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lunes, 20 de mayo de 2013

Sacralidad del saber

El Archivo de la Corona de Aragón dispone hoy de una sala de consulta cómoda, funcional, bien implementada, en su ubicación de la calle Almogàvers de Barcelona. Sin embargo, algunos conservamos todavía la nostalgia del antiguo emplazamiento en el Palau del Lloctinent. Porque hay ambientes que, pese a ser poco prácticos, te sitúan en un marco teórico, en una ambientación en la que la dedicación al saber y al conocimiento, especialmente en el campo de las ciencias humanas, de las diltheyanas ciencias del espíritu, se ve acentuada, acompañada, dotada de una especie de sacralidad sustancial que la modernidad con sus automatismos no alcanza a darnos. Todo esto lo pensaba yo mientras contemplaba estas relajantes imágenes de la biblioteca salmantina:


sábado, 4 de mayo de 2013

Héroes


Las situaciones agónicas puntuales generan héroes en nuestra mentalidad colectiva. Hay un heroísmo de la víctima, del deportista, del desahuciado. Los heridos en el atentado, el tenista que logra la hazaña tras horas de partida, la familia que se ve en la calle (y aquí independientemente de que la motivación fuese la mala suerte o que al piso, aprovechando que siempre subían, se añadiera la tele de plasma o el mercedes). Y luego están los héroes propiamente dichos, aquellos que por el bien ajeno en un momento dado afrontan un riesgo máximo, a veces incluso con el resultado de la lesión corporal o de la muerte. Estos, además, suelen tener medalla, prendida junto a la manga vacía o sobre la bandera del ataúd.
No quiero referirme hoy a estos héroes. Entre otras cosas porque, vaya usted a saber qué ocurriría y qué seríamos capaces de hacer, usted o yo, que a lo mejor no nos tenemos por especialmente osados, en una situación extrema. Me refiero a otros, a mis héroes del día a día. A mí, en momentos en que la desgana amenaza con poderme, me va bien recordarlos.
Hoy recuerdo a uno, a Michele. No sé qué habrá sido de él. Compartí con  él algunos ratos en el Policlínico de Nápoles. De esto hace ya un montón  de años. El Nuovo Policlinico era ya entonces una estructura envejecida, había adquirido ya esa dejadez que caracteriza a la ciudad. Durante algunos días atendí (más que nada hacer compañía o algún servicio menor) a un fraile operado del estómago. El Padre A. compartía habitación con un señor al que le habían practicado una intervención de intestino; cuando se levantaba para ir al servicio echaba previamente a sus hijas (una de ellas enfermera). "Si sporca e si vergogna", explicaba una de ellas. Yo esperaba que el señor fuera mucho al servicio, porque al menos en aquellos momentos la habitación quedaba sumida en cierta placidez silenciosa. La hija enfermera, a la que nunca entendí que pagaran por lo que (no) hacía, se entregaba en la habitación a una cháchara interminable y ruidosa, proprio napolitana, con amigos y colegas, de modo que el Padre A., recién operado y dolorido, tuvo ocasión de ejercitar la mortificación y la paciencia. En la cama central se hallaba el tercer hombre, el padre de Michele. Paralizado, sondado, llagado, incapaz de articular una palabra. Sólo dejaba escapar unos gemidos hondos cuando se le cambiaba de posición. Su actividad se limitaba a mirarnos con unos ojos grandes, curiosos e interrogativos, y a hacer sonar un entrechoque de muelas constante, una especie de acto reflejo pautado, un rechinar nada tranquilizador pero que sería tal vez su manera de afirmar que estaba vivo. Michele venía siempre a media mañana, lo lavaba, lo cambiaba de posición, lo afeitaba, le daba pacientemente de comer (no era fácil hacerle engullir). Después comía él, lavaba sus cubiertos y la fiambrera en el lavabo de la habitación, echaba media hora de siesta, estaba un rato haciendo compañía y a las seis partía para su trabajo de vigilante nocturno. Entraba a las siete de la tarde y le relevaban a las tres de la madrugada. Entonces iba a casa, dormía seis horas, cocinaba el pranzo, llenaba su fiambrera y al Policlínico un día más. Aquella era su vida. Los sábados y domingos acudía también al hospital, pero, al no trabajar, podía dedicar el resto de la jornada a actividades tan fascinantes como hacer la compra, la colada y la limpieza. En suma, poco tiempo para charlar con amigotes o perseguir faldas. Día tras día, aquella era su vida desde hacía año y medio. Una vida poco atractiva para un muchacho europeo de veinticinco años. Nunca supe (ni insistí para saber) qué pasó con su madre. Michele sonreía poco y, sin ser descortés, no hablaba mucho. Más que huraño, parecía como si con ello ahorrara energía. Nunca lo oí lamentarse, nunca.
Héroes del día a día. Como lo son los cuidadores a los que en nuestro país también la crisis va a pasarles factura. Tengo para mí que la Ley de Dependencia ha sido, en materia de derechos sociales, el avance más importante que se ha dado desde el franquismo. Sin embargo, pronto la veremos moribunda y agonizante.
Michele, estés donde estés, gracias. 

