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jueves, 29 de julio de 2010

Yaaaauum, Ecssss, Puajjjjjj


Nunca he tenido afición a los toros. Serán arte, pero un arte que me aburre, que me hace bostezar (Yaaaauum). Siempre me ha parecido que si a un torero se le embadurna convenientemente la cara y se le da un saxofón se convierte fácilmente en el formal-listo de las típicas parejas de payasos. Tal vez lo mío sea una deficiencia de formación artística o estética; tampoco he entendido nunca la belleza de la obra chapapotesca de Miquel Barceló, la cual me da más bien asco (Ecssss). Por ello, lo de la prohibición de la tauromaquia en Catalunya me ha dejado en el fondo basante indiferente. Una nueva victoria del animalismo, exageración sensiblona, como más o menos lo calificaba Bernard Häring en los tiempos de su famosa La Ley de Cristo (ya ha llovido).
Alguna emisora radiofónica se ha empeñado machaconamente en interpretarlo como otro pasito en el camino del separatismo catalán, es lo que sucede en este tiempo de veranito que los cansinos puros se vuelven cansinos prácticos. Allá ellos. Personalmente, creo que los de Prou y compañía se lo han currado, como se lo curran cada día más los de Progat y otros por el estilo. Hay una mentalidad mayoritaria proclive a la conmiseración con los animales, eso es todo. En principio, no parece necesariamente maligno. Pero cuando uno oye las declaraciones de ese tipo pérfido y tortuoso que es Puigcercós hablando de progreso moral, respeto a la vida, futuro que no nos avergüence, uno no puede evitar que se le revuelvan las tripas. Por si alguien no se acuerda, ERC quería despenalización total del aborto hasta la semana 22. Me pregunto: ¿de verdad está tan claro que un feto humano de 22 semanas no "sufre" al ser abortado? Pues eso, que a veces la ruindad llega a un nivel en que ya no se trata del aburrimiento (Yaaaauum), ni del asco (Ecssss), sino que se pasa directamente al vómito (Puajjjjjj), ustedes perdonen.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Consejos para homicidas que quieran minimizar riesgos

Dado que, de momento, parece que mi Manual de homicidas tardará en ser publicado, quiero ofrecerles una síntesis del mismo. Creo sinceramente que puede resultar de utilidad para aquellos de ustedes que se levantan a veces con unas ganas tremendas de matar a alguien. Por si esas ganas no se les quitan, tengan en cuenta, a fin de minimizar los riesgos de su acción y especialmente las consecuencias adversas si le pillan, los siguientes consejos:

1º Asegúrese de que la víctima pertenece a la especie humana. Matar animales dice muy poco en favor de quien lo hace. No importa si el gatito del vecino se caga en sus parterres o le llena de pelos la tumbona. Métase esto en la cabeza: los animales, incluidos los piojos y las garrapatas, son sagrados. Si tiene la mala suerte de que un perro le muerde en la pantorrilla izquierda, preséntele la derecha, no se le ocurra tocarlo y, por favor, no tenga usted la crueldad de levantarle la voz, pues podría crearle un trauma psicológico al animalito. Hay una directiva europea que, en aras de preservar el equilibrio ecológico, prohíbe matar a las ratas de alcantarilla (y si no la hay, la habrá pronto), así que descarte definitivamente este tipo de víctimas.

2º Tenga cuidado con los seres humanos no nacidos, porque no se sabe si son humanos o no lo son. ¿No lo entiende? Depende de la conformidad de la madre. Si no tiene usted el permiso de la madre, son alguien y cuidadín con hacerles nada; si tiene usted el permiso de la madre, son algo (pero no animales) que puede ser eliminado. ¿No lo entiende? No importa, no lo entiende nadie, pero en democracia las cosas no tienen por qué ser entendidas, basta con que se voten en el Parlamento y se diriman en la televisión. No se preocupe por la fecha de entrada en vigor de las leyes: en este país hay tanta gente en la cárcel por interrumpir un embarazo como por interrumpir una conversación.

