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viernes, 20 de enero de 2012

Cuando vuelvas de la siegaaaaaa



Estando como estamos en la semana de la oración por la unidad de los cristianos, no iría mal tampoco orar por los artistas y diseñadores cristianos, para que, mejor inspirados, produzcan mejores ornamentos y objetos de culto. Aunque el ejemplo de hoy sea de los hermanos separados, en esta materia estamos bastante unidos a veces por el disparate. El obispo Mark Lawrence pertenece a la Iglesia Episcopaliana y su diócesis (Carolina del Sur) tiene fama de conservadora. Pero a quien le diseñó el báculo habría que darle con él cariñosamente en la cabeza, a ver si se le aclaran las ideas. Es verdad que la traducción catalana de Lc 10,2 cambia el operarios, obreros, trabajadores ("ergátai") por un segadors. Pero no creo yo que el obispo Lawrence ni quien le proveyó de báculo sepan catalán, aunque en este mundo globalizado igual resulta que lo han comprado por internet a una empresa de nuestros lares, una industria con diseñadores a los que les gusta el cachondeo. En fin, todo sea por equilibrar la balanza comercial.
¡Y el humor que no falte!

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad - Bon Nadal

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Humanae Salutis, al cabo de 50 años


Se cumplirán esta Navidad 50 años de la convocatoria oficial del Concilio Vaticano II por Juan XXIII, mediante la Constitución Humanae salutis.  Hace unas semanas leía la noticia sobre un libro de entrevistas a trece sacerdotes que habían escrito Joan Estruch y Clara Font; el medio (El Punt Avui) titulaba: "Els capellans joves han girat full al Concili Vaticà II" como convicción expresada por los entrevistados. Lo de pasar página es cierto respecto a las nuevas promociones de sacerdotes, pero no en relación al Concilio mismo, sino a la comprensión que de él tenían (y que, al parecer, siguen teniendo) los sacerdotes de una época. Para unos, la aplicación del Concilio Vaticano II está todavía por hacer, fue bloqueada por el Pontificado de Juan Pablo II; para otros, los textos conciliares han sido suficientemente aplicados, incluso en una interpretación más amplia (incluso en ocasiones abusiva) de la que nunca pretendieron los obispos conciliares. Para unos, la Iglesia ha vuelto a cerrarse y, por ello, ha perdido significatividad en el mundo; para otros, está recuperando su puesto después de una tendencia a mimetizarse con el mundo que la despojaba de su propia identidad y que, por ello, la hacía insignificante. 
Un servidor era un parvulito cuando se celebró el Concilio; cuando se aplicó con todas sus exageraciones, la religión no formaba parte de mis intereses más inmediatos; cuando las aguas volvieron a su cauce (o al menos tomaron otro cauce) con Wojtyla, desde quien ha regresado a la fe, este tipo de contiendas intraeclesiales me parecían ridículas, una pérdida de tiempo, un absurdo diálogo entre interlocutores que no estaban dispuestos a escucharse. Hoy todavía me deja estupefacto que existan ultracatólicos preconciliares con nostalgia de los cincuenta y ultraheterodoxos enrocados en posiciones, por más recientes no menos enmohecidas, de hace 30 años. Ciertamente cada cual vive su historia, se aferra a sus personales  nostalgias y fobias, busca el hogar donde se sintió seguro con los suyos. Y mientras tanto, el mundo avanza, el cristianismo es tan combatido como antes, más si cabe, y allá en Roma un lúcido viejito sucesor de Pedro sigue exhortando a crecer en la gracia y en el conocimiento de Cristo. 
50 años del Concilio. Recuerdo, en mis tiempos de estudios teológicos, la afirmación de algún profesor en el sentido de que la aplicación de los concilios siempre requirió de un largo tiempo. Más o menos en aquellas fechas, en 1985, en su Portrait de Marthe Rodin, Jean Guitton, en cambio, escribía: "Quoique le dernier Concile soit récent, Gaudium et Spes, ce message de joie et d'espérance terrestres a beaucoup vieilli". Porque el avance de la historia y sus cambios en las últimas décadas no tienen comparación posible con épocas anteriores. Guitton estaba convencido de que el siglo XXI sería el de la nueva evangelización (así lo manifestaba en una entrevista a La Stampa en 1992; una traducción castellana, aunque poco exacta, aquí). 
Lo que se exige a la Iglesia en el 2011 no es en lo esencial diferente de lo que decía la Humanae Salutis en 1961: "que infunda en las venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divina del evangelio". De esto no nos está permitido pasar página, porque tal es la página actual, la de hoy, la de siempre.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Monzó demuestra su ignorancia (o su desprecio)


Se supone que un articulista de La Vanguardia tiene que ser alguien mínimamente documentado, aunque sólo sea por la magnitud de la tirada del periódico y por la necesidad de mantener un correlativo prestigio de la marca. Quim Monzó parece cubrir tales expectativas. Pero no hoy. Hoy dedica un artículo a denunciar la seriedad de un problema humano, de un problema de derechos humanos (la prohibición de que las mujeres conduzcan en Arabia Saudita). Lo hace con su ironía y su savoir faire habituales. Nada que objetar, salvo en lo que se refiere a la frase final con la que pretende poner la puntilla "graciosa" a su columna:

"De forma que nos limitamos a seguir bromeando: sobre la conducción, sobre el himen, sobre el cambio de marchas y sobre la virginidad, temas que, por cierto, hoy resultan de lo más apropiado, siendo como es el día de la Inmaculada Concepción."

