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martes, 29 de junio de 2010

Algunas preguntas veraniegas



1.- Una de desconfianza: ¿Por qué los salvavidas de demostración de Vueling, que conservan en unas bolsas protectoras, parecen sacados del cubo de la basura? La azafatería parece bastante limpia, así que ¿cabe la posibilidad de que la mugre venga ya de origen? (Por cierto, ¿alguien ha comprobado alguna vez si debajo del asiento está realmente el chaleco correspondiente?)

2.- La segunda de sospecha: ¿Por qué la señalización vial, especialmente los pasos de cebra, se borra tan rápidamente y, en cambio, la pintura de inestéticos graffiti en las fachadas caduca tan difícilmente?

3.- La tercera de frustración: ¿Por qué hoy, cuando llevaba corriendo una horita y cuando el corazón y los músculos daban para otra horita más de alegre trote, he tenido que dar media vuelta por el dolor de una pequeña uña en un pequeño dedo del pie? Además, uno puede encontrar ciertas utilidades a las uñas de las manos, pero, aparte de para que aumenten sus ventas en verano los fabricantes de laca de uñas, ¿para qué nos sirven exactamente las uñas de los pies?

4.- La cuarta es transcendente: la anotaba en su diario Thomas Merton en febrero de 1949:Why do I desire things that are not God?



miércoles, 23 de junio de 2010

Ni guarra, ni puerca, ni zorra


Perder el oremus suele resultar bastante desagradable. Me ha ocurrido sólo un par de veces, afortunadamente en celebraciones feriales. Por mi edad, todavía conservo cierta capacidad de reacción, así que el problema de encontrar la página adecuada fue resuelto en breves segundos. La ridiculez, la extrañeza de qué-pasa-aquí, la distracción fueron breves e intranscendentes. Peor le sucedió a un compañero cuando, revestido con todos los ornamentos de la misa mayor de Pascua, en mitad de la plegaria eucarística, le sonó impertinentemente el móvil que había olvidado apagar, y menos mal que el tono era el del Tantum ergo...
Viene a cuento de que siguen en sus trece; más aún: malos son los otros. La página multimedia de sexe joves sigue imperturbable con sus contenidos. Es más, la consellera está orgullosa de ella, porque dice que está avalada por criterios científicos y técnicos. Me pregunto si se da cuenta del material delicado con el que se trabaja. Nunca en el pasado había circulado tanta información y tan insistente sobre lo técnico-científico de la sexualidad o, mejor dicho, lo "mecánico" de ella. Y, sin embargo, nunca antes había tenido la juventud tanta desorientación, tanta confusión, tanto deterioro psicológico. Tal vez la señora consellera debería preguntarse si en ello no tiene un buen grado de influencia el que, bajo la capa de formación o información, subyace una orientación (si no pretendida, sí captada claramente por el destinatario) de todo-vale y no-pasa-nada. La manera en que se aborda la temática en alguno de los contenidos multimedia, señora consellera, no es buena. Claro que igual me estoy buscando un lío por escribir esto. Porque, aquí viene lo grave, la señora consellera declaró en televisión hace unos días ni más ni menos que esto: "El que no puc tolerar és que pensin que la política nostra es amoral" (= Lo que no puedo tolerar es que piensen que nuestra política es amoral). Ya no se nos pide, fíjense ustedes, que toleremos o respetemos o aguantemos (qué remedio nos queda en el menos malo de los sistemas) lo que el Parlamento legisla, lo que los jueces sentencian o lo que, en este caso, los gobiernos hacen. Se nos pide que suspendamos el juicio moral, que nos adhiramos como meros autómatas receptores, que digamos amén a las nuevas tablas de la ley. Se nos pide que no pensemos.
Hasta donde alcanza mi saber la señora Geli no es ni una guarra, ni una puerca, ni una zorra. Pero desde mi celda una visión benevolente me lleva a pensar que ha perdido el oremus y que, además, no se da cuenta de ello. Si substituyera la benevolencia por la sospecha, me vería obligado a afirmar que de lo que se trata es de suprimir intencionadamente, mediante el descrédito mediático, toda disensión. Y eso nos colocaría, Dios no lo quiera, en la senda oscura de totalitarismo. Así que mejor digamos que a alguien le ha sucedido eso tan molesto, que le puede suceder a cualquiera de cuando en cuando: perder el oremus.

