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viernes, 15 de febrero de 2013

Jesuita, jesuita, non ibat Jesu(s) ita

Con toda la desconfianza que haya provocado en determinados momentos históricos, la Compañía de Jesús se había caracterizado a lo largo de los siglos por tener cierto prestigio en el área de la formación. Un sacerdote jesuita era alguien que había estudiado durante largos años rigurosa y cabalmente. Sin embargo, ciertos jesuitas mediáticos están últimamente empañando esta imagen tradicional, aun siendo algunos de ellos profesores universitarios (si esto con el leño verde...).

Un ejemplo palmario es para mí el midrash de Jesús en el desierto que ha "transcrito" Juan Masiá. No entro en el terreno doctrinal, pues no soy teólogo ni hijo de teólogos. No soy más que un simple religioso sacerdote, incapaz de profundizar en el estudio sutil que se requeriría para juzgar este texto, aunque sin duda el caso del Jesús midrashizado a mí me parece, en mi asumida ignorancia, que es un caso digno de que el protagonista del relato pasara una temporada con visitas programadas al psicoanalista, lo que no podría admitirse sin tener, Dios nos guarde, por blasfemo al escritor. No entro, pues, en el fondo.
Pero en la forma sí, porque no se entiende que alguien que lleva más de 40 años de profesor universitario redacte de una manera tan penosa. Y, si cabe, se entiende todavía menos en un jesuita. Juzguen ustedes mismos:
"...el exceso de meditación le provocó náuseas de estómago y alucinaciones de cerebro".  Estas cosas suelen ocurrirles, con meditación o sin ella, a la gente que sube para arriba o que cae hacia abajo. Claro que igual nos equivocamos y estas precisiones son obligadas. Habiendo sido director de una cátedra de Bioética, puede que este jesuita haya tenido que conocer náuseas del meñique o alucinaciones del trasero.
"Tuvo pesadillas angustiosas". ¡Esto sí que es insólito! Lo corriente, como todo el mundo sabe, es que teniendo pesadillas uno se lo pase en grande.
"...la extraña figura se metamorfoseó en un dragón con tres cabezas: la de un emperador coronado, la de un pontífice magno tocado de mitra, y la de un político corrupto de derechas (Ap13)". Ostras, Pedrín, con lo que sudábamos cuando teníamos que predicar sobre el capítulo 13 del Apocalipsis, con sus dos bestias-monstruos del mar y de la tierra. ¿Cuántos exegetas no se habrán quemado las pestañas en largas noches de estudio y no fueron nunca capaces de atinar en lo del político-corrupto-de-derechas, sobre todo teniendo en cuenta que lo "de-derechas" debe ser también para la cabeza, como la corona o la mitra de los otros dos? Si no es así, digo yo que hubiese sido más pertinente escribir "un político de derechas corrupto". 
"Salió a la intemperie". El Lucas del evangelio que todos conocemos es mejor narrador que este médico del midrash, hasta el punto de que en el evangelio cuando Jesús sale, sale de alguna parte. Aquí, salir sólo pudo salir del desierto, único sitio en el que previamente se había adentrado. Pero salir del desierto a la intemperie tendrá alguna interpretación que a los obtusos se nos escapa.
"Bebió del escaso hilillo que brotaba entre las rocas y se lavó la cara". Suponemos que el hilillo era de agua (el vino, al que se refiere al final, lo tendría guardado para mejor ocasión). De todas maneras, hace bien en decir que el hilillo era escaso, no sea que el lector crea, en la estupidez que se le viene presumiendo, que era un hilillo copioso y abundante.
"Esta vez el sueño fue sereno. Pasó la nube. Soñó que dormía como Jacob". Soñar que uno duerme explica la serenidad. Pero esta nube tan determinada nos intriga. Como nos puede intrigar por qué razón sinrazón se llama la Ruah y no, como se ha llamado toda la vida de Dios, el Espíritu a esa fuerza irresistible que impulsa a Jesús, si estamos ante un midrash en castellano y no en hebreo. En general, tendemos al pronunciar estas cosas a aspirar la hache final, con lo que convertimos al Espíritu en una onomatopeya de esas náuseas de estómago que dice el autor. 
En fin, queridos lectores, cuídense mucho, que ustedes no son como Jesús y a ustedes las tentaciones les suceden en la dura realidad de la vigilia, no en sueños o medio en coma. Cuídense especialmente de los ayunos que debilitan y no se excedan en las meditaciones, porque, total, cuando puso rumbo a Galilea, Jesús no fue para decir: "Convertíos y creed en el Evangelio" (extrañas interpolaciones que nos tragamos los ignorantes), sino "amigo soy, soy vuestro amigo"... 



