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viernes, 18 de noviembre de 2011

Vivencias, contra la niebla del dolor



Entre las revistas que se amontonan pendientes, aguardando un día de imposible pausa, me detengo hoy en Vivencias. Nació la cosa hace veinte años por impulso de un voluntario en Wad Ras (Hilario Ruiz de Gauna, que el Señor tenga en su gloria, cristiano y buena persona de pro), alguien que no se resignaba a que no se pueda hacer nada por nadie y que, desde su condición de profesor jubilado, decidió hacer algo. Impulsada por él, nació allí una cosita humilde que se llamó en principio Enfermería Cultural de Wad Ras (sic). Hoy se llama Vivencias - Revista de les preses i presos de Catalunya. Tengo en mis manos el número 168, de hace unos meses, 36 páginas en las que hay un par de dibujos y muchas, muchas palabras, de unos sesenta presos-as, muchas palabras que hablan de sueños, de libertad y, sobre todo, de amor. En definitiva, de todo aquello que en la prisión se vive como carencia.
En Vivencias hay mucho arrepentimiento, mucha soledad, muchas heridas, pero también una pizca de ilusión y de esperanza. Parece que el escribir ayuda. Que así sea. Me quedo con una frase de alguien que firma A.B. desde Quatre Camins, un estribillo dirigido a todo aquel que sufre:

"No olvides nunca que la niebla siempre se disipa".

jueves, 17 de noviembre de 2011

Dolorosa belleza (Tarkovski)

Tan hermoso como inquietante...



jueves, 10 de noviembre de 2011

Nostalgia de la muerte



He conocido en mi vida varias personas que tenían una extraña nostalgia de la muerte. Esta nostalgia sólo podía ser expresada confidencialmente y escuchada desde el respeto y la acogida. No hablo de suicidas potenciales. Ninguno de ellos, ninguna de ellas, se hubiera atrevido a quitarse la vida, pero tenían un profundo deseo de morir. Consideraban cerrado su libro, sin nada más que escribir, consideraban todas sus tareas ya cumplidas, sin nada que fuera posible proyectar ilusionadamente. Tal vez todas esas personas padecían alguna dolencia, pero no se trataba de enfermedades necesariamente invalidantes o que implicaran un estado de sufrimiento continuado. Tampoco adolecían de una acumulación de problemas personales de difícil solución. Aunque detrás de estas actitudes afloraba un pesimismo existencial, no se trataba tampoco de un escepticismo nihilista: la mayor parte de ellos/as eran creyentes. Hablo de "nostalgia" porque cuando se referían al más allá, allí donde querían ir ya, sin más demora, lo hacían como si hablaran de un lugar conocido, propio, familiar. Y, aunque no poseían la pulsión del "no puedo más" propia de la desesperación, sí percibían su paso al otro lado como una liberación de un cierto "taedium vitae" arraigado no en el hartazgo del sinsentido, sino en la convicción de haber recorrido ya todo el camino posible, todo el que a ellos les competía hacer. Y, además, repito, afloraba en sus palabras una esperanza aparentemente serena.
En casos así uno se contenta con escuchar pacientemente, porque detrás de la verbalización hay un inconscientemente aplacado deseo de seguir viviendo, que requiere ser encauzado sin prisa y con detenimiento hacia mostrar el valor que uno tiene para los demás, es decir, hasta qué punto queda todavía tarea por hacer si no claramente en favor de uno mismo, al menos en favor de los demás. Si la persona llega a percibir que se la necesita, recibe un cierto alivio y pacta con ella misma que tal vez todavía quede algo por hacer. Ello no significa que la nostalgia no vuelva a presentarse recurrentemente y que no haya que volver a empezar, aunque nunca se empieza ya desde el mismo lugar.
No sé por qué noviembre me conduce a estas reflexiones tan serias en un blog en el que siempre he tratado que no falte cierto sentido del humor. Será por eso que llaman el "mes de los muertos", por la conveniencia de cuando en cuando de recordar que un día también nosotros pasaremos al otro lado y para hacerlo no desde la desvaloración de nuestro presente, pero sí al menos desde la adecuada relativización de cosas a las que a veces otorgamos una importancia excesiva. En fin, avivemos la esperanza de que si un día cruzaremos hacia un "mejor", esa mejoría hay que abordarla sin nostalgias y prepararla desde nuestro hoy cotidiano.
Acabemos con una canción, una de mis preferidas en mi versión preferida, una canción de amor (¿qué canción no lo es?), pero que habla también de cruzar fronteras y de que al otro lado aguarda una felicidad que desde la esperanza empieza ya a saborearse.