martes, 25 de mayo de 2010

SanaMens

Menos mal que nuestro Presidente del Gobierno lee poco (aparte del Sport, por lo del Barça, y de Público, que es su ajeno portavoz) y menos mal que, además, de inglés da poco pie con bola. Lo digo porque, con todas las discusiones que comporta la Educación por la Ciudadanía como asignatura y especialmente la dificultad de inculcarla en los que ya no estamos en edad de escolarización obligatoria, si hubiese descubierto la existencia de SanaMens, la compañía de McKeesport no daría abasto.

lunes, 10 de mayo de 2010

Culto de mitras


Fue hace años. Era en la sacristía, a punto de empezar la celebración solemne en la fiesta de la patrona. El monaguillo miró compasivamente al obispo y con esa espontaneidad impertinente que caracteriza a los muchachos de nuestro tiempo le espetó: “No et fa vergonya sortir amb això al cap?” (¿No te da vergüenza salir llevando eso en la cabeza?). Recordé la frase el pasado día 25 cuando la multitud de prelados subían las gradas del presbiterio de Santa María del Mar en la beatificación del Padre Tous. No muy lejos de mí mossén Ll., más cerca de los noventa que de los ochenta, gruñía porque no le habían reservado sitio arriba, a él que había sido aquí y allá párroco, más próximo espiritualmente al Padre Tous que algunos de los curas que ocupaban asiento junto a sus eminencias y sus excelencias (¿qué hacía en la comitiva privilegiada el ex-secretario arzobispal incapaz de exhibir otro mérito que el de la mediocridad?).

En la fotografía la cabeza que dormita bajo la mitra inclinada es la de Cañizares. Todo el entorno había de suscitar ese momento de descanso: lo acolchado del asiento, el clima primaveral, el madrugón, la distensión de no tener un papel activo sino lo bastante de la presencia, el canto arrullador de la escolanía...Aquel momento tan callando no lo era de avivar el seso, de contemplar cómo se pasa la vida y la muerte viene, sino de descansar en las verdes praderas de una feliz liturgia que transcurría con la normalidad propia de lo que ha sido contado, medido, pesado. Otros eran en la ocasión a quienes correspondía mantenerse despiertos y vigilantes. Como el Secretario de Estado presidente, a sonreír, a estar pendiente de todo. Como el Ordinario del lugar, primero por la derecha, con la mirada atenta del padre de la novia, un tanto tenso, fluidamente feliz. Como el ceremoniero arrogante que en su juventud todavía no ha alcanzado a comprender que el suyo es un oficio como el del historiador servil en el siglo XVII, un métier mechanique et remplaçable en feliz expresión de Bercé (algo parecido, lamentablemente, a mucho periodista de hoy). Como el President Montilla poniendo cara de interés ante las cámaras, como si la beatificación le importara tres cojones (la cámara sí importa, flash, flash). Como el contrincante Mas, una vez más yendo por delante y perdiendo: se daría cuenta al final de la ceremonia que es mejor estar en el tercer banco en el lado pasillo saludado por sus eminencias (como lo fue Duran i Lleida) que en esa olvidada tierra de nadie de mitad del segundo. Como la Superiora General de las pastoras que estaría repasando si en los agradecimientos finales olvidaría a alguien (no, Madre, no, ni a la última gárgola de la basílica, las gracias a usted por terminar de una puñetera vez). Como los capuchinos confratelli del Beato en su humildad, con sus venerables barbas, haciendo de contrapeso a tanta pompa, a tanta sotana morada, a tanta mitra. La mitra inclinada era de las más majestuosas, la más alta sin duda, supongo que de alguna manera hay que contrarrestar la diferencia de entidad física, especialmente cuando tienes al lado a un pívot como don Carlos, a quien el peso de los años ni dobla ni encoge.

En fin, quien no se haya dormido nunca en misa que tire la primera piedra. O tal vez no, tal vez yo me equivoque y resulte que monseñor no dormitaba sino que meditaba profundamente, parando mientes en que el destino de Tous habría de ser el destino de todos y especialmente de aquellos que con anillo y sombrero romboidal llevan la responsabilidad última, la carga, que lo es, de enseñar, de santificar, de decidir. O acaso sería aquello de: “yo duermo, pero mi corazón vela”.

