lunes, 26 de enero de 2009

El mundo habitado: ¿un avispero hostil?

Cuando del demasiado olvidado Ortega Munilla se publicó la novelita corta La señorita de la Cisniega (1918, Gustavo Gili, Barcelona), se publicaron en el mismo volumen algunos cuentos del mismo autor. Acabo de releer, entre estos, un curioso cuento pastoral titulado Doro en el monte, protagonizado por un pastorcito de yeguas. Una noche Doro se toma unas semillitas que le había dado el tío Heriberto el Herbolario y en el sueño del encantamiento se le revela la sabiduría de la naturaleza y escucha las confidencias reveladoras de los animales del bosque. Alguno propende por lo poético, como la abeja: "Soy una gota de miel con alas" (¿poesía o greguería?). Pero la autodefinición que me interesa subrayar es la de la avispa:

"Si pico, muero; pero pico. Soy como el hombre: el dolor ajeno, aunque sea a costa de la vida".

En verdad, la avispa no tenía muy buen concepto del ser humano. No sé el porqué, leyendo la frasecita, me he acordado de Simone Weil, de quien está próximo a cumplirse el primer centenario del nacimiento, como recordaba hace pocos días La Vie. Simone Weil fue una pensadora que combinaba a dosis iguales genialidad y contradicción, armonía y desequilibrio. Leyendo la frasecita de la avispa he recordado uno de los pensamientos de La Pesanteur et la Grâce. Escribo de memoria, porque no sé donde fue a parar el ejemplar con glosas a lápiz que yo tenía, tal vez quedó en otro convento en algún traslado, tal vez lo presté(=perdí). Simone venía a lamentarse de que ni en una de sus peores jaquecas sería capaz de destruir una obra de arte (una escultura griega, por ejemplo) y que, por el contrario, con qué facilidad era (somos) capaz de destruir un instante de la vida de un ser humano, cómo un instante de felicidad para el prójimo lo convertimos inmisericordemente en un instante de amargura.

Tal vez sea verdad que somos como las avispas o como las abejas. Y no nos hace falta ni siquiera el aguijón. Nos basta con el zumbido. Zumbidos que nos destruyen, zumbidos que nos salvan.

12 comentarios:

Eudora dijo...

Pero la avispa no muere cuando pica, eso lo hace la abeja, que se deja con el aguijón todo su interior...pobrecitas.

No me impresionó mucho la Weil cuando la leí. Había en ella algo de anárquico.

Hace no mucho, cuando volvía del trabajo tuve la triste visión, muy amarga para mía, de un perro herido en medio de la carretera. Fue espantoso, no me gusta ver a los animales sufrir, odio esos reportajes de la 2 que todo el mundo dice ver para quedar como un ser civilizado y culto.

Aquella visión me planteó el siguiente pesamiento: ¿cual es nuestra función en este planeta aparte de destruir?, somos como una anomalía dentro de un planeta que podría sobrevivir mejor sin nosotros.

Siente herir sensibilidades piadosas, pero yo soy así.

maria jesus dijo...

El hombre puede destruir, pero tambien construir,lo ideal es que cada vez haga más lo segun do y menos lo primero

García Francés dijo...

Coño, D. Outsider, me ha hecho usted reír. Menos mal que al fin entra una persona de buen corazón en mi blog de malvados degenerados.

Una persona de buen corazón entregada a hacer el bien y a pensar en los demás. Ese es usted, buen samaritano.

La idea del silloncito y del Sr. Gavilondo me parece cristianamente generosa. Y, luego, a poner la otra mejilla, amigo mío. Vuelva cuando quiera. Y, si me lo permite, le invito a que intercambiemos entradas.

Margalida dijo...

Siempre he encontrado muy bonitas las avispas como también a las abejas.

El avispero con estas celditas tan perfectas.

Luego también me llamaba mucho la atención estas que hacen el nido con barro.

Margalida dijo...

no nos hace falta ni siquiera el aguijón. Nos basta con el zumbido. Zumbidos que nos destruyen, zumbidos que nos salvan.
Un zumbido de salvación, por favor...

Margalida dijo...

¿cómo es tu celda?

soy+pequeno dijo...