Ocurre a veces que justamente allí donde se pretende ser gracioso, se acaba uno mismo mostrando como ignorante. Porque, dejando aparte las conducciones y los cambios de marchas, Monzó debiera saber que la Inmaculada Concepción no tiene que ver con hímenes ni virginidades, con lo que su gracia final revela su desconocimiento del concepto de gracia. A no ser que, lo cual sería suposición en extremo maliciosa, en realidad sí sabe, pero considera que la mayoría de sus entusiastas lectores son religiosamente palurdos y que tal final les va a parecer de lo más apropiado.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Vivencias, contra la niebla del dolor



Entre las revistas que se amontonan pendientes, aguardando un día de imposible pausa, me detengo hoy en Vivencias. Nació la cosa hace veinte años por impulso de un voluntario en Wad Ras (Hilario Ruiz de Gauna, que el Señor tenga en su gloria, cristiano y buena persona de pro), alguien que no se resignaba a que no se pueda hacer nada por nadie y que, desde su condición de profesor jubilado, decidió hacer algo. Impulsada por él, nació allí una cosita humilde que se llamó en principio Enfermería Cultural de Wad Ras (sic). Hoy se llama Vivencias - Revista de les preses i presos de Catalunya. Tengo en mis manos el número 168, de hace unos meses, 36 páginas en las que hay un par de dibujos y muchas, muchas palabras, de unos sesenta presos-as, muchas palabras que hablan de sueños, de libertad y, sobre todo, de amor. En definitiva, de todo aquello que en la prisión se vive como carencia.
En Vivencias hay mucho arrepentimiento, mucha soledad, muchas heridas, pero también una pizca de ilusión y de esperanza. Parece que el escribir ayuda. Que así sea. Me quedo con una frase de alguien que firma A.B. desde Quatre Camins, un estribillo dirigido a todo aquel que sufre:

"No olvides nunca que la niebla siempre se disipa".

jueves, 17 de noviembre de 2011

Dolorosa belleza (Tarkovski)

Tan hermoso como inquietante...



jueves, 10 de noviembre de 2011

Nostalgia de la muerte



He conocido en mi vida varias personas que tenían una extraña nostalgia de la muerte. Esta nostalgia sólo podía ser expresada confidencialmente y escuchada desde el respeto y la acogida. No hablo de suicidas potenciales. Ninguno de ellos, ninguna de ellas, se hubiera atrevido a quitarse la vida, pero tenían un profundo deseo de morir. Consideraban cerrado su libro, sin nada más que escribir, consideraban todas sus tareas ya cumplidas, sin nada que fuera posible proyectar ilusionadamente. Tal vez todas esas personas padecían alguna dolencia, pero no se trataba de enfermedades necesariamente invalidantes o que implicaran un estado de sufrimiento continuado. Tampoco adolecían de una acumulación de problemas personales de difícil solución. Aunque detrás de estas actitudes afloraba un pesimismo existencial, no se trataba tampoco de un escepticismo nihilista: la mayor parte de ellos/as eran creyentes. Hablo de "nostalgia" porque cuando se referían al más allá, allí donde querían ir ya, sin más demora, lo hacían como si hablaran de un lugar conocido, propio, familiar. Y, aunque no poseían la pulsión del "no puedo más" propia de la desesperación, sí percibían su paso al otro lado como una liberación de un cierto "taedium vitae" arraigado no en el hartazgo del sinsentido, sino en la convicción de haber recorrido ya todo el camino posible, todo el que a ellos les competía hacer. Y, además, repito, afloraba en sus palabras una esperanza aparentemente serena.
En casos así uno se contenta con escuchar pacientemente, porque detrás de la verbalización hay un inconscientemente aplacado deseo de seguir viviendo, que requiere ser encauzado sin prisa y con detenimiento hacia mostrar el valor que uno tiene para los demás, es decir, hasta qué punto queda todavía tarea por hacer si no claramente en favor de uno mismo, al menos en favor de los demás. Si la persona llega a percibir que se la necesita, recibe un cierto alivio y pacta con ella misma que tal vez todavía quede algo por hacer. Ello no significa que la nostalgia no vuelva a presentarse recurrentemente y que no haya que volver a empezar, aunque nunca se empieza ya desde el mismo lugar.
No sé por qué noviembre me conduce a estas reflexiones tan serias en un blog en el que siempre he tratado que no falte cierto sentido del humor. Será por eso que llaman el "mes de los muertos", por la conveniencia de cuando en cuando de recordar que un día también nosotros pasaremos al otro lado y para hacerlo no desde la desvaloración de nuestro presente, pero sí al menos desde la adecuada relativización de cosas a las que a veces otorgamos una importancia excesiva. En fin, avivemos la esperanza de que si un día cruzaremos hacia un "mejor", esa mejoría hay que abordarla sin nostalgias y prepararla desde nuestro hoy cotidiano.
Acabemos con una canción, una de mis preferidas en mi versión preferida, una canción de amor (¿qué canción no lo es?), pero que habla también de cruzar fronteras y de que al otro lado aguarda una felicidad que desde la esperanza empieza ya a saborearse.




lunes, 7 de noviembre de 2011

Una "predicación" made in USA

Un ejemplo de cómo transmiten el mensaje algunos evangélicos en Estados Unidos.
El "predicador" es Blaine Hogan (su cara os sonará como actor de telefilm), perteneciente a la Willow Creek Church.

(si ponéis pantalla completa, tal vez es más cómodo, especialmente para los gafotas como yo)