viernes, 17 de agosto de 2012

Apología y realidad de la JOBAC


Entre los libros a los que les ha llegado turno de ser leídos aprovechando la modorra veraniega, se halla el de Montserrat Sintes, La JOBAC (1974-1992) Desencís i utopia de la joventut a Catalunya, Eds. Saragossa, 2011. Curiosamente lo termino la misma semana en la que la hoja diocesana, también en el estío carente de temas más puntuales, entrevista a la autora. 
El libro, pretendiendo contar la historia, no deja de tener un cierto aire apologético, al que, se quiera o no, le obliga la documentación utilizada. Entendámonos. Imaginen que ustedes quieren hacer, desde un punto de vista inicial de cierta simpatía, una historia del franquismo y utilizan para ello, casi exclusivamente, los ejemplares del diario Arriba y los testimonios de los antiguos mandatarios franquistas. ¿Me explico?
No formé parte de la JOBAC (= Joves cristians de barris obrers i ambients populars), pero conocí el movimiento porque estaba implantado en mi parroquia a mediados de los ochenta. Creo honradamente que fue un movimiento positivo, entre otras cosas porque en aquel momento y en aquel lugar no había otras alternativas juveniles cristianas y porque, con tantos caminos abiertos a la inadaptación (como la droga o los anarquismos), la pertenencia a la JOBAC tenía cierta garantía de equilibrio y de sana pertenencia. Cuestión distinta era el porqué un joven entraba en el movimiento; podía ser desde una órbita de fe previa (personal o familiar), pero también esas otras motivaciones que a cierta edad tienen un carácter inductor no sé si menos legítimo pero en verdad no menos enérgico (tocar la guitarra con otros jóvenes, participar en una movida, pertenecer al mismo grupo en el que se encontraba la rubia Laura y sus buenas tetas, etc.).
La JOBAC tuvo un fuerte papel educativo y unos limitados resultados prácticos. Formó buenos militantes, aunque no estoy seguro si puede afirmarse que formara militantes cristianos. Podía ayudar a mantener la fe, pero difícilmente suscitarla. Hablo siempre de una fe seria, profunda, interiorizada, no de una mera apariencia temporal. Según uno de los testimonios nada imparciales, el movimiento era positivista, pragmático, modelable, poco ideológico. Falso. El movimiento tenía una ideología clara, aunque poco explicitada, y transmitía esa ideología y no otra cualquiera. Tenía ideología y dogma, y no precisamente por el lado católico de la palabra "dogma". En su utopía de una iglesia utópica en una sociedad utópica se situaba demasiadas veces al margen de la iglesia real o contra ella. Bastaría una pregunta para dilucidar este aspecto: ¿cuántas vocaciones a la vida sacerdotal o religiosa nacieron y crecieron dentro del movimiento? No es una mala pregunta, especialmente si consideramos que algunos de sus puntales tuvieron encomendado en una época pasada el Seminario de Barcelona. Todavía me parece escuchar sus lamentos cuando reconocían su propia desorientación y su propio desencanto por la múltiple procedencia de los seminaristas (especialmente sentidos si venían de movimientos calificados de "conservadores").
La JOBAC fue un movimiento de grandes manifiestos teóricos (campañas, eslógans, pancartas) que desembocaban en escasísimos logros prácticos. A añadir una preocupación (de esto el libro da buena fe) casi patológica por la estructuración (reunión, coordinación, estas siglas u otras, etc.), realmente difícil de entender tratándose de un movimiento, como dice Mingo, "poco ideológico". El ambiente en el que nació era de siglas, de pluralidades partidistas, de oficialismos y renovaciones, de congresos y reagrupamientos y escisiones, y etcétera y etcétera. Además, no podía ser poco ideológico cuando tenía algunos consiliarios fuertemente ideologizados. Este de los consiliarios y los curas más o menos implicados en la movida es otro tema. Había básicamente dos grupos: uno, los de pasta más bondadosa y comprensiva (como Domingo, Marqués, incluso Soler), otro, de tipos ciertamente más maquiavélicos (Hortet, Cervera, Vives); por supuesto, dejo al margen a Morlans, porque ya se sabe que quien habita en el Olimpo no puede ser contaminado con las veleidades de los humanos y bastante es que alguna vez descienda como deus ex cithara a poner un toque de sublimidad en sus grises vidas.
En el libro hay, sin embargo, algún destello de mayor honradez, especialmente relevante cuando se trata del testimonio de un simple militante que recuerda hasta qué punto la catalanísima JOBAC tenía verdaderas dificultades (y tuvo que hacer al respecto un proceso de reconversión tal vez demasiado tardío) para integrar a los jóvenes procedentes de familias inmigrantes. Tampoco puede pasarse por alto el mea culpa entonado por uno de los consiliarios cuando reconoce la limitadísima acción evangelizadora del movimiento, objetivo a medias "entre cumplido y no cumplido" (?), y, en concomitancia con su objetivo generalista, la poca valoración prestada a los jóvenes verdaderamente creyentes.
En fin, tal vez haya una segunda chance para la JOBAC en estos tiempos nuestros de desencís, tal vez la nostalgia deje paso al nacimiento de una nueva utopía. Si el alcalde de Marinaleda, del que nadie se acordaba ya fuera de su pueblo, ha regresado y vuelve a estar en el candelero, ¿por qué no tendría que volver a brillar la esplendorosa luz, vos estis lux Cataloniae, de la JOBAC?