sábado, 13 de abril de 2013

Teresa Forcades, individualismo en estado puro


No, señor, no hay derecho. Ya sé que la revista Serra d'Or hace tiempo que bajó el nivel. Hojeen ustedes un ejemplar actual y compárenlo con uno de hace veinte años. Se ha vuelto una revista light. En realidad, es el propio monasterio de Montserrat el que se ha vuelto cultural, eclesial y espiritualmente light. Hace treinta, veinticinco, veinte años, contaba con monjes intelectualmente muy preparados, especialistas de mérito. Hoy intelectualmente vive de la inercia; desprovisto de dinamismo, es hoy un heredero que dilapida las posibilidades del rico patrimonio que sus antecesores le legaron. Entre los monjes de Montserrat hoy no será difícil encontrar un tertuliano para un debate televisivo, pero les costará encontrar a alguien capaz de provocar una chispa de impulso espiritual. El último número de Serra d'Or nos ofrece (y de ahí toma portada) una entrevista-masaje a Teresa Forcades con el título de: Teresa Forcades, llibertat en estat pur (libertad en estado puro).  No sabemos qué conceptos de libertad y de pureza maneja el entrevistador. El título es tan ajustado como lo es en el contexto publicitario el manejo de palabras similares. Teresa Forcades es tanta libertad en estado puro como pueda serlo un Audi, el Red Bull o el iPhone5. Hay que vender, eso es todo.
Una consideración seria del pensamiento que Forcades viene expresando hubiese llevado al entrevistador a titular como titulo yo este post. Confundir el individualismo con la libertad muestra el nivel en el que acríticamente se está moviendo mucha gente fascinada por el fenómeno de la monja todoterreno. Teresa Forcades no es sólo de formación teológica protestante, sino que en realidad es protestante o, mejor dicho, presenta una fachada protestante, una sintonía que aparece cercana al protestantismo liberal. Lo revela su imposibilidad de sentire cum Ecclesia, su concepción deformada de la vida religiosa (ya no digamos de la vida religiosa contemplativa), su antropología cada vez más a-teológica. TF parte de un feminismo que condiciona su teología, que lo es todo menos liberador. Dios es manejado como un argumento a posteriori, como algo manipulable en orden a justificar las propias aseveraciones. Detrás del fenómeno Forcades emerge la carencia de un acompañamiento espiritual serio, con una Superiora (y buena parte de la comunidad) que se siente en inferioridad intelectual y que, por tanto, es incapaz de ejercer el rol de autoridad (incluso de "maternidad", si se quiere) que la mismísima Regla benedictina le otorga. No hay que esperar ninguna intervención desde su comunidad. Como no hay que esperarla desde el Abad del monasterio quien, cómodo en su no inmiscuirse y respetar la autonomía, no dirá una sola palabra que pueda ni de lejos cuestionar a quien se está convirtiendo en un ídolo de la contestación preterreligiosa, del catalanismo joven y del cristianismo guay. 
Que esta mujer haga apostolado del chavismo, pues eso, libertad en estado puro. Que defienda que en el independentismo está la salvación como otros defienden con uñas y dientes que extra Hispaniam nulla salus, libertad en estado puro. Que ciertos postulados de TF concuerdan, en sus efectos, con los de la cultura de la muerte, libertad en estado puro. Que sus planteamientos femenino/masculino son un puro calco de la ideología de género, libertad en estado puro. Pero del otro lado están los terribles opresores, los verdugos del pensamiento, la derechona eclesiástica. Me refiero a esas voces intolerantes que están pidiendo su secularización a partir de su implicación política. Sinceramente, un servidor, outsider confeso, sería más partidario de presentar una reclamación a la Oficina del Consumidor. Nos venden a una monja con su hábito, su toca, su carné de benedictina. Tal vez en el pasado lo fue, hoy es sólo una máscara, un disfraz de carnaval, una publicidad engañosa, marketing éticamente dudoso. Pero si le quitamos eso, ¿qué quedará del fenómeno? ¿Cuánto tiempo hace que oyeron hablar por última vez de Leonardo Boff? Pues, eso, que no hay derecho, qué malos son esos que piden su secularización. En realidad, Miró y compañía deberían dejar fluir sus pasiones patrióticas y pedir que se conceda a TF la Creu de Sant Jordi.