lunes, 7 de noviembre de 2011

Una "predicación" made in USA

Un ejemplo de cómo transmiten el mensaje algunos evangélicos en Estados Unidos.
El "predicador" es Blaine Hogan (su cara os sonará como actor de telefilm), perteneciente a la Willow Creek Church.

(si ponéis pantalla completa, tal vez es más cómodo, especialmente para los gafotas como yo)



domingo, 16 de octubre de 2011

Pobre, sucia, triste, desafortunada patria



Es costumbre en mi Orden que cuando un español pasa por Roma lleve una botellita para goce y disfrute de la comunidad donde se aloja. Años atrás se solía llevar Fundador, que era lo que conocían, les gustaba y les bastaba. Con los años han ido aprendiendo y hoy, si se presenta uno con una botella de, por ejemplo, Torres 10, los hermanos italianos te recuerdan, amable, fraternal y un tanto socarronamente, que allí en Roma lo que pega son los cardenales, especialmente un tal Mendoza. Últimamente he resuelto el problema substituyendo el brandy por la catalana ratafía, la cual no suscita en los paladares italianos otro comentario más que el remoto parecido, en plan más suave, con su nocino. Y, además, es un modo de hacer país, un país que cada día está más embrollado.
Los errores se pagan. Los padres comieron agrazones y los hijos sufrieron dentera. Mala cosa cuando nuestra desmemoria nos empuja al victimismo. El tándem Roca-Pujol rechazó en el momento constitucional el concierto económico. Los padres de la patria catalana de la transición tenían tan poca fe en el país que vieron en el concierto un riesgo y no un chollo, oh sí, ¡estaban locos aquellos vascos! Pujol nunca fue económicamente un genio. Hoy toca mendigar o ir reduciendo calidad de vida o ambas cosas...
Desmemoriados todos, también los del otro lado del cuadrilátero, los que hoy sí y mañana también van repartiendo coces centralistas, los que dicen que ya está bien, que cómo va a funcionar nada con diecisiete parlamentos, gobiernos, etc. También esos se quejan de la dentera, olvidando que proviene de las uvas agrias que comieron los padres. Porque esos son los directos descendientes ideológicos de aquellos que, buscando desactivar identidades gallegas, vascas o catalanas, dijeron que nones, que café para todos y si son diecisiete, diecisiete. Luego ha resultado que quien más, quien menos, se ha servido café, copa cardenalicia y puro habano. Ahora se pelean para que la cuenta la pague el de al lado.
El alcance de mi conocimiento económico es muy limitado y tiene que serlo porque no estoy en el siglo. Los seglares sabrán de estas cosas más que yo. Pero sí sé que comemos tomates de Holanda, que me hago limonada con limones argentinos, que la uva del postre viene de Chile, la leche del desayuno de Francia, que estoy tecleando en un ordenador made in China y que en el mismo lugar fue fabricada la regleta del enchufe donde enchufo, que visto unos pantalones fabricados en Bangla Desh y una camisa clergyman que viene de Polonia, que me sueno la nariz con unos pañuelos de papel alemanes y que tomo un medicamento de patente suiza.
En este enmarañado mundo no es extraño que a veces tenga la sensación de percibir mi patria chica como cada vez más pobre, más sucia, más triste, más desafortunada. Mi patria chica es cada vez más chica. La achican los cerrados de mollera, tanto los de los Països como los de las Españas. Y no hay recetas mágicas para los tiempos de vacas flacas, por mucho que unos se indignen mucho. Desde mi limitación y desde mi celda no veo otra salida que la internacionalización y trabajar como chinos.