4 comentarios:

Joan Josep Tamburini dijo...

El problema de la JOBAC supongo fue el de todos los movimientos juveniles religiosos de ese tiempo. Fueron demasiado estancos. Se cerraron en unas cuantas ideas y no se comunicaron entre ellos. Incluso se veían unos a otros con suspicacia. Se acusaban unos a otros de cerrados,conservadores, guetos...Y no se daban cuenta de todos hacían su guerra particular. Una guerra demasiado teórica que no llevaba al cambio de la persona ni de la sociedad. Nos limitamos a decir cosas bonitas, pero no crecimos espiritualmente.
un abrazo: Joan Josep

Joan dijo...

deus ex chitara? ja, ja, ja, a ver si va a resultar que tratas de soberbio a nuestro humildísimo doctor Morlans...

Outsider friar dijo...

Estoy muy de acuerdo, Joan Josep. El déficit fue de eclesialidad...

Lo de Morlans es un poco de bromita que espero no siente mal, Joan. En cualquier caso, todos deberíamos tratar de prevenirnos contra la soberbia. A veces podemos tener un fabuloso oído (musical) y una escasa capacidad de escucha...

Jordi Morrós Ribera dijo...

Muy agradecido por la síntesis del libro.

Mi ambiente juvenil no tuvo ningún contacto con la JOBAC, y lo unico que conocí un poquito, pero encima superficialmente, fueron las trobadas de joves de Montserrat, respecto a las cuales también se hacía broma sobre el elevado porcentaje de monjes vinculados a los encuentros y que al cabo de más o menos tiempo habían terminado orientando su vida fuera del monasterio. Aunque también es verdad que en la comunidad monástica de Montserrat ("trobades de joves" a parte) se produjo una cierta desbandada postconciliar, de la cual aún recuerdo el comentario medio irónico o medio lúcido del difunto abad Cassià sobre : "qui m'ho havia de dir que essent abat tindria tantes joves" ( no hace falta explicitar que se refería a las esposas de los numerosos monjes que habían dejado el monasterio, y también hay que recordar que su período abacial cubrió desde el año 1966 hasta el año 1989, menuda época que le tocó!).

De haber leído el libro tampoco me sería cómodo opinar públicamente porque por casualidades de la vida estoy vinculado familiarmente con el esposo de Montserrat Sintes, y por lo tanto mi opinión podría no ser lo suficientemente aséptica e imparcial.