viernes, 29 de marzo de 2013

Pensamientos de PP



La proclividad a la compasión no fue nunca una de mis cualidades. La ley no sabe de compasiones, bastante tiene con tener que habérselas con ese principio débil que es la equidad. Pero ahora tengo a este tipo desconcertante ante mí. Tengo frío y sueño. Mala cosa amanecer con problemas. Mala cosa tener que habitar en esta tierra inculta, en la amargura de esta ciudad lejana, careciendo de una conversación medianamente decente, sin espectáculos que valgan realmente la pena. Y encima tengo que estar entrando y saliendo, cosas de la superstición de estos palurdos, que me veo obligado a respetar pro bono pacis. Estoy cansado, cansado de las diligencias, de las decisiones. Sin embargo, tengo que seguir, interrogo, inquiero. Es la ley, mi tarea. Pero este tipo, como he dicho, me desconcierta, mezcla de manera extraña la arrogancia y la humildad. Ni siquiera protesta su inocencia, no se desespera, no suplica clemencia. Tiene algo de desafiante. Interrogarle me hace sentir como un plebeyo, como un esclavo de las circunstancias, como un mecanismo, un instrumento. No puedo, no quiero pensar en eso. Así que buscaré despreciarlo, al pobre diablo, y después, si consigo convencer a esos bárbaros de fuera, lo mandaré a su casa, con los suyos, que les cuente a ellos domésticamente sus locuras, sus sueños de rey. Me mantendré en mis trece, pondré en juego mis habilidades, mi técnica, mi saber hacer, saldré y acabaré con esto, pero antes le diré algo a este loco (no es más que eso, un loco visionario, no entiendo cómo pueda preocuparles tanto a esos de fuera), por si puede entrar en la única razón existente, le espetaré a bocajarro, por si puede captarlo con sus entendederas perturbadas:
- Y, ¿qué es la verdad?

