miércoles, 4 de marzo de 2009

Atravesar las tempestades


En una de sus notas acerca del Poder (Le Pouvoir, Hachette, 1964; reproducidas en La Parole et le Pouvoir, Plon, 1974), Maurice Druon afirmaba que las instituciones políticas más duraderas son, al parecer, las que combinan diversas formas de gobierno tomando de cada una sus mejores posibilidades. Concretando la afirmación, escribe (la traducción es mía):

"La Iglesia romana, en la medida en que reproduce las características de un Estado, ofrece algo remarcable: en sus instituciones une al menos cinco formas de gobierno. Es una democracia teóricamente perfecta, pues todo miembro de esta sociedad puede igualmente pretender tener en ella una función; es una aristocracia perfecta, siempre renovada, pues en ella son los mejores, en principio, quienes asumen la autoridad; es una hierocracia, pues las magistraturas están en manos del clero; es una oligarquía, pues el gobierno lo ejerce un colegio restringido; es finalmente una monarquía, pero una monarquía electiva. Esta sorprendente fusión es quizá la razón por la que la Iglesia romana ha podido atravesar las tempestades durante siglos y adquirir la autoridad moral de la que todavía goza, autoridad que se extiende incluso sobre los hombres que no pertenecen a ella."

Creo que Druon utiliza un concepto de democracia un tanto particular. En fin, no seré yo quien le discuta tal concepto a un parisino que fue miembro de la Resistencia, secretario de l'Académie, Ministro de Cultura , Gran Cruz de la Legión de Honor y diputado europeo. Druon ha encabezado además el CPLDE (Comité pour la langue du droit européen), un grupo que defendía la mayor precisión jurídica de la lengua francesa, a fin de que ésta fuese considerada autoritativa en la interpretación de los actos jurídicos comunitarios; Druon, además de defender que el francés es la lengua de la codificación y la más apta y segura para las expresiones del derecho, efectuaba su propia clasificación de las lenguas: "el italiano es el lenguaje de la canción, el alemán es bueno para la filosofía y el inglés para la poesía". Obviamente, nada dijo sobre el español (ni, Deo gratias, sobre el catalán), omisión que puede obedecer tanto a la mucha como a la nula versatilidad del castellano o a que en Europa no importamos un carajo, o a ambas cosas a la vez. En todo caso lo que humildemente sí le discutiría a este Caballero del Imperio Británico y Gran Oficial pro Merito Melitensi (es que este tío tiene todos los títulos, rayos y truenos) es la razón por la que la Iglesia Romana ha atravesado todas las tempestades (y las que le quedan) a través de los siglos. No es simplemente por la expuesta combinación de formas de gobierno. La razón de ser y de persistir de la Iglesia Romana va más allá de sus aspectos organizativos o institucionales. Hay no una razón, sino un Alguien que a la Iglesia indesinenter sustentat. Claro que esta comprensión va más allá de la teorización discursiva del poder.

Tal vez también podría discutirse con Druon hasta qué punto goza hoy la Iglesia Romana de autoridad moral reconocida más allá de sus miembros. No hay que olvidar que el texto transcrito es de 1964. Hoy cabría incluso plantearse hasta qué punto esa autoridad moral es reconocida y valorada por los mismos bautizados, algunos de los cuales, sin dimitir de su catolicidad, expresan con insistencia su desafección frente a tal autoridad. El debate se complicaría si distinguiéramos entre aquello que se expresa y aquello que consciente o inconscientemente se vive. No hablo de una falta de sinceridad, hablo de una vinculación y una necesidad que trasciende aquello que exteriormente se manifiesta. Probablemente los ateos no reconocen autoridad moral alguna a la Iglesia Romana, pero, como uno de ellos ha tenido la lucidez de escribir (Emmanuel Todd), el no creyente parece no sentirse bien en su certeza más que cuando existe todavía en la sociedad una Iglesia, minoritaria si se quiere, pero portadora de una creencia positiva en la existencia de Dios, susceptible de ser criticada y negada.

5 comentarios:

Guerrera de la LUZ dijo...

Qué post más bueno padre.

Está claro, la Iglesia perdura y vencerá porque es el Espíritu Santo quien está al frente. Le pese a quien le pese. Y todos verán su Gran Triunfo.

Un abrazo.

soy+pequeno dijo...

TaMBiéN CReO CoN GueRReRa q La úNiCa eXPLiCaCióN... CoMo La DeL uNIveRSo.... eL FuNdaDoR, eL CReaDoR y Su ESPíRiTu SaNto q es DioS.

LeS CueSTa PeNSaR q HaY PeRSoNaS q ViVen y eSTaN CoN DioS, Q DioS NoS aCoMPaÑa eN La PRueBa d La ViDa no?.


MuCHa PeÑa iNTeLeCTuaL q BuSCa... eNCueNTRa La HaBiTaCIóN eSCoNDiDa y No eNTRa...La oTRa PeÑa seNSiTiVa No BusCa y CuaNDo ToDo Lo TieNe eNFReNTe No QuieRe uSaR eL oJo Ni eL oíDo... xq en el CaMiNo VaN FaBuLaNDo SuS PaRiDasy CoNSTRuYeNDo SoBRe aReNa y la PreFieRen a DeSPeLoTaRse aNTe La MaRaViLLoSa SoRPReSa q DeSBoRDa xq DesCoNoCeN q DioS NoS ViSTe CoMo LoS LíRioS.

Eudora dijo...

Puede haber otra explicación para la persistencia de la Iglesia, pero una explicación nada positiva; no conozco nada buena que dure tanto en este mundo...

Le aseguro que un ateo, no un agnóstico ni un anticlerical, puede vivir su ateísmo sin necesidad de que exista algo para crear enfrentamiento.

Las opiniones de Druon, diciendo lo que dijo de los idiomas, no me parecen de mucho interés.

Alvaro dijo...

No es posible que una Madre tan inmaculada pueda morir nunca. Es la fidelidad plena a su Esposo lo que hace perdurar la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica. No sé cómo se dice en francés, pero la positividad de este señor queda en el ámbito rígido de la codificación francesa. Nosotros, los miembros de la Iglesia, somos vida.

jordi_morrós dijo...

¿Una institución puede ser al mismo tiempo una democracia, una aristocracia y una oligarquía?

Cuesta un poco de creer, no?

Y otro tema muy distinto es el misterio de la perdurabilidad de la Iglesia Católica, a pesar de los grandes desgarros y cismas que ha habido a lo largo de su historia. En eso estoy de acuerdo que hay un gran misterio en la línea de "indesinenter sustentat" que es una forma muy formal y sugerente de apuntar hacia el misterio.