3º Elija a un extraño como víctima y mátelo inmotivadamente. Matar al cónyuge puede salir especialmente caro, más si consideramos lo que lleva gastado la Administración en inútiles campañas de concienciación. Se expone usted a salir en los periódicos y está demostrado que en muchos de estos casos a la acción homicida le siguen irresistibles tendencias suicidas. Lo dicho: a un extraño y porque sí, no se arrepentirá y tendrá todavía la agradable posibilidad de que sus suegros sigan dirigiéndole la palabra.

4º Emplee instrumentos asesinos tradicionales: la escopeta, la navaja trapera, etc. La quijada de asno también queda muy propia, pero en el Lidl no la tienen en oferta. Le desaconsejo los explosivos y los lanzallamas. Ensucian mucho y hay que tener cuidado para no hacerse dañito. Y mate siempre como por arrebato, nada de plan detallado. Mate de frente y, por lo que más quiera y aunque tenga muchas ganas, espere que amanezca.

5º Mate sólo seres humanos adultos y de mediana edad. Los menores, incluso los que tienen pelos largos en las piernas y le pueden tumbar a usted de un soplido, están superprotegidos. Entiendo que para un profesional de la enseñanza en los tiempos que corren sean el principal objetivo, le entiendo, créame, pero es mejor que aguante hasta salir de clase y en sus horas libres se cargue a un adulto (huelga decir que cargarse a ciertos progenitores de esos y esas entrañables menores sería un acto de justicia). Tampoco suele salir a cuenta matar ancianitos, a no ser que el homicidio se perpetre con una bicicleta; no es ningún secreto que la bicicleta suele proporcionar inmunidad; tiene la desventaja de que no es un arma efectiva al cien por cien. Pese a que combina el triple efecto de percusión, sustito y caída posterior, hay ancianos (sobre todo ancianitas) que sobreviven y encima son capaces de negarse a pagar la reparación del vehículo.

6º Es muy importante conocer eso que llaman la “orientación” sexual de la víctima. Descarte, por completo, a sodomitas y tortilleras. Por mucho que diga que usted no sabía y que mató sólo por ganas de matar, en estos casos el poder de la maquinaria estatal caerá sobre usted, con toda su fuerza ejecutiva, legislativa, judicial y mediática, especialmente si descubren que usted es, qué escándalo, heterosexual sin reparos. O le meterán en la cárcel por lo que le queda de vida o saldrá de ella con una edad ya venerable y obligado a llevar una estigmatizante pulsera de homófobo.

7º Antes de acabar con la vida de alguien, procure cerciorarse de su nacionalidad. Los extranjeros salen penalmente mucho más caros. Mate sólo víctimas españoles y españolas de toda la vida de Dios. Contrate antes un detective y un genealogista que aseguren la correspondiente limpieza de sangre. Si hay antecedentes africanos, amerindios o vikingos, la xenofobia se presumirá. Si la víctima elegida prima facie presenta un color de piel digamos aceitunado, mejor que lo descarte. Desconfíe de las pelirrojas y de los camareros de ojos pequeños.

8º Se lo repito otra vez: la ley no entiende que usted mate porque tiene ganas de matar. La elección de la víctima es fundamental. El instructor siempre trata de encontrar un motivo, el fiscal (y ya no digamos la fiscal) siempre buscará un tipo agravado. Por eso hay que poner los cinco sentidos al elegir a la víctima. Incluso el olfato. Mate a gente que huela bien, gente que tenga un trabajo de 8 a 15, gente que pague sus impuestos y sus primas de seguro, gente que lleve el coche a pasar la ITV, gente de esa que se pone el chandal los domingos, etc. Si se le ocurre matar a un greñas de los que llevan tres meses sin ducharse, a una tarotista góticamente vestida o a un boy con dragones tatuados en el cuello, creerán a pie juntillas que es usted un intolerante y eso no es bueno.

9º Mate usted sólo a católicos. Matar a alguien que profese otra religión o que no profese ninguna parecería bastante sospechoso. Usted no le estaría sólo quitando la vida a alguien, sino que encima iría contra la libertad de conciencia en un Estado plural y laico cual es el nuestro. No le servirá de nada haber asistido a una conferencia sobre derviches en la Casa Elizalde o haber cursado con aprovechamiento un curso budista de liberación del deseo y de la codicia (sí, sí, ese por el que pagó usted 400 euros la hora), no le servirá.