miércoles, 27 de marzo de 2013

Mi gozo en un pozo


A veces uno se da cuenta que, desde la vida regular, se encuentra menos enterado de lo que pasa en el mundo de lo que cree. Comentaba yo gozoso hace unos días con un sacerdote del arciprestazgo que en los últimos meses en nuestro barrio han cerrado 3 puticlubs de los de toda la vida, o sea de los que llevaban décadas funcionando. Será cosa de la crisis, nos decíamos. Había que alegrarse no sólo porque descendiera el número de los pecados de la carne, sino también porque, digan lo que digan los/as liberales, en tal intercambio económico subyace generalmente una explotación de la mujer.
Santa inocencia. En realidad, resulta que la demanda no ha disminuido, sino que se ha desplazado. Me lo dijo mi descreído amigo J.Q.:
-Han cerrado porque no pueden competir con las peluquerías chinas.
-¿...?
-En los masajes que ofrecen se puede pactar discretamente con la chica, mediante pago de suplemento, un "final feliz".
-¡...!
-No hay que andar costeando innecesarias copas fraudulentas y teóricamente entras ahí para que te alivien la tortícolis, y alguna vez hasta te la alivian de veras, pues algunas tienen buenas manos. Todo son ventajas.
Iluso de mí. Paso casi a diario delante de uno de tales establecimientos. Y es verdad que alguna vez me extrañó ver a señores esperando pacientemente en cómodos sofás y rara vez sentados en los sillones de cortar el pelo. Y yo que atribuía las minifaldas de las chinitas peluqueras a una personal inclinación por el manga o algo parecido, cuando resulta que se trata simplemente de una especie de visual merchandising, rayos y truenos. 

domingo, 24 de marzo de 2013

Vivir en cristiano y en católico

Retomo el blog después de un tiempo de confusión y de sorpresa. Fue para mí, lo confieso, una sorpresa la renuncia del Papa Benedicto. Tal vez un día, dentro de unos años, alguien revelará la verdadera magnitud de las circunstancias que le empujaron a tomar la decisión; ciertamente tiene sus años y los achaques consiguientes, pero uno no deja de sospechar que ha habido también motivaciones en la actualidad inexplicitables. Su combate por la verdad y la belleza de la fe, su esfuerzo en favor de la inteligibilidad y la razonabilidad del vivir en cristiano y católico, no gustaba a quienes desde la soberbia atea cientificista pretendían (y pretenden) presentar a la Iglesia como un rebaño de ignorancia oscurantista, ni tampoco a quienes, carboneros teólogos fideístas no menos soberbios, sueñan con una Iglesia de simplones que compartan su propia perspectiva clamorosamente reduccionista. De mí sé decir que en todo discurso, escrito u homilía de Benedicto XVI he aprendido siempre algo, algo siempre luminoso, provechoso, nuevo. Algo muy distinto de la acostumbrada cantinela de siempre (no por verdadera menos repetitiva) que uno se encuentra, por ejemplo, en los documentos de la Conferencia Episcopal Española.
Luego vino la sorpesa de la elección del sucesor. Un latinoamericano jesuita. Confusión. A bote pronto, la deconfianza sanedrítica de que pudiera salir algo bueno para la Iglesia universal de tal combinación. No soy un papista de entusiasmo fácil, qué quieren que les diga. El primer discurso sonó firmemente cantinelero, más con su compatriota Karcher sonriendo mientras sostenía el micrófono. Después, sea por la mención a los pobres, por detalles antiprotocolarios y por otros motivos que se me escapan, los medios rivalizaban en darle coba. Mala cosa, pensé, cuando hasta El País parece alabarle.
Últimamente las cosas van poniéndose en su sitio. En cuanto el Papa Francisco, en continuidad con su predecesor, ha hablado de la dictadura del relativismo, se acabó la coba. Además, ya van algunas referencias al Maligno (hoy mismo, sin ir más lejos, en la homilía de este Domingo de Ramos). Esperen cuando se refiera al concepto unívoco de matrimonio o a la defensa de la vida desde la concepción. Buscarán entonces, los mismos que ayer le daban la portada de la sonrisa, cargarle con el peso pesado de la cruz. No importa. Lo ha dicho el mismo Papa: la cruz de Cristo, abrazada con amor, no conduce a la tristeza sino a la alegría.

Dominus te in aeternum custodire et protegere dignetur, et christianum atque catholicum vivere faciat... (despedida de una carta de San Paciano a Simproniano).

viernes, 15 de febrero de 2013

Jesuita, jesuita, non ibat Jesu(s) ita

Con toda la desconfianza que haya provocado en determinados momentos históricos, la Compañía de Jesús se había caracterizado a lo largo de los siglos por tener cierto prestigio en el área de la formación. Un sacerdote jesuita era alguien que había estudiado durante largos años rigurosa y cabalmente. Sin embargo, ciertos jesuitas mediáticos están últimamente empañando esta imagen tradicional, aun siendo algunos de ellos profesores universitarios (si esto con el leño verde...).