jueves, 8 de diciembre de 2011

Monzó demuestra su ignorancia (o su desprecio)


Se supone que un articulista de La Vanguardia tiene que ser alguien mínimamente documentado, aunque sólo sea por la magnitud de la tirada del periódico y por la necesidad de mantener un correlativo prestigio de la marca. Quim Monzó parece cubrir tales expectativas. Pero no hoy. Hoy dedica un artículo a denunciar la seriedad de un problema humano, de un problema de derechos humanos (la prohibición de que las mujeres conduzcan en Arabia Saudita). Lo hace con su ironía y su savoir faire habituales. Nada que objetar, salvo en lo que se refiere a la frase final con la que pretende poner la puntilla "graciosa" a su columna:

"De forma que nos limitamos a seguir bromeando: sobre la conducción, sobre el himen, sobre el cambio de marchas y sobre la virginidad, temas que, por cierto, hoy resultan de lo más apropiado, siendo como es el día de la Inmaculada Concepción."

Ocurre a veces que justamente allí donde se pretende ser gracioso, se acaba uno mismo mostrando como ignorante. Porque, dejando aparte las conducciones y los cambios de marchas, Monzó debiera saber que la Inmaculada Concepción no tiene que ver con hímenes ni virginidades, con lo que su gracia final revela su desconocimiento del concepto de gracia. A no ser que, lo cual sería suposición en extremo maliciosa, en realidad sí sabe, pero considera que la mayoría de sus entusiastas lectores son religiosamente palurdos y que tal final les va a parecer de lo más apropiado.

jueves, 7 de octubre de 2010

Días de otoño



Pumcatapumpumpum, ¡cómo me gusta el otoño!
No comparto la percepción del ambiente otoñal como entrañablemente triste. Este tiempo no me hiere el corazón con languideces de monotonía. Monótono el verano, monótono el frío invernal. Pero en mi apreciación en otoño se multiplican las tonalidades y la vida. Las mochilas vuelven a llenarse de papel, las calles de hojas secas, las reuniones de gente, up with people (¿existirá todavía?). Además, vienen las lluvias y los vientos, las vacunas, los inmunoferones, ¿no es magnífico?
El otoño en Barcelona es pura maravilla. Uno puede sentarse tranquilamente en la celda, abrir la ventanita, prescindir de las estufas, de los ventiladores, de sus cables respectivos. Qué delicia. O uno puede subir corriendo al mirador de Roquetas sin empapar de sudor la entera camiseta. Formidable.
Días de otoño. Quédense para otros las hogueras de junio, los empachos de turrones y los supuestos despertares de la primavera. Denme otoño, ideal para la placidez e indicado para la producción, es decir, para todos los gustos. Los bienes se multiplican incluso tomándoselo con calma.
Es lo que pasa con el Carrefú, donde los días gangueros rinden más y 20 días naturales se convierten no se sabe muy bien cómo en 30:

