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domingo, 16 de octubre de 2011

Pobre, sucia, triste, desafortunada patria



Es costumbre en mi Orden que cuando un español pasa por Roma lleve una botellita para goce y disfrute de la comunidad donde se aloja. Años atrás se solía llevar Fundador, que era lo que conocían, les gustaba y les bastaba. Con los años han ido aprendiendo y hoy, si se presenta uno con una botella de, por ejemplo, Torres 10, los hermanos italianos te recuerdan, amable, fraternal y un tanto socarronamente, que allí en Roma lo que pega son los cardenales, especialmente un tal Mendoza. Últimamente he resuelto el problema substituyendo el brandy por la catalana ratafía, la cual no suscita en los paladares italianos otro comentario más que el remoto parecido, en plan más suave, con su nocino. Y, además, es un modo de hacer país, un país que cada día está más embrollado.
Los errores se pagan. Los padres comieron agrazones y los hijos sufrieron dentera. Mala cosa cuando nuestra desmemoria nos empuja al victimismo. El tándem Roca-Pujol rechazó en el momento constitucional el concierto económico. Los padres de la patria catalana de la transición tenían tan poca fe en el país que vieron en el concierto un riesgo y no un chollo, oh sí, ¡estaban locos aquellos vascos! Pujol nunca fue económicamente un genio. Hoy toca mendigar o ir reduciendo calidad de vida o ambas cosas...
Desmemoriados todos, también los del otro lado del cuadrilátero, los que hoy sí y mañana también van repartiendo coces centralistas, los que dicen que ya está bien, que cómo va a funcionar nada con diecisiete parlamentos, gobiernos, etc. También esos se quejan de la dentera, olvidando que proviene de las uvas agrias que comieron los padres. Porque esos son los directos descendientes ideológicos de aquellos que, buscando desactivar identidades gallegas, vascas o catalanas, dijeron que nones, que café para todos y si son diecisiete, diecisiete. Luego ha resultado que quien más, quien menos, se ha servido café, copa cardenalicia y puro habano. Ahora se pelean para que la cuenta la pague el de al lado.
El alcance de mi conocimiento económico es muy limitado y tiene que serlo porque no estoy en el siglo. Los seglares sabrán de estas cosas más que yo. Pero sí sé que comemos tomates de Holanda, que me hago limonada con limones argentinos, que la uva del postre viene de Chile, la leche del desayuno de Francia, que estoy tecleando en un ordenador made in China y que en el mismo lugar fue fabricada la regleta del enchufe donde enchufo, que visto unos pantalones fabricados en Bangla Desh y una camisa clergyman que viene de Polonia, que me sueno la nariz con unos pañuelos de papel alemanes y que tomo un medicamento de patente suiza.
En este enmarañado mundo no es extraño que a veces tenga la sensación de percibir mi patria chica como cada vez más pobre, más sucia, más triste, más desafortunada. Mi patria chica es cada vez más chica. La achican los cerrados de mollera, tanto los de los Països como los de las Españas. Y no hay recetas mágicas para los tiempos de vacas flacas, por mucho que unos se indignen mucho. Desde mi limitación y desde mi celda no veo otra salida que la internacionalización y trabajar como chinos.
Me refiero no a un paseo garantizado, sino a la internacionalización arriesgada y productiva, no la de abrir oficiales Delegaciones exteriores difícilmente útiles, frecuentísimamente desiertas y que demasiadas veces sirven sólo para colocar a amiguetes. Arriesgarse es lo que hizo ese catalán que, en tiempo de crisis, se lanza a comprar empresas en la mismísima Norteamérica, primero una chiquita y después una grandota. El jefe se ha vuelto loco, decían sus propios directivos. Pero por lo que sé ahora mismo esa empresa es, entre las del Ibex 35, una de las que más ha subido de valor en Bolsa en lo que va de año, y, lo que es más importante, no ha despedido a nadie de aquí.
Me refiero no tanto a trabajar veinticuatro horas diarias como a trabajar bien. Un chino inventa poco y difícilmente será pionero de nada, pero cuando aprende a hacer bien un trabajo lo hace bien siempre, con una normalidad que a nosotros puede parecernos incluso exasperante. Este verano, por circunstancias que no vienen al caso, comí algunas veces fuera de casa. Dos de ellas, con siete días de intervalo, en un bar restaurante gestionado por chinos. La persona que servía las mesas sonreía siempre. El segundo plato, en un menú de 8,50 €, fue una generosa sepia a la plancha increíblemente buena, bien presentada, parcialmente loncheada, en su punto justo de cocción, bien aderezada; nada tenía que envidiar (incluso superaba) a la que pueda comer usted en barcas salmantinas en el Puerto Olímpico. Y además un día y otro idénticas en excelencia (¡parecía la misma sepia!). En mi patria esta virtud que alguna vez caracterizó a los indígenas se ha ido perdiendo. Hoy entra usted en unos almacenes, se dirige usted a una empleada (suponiendo que tenga suerte y no esté hablando con el novio por el móvil), le pregunta por el precio de un artículo y, mirándole como si hubiera usted cometido el atroz delito de haber invadido su modorra y su ocupación en otras cosas, le señala hacia su compañero que está a 10 metros atendiendo a otros sufridos clientes, "le mirará el precio mi compañero que está en el terminal"; no hay mejor modo de motivarte para que vayas a comprar a otro sitio y que te preguntes si lo justo no sería añadir merecidamente una persona más a los muchísimo parados de este pequeño país. Duele que estos modos de proceder, este know-how al revés, vaya siendo cada día menos excepcional, que predomine, respecto a la calidad de productos y servicios, el "tente mientras cobro", el "para quién es y para lo que paga" o el denostable "si pasa, pasa". Trabajar como chinos. Recuérdenlo la próxima vez que se sientan ustedes muy indignados o que se sienten a una mesa y un camarero carilargo les ponga una sepia de esas que quebraría las cuchillas del minipimer.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Forcadéeeees (Un cover particular)