Un ejemplo palmario es para mí el midrash de Jesús en el desierto que ha "transcrito" Juan Masiá. No entro en el terreno doctrinal, pues no soy teólogo ni hijo de teólogos. No soy más que un simple religioso sacerdote, incapaz de profundizar en el estudio sutil que se requeriría para juzgar este texto, aunque sin duda el caso del Jesús midrashizado a mí me parece, en mi asumida ignorancia, que es un caso digno de que el protagonista del relato pasara una temporada con visitas programadas al psicoanalista, lo que no podría admitirse sin tener, Dios nos guarde, por blasfemo al escritor. No entro, pues, en el fondo.
Pero en la forma sí, porque no se entiende que alguien que lleva más de 40 años de profesor universitario redacte de una manera tan penosa. Y, si cabe, se entiende todavía menos en un jesuita. Juzguen ustedes mismos:
"...el exceso de meditación le provocó náuseas de estómago y alucinaciones de cerebro".  Estas cosas suelen ocurrirles, con meditación o sin ella, a la gente que sube para arriba o que cae hacia abajo. Claro que igual nos equivocamos y estas precisiones son obligadas. Habiendo sido director de una cátedra de Bioética, puede que este jesuita haya tenido que conocer náuseas del meñique o alucinaciones del trasero.
"Tuvo pesadillas angustiosas". ¡Esto sí que es insólito! Lo corriente, como todo el mundo sabe, es que teniendo pesadillas uno se lo pase en grande.
"...la extraña figura se metamorfoseó en un dragón con tres cabezas: la de un emperador coronado, la de un pontífice magno tocado de mitra, y la de un político corrupto de derechas (Ap13)". Ostras, Pedrín, con lo que sudábamos cuando teníamos que predicar sobre el capítulo 13 del Apocalipsis, con sus dos bestias-monstruos del mar y de la tierra. ¿Cuántos exegetas no se habrán quemado las pestañas en largas noches de estudio y no fueron nunca capaces de atinar en lo del político-corrupto-de-derechas, sobre todo teniendo en cuenta que lo "de-derechas" debe ser también para la cabeza, como la corona o la mitra de los otros dos? Si no es así, digo yo que hubiese sido más pertinente escribir "un político de derechas corrupto". 
"Salió a la intemperie". El Lucas del evangelio que todos conocemos es mejor narrador que este médico del midrash, hasta el punto de que en el evangelio cuando Jesús sale, sale de alguna parte. Aquí, salir sólo pudo salir del desierto, único sitio en el que previamente se había adentrado. Pero salir del desierto a la intemperie tendrá alguna interpretación que a los obtusos se nos escapa.
"Bebió del escaso hilillo que brotaba entre las rocas y se lavó la cara". Suponemos que el hilillo era de agua (el vino, al que se refiere al final, lo tendría guardado para mejor ocasión). De todas maneras, hace bien en decir que el hilillo era escaso, no sea que el lector crea, en la estupidez que se le viene presumiendo, que era un hilillo copioso y abundante.
"Esta vez el sueño fue sereno. Pasó la nube. Soñó que dormía como Jacob". Soñar que uno duerme explica la serenidad. Pero esta nube tan determinada nos intriga. Como nos puede intrigar por qué razón sinrazón se llama la Ruah y no, como se ha llamado toda la vida de Dios, el Espíritu a esa fuerza irresistible que impulsa a Jesús, si estamos ante un midrash en castellano y no en hebreo. En general, tendemos al pronunciar estas cosas a aspirar la hache final, con lo que convertimos al Espíritu en una onomatopeya de esas náuseas de estómago que dice el autor. 
En fin, queridos lectores, cuídense mucho, que ustedes no son como Jesús y a ustedes las tentaciones les suceden en la dura realidad de la vigilia, no en sueños o medio en coma. Cuídense especialmente de los ayunos que debilitan y no se excedan en las meditaciones, porque, total, cuando puso rumbo a Galilea, Jesús no fue para decir: "Convertíos y creed en el Evangelio" (extrañas interpolaciones que nos tragamos los ignorantes), sino "amigo soy, soy vuestro amigo"... 