sábado, 17 de julio de 2010

Apostate usted como Dios manda

Será porque hay que llenar el tiempo libre de alguna manera o por unas repentinas iluminaciones causadas por el calor, vaya usted a saber, pero lo indudable es que en los meses de verano le da a la gente por bautizar a los niñitos y a las niñitas. Bien, más vale tarde que nunca, así que el clérigo de turno se pone la indumentaria, enchufa los ventiladores y confía en que la poca voz que le queda sobreviva al intento de sobreponerse a la algarabía de tales celebraciones comunitarias. El ritual de bautismos no prevé una despedida del tipo “Podéis ir en paz”, probablemente porque, en realidad, el que queda en paz al terminar es el celebrante, de modo que en los tiempos que corren cada uno de estos bautismos registrados suponen para el ministro un “yo estuve allí” (en aquel galimatías). A mí una vez en Andalucía llego la bulla a tal punto que consiguieron borrarme esa sonrisa de tonto paciente que solemos poner los curas en estas ocasiones y me impelieron a plantarme y a recordar al distinguido público que para bautizar sólo necesitaba a las criaturitas, a los padres y a los padrinos, y que, por tanto, todos los demás o estaban como debían o a la calle.

Curiosamente y parece que por motivos semejantes se da también en estas fechas un aumento del fenómeno contrario, el de querer desbautizarse, el “que me borren”. Vulgarmente les llamamos “apostasías”, aunque técnica y estrictamente no siempre lo sean. Suele invocarse la Ley de Protección de Datos y no voy a cansar al lector con todo el intríngulis administrativo y jurisprudencial que se ha ido formando al respecto. Pero sí me gustaría comentar algo de las fórmulas que suelen utilizarse en los escritos dirigidos a las parroquias o a las Secretarías de los Obispados (en realidad, son los Obispados los responsables de los ficheros). El modelo de escrito suele procurarse a partir de páginas web y aquí viene lo bueno. Porque hay de todo en botica.

Hay páginas de apóstatas serios y documentados. Suelen permitir la descarga de un modelo que va al grano de pedir la cancelación de datos; están al día y tienen cierto rigor. Es el caso, por ejemplo, de Apostasia.es...

Hay otras páginas que parecen ideadas para rústicos simplones, como es el caso de cincominutos.com. Cuando uno abre la página su sólo aspecto ya revela por dónde van los tiros. Nótese este bonito consejo: “Apostata y abandona esa gran secta de depravados”, lo cual revela el concepto que sus autores y los usuarios entusiasmados con la idea tienen de sus madres y sus abuelas, la mayoría fervientes católicas. Pero vayamos al texto del modelo que proponen porque no tiene desperdicio. He recibido precisamente una petición de un señor que ha utilizado tal modelo. El Sr. N. nació en 1954 y fue bautizado con un mes de edad. Dice haber sido bautizado por una decisión familiar unilateral de forma que se le obligó a formar parte activa (?) de un determinado núcleo de creencias, etc. La Iglesia, dice, se aprovechó de que sus facultades intelectivas todavía no se habían desarrollado, etc. y etc. y sus derechos civiles y constitucionales (¡1954!) fueron vulnerados...En fin, les ahorro el resto de la formulación, cuyo desdichado redactado bastaría para catear a un estudiante de primero de Derecho. Lo malo no es que alguien redacte esta boñiga de escrito, sino que una persona de 56 años lo firme como quien firma una petición para que se declare a las chinches ibéricas especie protegida. Porque va uno a buscar el registro de bautismos y resulta que el Sr. N. contrajo en 1981 matrimonio canónico, lo cual indica que o hizo entonces uso pleno de sus derechos civiles y constitucionales (entonces sí) o sucedió que a sus 27 años todavía no se le habían desarrollado las facultades intelectivas, lo cual, visto lo visto, tampoco cabría descartarlo.
Por favor, si apostatan, háganlo bien, con la cabeza y no con las tripas, a no ser que quieran quedar como perfectos imbéciles.

martes, 29 de junio de 2010

Algunas preguntas veraniegas



1.- Una de desconfianza: ¿Por qué los salvavidas de demostración de Vueling, que conservan en unas bolsas protectoras, parecen sacados del cubo de la basura? La azafatería parece bastante limpia, así que ¿cabe la posibilidad de que la mugre venga ya de origen? (Por cierto, ¿alguien ha comprobado alguna vez si debajo del asiento está realmente el chaleco correspondiente?)