Esta, pese al tiempo que llevaba en You Tube, ha sido por estos pagos catalanes como la canción del verano que se acaba gracias al uso patriarcal de Jordi Pujol:




¿Qué queréis? Tengo ganas de empezar el curso de buen humor, disculpadle esta irreverencia nada malintencionada a este Outsider (ay, modestia aparte, qué eminencia perdió el mundo de la farándula cuando dejé el siglo):

Forcadéeeees

Jo que en lloc de la senyera

porto sempre la bandera

amb la creu de Borgonya ben llampant.

Jo que tinc una erecció quan sento Rouco Varela

que és d’Espanya el gran cardenal.

Jo que trio sacerdots del Lumen Dei per fer els meus exercicis

espirituals.

Jo que tinc a l’escriptori la foto del Pare Apeles,

una estampa i un detente

i els goigs en llaor de Sant Honorat.

Jo que sempre he estat

un bon tradicionalista

ara m’he enamorat

d’una monja feminista,

oh Forcadéeeees,

casaré gais i bolleres per tu,

oh Forcadéeeees,

diré missa amb pega dolça i vermut,

i lluitarem

pel nostre amor prohibiiiiit,

oh Forcadéeeees.

Jo que escolto tot lo dia per ràdio Ràdio Maria

i no trago ni en pintura els pijos

de Ràdio Estel,

i que em van les casulles de guitarra,

el llatí, les quaranta hores,

i el mes de Sant Josep.

Jo que em sé de pe a pa Syllabus i profecies,

i el catecisme explicat de Claret.

Jo que porto l’oriamendi com a politò del mòbil,

i em faig d’Aigua del Carme el carajillet.

Jo que llegeixo el cigüenya

i em confesso amb el Fortea

i predico molt bé de l’infern.

Jo que sempre he estat

un bon tradicionalista

ara m’he enamorat

d’una monja feminista,

oh Forcadéeeees,

denunciarem de les vacunes els fraus,

oh Forcadéeeees,

llegirem junts el Gonzàlez Faus,

i lluitarem

pel nostre amor prohibiiiiit.

sábado, 16 de julio de 2011

Echar cuenta del empleo del tiempo



Traducción libre (y un poco torpe) de un "Soneto muy espiritual y devoto sobre el buen empleo del tiempo" escrito por un religioso francés en el siglo XVIII:

De los años pasados el tiempo pide cuentas

y he respondido que echar cuentas requiere tiempo,

porque aquel que sin cuenta pierde tiempo y más tiempo.

