Me refiero, claro está, a
No entro a juzgar las buenas intenciones que animaron a este grupo de personas. Pero sí hay que decir que la solidaridad puede ser divertida, pero no es un juego. Se convierte en un juego cuando se va en plan rally de aventuras, cuando la generosidad se contamina de la autosatisfactoria vivencia en detrimento de la eficacia. Las cifras son tan estruendosas como engañosas. Se habla de 36 ONGs, de 107 toneladas, etc. La Caravana Solidària se autoproclama con orgullo laica y progresista, para no ser confundida con otras. No está mal saber qué ideología se encuentra en el trasfondo de las motivaciones, aunque lo que realmente debe distinguir a una ONG es el objetivo que se propone y, conocido éste, el nivel de excelencia con el que tiende a conseguirlo.
Y aquí tiene huevos la cosa. Aclaremos simplemente que si usted coge en su pueblecito a cuatro inmigrantes argelinos originarios de la misma aldea, montan una Asociación de Inmigrantes de X, el ayuntamiento les cede un localito y les financia con cargo a una partida que lucirá muy hermosa en los presupuestos municipales como Cooperación al Desarrollo, pues ya está, ya tienen ustedes una ONG. No sé si ustedes lo sabían, pero la mayoría de las ONGs de la caravana estaban financiadas en buena parte por entes locales y empresas municipales o similares.
No sé si ustedes lo sabían, pero podrían echar cuentas. Sólo con el coste de los pasajes de avión de repatriación de los 38 autodenominados cooperantes desde Senegal a Barcelona vía Madrid podrían haberse enviado los correspondientes contenedores al puerto de destino. Con el resto de la financiación habría bastado y sobrado con creces para que la ayuda fuese distribuida mediante transportistas locales, incluidas en su caso las propinillas a los funcionarios de turno del recorrido. Con media docena de personas organizando en Barcelona y otra media docena en África las toneladas de ayuda habrían llegado a sus destinatarios de forma más segura, más eficiente y, ay (ahí les duele), más discreta. Mala cosa cuando en la solidaridad la escenificación de autobombo le gana a la efectividad.
Y escribo esto porque finalmente la broma va a costar (está costando ya) un dineral a las arcas públicas. Resulta que del bolsillo suyo y mío salió en buena parte el inicio de la aventura y va a tener que salir el final de la misma (esperemos que sea un happy end, en cuyo caso no nos ahorrarán las imágenes de la recepción a los aventureros de tres al cuarto convertidos ahora en "héroes").
Créanme que la tentación es fuerte, sé que no puedo ceder a ella, porque es mi obligación de cristiano y aun de ser humano civilizado el luchar contra este tipo de tentaciones, luchar contra la tentación de decirles alto y claro a los cabrones de los secuestradores: Por favor, mejor vengan a llevarse a estos Directores, Portavoces y no sé qué (van de tres en tres y con cara de preocupación) de Barcelona Acció Solidària que salen tan frecuentemente por televisión a darnos noticias de noticias que no tienen, incapaces de soltar la única frase que les daría dignidad y nos haría creer que al cabo de la calle les queda un poco de vergüenza: “la hemos cagado”.