2.- La segunda de sospecha: ¿Por qué la señalización vial, especialmente los pasos de cebra, se borra tan rápidamente y, en cambio, la pintura de inestéticos graffiti en las fachadas caduca tan difícilmente?

3.- La tercera de frustración: ¿Por qué hoy, cuando llevaba corriendo una horita y cuando el corazón y los músculos daban para otra horita más de alegre trote, he tenido que dar media vuelta por el dolor de una pequeña uña en un pequeño dedo del pie? Además, uno puede encontrar ciertas utilidades a las uñas de las manos, pero, aparte de para que aumenten sus ventas en verano los fabricantes de laca de uñas, ¿para qué nos sirven exactamente las uñas de los pies?

4.- La cuarta es transcendente: la anotaba en su diario Thomas Merton en febrero de 1949:Why do I desire things that are not God?



martes, 25 de mayo de 2010

SanaMens

Menos mal que nuestro Presidente del Gobierno lee poco (aparte del Sport, por lo del Barça, y de Público, que es su ajeno portavoz) y menos mal que, además, de inglés da poco pie con bola. Lo digo porque, con todas las discusiones que comporta la Educación por la Ciudadanía como asignatura y especialmente la dificultad de inculcarla en los que ya no estamos en edad de escolarización obligatoria, si hubiese descubierto la existencia de SanaMens, la compañía de McKeesport no daría abasto.

domingo, 28 de febrero de 2010

Y qué más da

La vida en una ciudad (pongamos Barcelona, por ejemplo) puede ser muy aburrida para los que todavía no utilizamos, sentados en ella o empujándola, una silla de ruedas. También nos perdemos ciertas aventuras si no hemos alcanzado la edad de los achaques al salir a llenar el carrito de la compra. Algunos ni siquiera vivimos ciertos lances inherentes a empujar un cochecito de bebés gemelos. Como buen outsider, no soy un defensor a ultranza de ciertas discriminaciones positivas que acaban derivando hacia la falta de equidad. Para muestra un botón políticamente incorrecto: nunca he entendido lo razonable de que un inválido (perdón, minusválido, digo discapacitado) tenga que tener reservada en exclusiva una plaza de aparcamiento veinticuatro horas sobre veinticuatro, cuando seis días por semana sólo la usa de 8 de la noche a 6 de la mañana (el resto de horas, los “capacitados” dando vueltas para no encontrar dónde y aquel amplio espacio siempre vacío). Sin embargo, reconozco que ciertas ventajas hay que ofrecer a las personas a las que les han tocado en suerte particulares limitaciones, aunque sólo sea por aquello de que mañana puede tocarme a mí.

Por ello, me pregunto si uno de los verdaderos problemas que asola nuestra sociedad no es la filosofía de la chapuza, del “y qué más da”, con la cual algunos, probablemente adoradores de Cobras o que cobran por lo que no hacen, por no pasar por “pringaos” acaban pringando a los demás. Todo esto viene a cuento del interrogante que se plantea al considerar que si se gasta un pico de las arcas públicas para accesibilidades, para hacer la vida urbana más fácil, para que todo sea más viable y hacedero, cómo entender que de pronto nos topemos con cosas como ésta:



sábado, 2 de enero de 2010

La solidaridad desatinada

Si lo que querían era jugar a los Reyes Magos, mejor habría sido meterse en una de las caravanas que se organizan por estos pagos el 5 de enero y dedicarse a tirar caramelitos. Aviso que este post puede parecer duro y desalmado (lo es) y desde luego muy poco políticamente correcto, pero tengo que manifestar mi irritación porque al día de hoy todavía no he escuchado a los dirigentes de la movida reconocer el error. Y porque al final este tipo de cosas perjudican de rebote (porque la opinión pública mete fácilmente a todos en el mismo saco) a instituciones serias que están haciendo un trabajo bien hecho día a día y desde hace muchos años.

Me refiero, claro está, a la Caravana Solidària, tres de cuyos miembros (dejemos el calificativo de cooperantes para los auténticos) permanecen secuestrados en África.