¿cómo, sin quedar tiempo, podría rendir cuentas?


El tiempo ha rechazado el aplazarme las cuentas

arguyendo que mi cuenta ha rechazado el tiempo;

no habiéndolo empleado cuando aún había tiempo,

en vano pido ahora tiempo para dar cuentas.


Oh, Dios, ¿qué cuenta puede retornar tiempo al tiempo?

¿Qué tiempo bastaría para tan grandes cuentas

a quien sin cuenta alguna derrochó tanto tiempo?


Ay, presionado en firme por el tiempo y las cuentas,

entrego el alma sin poder dar cuenta del tiempo

pues el tiempo perdido no vale a fin de cuentas.



El original, aquí.

sábado, 9 de julio de 2011

El Ciervo, en babia

Soy un lector extraño. Empiezo La Vanguardia por la última página, por la Contra de la contraportada. Después Calvin & Hobbes (me gusta comprobar la nueva traducción, a menudo bastante peor, de las antiguas tiras), después Las cartas al director y luego los titulares. Hoy me encontré en la Contra con la Roser Bofill y, por supuesto, tres cuartas partes van de El Ciervo.

El Ciervo fue una ventana abierta durante años. Aquel formato grande, aquellas páginas gruesas en tiempos de la transición y en los primeros ochenta... Fui suscriptor e incluso, en un tiempo de campaña para salvar el trote del animalito, llegué a ser hasta accionista (es un decir, porque quince mil del ala tampoco eran un capitalazo). Después me alejé, porque uno se mueve y vive y, en cambio, El Ciervo desdichadamente se quedó ideológicamente petrificado. Pocas sorpresas en la entrevista de hoy. Pura repetición, una cierta nostalgia. Tuvo su tiempo, que no es éste. Lo mejor que podría haber hecho Bofill (Gomis era menos periclitado, porque tenía talento) es dejar paso hace tiempo. Tal vez gente más joven, más inquieta, menos de su cuerda, hubieran dado un futuro a esta lastrada publicación.

¿Exagero? No lo sé. Pero hay una pregunta reveladora. Revela en esta ocasión a un Amiguet indocumentado, a una Bofill en babia:

Amiguet: -Juan XXIII aún no ha sido beatificado.
Bofill: -¡Ni lo beatificarán!

Quina cagada! Signos de los tiempos, de los que no volverán.

jueves, 23 de junio de 2011

Indignaciones (II): De esfuerzos y bongos


Mala cosa cuando la indignación es una eximente del esfuerzo. Pongo un par de ejemplos no generalizables, no sé si frecuentes o no:

R. lleva once meses en el paro (en la empresa llevaba 12 años). Es administrativa, tiene 43 años, formación en FP admtva, un nivel pasable de inglés, sin cargas familiares (salvo hacerle la compra a su madre y llevarla a pasear un ratito cada día). Ha echado currículums en todas partes, ha hecho cursillos subvencionados variopintos, etcétera. Una tarde a la semana colabora todavía con la Cáritas parroquial clasificando ropa y, si hace falta, descargando alimentos cuando los traen del Banco de ídem. Me llama la semana pasada, el lunes por la mañana. Ha tenido una entrevista para un trabajo y le han preguntado sobre su nivel de Acces; les ha dicho que no tiene ni idea, pero que para el miércoles habrá aprendido (!). Yo utilizo Acces para algo tan simple como las 200 etiquetas de un boletín bimensual, le digo que no sé mucho, pero que venga. Viene a verme, abre su viejo ordenador portátil y cuando veo la pantalla de Acces 2007 me quedo con la boca abierta (yo utilizo el 2003) y no sé por dónde empezar porque la mitad de las ventanas no las entiendo. Más mal que bien le enseño a diseñar los diversos campos de una tabla, le digo que los formularios son fichas y que los informes son los listados, y que veo muy difícil que para el miércoles (día en que tiene la prueba final) consiga dominar el programa. Soy muy positiva, recuerda. Caramba. Ya en su casa el lunes por la tarde se baja un manual intermedio de Acces 2007 por internet. Hinca codos, le da jornada intensivísima al portátil y el miércoles, después de dos noches de no dormir mucho, va a la entrevista. Ayer firmó el contrato, son seis meses, horario de trabajo de 8 a 15, va a seguir ayudando en Cáritas.