jueves, 31 de enero de 2013

De cómo el CEP “trabaja” el tema de la espiritualidad

 
El Centre d’Estudis Pastorals de las diócesis catalanas ha elaborado un opúsculo bajo el título L’espiritualitat de la comunitat cristiana. Guia de bones pràctiques. La obrita se presenta como el fruto del trabajo recientemente realizado por esta entidad al servicio de las diócesis catalanas.
La parte más amplia (“muy importante”, dicen ellos) de la obra es un conjunto de 29 “experiencias” recogidas como ejemplo y sugerencia. De entre ellas, una experiencia sin duda positiva nos asombra por su simplicidad. Lo sencillo es sin duda lo mejor, más si se compara con otros inventos más complejos y arriesgados. Esta experiencia (la número uno) es tan simple como mantener abiertas las puertas de un templo de ciudad desde las 8 a las 20 h. Las prácticas más habituales reseñadas son, sin embargo, las relacionadas con el estudio y la meditación orante de la Palabra de Dios (Grupos de Biblia y liturgia, vigilias de oración, grupos de oración, etc.). Sin duda, son importantes, pero tienen poco de novedoso. En mi parroquia de origen funcionaban ya hace 25 años. Desde luego es algo que no pierde actualidad, pero hay que reconocer honradamente que algunas de estas “experiencias” o “buenas prácticas” no son un invento del CEP, sino que existían al margen del CEP desde hace años (e, incluso, perdóneseme el atrevimiento, pese al CEP). Otras propuestas combinan la oración con el arte musical. Otras prácticas son tan tradicionales como un Pessebre Vivent, o un Viacrucis con textos actualizados. Otras buscan conectar espiritualidad cristiana y naturaleza (un Aplec en una ermita, una romería, etc.). Parece que algunos incluso han redescubierto, oh, oh, el fuego de campamento, eso que se hacía cuando yo era pequeño (cuando había fuegos de campamento por doquier, en invierno y en verano, y no se quemaba nunca ni un puñetero palmo cuadrado de bosque). No faltan propuestas psicodélico-jesuíticas (lectura de la Biblia a través de la simbólica y la psicología junguiana), que me guardaré mucho de comentar porque mi categoría intelectual está muy por debajo de la requerida para aventurarse en la profunda incursión en la Trascendencia que los participantes (no digamos ya los animadores) alcanzan en tales prácticas, sea en la vertiente bíblica como en la onírica o en ambas a la vez. Algunas se centran en preparar la Eucaristía del domingo.
Pero hay una muy especial que merece nuestra atención, en cuanto que no es preparación sino propiamente la “Eucaristía semanal” en una Parroquia relativamente céntrica (en cuanto no periférica) de Barcelona.
Allí han conseguido una experiencia altamente significativa: “una verdadera comunidad de cristianos”. Arrea, menos mal. Ríase usted de las comunidades neocatecumenales, de las religiosas o de las comunidades parroquiales o diocesanas. Nada, nada. Todo eso son sucedáneos descafeinados, comparados con la “verdadera comunidad de cristianos” que ha conseguido, por fin, una Parroquia barcelonesa gracias a las buenas prácticas de su Eucaristía semanal. Para empezar, logran reunir a entre 50 y 60 personas. No sé qué decir. Yo celebro dos misas dominicales en mi parroquia y ninguna de las dos es la misa “mayor”, la del mediodía. No obstante, si en las peores circunstancias, (pongamos un domingo de agosto, por ejemplo) sólo reuniera en una de las dos entre 50 y 60 personas, creo que me darían ganas de tirarme del campanario. Hombre, no sería para tanto, pero sí para, al menos, revisar en qué estoy o estamos fallando pastoralmente. Sin embargo, en la Parroquia de las buenas prácticas esto se expresa como si fuera una hazaña.