(Al final, fui a felicitar a fray Valentí, un historiador nada servil, hay más sabiduría en un pelo de su venerable barba capuchina de la que habrá nunca en toda la cabeza de aquel maestro de ceremonias, uf, se conoce que a veces con los blogs pasa como con las escopetas, que los carga el diablo, plato, pum, pum, sorry).

sábado, 3 de abril de 2010

Hay gente pa tó


Pues eso que, saltando de un sitio a otro, he venido a encontrarme con los Motorromeros, una buena gente que se monta sobre dos ruedas y, en lugar de irse juntos a la fiesta de la cerveza o al Carroñeros Festival, cogen la carretera y hala, a un santuario que se van. Bueno, entre compartir carretera y oración, alguna cervecita echarán también, que eso no está reñido con la elevación espiritual (no por casualidad hay cerveza Franziskaner y, más aún, Paulaner). No es mal hobby el disfrutar del motor con prudencia, sentido común y sentido espiritual. Nunca ha sido una de mis aficiones (me gusta ir a cubierto, por eso de las inclemencias del tiempo) y cuando le cuestionaba a mi podólogo motero la incomodidad del artefacto, él siempre terminaba tratando de combatir mis numerosas objeciones con esta frase: "ah, pero cuando estás encima en un día claro, esa sensación de libertad...". Ubi Spiritus Domini, ibi libertas. Será eso. O que Dios puede viajar también en una Harley, no el Dios de Brady y su bestseller, sino el invisible y seguro compañero del himno. Quién sabe, tal vez con el tiempo, esos motorromeros se decidan por una tirada larga y se lleguen a Porcaro (en Bretaña), a visitar a Nuestra Señora de los Moteros. El año pasado la peregrinación (mitad fe y mitad movida, supongo) contó con la presencia de ese inclasificable tipo que es el Padre Guy Gilbert, que gasta en chupas lo que se ahorra de peluquería, quien, al tiempo que daba la bendición a los congregados, les recordó que si superaban la velocidad legal o se saltaban un stop, la bendición les iba a servir de poco. Hay gente pa tó.

Casualidades


Hay que ser muy escéptico, muy arrogante y muy sabihondo para no creer que la inmensa mayoría de las cosas que suceden suceden por pura casualidad.
Hay que ser, por ejemplo, como Manuel Castells quien hoy en La Vanguardia no acaba de creerse que la coincidencia entre los intentos de poner en merecida vereda a la cúpula de los Legionarios de Cristo y los intentos de pringar al mismísimo Papa en la responsabilidad por los asuntos de la pederastia eclesiástica sea una pura casualidad. Yo no sé si la larga mano de LC y Regnum Christi llegan hasta el New York Times, aunque influencia, capacidad de gestión y recursos materiales no les faltan. Castells, como no cree en las casualidades, viene a decir algo así como que el enemigo está en casa y que la iniquidad siempre trata de coaccionar a la justicia. Es verdad que con El Grande algunos podían hacer lo que querían, pero al viejito alemán le ha dado por coger el toro por los cuernos, que no le pase ná. Son casualidades, don Manuel, no sea usted conspiracionista.
También es casualidad, y de la buena, que sólo un par de semanas después de que el nuevo Obispo de Córdoba recordara que las Catedrales son templos católicos y no multiusos, fueran lo que fueran hace casi 800 años y pidan lo que pidan las Juntas Islámicas, a unos "turistas" musulmanes les asalte un inesperado fervor (¿por el ambiente espiritual de las numerosas capillas con imágenes?) y se pongan a hacer sus rezos en la Catedral, antaño mezquita, cordobesa. Y luego van los guardias de seguridad, qué malos son y qué ofensivos y qué provocadores, y les dicen que de eso nada, y ya está liada, qué iban a hacer si no las devotas criaturitas. Y las noticias dicen que uno de ellos llevaba una navaja (pura casualidad, sería para cortar mojama) y dicen que uno de ellos dice que uno de los seguratas le habló en inglés inteligible, que ya es casualidad de casualidades. Lo malo es que va y les toca un juez (probablemente un ultracatólico) de esos escépticos y arrogantes que no cree en casualidades, sino en causalidades, y va, examina el asunto y cree que aquello estaba organizado y, malo él, les imputa a ocho de ellos delitos de diversa tipificación. Y díganme si no es casualidad que El País, al contar la noticia, reitere que "La mezquita de Córdoba fue convertida en catedral en el año 1236 y la Iglesia católica sólo permite rezar allí a su dios", explicación a todas luces necesaria, más teniendo en cuenta que, casualmente y no por otra cosa, todo el mundo sabe que puede exponerse libremente el Santísimo en los templos musulmanes del Magreb. Por si acaso no fuera así, guárdense los lectores de este post, si les da por viajar al norte de África, de dejarse llevar por el ambiente espiritual y ponerse a rezar la coronilla de la misericordia donde no deben, igual da la casualidad que alguien les llama la atención y de poco les iba a servir alegar, por ejemplo, que Constantine fue cristiana antes de que lo fuera la mismísima Salamanca.
Tanta casualidad a mí me tiene, lo reconozco, un poco desorientado, más desde que oigo afirmar a diestra y a siniestra, si no con estas mismas palabras, con palabras parecidas, que si existe algo y no más bien nada, es por pura casualidad.