Me refiero no a un paseo garantizado, sino a la internacionalización arriesgada y productiva, no la de abrir oficiales Delegaciones exteriores difícilmente útiles, frecuentísimamente desiertas y que demasiadas veces sirven sólo para colocar a amiguetes. Arriesgarse es lo que hizo ese catalán que, en tiempo de crisis, se lanza a comprar empresas en la mismísima Norteamérica, primero una chiquita y después una grandota. El jefe se ha vuelto loco, decían sus propios directivos. Pero por lo que sé ahora mismo esa empresa es, entre las del Ibex 35, una de las que más ha subido de valor en Bolsa en lo que va de año, y, lo que es más importante, no ha despedido a nadie de aquí.
Me refiero no tanto a trabajar veinticuatro horas diarias como a trabajar bien. Un chino inventa poco y difícilmente será pionero de nada, pero cuando aprende a hacer bien un trabajo lo hace bien siempre, con una normalidad que a nosotros puede parecernos incluso exasperante. Este verano, por circunstancias que no vienen al caso, comí algunas veces fuera de casa. Dos de ellas, con siete días de intervalo, en un bar restaurante gestionado por chinos. La persona que servía las mesas sonreía siempre. El segundo plato, en un menú de 8,50 €, fue una generosa sepia a la plancha increíblemente buena, bien presentada, parcialmente loncheada, en su punto justo de cocción, bien aderezada; nada tenía que envidiar (incluso superaba) a la que pueda comer usted en barcas salmantinas en el Puerto Olímpico. Y además un día y otro idénticas en excelencia (¡parecía la misma sepia!). En mi patria esta virtud que alguna vez caracterizó a los indígenas se ha ido perdiendo. Hoy entra usted en unos almacenes, se dirige usted a una empleada (suponiendo que tenga suerte y no esté hablando con el novio por el móvil), le pregunta por el precio de un artículo y, mirándole como si hubiera usted cometido el atroz delito de haber invadido su modorra y su ocupación en otras cosas, le señala hacia su compañero que está a 10 metros atendiendo a otros sufridos clientes, "le mirará el precio mi compañero que está en el terminal"; no hay mejor modo de motivarte para que vayas a comprar a otro sitio y que te preguntes si lo justo no sería añadir merecidamente una persona más a los muchísimo parados de este pequeño país. Duele que estos modos de proceder, este know-how al revés, vaya siendo cada día menos excepcional, que predomine, respecto a la calidad de productos y servicios, el "tente mientras cobro", el "para quién es y para lo que paga" o el denostable "si pasa, pasa". Trabajar como chinos. Recuérdenlo la próxima vez que se sientan ustedes muy indignados o que se sienten a una mesa y un camarero carilargo les ponga una sepia de esas que quebraría las cuchillas del minipimer.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Forcadéeeees (Un cover particular)

Esta, pese al tiempo que llevaba en You Tube, ha sido por estos pagos catalanes como la canción del verano que se acaba gracias al uso patriarcal de Jordi Pujol:




¿Qué queréis? Tengo ganas de empezar el curso de buen humor, disculpadle esta irreverencia nada malintencionada a este Outsider (ay, modestia aparte, qué eminencia perdió el mundo de la farándula cuando dejé el siglo):

Forcadéeeees

Jo que en lloc de la senyera

porto sempre la bandera

amb la creu de Borgonya ben llampant.

Jo que tinc una erecció quan sento Rouco Varela

que és d’Espanya el gran cardenal.

Jo que trio sacerdots del Lumen Dei per fer els meus exercicis

espirituals.

Jo que tinc a l’escriptori la foto del Pare Apeles,

una estampa i un detente

i els goigs en llaor de Sant Honorat.

