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jueves, 7 de octubre de 2010

Días de otoño



Pumcatapumpumpum, ¡cómo me gusta el otoño!
No comparto la percepción del ambiente otoñal como entrañablemente triste. Este tiempo no me hiere el corazón con languideces de monotonía. Monótono el verano, monótono el frío invernal. Pero en mi apreciación en otoño se multiplican las tonalidades y la vida. Las mochilas vuelven a llenarse de papel, las calles de hojas secas, las reuniones de gente, up with people (¿existirá todavía?). Además, vienen las lluvias y los vientos, las vacunas, los inmunoferones, ¿no es magnífico?
El otoño en Barcelona es pura maravilla. Uno puede sentarse tranquilamente en la celda, abrir la ventanita, prescindir de las estufas, de los ventiladores, de sus cables respectivos. Qué delicia. O uno puede subir corriendo al mirador de Roquetas sin empapar de sudor la entera camiseta. Formidable.
Días de otoño. Quédense para otros las hogueras de junio, los empachos de turrones y los supuestos despertares de la primavera. Denme otoño, ideal para la placidez e indicado para la producción, es decir, para todos los gustos. Los bienes se multiplican incluso tomándoselo con calma.
Es lo que pasa con el Carrefú, donde los días gangueros rinden más y 20 días naturales se convierten no se sabe muy bien cómo en 30:

viernes, 13 de agosto de 2010

Día del Orgullo Desorientado


Nunca he creído en el relativismo cultural. Siempre me ha parecido un retroceso la moda de perforarse la nariz o las cejas o de convertir la propia piel en material artístico de dudoso valor revelando indeleblemente la propia estupidez.
Ahora van los supuestos pensantes ateos y en un rasgo llamativo de racionalidad (?) promocionan el llamado Día del Orgullo Primate, con su cartelito alusivo y todo. Tengo para mí que con el tiempo se pretenderá incluso que los códigos penales recojan cualquier aserción creacionista como delito de primatofobia.
No soy un antievolucionista. Pero no deja de interrogarme que los acérrimos defensores de la teoría se empeñen tan deliberadamente en su reversibilidad.

jueves, 29 de julio de 2010

Yaaaauum, Ecssss, Puajjjjjj


Nunca he tenido afición a los toros. Serán arte, pero un arte que me aburre, que me hace bostezar (Yaaaauum). Siempre me ha parecido que si a un torero se le embadurna convenientemente la cara y se le da un saxofón se convierte fácilmente en el formal-listo de las típicas parejas de payasos. Tal vez lo mío sea una deficiencia de formación artística o estética; tampoco he entendido nunca la belleza de la obra chapapotesca de Miquel Barceló, la cual me da más bien asco (Ecssss). Por ello, lo de la prohibición de la tauromaquia en Catalunya me ha dejado en el fondo basante indiferente. Una nueva victoria del animalismo, exageración sensiblona, como más o menos lo calificaba Bernard Häring en los tiempos de su famosa La Ley de Cristo (ya ha llovido).
Alguna emisora radiofónica se ha empeñado machaconamente en interpretarlo como otro pasito en el camino del separatismo catalán, es lo que sucede en este tiempo de veranito que los cansinos puros se vuelven cansinos prácticos. Allá ellos. Personalmente, creo que los de Prou y compañía se lo han currado, como se lo curran cada día más los de Progat y otros por el estilo. Hay una mentalidad mayoritaria proclive a la conmiseración con los animales, eso es todo. En principio, no parece necesariamente maligno. Pero cuando uno oye las declaraciones de ese tipo pérfido y tortuoso que es Puigcercós hablando de progreso moral, respeto a la vida, futuro que no nos avergüence, uno no puede evitar que se le revuelvan las tripas. Por si alguien no se acuerda, ERC quería despenalización total del aborto hasta la semana 22. Me pregunto: ¿de verdad está tan claro que un feto humano de 22 semanas no "sufre" al ser abortado? Pues eso, que a veces la ruindad llega a un nivel en que ya no se trata del aburrimiento (Yaaaauum), ni del asco (Ecssss), sino que se pasa directamente al vómito (Puajjjjjj), ustedes perdonen.

