viernes, 29 de marzo de 2013

Pensamientos de PP



La proclividad a la compasión no fue nunca una de mis cualidades. La ley no sabe de compasiones, bastante tiene con tener que habérselas con ese principio débil que es la equidad. Pero ahora tengo a este tipo desconcertante ante mí. Tengo frío y sueño. Mala cosa amanecer con problemas. Mala cosa tener que habitar en esta tierra inculta, en la amargura de esta ciudad lejana, careciendo de una conversación medianamente decente, sin espectáculos que valgan realmente la pena. Y encima tengo que estar entrando y saliendo, cosas de la superstición de estos palurdos, que me veo obligado a respetar pro bono pacis. Estoy cansado, cansado de las diligencias, de las decisiones. Sin embargo, tengo que seguir, interrogo, inquiero. Es la ley, mi tarea. Pero este tipo, como he dicho, me desconcierta, mezcla de manera extraña la arrogancia y la humildad. Ni siquiera protesta su inocencia, no se desespera, no suplica clemencia. Tiene algo de desafiante. Interrogarle me hace sentir como un plebeyo, como un esclavo de las circunstancias, como un mecanismo, un instrumento. No puedo, no quiero pensar en eso. Así que buscaré despreciarlo, al pobre diablo, y después, si consigo convencer a esos bárbaros de fuera, lo mandaré a su casa, con los suyos, que les cuente a ellos domésticamente sus locuras, sus sueños de rey. Me mantendré en mis trece, pondré en juego mis habilidades, mi técnica, mi saber hacer, saldré y acabaré con esto, pero antes le diré algo a este loco (no es más que eso, un loco visionario, no entiendo cómo pueda preocuparles tanto a esos de fuera), por si puede entrar en la única razón existente, le espetaré a bocajarro, por si puede captarlo con sus entendederas perturbadas:
- Y, ¿qué es la verdad?

2 comentarios:

Jordi Morrós Ribera dijo...

Este PP se ha convertido en un símbolo tradicional de la vileza y de la sumisión a los bajos intereses de la política, tal y como dice Pérez Rioja en su "Diccionario de Símbolos y Mitos".

La otra cuestión es cuantos PP ha habido en la política mundial, y sin duda no sólo en estos últimos siglos.

Al menos con el PP bíblico nos queda el consuelo que no tuvo un cargo de prefecto nada fácil con el pueblo judío, fue relevado del mando de Judea en el año 36 d.C. después de una matanza de samaritanos, y con la conciencia llena de cobardía y villanía su rastro desaparece de la historia.

Minimus minimorum dijo...

Enhorabuena por el post. De rabiosa actualidad.