J.M. tiene 26 años. Estudió Filología Catalana. Hace unas semanas se quedó en el paro. Trabajaba en una tienda de informática que se fue al garete. Al día siguiente de quedarse sin empleo fue a comprarse una tiendecita de campaña y la plantó, indignado él, en la Plaza de Cataluña; allí ha estado manifestando su indignación, poniendo cartelitos con frases ingeniosas y a ratos tocando el bongo (actividad, como todo el mundo sabe, harto reinvindicativa).

Entre el esfuerzo y el bongo, la verdad, yo prefiero lo primero, aunque resulte más difícil. Y bien mirado, lo cortés no quita lo valiente, miren si no a mi primita M.T.; estudia Ciencias de la Educación, se paga la carrera haciendo de canguro y todavía, si puede, batukea, como aquí:


miércoles, 22 de junio de 2011

Indignaciones (I): Nova Insula Utopia



Parto de la premisa de que la mera indignación, por muy justificada que esté, sirve para poco, se disuelve en un "estar contra" sin alcance positivo alguno. El simple cabreo no soluciona nada, por mucho que convoque a miles de personas a manifestarse, a marchar hacia ninguna parte.

He leído muchos slogans, algunos ingeniosos, pero en su mayoría poco prácticos. Lo de "menos crucifijos y más empleos fijos", v. gr., reconozco que supera mis estudios de lógica. Muchos slogans y pocas propuestas concretas (cuando digo concretas, digo concretas de verdad de la buena). Examino ahora algunas formuladas por una persona aparentemente de buen criterio.

¿Listas abiertas? Tal vez resulten más democráticas. Personalmente, no le veo las ventajas. Pero soy un tipo raro, uno de esos que no cree que la democratísima institución del jurado, por ejemplo, vaya en favor de la justicia. Lo de las listas abiertas puede favorecer el liderazgo personal, sin duda. O el de quien tenga más capacidad de autobombo o más capacidad mediática o mejor financiación. Lo que puede hacer es quitar algunos consuelos. "Yo voté a una lista cerrada y ella estaba en ella, no es culpa mía", era ahora un consuelo. Pero si votas directamente a Leire Pajín, ¿cuál será tu excusa? Por cierto, cuando se vota para el Senado, ¿no se votan listas abiertas? Honradamente, ¿supone eso un cambio importante en la actuación de los políticos?

Algunas propuestas son impagables:
-Promover el granel, la artesanía, etcétera. Cuidado porque esto lo teclea gente en unos aparatos que si tuviesen que ser fabricados artesanalmente sólo estarían al alcance de los multimillonarios.
-Considerar delito que los supermercados tiren la comida -toneladas - y que el ciudadano tire cosas (sic) en buen estado (esto está bien, aunque no veo por qué limitarlo a las toneladas; en cualquier caso, salvo que se pretenda que la comida se pudra en las estanterías, hay que recordar que la mayor parte de la comida que los supermercados tiran no se pierde, hay quienes la esperan; vehicularla hacia bancos de alimentos y similares podría ser solución, pero aumenta el costo de la distribución, almacenaje, burocracia, etc). El delito de tirar cosas en buen estado: ésta es otra; si a usted no le sirve una cosa, no se le ocurra tirarla o le llevo preso (curiosa obligación de propiedad); no sé, no le veo la razón, cualquier cosa en buen estado dura en mi calle menos que un caramelo a la puerta de un colegio.
-Recuperar campos y dignificar a nuestro campesinado. Si no me equivoco está frase la leí en la revista Játiva editada por el sindicato vertical, sería en el mismo número de los años 40 donde aparecía esta foto:

