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lunes, 8 de noviembre de 2010

Reflexiones del día después


Como dijo un colega en el sermón de la misa vespertina, ayer era fácil ser católico, apostólico y hasta romano. Atrás quedaron las preocupaciones de una organización no fácil, aunque en algún aspecto en concreto inexplicablemente (otros escribirían sospechosamente) torpe (¿por qué, si realmente se necesitaban, no se pidieron voluntarios a las parroquias ?). Atrás quedaron las protestas de aquellos que, como era de esperar, no esperaban al Papa. Atrás también aquella gente plural que tuvieron su minuto de prensa y gloria en el acto de la basílica del Pi para repetir su consabido sonsonete (¿se dan cuenta de la facilidad con que por estos lares nos juntamos cuatro y ya somos un "colectivo de..." y hacemos una "declaración ante..."?). Atrás también la inconsciente profesión de ignorancia y la ridícula soberbia del director de la Oficina de Prensa de la CEE, un, como diría mi amiga R.C., pijo cristianito que realmente desconoce lo que es la Iglesia catalana y que, sin embargo, se jacta de conocer la Iglesia universal (¿se habrá empollado el anuario pontificio o se limita a repetir el catecismo españolero al uso?).

Vino el Papa y dijo lo que tenía que decir. Ya en Santiago abrió la boca e hizo pupa. Joan Herrera, campeón donde los haya del más puro dogmatismo de izquierda, ya soltó un ¡ay! en su blog, escribiendo muy serio el día 6 no sé qué de añoranzas eclesiásticas de control social (realmente lo que le ocurre a Herrera es que quiere encerrar lo estrictamente religioso en lo estrictamente privado y no se da cuenta de que, no habiéndolo logrado los soviets allí donde tuvieron el poder, difícilmente lo logrará él con su 6,3% de votos en las últimas generales en Barcelona).

Vino el Papa y dijo lo que tenía que decir. Y hasta quizá algunos pudieron comprobar que ni es un tontaina como lo pintan en cierto programa humorístico de la televisión catalana ni el hombre del saco que refieren, con una connivencia deplorable, tanto algunos "grandes comunicadores" como otros desarrapados okupas.

Vino el Papa y dijo lo que tenía que decir. Y hasta escuchó lo que tenía que escuchar. Lástima que el papamóvil pareciera de allá para acá y de acá para allá una nave supersónica, porque mucha buena gente hubiese agradecido, después de larga espera (estos sí le esperaban) un poquito más de detención (cuando yo digo, como diré, que la batalla es mediática no es por gusto: véase la velocidad a la que avanza el autocar del club cuando celebra el triunfo, hijos de las tinieblas más astutos que los hijos de la luz) y, si era cuestión de tiempo, con podar los discursos de uno y otro (que repetían lo mismo una y otra vez) se ahorraba fácil.

Vino el Papa y dijo lo que tenía que decir. Eso fue ayer. Hoy son los retos. Ayer era la belleza (ohhhhhhhhhhhhh) de la basílica recién dedicada, hoy toca llenarla de piedras vivas. La Iglesia catalana tiene retos mayúsculos. Retos que no se solucionan simplemente con estructuras (como parece proponer Bernabé Dalmau en el último Serra d'Or), sino con decisión y con arrimar el hombro todos. Seguir simplemente invocando unas Arrels cristianes no basta ni sirve. Porque hoy en esta sociedad cada vez más el cristianismo tiene que ser injertado. Porque la savia del pasado pasó (alguien diría que se desperdició y no tendría la razón del todo, pero sí algo de razón).

Si ayer día 7 era fácil ser católico, lo era no sólo pero también porque la televisión se había puesto en marcha. Porque en nuestros días, desengañémonos, la batalla es mediática. La Iglesia catalana o la Iglesia en Catalunya, me da igual, tiene que atreverse a entrar en la liza de los medios. Porque hoy no podemos reducir la alternativa o a confesionalismos que desconocen (prefiero presumir su ignorancia que su malicia) la realidad catalana (tipo Intereconomía) o puro laicismo. ¿De verdad alguien cree que hoy Radio Estel, tal como está planteada su fórmula, es un medio de la nueva evangelización requerida? ¿De verdad alguien cree que hoy Unió es un partido calificable de demócratacristiano? ¿De verdad tiene sentido un Centre d'Estudis Pastorals que sigue con los mismos planteamientos de los años 80? ¿De verdad podemos vivir nuestra fe y transmitirla exigentemente condicionados, como no pocos clérigos y laicos lo están, por el temor de "no nos vayan a calificar de conservadores"? ¿No está en cierto modo la Iglesia catalana atenazada por el miedo a ser radicalmente católica, por el medio a ser una fuerza con un mensaje explícito? No estoy invocando el fanatismo, estoy invocando la coherencia.