SaBeS FRiaR? x muCHo q NoS HaYaN HeCHo SuFRiR aPLiCaNDo SuS MaLDaDeS CoN NoSoTRoS... xQ coN NoSoTRoS PuEDeN... LaS LáGRiMaS las ToMa SiEMPRe DioS aL aBRaZaRNos y CuaNDo NoS MirA y Le DeCiMoS q Ya ESTá y q Ya PaSó y No QueReMoS ReVaNCHa eSaS LáGRiMaS LaS GuaRDa coN CaRiÑo CoMo DiaMaNTeS!

TeNeMoS 1 SuPeR CRuCiFIjO eN La PaRRo y Si VeS eSa HeRMoSa MaRiPoSa CHiNCHeTeaDa y PiCoTeADa en La MaDeRa... eSaS LáGriMaS q SaLeN aL VeRLe aLLí TaMBiéN LaS GuaRDa y Le ReFReSCaN TaNTo q ToDoS LoS DíaS TeNGo 1 RaTiTo PaRa PeNSaR eN Mi MaRiPoSa y LLoRaR a Días... peNa Xq FuE X MiS MaLDaDeS y No Me DoY ToDo aL 1oo% y oTRoS ALeGRía Xq Me Ama y peRDoNa y OLviDa y eS Así d GRaNDe CoNMiGo.

SaBeS? La HeRMoSa MaRiPoSa Te aMa FRiaR y GuaRDa TuS DiaMaNTeS juNTo a LoS MíoS eN Su RaDiaNTe CoRaZóN



... y aQueLLoS ZuMBiDoS Q PaSaMoS eN eSe AviSPeRo...NoS eNSeÑó A TraNSFoRMaRLoS eN SaLVaCióN paRa ToDoS eLLoS :P

Anónimo dijo...

¡Bello post!
Todos tenemos aguijón y miel.

victoria luque dijo...

Cada vez me asombra más cómo Dios nos da libertad para todo, para el bien y para el mal... y respeta tanto esa libertad, que a veces desearía que fuésemos un poco menos libres.
Un abrazo.

Alvaro dijo...

Interesante el fenómeno de la Weill, que vivió en una época dramática, y ella la dramatizó aún más, atraída por el trabajo manual y por los problemas de la condición obrera y su sentido le hizo ver la hondura de las perspectivas religiosas para resolver los problemas sociales, percibiendo la profundidad del misterio de Cristo. Lo poco que he leído es alucinante. La quiero desmenuzar.
Ella se hizo cristiana a través de un dominico J.M. Perrin. Y con Gustave Thibon trabó buena amistad.

La destrucción y la decreación como fenómenos religiosos... ¡qué interesante!.

Margalida dijo...

Los zumbidos
A veces hay ruidos que son molestos como los zumbidos al lado de los oídos, sean de mosquitos, avispas, motos, motores de barcas, bicicletas.
Si estás tranquilamente en el mar y oyes a lo lejos un motor no estás tranquilo hasta que has salido. Si pudieras lo mandarías lejos con una catapulta hacia otra dirección.
Si zumba el mosquito que voy a contar.
Si zumba el niño con la bici, si no es el nuestro hay una especie de nerviosismo hasta que se va.

No digo si son bicis de 4 todas juntas que tal difícil es el mando y zumba aquí, zumba allá.

De niña nunca me molestó el zumbido ni de la avispa, ni de la abeja, ni de todo el avispero, ni de todo el panal.
Oir el zumbido de la abeja me recordaba a la primavera cuando íbamos de romería de la segunda fiesta de Pascua. El solecito, los perfumes de las flores, la alegría de todos los romeros.
Todos estos insectos me recuerdan a la primavera.

hay zumbidos misteriosos como el del panal, qui lo sá, qué será

Luis y Mª Jesús dijo...

Lo siento outsider pero no admito que el hombre sea un lobo para el hombre. De hecho lo es en algunos momentos pero een ellos se siente inhumano, en cambio el alma se expande cuando proporciona felicidad a otros. el problema es el efecto intransitivo de nuestros actos. Si actuamos mal con frecuencia os volvemos malvados.
el hombre esstá hecho para amar y se corrompe cuando odia.
Un abrazo
María Jesús