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martes, 18 de agosto de 2009

"Perlas" (II)


"La ministra de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, desaconsejó hoy besar, dar la mano, besar reliquias religiosas o meter la mano en las pilas de agua bendita de las iglesias por ser vías por las que podrían aumentar los contagios de gripe A en España..", dicen los medios de información del día 14 de agosto.


Y uno, que a veces es un poco primario ante estas recomendaciones exquisitas, se pregunta así a bote pronto y a lo bruto (y perdonen ustedes la ordinariez): Y... ¿follar se puede, sra. Ministra? Y no es que uno, por razones que fácilmente se entienden, tenga una especial preocupación en este aspecto, pero no puede evitar pensar, en su ignorancia sanitaria, que acaso un medio de contagio puedan ser también las relaciones sexuales y que no puede evitarse una cierta extrañeza en cuanto de ningún modo se desaconseja, por ejemplo, mantener relaciones sexuales, especialmente entre desconocidos/as. Tal vez el peligro no exista por este medio, tal vez, disculpen una vez más mi ignorancia en este terreno, esté ya extendido el uso de los preservativos de cuerpo entero, como aquellos que usaban en una película cuyo nombre no recuerdo Leslie Nielsen y Priscila Presley. La ignorancia es atrevida. Tan atrevida como para pensar, por ejemplo, que con las cifras que a veces se dan del negocio de la prostitución en España y el contacto que ello comporta (algo más, que yo sepa, que dar la mano, a no ser que la cosa se limite a decir "hola", lo que parece bastante improbable) podría ser éste un alto factor de riesgo. También es verdad que tal como va la economía, por mucha pandemia que haya, no están los tiempos como para desincentivar la actividad de 4000 locales de alterne y mandar al paro a otras 80.000 personas (manejo las cifras más bajas que he encontrado), así que no me extraña que haya que prevenir y recomendar sobre factores más mortíferos, menos necesarios y de escasa incidencia en la situación económica, como son las terribles pilas de agua bendita. También podría ser que doña Trinidad y sus asesores hayan tenido en cuenta los hábitos de higiene de los diversos grupos de población, es decir, que probablemente consideren que los usuarios y las trabajadoras de la prostitución son personas limpias y asépticas como los chorros del oro, mientras que la gente que va a misa somos más bien guarros e infecciosos. Ay, qué cosas tiene el calor, qué razonamientos tan particulares genera...Creo que debería ponerme a ayuno de bloggear hasta septiembre, aunque reconocerán ustedes que hay gente que va provocando.