No sigo, que en el sarcasmo no puede faltar pecado. No juzgo de la buena intención, juzgo del realismo. No se mantiene un cierto nivel de bienestar general desde la nada, sino desde los excedentes generados por la especialización, la excelencia y, mal que nos pese, la competitividad. Entiendo el nivel de frustración y de dolor, incluso de indignación, de quien se queda al margen (día sí y día no veo eso continuamente en los que llaman a la puerta de mi parroquia), descubriendo que no hay sistema que garantice el Paraíso. Soy, lo confieso, incapaz de proponer soluciones indoloras, pero tampoco creo en propuestas de vuelta al medioevo sólo articulables (hablo de pagar la cuenta, porque las cuentas al final hay que pagarlas) cargándose el sistema. Es cierto, la fiesta, en los términos en los que se había concebido y celebrado, se acabó. Pero no se inciará una fiesta nueva tocando el bongo, no si se quieren seguir pagando las pensiones a los ancianos, manteniendo hospitales comarcales donde todos puedan ser atendidos o poder desde Sevilla hablar con alguien que esté en Nueva York. Pero esto del bongo, si me lo permiten, lo dejaré para otro post.

viernes, 3 de junio de 2011

Diccionario Biográfico: arrogancia académica e ignorancia mediática


Los medios de comunicación, y en especial Público y la Sexta, han desatado una exacerbada campaña de desprestigio contra el Diccionario Biográfico Español publicado por la Real Academia de la Historia. Lo han hecho tomando pie sobre todo de las entradas correspondientes a personajes de nuestro pasado reciente.
Algunos argumentos de crítica adolecen, sin embargo, de una marcada superficialidad. Se ha recalcado y citado de forma repetida, como si de una blasfemia histórica se tratara, que en la entrada de Franco se dice que "montó un régimen autoritario pero no totalitario". No seré yo quien aplauda la visión de conjunto, probablemente bastante escorada, que Luis Suárez pueda dar de Franco, pero la distinción entre el totalitarismo y el autoritarismo conservador era una distinción clásica en los manuales de derecho político y constitucional de principios de los ochenta. Lo sabemos bien los que estudiamos con el manual del para nada reaccionario profesor González Casanova. Claro que no se les puede pedir a ciertos adoctrinados adoctrinadores de Público o de la Sexta que tengan la capacidad de entrar en conceptos de derecho político. Otra cosa distinta es si el profesor Luis Suárez (calificado de presunto historiador por estos eruditos de la televisión) es la persona ideal para abordar con rigor y distancia la figura de Franco. Don Luis sabe mucho de Isabel la Católica, pero, en mi humilde opinión, tal vez para biografiar al General se hubiera podido encontrar a alguien más objetivo y más especializado en historia contemporánea (no me estoy refiriendo a Pío Moa, desde luego).
El Diccionario Biográfico Español, en el que han colaborado miles de personas, no puede ser juzgado sólo a partir de unas pocas voces. Tengo para mí que si hay algo reprochable en él sea la autoreserva que los académicos (Luis Suárez lo es) se han hecho del tratamiento de personajes importantes. Hablo por experiencia. A un servidor le encargaron hace años para la magna obra media docena de biografías de personajes secundarios; las escribí y las cobré puntualmente (esto siempre es de alabar tratándose de instituciones de este tipo). Sin embargo, del personaje del que más sé (no digo yo que yo sea quien más sabe de él, aunque probablemente sea así) se pasó el encargo a un Académico correspondiente. El resultado, por más que digno, es incompleto y hasta en algún punto claramente erróneo.
En fin, líbrenos Dios de la interesada arrogancia académica y pongámonos en guardia contra la cada vez más descarada ignorancia mediática.

sábado, 14 de mayo de 2011

Americanos

Desde luego, son los puñeteros amos del bussiness. Aquí nos contentamos con las populares representaciones de la Passió en algunas poblaciones. O con los belenes más o menos artísticos en Navidad. O con pasear unas imágenes detrás de unas gentes con caperuza y cirio que se apaga. Aquí el más osado pasa unos vídeos de dibujos animados en la catequesis o pinta unos carteles con muy buena intención y muy poca idea de marketing.
En cambio, los americanos y especialmente los WASP andan ya por el parque temático:




The Holy Land Experience - CBN.com per the700club

Lo dicho. en cuanto a aggiornamento, no nos queda ná...Wow!