viernes, 20 de julio de 2012

El diagnóstico de Miró


Acabo de leer el post de Josep Miró en el que diagnostica (me parece más diagnóstico que reflexión) sobre el estado del catolicismo en España. No se trata de una consideración optimista. Me atrevería a decir que incluso ha sido escrito en un momento de cierta decepción. Pienso que el catolicismo en España goza de mejor salud que la que Miró le atribuye. Subrayo España, porque si se trata del catolicismo en Cataluña, tal vez haya que darle la razón. Los problemas que Miró señala se hallan desgraciadamente en Cataluña exacerbados y se hacen mucho más evidentes que en otras partes. Ya no se trata de grupos ni capillitas que subsisten ignorándose, sino de auténticas banderías que recíprocamente se desprecian y que hacen de la marca católico una referencia de confusión. Incluso nuestros obispos parecen dejarse arrastrar por el desconcierto y si no toman partido explícitamente (que a veces si lo toman y algún ejemplo reciente ha habido por parte de quien menos se esperaba), se sumergen en un silencio de perplejidad que no deja entrever ningún doloroso esfuerzo en pro de la cohesión ni de la claridad.
Urge recuperar esa belleza de la catolicidad a la que Miró se refiere, urge encarnarla aunando la difícil humildad y el descaro valiente, venciendo en todo caso la tentación de un despotismo estéril y/o de un complejo de inferioridad inmotivado. Urge recuperar el sano orgullo de ser católicos y el dolor pecador de no serlo lo suficiente, de no ser suficientemente fraternos, aunque eso conlleve reconocer, como Miró apunta, que el mayor enemigo de la evangelización no son los otros, sino nosotros mismos.

sábado, 7 de julio de 2012

No me gusta que a la iglesia te pongas la minifalda


Ya lo escribí una vez sobre Novell: este tío es un hacha. Escribe cuatro líneas en su Facebook y consigue titulares en los catonoticieros de internet. Esta vez creo que le van a sacar hasta en Tv3, ahítos de noticias como andan con la modorra propia del tiempo. Cuando escribo esto, el enlace a la foto colgada en  Facebook ya da error, no sé si porque los padres de las interfectas han clamado al cielo, que podría ser, y haya tenido que retirarse la fotohy el consiguiente pie.
Los comentarios que tenía el Facebook eran en sus tres cuartas partes las indignaciones de costumbre, que si este que se ha creído, que si las niñas van muy elegantes, que la Iglesia tiene que ponerse al día, que si la inadecuación esta en la sucia mirada de quien lo critica, etc., etc. Yo no sé si estas cosas el obispo tenía que haberlas dicho públicamente. En mi humilde opinión, tal vez una amable amonestación privada bien explicada hubiera, respecto a las chicas, conseguido para lo sucesivo un mejor efecto, dejando para la consideración pública las referencias sin señalar, que señalar con el índice está siempre muy feo.
De todas maneras, creo que el obispo está en su derecho de participar al pueblo de Dios que tiene bajo su guía la importancia del decoro, si cree que el decoro es importante. Así, que menos aspavientos airados, vengan de donde vengan, que seguramente vienen de las que cuando viajan y visitan una mezquita ya cuidan debidamente de cubrirse, sin ocurrírseles una sílaba de protesta. Además, Novell se muestra en esto, una vez más, romano. En la Basílica de San Pedro a estas no es que las hubieran reñido, simplemente no las hubieran dejado entrar tan sucintamente ataviadas.