domingo, 21 de marzo de 2010

Letra pequeña y paidofilia eclesiástica


Uno piensa que sufre una disfunción, cuando realmente lo que le ocurre es que no ha leído la letra pequeña. Nos dejamos llevar por los grandes letreros y con demasiada frecuencia olvidamos que la verdad de las cosas se encuentra precisamente en la letra pequeña. Esto vale para las ofertas bancarias, para los contratos de suministros y no menos para la información que circula en los medios. Recojo una información menor aparecida hoy en La Vanguardia, más allá de la portada y de los grandes titulares. Dice un profesor de Psicología forense alemán y prestigioso cosas tan interesantes como ignoradas. Que en los casos de sospecha de abusos sexuales (o sea los probados más los supuestos) en Alemania desde 1995 un 0,045% tenían que ver con sacerdotes o religiosos. Si mis matemáticas funcionan bien, eso equivale a 4,5 de cada 10.000 (y si fueran, que no son, 450 en lugar de 4,5, no me daría igual, pero para el caso me serviría lo mismo). La cifra que maneja el profesor Kröber no es una cifra desdeñable y sigue siendo vergonzosa, pero no es lo que determinados medios deliberadamente quieren transmitir (basta poner en Google la palabra paidofilia para comprobarlo). Esta asombrosa desproporción jamás la transmitirá con claridad, por ejemplo de ejemplos, ese culo mediático que es la Sexta, empeñada como está en convertir a su audiencia a la coprofagia y en hacerlo de modo que se consiga el efecto sin que se note el cuidado (dejémonos de eufemismos amables como telebasura y llámemos a las cosas como son).
Pero el profesor Hans Kröber dice otras cositas que tampoco tienen desperdicio. Que el celibato no causa la paidofilia, por ejemplo, del mismo modo que no la causa ser entrenador de fútbol o peluquero. Bueno, todavía quedan ateos con un mínimo de dignidad profesional, a quienes la ideología no les contamina la apreciación científica de la realidad.
Forzosamente tengo que apreciar la valentía de un tipo que, sabiendo que la honradez científica en este tema equivale a ponerse la horca mediática al cuello por mor del lobby LGBT, es capaz de hacer esta afirmación: "Los problemas que tiene ahora la Iglesia católica son problemas de sacerdotes homosexuales que no son capaces de, o no quieren, vivir la abstinencia sexual y por lo tanto intentan disimularlo".
Bueno, el señor Kröber me ha quitado un peso de encima. Yo pensé realmente que sufría una disfunción y veo que no necesariamente. Uf, llegué a pensar que era un bicho raro como sacerdote, simplemente porque alguna noche me desperté empalmado por haber soñado con mujeres y no, como sería de esperar según los media, con niñitos.

lunes, 15 de marzo de 2010

Men (?) in black

Qué quieren que les diga, uno se va haciendo mayor y se percata de quedarse desfasado cuando ve estas cosas, que curiosamente generan comentarios extremos, desde el "qué guay" hasta el "imbéciles"...
(Por si acaso, me cambio la imagen para evitar confusiones)