domingo, 15 de marzo de 2009

Bendita carta


Tengo una amiga que está convencida de que la sonrisa de Benedicto XVI esconde un fondo de malicia y picardía (bueno, no sé si exactamente se refiere a picardía o a picaresca). No hago mucho caso de este tipo de convicciones, porque también dice que mi vida debe ser muy siniestra y lo más siniestro que he hecho en este último mes es tomar té verde con sabor a vainilla, escribir en este blog o ver un par de episodios de Walker, Texas Ranger. No soy papista, así que no presupongo bondades ni malicias en el Obispo de Roma, pero a mí Benedicto XVI me cae bien, más que su antecesor. A algunos esto les sonará a blasfemia, como a otros (o a algunos de los mismos) les sonará fatal que me caiga mejor Pablo VI que Juan XXIII. La historia contrafáctica es siempre cuestionable, pero pienso que si Juan XXIII hubiese vivido cinco años más, probablemente hubiéramos tenido un Vaticano II de aggiornamento-maquillaje; el Papa bueno incoó el Concilio, pero el Papa Montini lo llevó adelante y sufrió el esfuerzo de aplicarlo genuinamente frente a las dificultades interpuestas cotidianamente por tirios y troyanos.
Volvamos a la actualidad. Benedicto XVI ha escrito una carta a los obispos de la Iglesia sobre la remisión de la excomunión a cuatro obispos lefebvrianos. Se trata de una carta explícitamente clarificadora y pacificadora. Debería así ser recibida por sus destinatarios. Que el líder de una de las instituciones religiosas más importantes del mundo reconozca desaciertos y torpezas en el modo de proceder y lo haga de una forma pública (es una carta a los obispos, pero una carta que cualquiera puede leer) constituye para mí un gesto impagable. Que explicite un gesto de humildad y lo motive me parece magnífico. Estas cosas no las hacen los gobernantes de nuestro mundo, no hay que esperarlas ni de ZP, ni de Bush, ni de Obama, ningún político lo haría nunca. No lo harán jamás los líderes islámicos, por ejemplo. Ni los rabinos, ni los lamas, qué cojones. Hay gente que nunca se equivoca. Como todo el mundo sabe, todos los grandes de este mundo son infalibles.
Las voces discordantes se han apresurado a seguir manteniendo su tinglado Romafóbico. Hablan de falsedad, de hipocresía, cuando no les da, en ese afán de mezclar churras con merinas para que el viento de la confusión no cese, por traer a colación la reciente actuación de un obispo brasileño, cuya inoportuna cretinez me abstendré de comentar.
A mí la carta me ha parecido magnífica y necesaria. No tengo colgado el retrado de Benedicto XVI en mi celda, no lo tendré nunca, no voy por ahí gritando "¡Viva el Papa!". Pero no tengo tampoco la necesidad de afirmarme dando leña al mono, bastantes monos hay por esos mundos de Dios arreándose sin tregua. Voy a tomarme un té verde muy azucarado, que dos post en el mismo día me han dejado la boca seca.

6 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

"Tengo una amiga que está convencida de que la sonrisa de Benedicto XVI esconde un fondo de malicia y picardía"


A mi me pasa lo mismo, con la savedad, de que yo solo lo dejaría en malicia....
Saludos!

Eudora dijo...

PObre N.

Bueno, en cuanto a Benito, se conforma usted con cualquier cosa. La carta tiene tintes victimistas, hipérboles de una especie de situación extrema terrible... lo terrible, santidad, es que usted esté en las nubes y su colegio pontificio también... o, a lo peor, no lo están.

No han sido los lefevr. los que se han acercado a Roma, ha sido Benito quien lo ha hecho, modificando, por ejemplo, la estética de sus apariciones litúrgicas, otrora más sencillas y cristiano-antiguas, y ahora más de visillo y dorado rebuscado.

No, este pontificado va a marcar una era, pero no porque logre reflotar la barca medio hundida.

jordi_morrós dijo...

La sonrisa de nuestro actual Papa quizás se deba entender por los más de 27 años que lleva viviendo entre las paredes del Vaticano. Eso sí que es una prueba de hondo calado para la fe del más pintado, y al menos en eso tenemos un Papa un poco budista ya que al menos, si tal y como anunció, no ha conseguido reformar la Curia, al menos sonríe que ya es algo por donde empezar. Ah, y por cierto, rezemos para que no acabe tan deprimido como Pablo VI, aunque me imagino que deben tener perfiles psicológicos bastante distintos.

Estoy de acuerdo respecto a reconocerle a nuestro Papa una dosis de humildad poco habitual entre los gobernantes como para hacer esta confesión pública, pero da un poco de yuyu pensar cómo se toman algunas decisiones en una organización que se supone que es maestra en el arte de la diplomacia.

soy+pequeno dijo...

GeniaL FRiAR!... Pero los q sacudieron escandalizados a BeNDiTo XVI...a q ya no les importa la carta? o le sacan + punta q una aguja?:P

si el zETAp va a sacer una carta q nos diga a q banqueros y xq razón da tanto dinero sin pedirles x renuncien a sobresueldos y primas y sobrinas.... unas sobrinas de millones de pelas claro...

¡ViVa JuaNPa!
¡SaNTo SúBiTo!

Alvaro dijo...

Pues estoy con Ud. en lo de Pablo VI y en lo de Benedicto XVI. Yo sí creo que va a enderezar no solo la barca de Pedro sino la de los demás. Estamos en presencia de un santo ecuménico, atención. Juan Pablo II era pura acción, éste es oración. Y la oración todo lo puede. Esa alegría es consecuencia de la paz, consecuencia a su vez de la lucha interior, consecuencia del ejercicio y recepción humildes de las virtudes aferentes a las teologales: fe, esperanza y caridad. Ya ha hablado de la Caridad y de la Esperanza, y con ellas de la Fe. Seguridad en la fe, alegria en la esperanza, amabilidad en la caridad. Es todo un padrazo!!!. Un regalo de Dios.

Luis y Mª Jesús dijo...

La obediencia es una asignatura olvidada no solo en la familia, también dentro del clero.
A mí también me parece una mirada pícara, propia de un hombre muy muy inteligente. Me gusta mucho porque le entiendo muy bien.
La humildad de Benedicto debería ser un ejemplo para todos nosotro. ¡A ver si aprendo!.
Un abrazo
María Jesús