sábado, 17 de julio de 2010

Apostate usted como Dios manda

Será porque hay que llenar el tiempo libre de alguna manera o por unas repentinas iluminaciones causadas por el calor, vaya usted a saber, pero lo indudable es que en los meses de verano le da a la gente por bautizar a los niñitos y a las niñitas. Bien, más vale tarde que nunca, así que el clérigo de turno se pone la indumentaria, enchufa los ventiladores y confía en que la poca voz que le queda sobreviva al intento de sobreponerse a la algarabía de tales celebraciones comunitarias. El ritual de bautismos no prevé una despedida del tipo “Podéis ir en paz”, probablemente porque, en realidad, el que queda en paz al terminar es el celebrante, de modo que en los tiempos que corren cada uno de estos bautismos registrados suponen para el ministro un “yo estuve allí” (en aquel galimatías). A mí una vez en Andalucía llego la bulla a tal punto que consiguieron borrarme esa sonrisa de tonto paciente que solemos poner los curas en estas ocasiones y me impelieron a plantarme y a recordar al distinguido público que para bautizar sólo necesitaba a las criaturitas, a los padres y a los padrinos, y que, por tanto, todos los demás o estaban como debían o a la calle.

Curiosamente y parece que por motivos semejantes se da también en estas fechas un aumento del fenómeno contrario, el de querer desbautizarse, el “que me borren”. Vulgarmente les llamamos “apostasías”, aunque técnica y estrictamente no siempre lo sean. Suele invocarse la Ley de Protección de Datos y no voy a cansar al lector con todo el intríngulis administrativo y jurisprudencial que se ha ido formando al respecto. Pero sí me gustaría comentar algo de las fórmulas que suelen utilizarse en los escritos dirigidos a las parroquias o a las Secretarías de los Obispados (en realidad, son los Obispados los responsables de los ficheros). El modelo de escrito suele procurarse a partir de páginas web y aquí viene lo bueno. Porque hay de todo en botica.

Hay páginas de apóstatas serios y documentados. Suelen permitir la descarga de un modelo que va al grano de pedir la cancelación de datos; están al día y tienen cierto rigor. Es el caso, por ejemplo, de Apostasia.es...

Hay otras páginas que parecen ideadas para rústicos simplones, como es el caso de cincominutos.com. Cuando uno abre la página su sólo aspecto ya revela por dónde van los tiros. Nótese este bonito consejo: “Apostata y abandona esa gran secta de depravados”, lo cual revela el concepto que sus autores y los usuarios entusiasmados con la idea tienen de sus madres y sus abuelas, la mayoría fervientes católicas. Pero vayamos al texto del modelo que proponen porque no tiene desperdicio. He recibido precisamente una petición de un señor que ha utilizado tal modelo. El Sr. N. nació en 1954 y fue bautizado con un mes de edad. Dice haber sido bautizado por una decisión familiar unilateral de forma que se le obligó a formar parte activa (?) de un determinado núcleo de creencias, etc. La Iglesia, dice, se aprovechó de que sus facultades intelectivas todavía no se habían desarrollado, etc. y etc. y sus derechos civiles y constitucionales (¡1954!) fueron vulnerados...En fin, les ahorro el resto de la formulación, cuyo desdichado redactado bastaría para catear a un estudiante de primero de Derecho. Lo malo no es que alguien redacte esta boñiga de escrito, sino que una persona de 56 años lo firme como quien firma una petición para que se declare a las chinches ibéricas especie protegida. Porque va uno a buscar el registro de bautismos y resulta que el Sr. N. contrajo en 1981 matrimonio canónico, lo cual indica que o hizo entonces uso pleno de sus derechos civiles y constitucionales (entonces sí) o sucedió que a sus 27 años todavía no se le habían desarrollado las facultades intelectivas, lo cual, visto lo visto, tampoco cabría descartarlo.
Por favor, si apostatan, háganlo bien, con la cabeza y no con las tripas, a no ser que quieran quedar como perfectos imbéciles.

martes, 29 de junio de 2010

Algunas preguntas veraniegas



1.- Una de desconfianza: ¿Por qué los salvavidas de demostración de Vueling, que conservan en unas bolsas protectoras, parecen sacados del cubo de la basura? La azafatería parece bastante limpia, así que ¿cabe la posibilidad de que la mugre venga ya de origen? (Por cierto, ¿alguien ha comprobado alguna vez si debajo del asiento está realmente el chaleco correspondiente?)