Aclaremos desde el principio: en la descripción de esta práctica calificada como “Eucaristía semanal” no hay ninguna referencia a la liturgia eucarística. Ni en esta ni en ninguna de las presentadas por el CEP. Será que en la espiritualidad de la comunidad cristiana ni la celebración, ni la piedad, ni la presencia eucarística tienen relevancia. Pero sigamos. Explícitamente se indica que lo que interesa es, en la misa a que nos referimos, la celebración de la Palabra. La gente va llegando, se saluda, se cuentan las cosas y luego se empieza. Y se empieza con el cura sentado también en uno de los bancos. Tal vez no tiene un buen respaldo en la sede para repantigarse a gusto. O tal vez crea que esto es más comunidad, aquello de soy-el-cura-pero-soy-como-los-demás. No sé si el hábito hace al monje, pero el asiento desde luego no hace necesariamente al humilde. Hay sacerdotes que nos llenamos la boca de la palabra democracia, somos-uno-más, etcétera, y luego resultamos auténticos tiranos.
La paz se da después del perdón y dicen que es un “rebombori” (=jaleo) general muy bonito (¡venga jarana!). “La liturgia de la Palabra es el momento más fuerte...Como es normal, el sacerdote tiene una parte importante y tiene que tener la capacidad de no mandar y dejar hacer...Las peticiones son un momento muy importante...El padrenuestro es otro momento muy fuerte. Hacemos uno o dos círculos, cogidos de la mano y lo cantamos.” Como decíamos, no hay una sola mención a la liturgia de la eucaristía. Al parecer, la plegaria eucarística, la presencia real, la comunión sacramental son momentos menores que no contribuyen suficientemente a “hacer comunidad”. Vamos a ver. El conocimiento mutuo de los integrantes de una parroquia y en particular de los que participan en una celebración es deseable, encomiable y plausible. Lo que no se entiende es la necesidad de manipular desmañadamente las ceremonias de la iglesia para conseguir tal objetivo. Una celebración eucarística es algo más que una reunión de amigos, es algo más que un lugar de acogida de corazones solitarios necesitados de consuelo o socialización, hay Alguien que no puede ser olvidado y que ha de ocupar un lugar central. Si ese Alguien no es el primerísimo protagonista, eso no es una “verdadera comunidad de cristianos”.
El remate, la guinda final, no tiene desperdicio: “A veces se nos une un musulmán muy amigo nuestro que dice que por si acaso yo estar con Mohamed y con Jesús”. Por si acaso, habría que sugerirle al señor párroco que incluyera en esta buena práctica el postrarse cara a la Meca, porque sería algo muy bonito, muy solidario y podría ser, bien mirado, también un momento muy fuerte.
A mí sólo se me ocurren algunas preguntas:
¿Alguien podría explicarnos algún día el por qué se mandan sacerdotes a Roma a que pasen varios años haciendo postgrado de teología pastoral para que al final el Centre d’Estudis Pastorals de les diòcesis catalanes nos sugiera “buenas prácticas” de este tipo?
¿De verdad necesitan las diócesis catalanas un Centre d’Estudis Pastorals con estas características? Si se van a mudar de calle Rivadeneyra, ¿no sería ya el momento de que la Conferencia Episcopal Tarraconense replanteara su orientación?
Si una parroquia barcelonesa declaradamente y negro sobre blanco manifiesta orgullosamente que en su celebración dominical se respetan poco las normas litúrgicas, ¿no debería alguien, sea el arcipreste, el vicario episcopal o Su Eminencia Reverendísima tomar cartas en el asunto?
¿Cuándo se darán cuenta los escolapios de que, aunque les parezca sentir un calorcillo de estar “haciendo comunidad”, lo que realmente se están haciendo es un harakiri con anestesia?