No entro a juzgar las buenas intenciones que animaron a este grupo de personas. Pero sí hay que decir que la solidaridad puede ser divertida, pero no es un juego. Se convierte en un juego cuando se va en plan rally de aventuras, cuando la generosidad se contamina de la autosatisfactoria vivencia en detrimento de la eficacia. Las cifras son tan estruendosas como engañosas. Se habla de 36 ONGs, de 107 toneladas, etc. La Caravana Solidària se autoproclama con orgullo laica y progresista, para no ser confundida con otras. No está mal saber qué ideología se encuentra en el trasfondo de las motivaciones, aunque lo que realmente debe distinguir a una ONG es el objetivo que se propone y, conocido éste, el nivel de excelencia con el que tiende a conseguirlo.

Y aquí tiene huevos la cosa. Aclaremos simplemente que si usted coge en su pueblecito a cuatro inmigrantes argelinos originarios de la misma aldea, montan una Asociación de Inmigrantes de X, el ayuntamiento les cede un localito y les financia con cargo a una partida que lucirá muy hermosa en los presupuestos municipales como Cooperación al Desarrollo, pues ya está, ya tienen ustedes una ONG. No sé si ustedes lo sabían, pero la mayoría de las ONGs de la caravana estaban financiadas en buena parte por entes locales y empresas municipales o similares.

No sé si ustedes lo sabían, pero podrían echar cuentas. Sólo con el coste de los pasajes de avión de repatriación de los 38 autodenominados cooperantes desde Senegal a Barcelona vía Madrid podrían haberse enviado los correspondientes contenedores al puerto de destino. Con el resto de la financiación habría bastado y sobrado con creces para que la ayuda fuese distribuida mediante transportistas locales, incluidas en su caso las propinillas a los funcionarios de turno del recorrido. Con media docena de personas organizando en Barcelona y otra media docena en África las toneladas de ayuda habrían llegado a sus destinatarios de forma más segura, más eficiente y, ay (ahí les duele), más discreta. Mala cosa cuando en la solidaridad la escenificación de autobombo le gana a la efectividad.

Y escribo esto porque finalmente la broma va a costar (está costando ya) un dineral a las arcas públicas. Resulta que del bolsillo suyo y mío salió en buena parte el inicio de la aventura y va a tener que salir el final de la misma (esperemos que sea un happy end, en cuyo caso no nos ahorrarán las imágenes de la recepción a los aventureros de tres al cuarto convertidos ahora en "héroes").

Créanme que la tentación es fuerte, sé que no puedo ceder a ella, porque es mi obligación de cristiano y aun de ser humano civilizado el luchar contra este tipo de tentaciones, luchar contra la tentación de decirles alto y claro a los cabrones de los secuestradores: Por favor, mejor vengan a llevarse a estos Directores, Portavoces y no sé qué (van de tres en tres y con cara de preocupación) de Barcelona Acció Solidària que salen tan frecuentemente por televisión a darnos noticias de noticias que no tienen, incapaces de soltar la única frase que les daría dignidad y nos haría creer que al cabo de la calle les queda un poco de vergüenza: “la hemos cagado”.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Aeropuerto 99 y la evolución de las especies

