torpemente del francés: Por fin, de vuelta a casa después de un largo y penoso viaje. Usted puede adivinar lo que supone para mí este regreso al hogar vacío. En fin, qué remedio, nada se puede hacer, sufrir solamente...

4 comentarios:
Ya, es inevitable, pero si el anverso es agradable puede ser un intento de salir del reverso, que además no conduce a nada
La vida es así, cara y cruz. Creo que suele ir al 50%.
Hola:
Muchísimas gracias por visitar mi blog, te agrego al blogroll, que viene muy bien tener consejo espiritual cerca.
Un abrazo desde Cádiz.
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Un abrazo desde Cádiz.
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