sábado, 3 de abril de 2010

Casualidades


Hay que ser muy escéptico, muy arrogante y muy sabihondo para no creer que la inmensa mayoría de las cosas que suceden suceden por pura casualidad.
Hay que ser, por ejemplo, como Manuel Castells quien hoy en La Vanguardia no acaba de creerse que la coincidencia entre los intentos de poner en merecida vereda a la cúpula de los Legionarios de Cristo y los intentos de pringar al mismísimo Papa en la responsabilidad por los asuntos de la pederastia eclesiástica sea una pura casualidad. Yo no sé si la larga mano de LC y Regnum Christi llegan hasta el New York Times, aunque influencia, capacidad de gestión y recursos materiales no les faltan. Castells, como no cree en las casualidades, viene a decir algo así como que el enemigo está en casa y que la iniquidad siempre trata de coaccionar a la justicia. Es verdad que con El Grande algunos podían hacer lo que querían, pero al viejito alemán le ha dado por coger el toro por los cuernos, que no le pase ná. Son casualidades, don Manuel, no sea usted conspiracionista.
También es casualidad, y de la buena, que sólo un par de semanas después de que el nuevo Obispo de Córdoba recordara que las Catedrales son templos católicos y no multiusos, fueran lo que fueran hace casi 800 años y pidan lo que pidan las Juntas Islámicas, a unos "turistas" musulmanes les asalte un inesperado fervor (¿por el ambiente espiritual de las numerosas capillas con imágenes?) y se pongan a hacer sus rezos en la Catedral, antaño mezquita, cordobesa. Y luego van los guardias de seguridad, qué malos son y qué ofensivos y qué provocadores, y les dicen que de eso nada, y ya está liada, qué iban a hacer si no las devotas criaturitas. Y las noticias dicen que uno de ellos llevaba una navaja (pura casualidad, sería para cortar mojama) y dicen que uno de ellos dice que uno de los seguratas le habló en inglés inteligible, que ya es casualidad de casualidades. Lo malo es que va y les toca un juez (probablemente un ultracatólico) de esos escépticos y arrogantes que no cree en casualidades, sino en causalidades, y va, examina el asunto y cree que aquello estaba organizado y, malo él, les imputa a ocho de ellos delitos de diversa tipificación. Y díganme si no es casualidad que El País, al contar la noticia, reitere que "La mezquita de Córdoba fue convertida en catedral en el año 1236 y la Iglesia católica sólo permite rezar allí a su dios", explicación a todas luces necesaria, más teniendo en cuenta que, casualmente y no por otra cosa, todo el mundo sabe que puede exponerse libremente el Santísimo en los templos musulmanes del Magreb. Por si acaso no fuera así, guárdense los lectores de este post, si les da por viajar al norte de África, de dejarse llevar por el ambiente espiritual y ponerse a rezar la coronilla de la misericordia donde no deben, igual da la casualidad que alguien les llama la atención y de poco les iba a servir alegar, por ejemplo, que Constantine fue cristiana antes de que lo fuera la mismísima Salamanca.
Tanta casualidad a mí me tiene, lo reconozco, un poco desorientado, más desde que oigo afirmar a diestra y a siniestra, si no con estas mismas palabras, con palabras parecidas, que si existe algo y no más bien nada, es por pura casualidad.

jueves, 15 de octubre de 2009

Catalunyareligio.cat: una de cal y otra de arena

Acabo de darme un paseíto por el relativamente reciente portal católico Catalunyareligio.cat. En principio, me parece un poco desigual, lo cual no es malo cuando tiene que ver con la pluralidad, pero no es tan bueno cuando tiene que ver con la calidad. Para muestra dos botones.
De una parte, la defensa infumable que Llisterri hace de Forcades. Los amigos están para ayudarse, pero aquí Llisterri, que otras veces se ha mostrado más lúcido, se ha lucido, sacando los estandartes del victimismo y el papus de tenebrosas campañas silenciadoras e inquisitoriales, total para desviar la atención sobre el meollo del asunto, el que la doctora haya efectuado un discurso teológico condicionado por su fidelidad al magisterio feminista, y el que este discurso se haya transmitido alegremente (y oportunamente favoreciendo intereses muy claros) a través del medio televisivo. Hay una distancia, que Llisterri calla, entre la simple "imprecisión" de matiz y el disparate. Sin embargo, hay algo en lo que le doy toda la razón: en Roma no tendrían que haber perdido el tiempo con esto. Si lo han perdido, si ha intervenido la Congregación pertinente, es porque quien tuvo que intervenir en su momento no lo hizo, porque la madre abadesa miró hacia otro lado. Lamentablemente, este no es un defecto exclusivo de quien rige el monasterio de Sant Benet. Muchos son los superiores y superioras a los que hoy les cuesta llevar adelante su labor. En aras de una autonomía y de una corresponsabilidad mal entendidas, prefieren dedicarse a una labor puramente administrativa. La abadesa de Sant Benet no está ahí principalmente para decidir si la cerámica X representa a San Nicolás o a San Severo, sino para mostrar su auctoritas (suponiendo que la tenga, ya que es más difícil de tener que el simple imperium) y haberle hecho ver a Sor Teresa que tal vez conviniese reflexionar sobre una orientación que no se ha revelado buena ni para el mundo, ni para la Iglesia, ni para el monasterio, ni para su propio camino espiritual.
En tiempos de confusión y superficialidad y como contraste con lo anterior, hay que destacar la inteligente reflexión de Andreu ibarz sobre el documento emitido desde Instituto Borja de Bioética Consideraciones sobre el embrión humano. Andreu, a quien conozco y de quien doy fe que posee las infrecuentes cualidades de escuchar con atención y comunicar sin arrogancia, elogia, encomia, incensa el contenido formal del documento. Pero ello no le impide, tratando con respeto (al estilo del Pedro Crespo de Calderón), poner el dedo en las muchas llagas de la sustancia material. Socarronamente pide unas precisiones y/o ampliaciones, cuyo dilatado alcance (algunas son peticiones de principio) sólo es digno del concepto de precisión-imprecisión que maneja Llisterri. En resumen, que Andreu Ibarz hace como quien extiende amigablemente hacia el Grupo Interdisciplinario en Bioética el brazo izquierdo abrazándoles y dándoles unas palmaditas amigables en la espalda, mientras les pega unos merecidos derechazos en los morros. Bien à vous, Andreu.