El pasado miércoles, mientras buscaba en la T4 la situación de la puerta de embarque, recordé cómo más o menos en estas mismas fechas diez años atrás, también en un aeropuerto, me convencí de la teoría de la evolución. No fue en Barajas, sino en el Prat. Como todo el mundo sabe, en un aeropuerto sólo dejas de encontrar a la persona que buscas, los demás aparecen siempre por cosas del azar. Así que aquella tarde de 1999 me encontré casualmente con R., una buena amiga que trabajaba en la venta de billetes de Iberia y que estaba a punto de empezar su turno. La acompañé primero a ver los cambios de moneda (?), después me pidió mi billete económico para ver si podía colarme por la cara en preferente. Esperé. Volvió con cara de circunstancias: "Está totalmente lleno, pero bueno al menos que esperes a gusto, ven conmigo", y de este modo completamente ilegítimo, pero válido, estuve por primera y única vez en mi vida en la sala VIP. Allí R. se tomó un café conmigo y, antes de partir rauda a su ventanilla de trabajo, me avisó señalando a las chaquetas rojas: "no tienes que preocuparte de nada, ellas te avisan cuando tengas que embarcar". Era una hora tranquila y aquellas dos señoritas no tenían trabajo excesivo. En aquella sala llena de luz, revistas, café, té, croissants, ensaimadas, sólo había tres VIPs: un tipo de unos sesenta años, voluminoso, nervioso, antipático, enfundado en un traje gris clásico; un joven nórdico con elegante pullover que tecleaba plácidamente en su Mac; y un outsider con americana sport, macuto deslucido y el alzacuellos pendiendo descuidadamente de un lado para airear la garganta. Después de una merienda más que suficiente, ¿qué hacía un tipo como yo en un sitio como aquel? Pues hice lo único que puede hacerse de provecho en tales casos: observar. El señor nervioso voceaba móvil en ristre y no soltaba precisamente halagos. Por lo visto, se estaba hundiendo el mundo, menudo broncazo se estaba llevando el interlocutor. Ya sé que a ustedes no les interesa, pero uno dice lo que sabe, que el negocio era, al parecer de horchatas, que el tipo era el dueño y que o pagaba muy bien o tenía que estar la cosa muy mala para trabajar para él. "¡Pues lo averiguas y me llamas!". Menos mal, una tregua. Corta. Porque a los cinco minutos el tipo volvió a coger el móvil y no para mantener una conversación tierna. Yo no hablo sueco ni por señas, pero el joven nórdico levantó la cabeza con una expresión clara de "¿por qué no te callas?". Si yo fuera inversor, no pondría un duro en un negocio capitaneado por alguien con tan mala horchata. Además, leí hace tiempo en alguna parte una entrevista al Presidente de una compañía que factura una millonada, donde el entrevistado decía poco más o menos que él apenas usaba el móvil, que eso, concebido como una necesidad continua, era sólo para los pringaos (no utilizaba esta palabra, pero el sentido genuino era ese, y además un sentido acertado, huelga decir que un servidor apenas usa profesionalmente el móvil). Pero volvamos a la sala VIP. Acertó a pasar una de las muchachas, la rubita, cerca del tipo del móvil, y éste, haciendo una pausa que el sufrido empleado del otro lado debió aprovechar para rascarse la oreja, la llamó con un ademán arrogante. "Eh, oiga, oiga, todo es dulce, todo es dulce, ¿no tienen nada salado?", le espetó señalando el amplio surtido de pastelería. "Hay cacahuetes, señor", dijo la señorita poniendo cara de se-acabó-el-jabugo. "Cacahuetes, cacahuetes, ¡cacahuetes pa los monos!". En este punto el joven nórdico volvió a levantar la cabeza, buscó en un departamento de su maletín y extrajo unos auriculares. Estuve observando diez minutos más, luego decidí que allí no aprendería nada nuevo, así que, después de tomarme un poleo menta bien azucarado y teniendo en cuenta que la hora de embarque estaba próxima, enfilé hacia la salida, dije adiós a las amables señoritas del mostrador y, una vez en la puerta, di una última mirada de despedida a la sala, como quien mira la senda que nunca ha de volver a pisar. Y entonces, rendido a la evidencia, comprendí que la teoría era cierta y que, además, funciona en los dos sentidos. Allí había un ser humano con dos hilos de plástico en las orejas, doblado sobre un aparato en el que sus dedos se levantaban y aterrizaban con rapidez, ensimismado en su labor. Y allí había también gesticulando al vacío, profiriendo sonidos mientras masticaba, seguro de sí mismo (la mayor seguridad en uno mismo es saber quién eres, él lo sabía, él lo dijo, la señorita rubia de la chaqueta roja puede dar fe, yo no me invento nada) un mono comiendo cacahuetes.