2.- La segunda de sospecha: ¿Por qué la señalización vial, especialmente los pasos de cebra, se borra tan rápidamente y, en cambio, la pintura de inestéticos graffiti en las fachadas caduca tan difícilmente?

3.- La tercera de frustración: ¿Por qué hoy, cuando llevaba corriendo una horita y cuando el corazón y los músculos daban para otra horita más de alegre trote, he tenido que dar media vuelta por el dolor de una pequeña uña en un pequeño dedo del pie? Además, uno puede encontrar ciertas utilidades a las uñas de las manos, pero, aparte de para que aumenten sus ventas en verano los fabricantes de laca de uñas, ¿para qué nos sirven exactamente las uñas de los pies?

4.- La cuarta es transcendente: la anotaba en su diario Thomas Merton en febrero de 1949:Why do I desire things that are not God?



miércoles, 23 de junio de 2010

Ni guarra, ni puerca, ni zorra


Perder el oremus suele resultar bastante desagradable. Me ha ocurrido sólo un par de veces, afortunadamente en celebraciones feriales. Por mi edad, todavía conservo cierta capacidad de reacción, así que el problema de encontrar la página adecuada fue resuelto en breves segundos. La ridiculez, la extrañeza de qué-pasa-aquí, la distracción fueron breves e intranscendentes. Peor le sucedió a un compañero cuando, revestido con todos los ornamentos de la misa mayor de Pascua, en mitad de la plegaria eucarística, le sonó impertinentemente el móvil que había olvidado apagar, y menos mal que el tono era el del Tantum ergo...
Viene a cuento de que siguen en sus trece; más aún: malos son los otros. La página multimedia de sexe joves sigue imperturbable con sus contenidos. Es más, la consellera está orgullosa de ella, porque dice que está avalada por criterios científicos y técnicos. Me pregunto si se da cuenta del material delicado con el que se trabaja. Nunca en el pasado había circulado tanta información y tan insistente sobre lo técnico-científico de la sexualidad o, mejor dicho, lo "mecánico" de ella. Y, sin embargo, nunca antes había tenido la juventud tanta desorientación, tanta confusión, tanto deterioro psicológico. Tal vez la señora consellera debería preguntarse si en ello no tiene un buen grado de influencia el que, bajo la capa de formación o información, subyace una orientación (si no pretendida, sí captada claramente por el destinatario) de todo-vale y no-pasa-nada. La manera en que se aborda la temática en alguno de los contenidos multimedia, señora consellera, no es buena. Claro que igual me estoy buscando un lío por escribir esto. Porque, aquí viene lo grave, la señora consellera declaró en televisión hace unos días ni más ni menos que esto: "El que no puc tolerar és que pensin que la política nostra es amoral" (= Lo que no puedo tolerar es que piensen que nuestra política es amoral). Ya no se nos pide, fíjense ustedes, que toleremos o respetemos o aguantemos (qué remedio nos queda en el menos malo de los sistemas) lo que el Parlamento legisla, lo que los jueces sentencian o lo que, en este caso, los gobiernos hacen. Se nos pide que suspendamos el juicio moral, que nos adhiramos como meros autómatas receptores, que digamos amén a las nuevas tablas de la ley. Se nos pide que no pensemos.
Hasta donde alcanza mi saber la señora Geli no es ni una guarra, ni una puerca, ni una zorra. Pero desde mi celda una visión benevolente me lleva a pensar que ha perdido el oremus y que, además, no se da cuenta de ello. Si substituyera la benevolencia por la sospecha, me vería obligado a afirmar que de lo que se trata es de suprimir intencionadamente, mediante el descrédito mediático, toda disensión. Y eso nos colocaría, Dios no lo quiera, en la senda oscura de totalitarismo. Así que mejor digamos que a alguien le ha sucedido eso tan molesto, que le puede suceder a cualquiera de cuando en cuando: perder el oremus.

martes, 25 de mayo de 2010

SanaMens

Menos mal que nuestro Presidente del Gobierno lee poco (aparte del Sport, por lo del Barça, y de Público, que es su ajeno portavoz) y menos mal que, además, de inglés da poco pie con bola. Lo digo porque, con todas las discusiones que comporta la Educación por la Ciudadanía como asignatura y especialmente la dificultad de inculcarla en los que ya no estamos en edad de escolarización obligatoria, si hubiese descubierto la existencia de SanaMens, la compañía de McKeesport no daría abasto.