Jo que sempre he estat

un bon tradicionalista

ara m’he enamorat

d’una monja feminista,

oh Forcadéeeees,

casaré gais i bolleres per tu,

oh Forcadéeeees,

diré missa amb pega dolça i vermut,

i lluitarem

pel nostre amor prohibiiiiit,

oh Forcadéeeees.

Jo que escolto tot lo dia per ràdio Ràdio Maria

i no trago ni en pintura els pijos

de Ràdio Estel,

i que em van les casulles de guitarra,

el llatí, les quaranta hores,

i el mes de Sant Josep.

Jo que em sé de pe a pa Syllabus i profecies,

i el catecisme explicat de Claret.

Jo que porto l’oriamendi com a politò del mòbil,

i em faig d’Aigua del Carme el carajillet.

Jo que llegeixo el cigüenya

i em confesso amb el Fortea

i predico molt bé de l’infern.

Jo que sempre he estat

un bon tradicionalista

ara m’he enamorat

d’una monja feminista,

oh Forcadéeeees,

denunciarem de les vacunes els fraus,

oh Forcadéeeees,

llegirem junts el Gonzàlez Faus,

i lluitarem

pel nostre amor prohibiiiiit.

sábado, 16 de julio de 2011

Echar cuenta del empleo del tiempo



Traducción libre (y un poco torpe) de un "Soneto muy espiritual y devoto sobre el buen empleo del tiempo" escrito por un religioso francés en el siglo XVIII:

De los años pasados el tiempo pide cuentas

y he respondido que echar cuentas requiere tiempo,

porque aquel que sin cuenta pierde tiempo y más tiempo.

¿cómo, sin quedar tiempo, podría rendir cuentas?


El tiempo ha rechazado el aplazarme las cuentas

arguyendo que mi cuenta ha rechazado el tiempo;

no habiéndolo empleado cuando aún había tiempo,

en vano pido ahora tiempo para dar cuentas.


Oh, Dios, ¿qué cuenta puede retornar tiempo al tiempo?

¿Qué tiempo bastaría para tan grandes cuentas

a quien sin cuenta alguna derrochó tanto tiempo?


Ay, presionado en firme por el tiempo y las cuentas,

entrego el alma sin poder dar cuenta del tiempo

pues el tiempo perdido no vale a fin de cuentas.



El original, aquí.

sábado, 9 de julio de 2011

El Ciervo, en babia

Soy un lector extraño. Empiezo La Vanguardia por la última página, por la Contra de la contraportada. Después Calvin & Hobbes (me gusta comprobar la nueva traducción, a menudo bastante peor, de las antiguas tiras), después Las cartas al director y luego los titulares. Hoy me encontré en la Contra con la Roser Bofill y, por supuesto, tres cuartas partes van de El Ciervo.

El Ciervo fue una ventana abierta durante años. Aquel formato grande, aquellas páginas gruesas en tiempos de la transición y en los primeros ochenta... Fui suscriptor e incluso, en un tiempo de campaña para salvar el trote del animalito, llegué a ser hasta accionista (es un decir, porque quince mil del ala tampoco eran un capitalazo). Después me alejé, porque uno se mueve y vive y, en cambio, El Ciervo desdichadamente se quedó ideológicamente petrificado. Pocas sorpresas en la entrevista de hoy. Pura repetición, una cierta nostalgia. Tuvo su tiempo, que no es éste. Lo mejor que podría haber hecho Bofill (Gomis era menos periclitado, porque tenía talento) es dejar paso hace tiempo. Tal vez gente más joven, más inquieta, menos de su cuerda, hubieran dado un futuro a esta lastrada publicación.

¿Exagero? No lo sé. Pero hay una pregunta reveladora. Revela en esta ocasión a un Amiguet indocumentado, a una Bofill en babia:

Amiguet: -Juan XXIII aún no ha sido beatificado.
Bofill: -¡Ni lo beatificarán!

Quina cagada! Signos de los tiempos, de los que no volverán.