10º Puestos a escoger, escoja a un cura como víctima. Ideal. Tendrá atenuantes con toda seguridad. Es una simple implicación lógica: todos los curas son pedófilos, los pedófilos no tienen derecho a la vida, luego los curas...¿No lo sabía usted? Entonces es usted, perdone que se lo diga así de crudo y de claro, un tonto sin cultura, un analfabeto cultural. Venga, que eso tiene remedio: vea la Sexta, lea Público, descárguese Los hombres de Paco, luche contra la ignorancia...¿Como puede pretender ser homicida si no sabe la verdad de las cosas?

Una última recomendación: si no quiere ser un mal nacido, cuando siga el décimo consejo no se le ocurra elegir como víctima a alguien que lleve gafas de sol de espejo y gorra con la visera palante, le aseguro que tal como yo lo veo eso no estaría bonito.

De nada, de nada, hoy por ti mañana por mí.

jueves, 15 de octubre de 2009

Catalunyareligio.cat: una de cal y otra de arena

Acabo de darme un paseíto por el relativamente reciente portal católico Catalunyareligio.cat. En principio, me parece un poco desigual, lo cual no es malo cuando tiene que ver con la pluralidad, pero no es tan bueno cuando tiene que ver con la calidad. Para muestra dos botones.
De una parte, la defensa infumable que Llisterri hace de Forcades. Los amigos están para ayudarse, pero aquí Llisterri, que otras veces se ha mostrado más lúcido, se ha lucido, sacando los estandartes del victimismo y el papus de tenebrosas campañas silenciadoras e inquisitoriales, total para desviar la atención sobre el meollo del asunto, el que la doctora haya efectuado un discurso teológico condicionado por su fidelidad al magisterio feminista, y el que este discurso se haya transmitido alegremente (y oportunamente favoreciendo intereses muy claros) a través del medio televisivo. Hay una distancia, que Llisterri calla, entre la simple "imprecisión" de matiz y el disparate. Sin embargo, hay algo en lo que le doy toda la razón: en Roma no tendrían que haber perdido el tiempo con esto. Si lo han perdido, si ha intervenido la Congregación pertinente, es porque quien tuvo que intervenir en su momento no lo hizo, porque la madre abadesa miró hacia otro lado. Lamentablemente, este no es un defecto exclusivo de quien rige el monasterio de Sant Benet. Muchos son los superiores y superioras a los que hoy les cuesta llevar adelante su labor. En aras de una autonomía y de una corresponsabilidad mal entendidas, prefieren dedicarse a una labor puramente administrativa. La abadesa de Sant Benet no está ahí principalmente para decidir si la cerámica X representa a San Nicolás o a San Severo, sino para mostrar su auctoritas (suponiendo que la tenga, ya que es más difícil de tener que el simple imperium) y haberle hecho ver a Sor Teresa que tal vez conviniese reflexionar sobre una orientación que no se ha revelado buena ni para el mundo, ni para la Iglesia, ni para el monasterio, ni para su propio camino espiritual.
En tiempos de confusión y superficialidad y como contraste con lo anterior, hay que destacar la inteligente reflexión de Andreu ibarz sobre el documento emitido desde Instituto Borja de Bioética Consideraciones sobre el embrión humano. Andreu, a quien conozco y de quien doy fe que posee las infrecuentes cualidades de escuchar con atención y comunicar sin arrogancia, elogia, encomia, incensa el contenido formal del documento. Pero ello no le impide, tratando con respeto (al estilo del Pedro Crespo de Calderón), poner el dedo en las muchas llagas de la sustancia material. Socarronamente pide unas precisiones y/o ampliaciones, cuyo dilatado alcance (algunas son peticiones de principio) sólo es digno del concepto de precisión-imprecisión que maneja Llisterri. En resumen, que Andreu Ibarz hace como quien extiende amigablemente hacia el Grupo Interdisciplinario en Bioética el brazo izquierdo abrazándoles y dándoles unas palmaditas amigables en la espalda, mientras les pega unos merecidos derechazos en los morros. Bien à vous, Andreu.