lunes, 10 de mayo de 2010

Culto de mitras


Fue hace años. Era en la sacristía, a punto de empezar la celebración solemne en la fiesta de la patrona. El monaguillo miró compasivamente al obispo y con esa espontaneidad impertinente que caracteriza a los muchachos de nuestro tiempo le espetó: “No et fa vergonya sortir amb això al cap?” (¿No te da vergüenza salir llevando eso en la cabeza?). Recordé la frase el pasado día 25 cuando la multitud de prelados subían las gradas del presbiterio de Santa María del Mar en la beatificación del Padre Tous. No muy lejos de mí mossén Ll., más cerca de los noventa que de los ochenta, gruñía porque no le habían reservado sitio arriba, a él que había sido aquí y allá párroco, más próximo espiritualmente al Padre Tous que algunos de los curas que ocupaban asiento junto a sus eminencias y sus excelencias (¿qué hacía en la comitiva privilegiada el ex-secretario arzobispal incapaz de exhibir otro mérito que el de la mediocridad?).

En la fotografía la cabeza que dormita bajo la mitra inclinada es la de Cañizares. Todo el entorno había de suscitar ese momento de descanso: lo acolchado del asiento, el clima primaveral, el madrugón, la distensión de no tener un papel activo sino lo bastante de la presencia, el canto arrullador de la escolanía...Aquel momento tan callando no lo era de avivar el seso, de contemplar cómo se pasa la vida y la muerte viene, sino de descansar en las verdes praderas de una feliz liturgia que transcurría con la normalidad propia de lo que ha sido contado, medido, pesado. Otros eran en la ocasión a quienes correspondía mantenerse despiertos y vigilantes. Como el Secretario de Estado presidente, a sonreír, a estar pendiente de todo. Como el Ordinario del lugar, primero por la derecha, con la mirada atenta del padre de la novia, un tanto tenso, fluidamente feliz. Como el ceremoniero arrogante que en su juventud todavía no ha alcanzado a comprender que el suyo es un oficio como el del historiador servil en el siglo XVII, un métier mechanique et remplaçable en feliz expresión de Bercé (algo parecido, lamentablemente, a mucho periodista de hoy). Como el President Montilla poniendo cara de interés ante las cámaras, como si la beatificación le importara tres cojones (la cámara sí importa, flash, flash). Como el contrincante Mas, una vez más yendo por delante y perdiendo: se daría cuenta al final de la ceremonia que es mejor estar en el tercer banco en el lado pasillo saludado por sus eminencias (como lo fue Duran i Lleida) que en esa olvidada tierra de nadie de mitad del segundo. Como la Superiora General de las pastoras que estaría repasando si en los agradecimientos finales olvidaría a alguien (no, Madre, no, ni a la última gárgola de la basílica, las gracias a usted por terminar de una puñetera vez). Como los capuchinos confratelli del Beato en su humildad, con sus venerables barbas, haciendo de contrapeso a tanta pompa, a tanta sotana morada, a tanta mitra. La mitra inclinada era de las más majestuosas, la más alta sin duda, supongo que de alguna manera hay que contrarrestar la diferencia de entidad física, especialmente cuando tienes al lado a un pívot como don Carlos, a quien el peso de los años ni dobla ni encoge.

En fin, quien no se haya dormido nunca en misa que tire la primera piedra. O tal vez no, tal vez yo me equivoque y resulte que monseñor no dormitaba sino que meditaba profundamente, parando mientes en que el destino de Tous habría de ser el destino de todos y especialmente de aquellos que con anillo y sombrero romboidal llevan la responsabilidad última, la carga, que lo es, de enseñar, de santificar, de decidir. O acaso sería aquello de: “yo duermo, pero mi corazón vela”.

(Al final, fui a felicitar a fray Valentí, un historiador nada servil, hay más sabiduría en un pelo de su venerable barba capuchina de la que habrá nunca en toda la cabeza de aquel maestro de ceremonias, uf, se conoce que a veces con los blogs pasa como con las escopetas, que los carga el diablo, plato, pum, pum, sorry).