viernes, 14 de agosto de 2009

"Perlas" (I)


En verano da tiempo de leer con detenimiento cosas pendientes, aunque sólo sea para cambiar ligeramente de registros. A veces uno se encuentra con "perlas" como la que sigue. Sirven para entender de qué manantiales han bebido ciertos personajes de moda que en nuestro reducido redil desatan escándalos inútiles en la ortodoxia clásica, provocan aplausos en la ofuscación o dan un poco de lástima desde la inteligente serenidad. Pues eso, que ya ven que ni siquiera se puede decir que sean originales:

"Cuando una mujer se queda embarazada dentro de una amante, solidaria, respetuosa relación, tiene ante ella el camino abierto para optar, y decide que no quiere tener un niño, y tiene acceso a un aborto seguro y accesible, eso no ha de ser visto como una tragedia, sino sólo como una bendición. La capacidad de disfrutar del don de Dios que es la sexualidad sin comprometer la propia educación, la vida laboral, o la capacidad de usar los dones y la llamada de Dios es simplemente una bendición...
Hay dos cosas que quiero que recuerden: el aborto es una bendición y nuestro trabajo no ha terminado...Quiero dar las gracias a todos los que protegéis esta bendición, que lleváis a cabo este trabajo un día tras otro: profesionales de la salud, médicos, enfermeras, técnicos, recepcionistas, que se arriesgan para cuidar a los demás; a mis ojos, son ustedes héroes, son santos; los escoltas, los activistas, los integrantes de grupos de presión, los defensores de las clínicas, todos ustedes. Ustedes están comprometidos en una labor sagrada."

(Palabras dirigidas por una presbítera episcopaliana norteamericana en el año 2007 a los prochoice y publicadas en la NARAL de Texas; el sermón puede leerse también en su blog personal y fue reproducido, asimismo, en el blog de Damian Thompson de The Telegraph. En Marzo -con efectividad en julio- la sacerdotisa fue elegida Presidenta de la Episcopal Divinity School de Cambridge. Enhorabuena. Para la cultura de la muerte, claro.)

viernes, 5 de junio de 2009

La teórica incoherencia verde

Siempre me ha parecido incoherente en extremo la postura "verde" en relación al aborto. Ya hace tres décadas que aquel icono de la ecología política que fue Petra Kelly defendía, con la misma unción y apasionamiento con que defendía la necesidad de salvaguardar la naturaleza, el derecho al aborto como un hito a conquistar. Se fue formando así un ecofeminismo que tiene en la actualidad no poco predicamento en nuestra sociedad. Recuerdo también en mi juventud otro tipo de ecologismo proteccionista más tradicional. En Barcelona Dolors Marsans, que lo fue todo en el asociacionismo proteccionista, publicaba en aquellos lejanos años una revistita artesanal -pero digna- bajo el nombre de Pregón en defensa de los animales que circulaba bajo el significativo lema de "Respetaré todo lo creado". No era sólo pura teoría bienintencionada, sino que desde aquellas páginas se reflejaba la lucha, por ejemplo, para que se implementasen en los mataderos sistemas que redujeran significativamente el sufrimiento animal. Recientemente la campaña auspiciada por la Conferencia Episcopal recogía, provocando no pocos aspavientos irritados de los "bienpensantes" progresistas, la comparación entre la extrema protección dada a determinadas especies animales y la limitada protección del nasciturus humano. Todo esto viene a cuento de un recomendabilísimo artículo publicado por Mary Eberstadt en First Things, en el que se pregunta por qué no hay mayor acercamiento entre los vegetarianistas y los provida. Más allá de las teorizaciones del utilitarismo y del feminismo posmoderno (que analiza detalladamente), incluso más allá de la creencia religiosa, Eberstadt piensa que detrás de la mayoría de los militantes vegetarianos y de los militantes provida existe una intuición moral natural, un instinto compartido que debería hacerles aliados.