jueves, 26 de marzo de 2009
Si fuera poeta escribiría cosas así (I)
martes, 24 de marzo de 2009
Este himno sí que es una penitencia
La Comisión Episcopal de Liturgia tiene gente sesuda, muy estudiada, la ha tenido siempre. Doctores tiene la Iglesia, dicen. Gente que le da cuarenta vueltas a un Outsider ingenuo y poco leído, que consiguió el Bachillerato en Teología a trancas y barrancas. Pero ya se sabe que la ignorancia es muy atrevida y que si el papel no se queja, el teclado menos. Así que me permito opinar que una mala tarde la puede tener cualquiera y la tuvo la Comisión Episcopal de Liturgia al aprobar el himno sugerido para los sábados de Laudes en el tiempo de Cuaresma. Hay dos maneras de recitar o cantar el Oficio divino. Una es limitarse a leer lo que el librote dice sin hacerse más problema; la otra es tratar de conectar con lo que se está diciendo (lo cual no siempre se consigue de buena mañana, todo sea dicho). Pues bien, es una verdadera penitencia año tras año llegar al sábado por la mañana y tener que empezar la jornada recitando un himno ñoño, extemporáneo, que queriendo ser mariano resulta verdaderamente memo. El autor es Gerardo Diego, sin duda un poeta genial, pero que también pudo tener una mala tarde. Y la tuvo. Hay que decir en su descargo que el poema abría originalmente un Via Crucis y que cambiar su destino, con las oportunas omisiones de ciertas décimas, es atribuible a la Comisión sobredicha.Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
En fin, vamos a la siguiente, que tampoco tiene desperdicio:
¿Donde esta ya el mediodíaluminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel,
te saludó: Ave, María?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.
Claro, si estamos en la tarde negra, no es extraño que se añore el mediodía luminoso...Pero seguimos en lo mismo, lo rezamos por Laudes y en este tiempo ya hay luz, así que... Lo de estar situado Gabriel en el marco del dintel también es recurso de malabarista (en el caso del arcángel diríamos recurso de equilibrista, a no ser que en Nazaret tuvieran dinteles de medio metro). Y no me negarán que es pero que muy triste que un poeta de la talla de Gerardo Diego tenga que utilizar el adverbio "ya" en dos versos para poder cuadrar el octosílabo. Lo de "el que cruza ahí" recitado suena de maravilla... Finalmente le pedimos a la Virgen-ya-de-la-agonía que nos deje ir con ella y que nos cite en Getsemaní (pero...¿no nos había dado ya la mano?). Yo no sé muy bien qué pinta la Virgen en Getsemaní, de qué extraño evangelio olvidado se habrá extraído este dato, pero a estas alturas del himno a uno ya le da igual que le citen en un sitio u otro, la cuestión es llegar a los salmos que después de esto saben de maravilla.
En fin, vamos con la tercera tipo de aquí-va-la-despedida:
A ti, doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa,
a ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María.
domingo, 22 de marzo de 2009
Culpable, soldado, tal vez blandengue, ese soy yo
viernes, 20 de marzo de 2009
Del siglo pasado: recordando a Elisabeth Leseur

domingo, 15 de marzo de 2009
Bendita carta

Simplemente un poco de atención
sábado, 7 de marzo de 2009
Bancos sin reflotar y barcos a flote
miércoles, 4 de marzo de 2009
Atravesar las tempestades

"La Iglesia romana, en la medida en que reproduce las características de un Estado, ofrece algo remarcable: en sus instituciones une al menos cinco formas de gobierno. Es una democracia teóricamente perfecta, pues todo miembro de esta sociedad puede igualmente pretender tener en ella una función; es una aristocracia perfecta, siempre renovada, pues en ella son los mejores, en principio, quienes asumen la autoridad; es una hierocracia, pues las magistraturas están en manos del clero; es una oligarquía, pues el gobierno lo ejerce un colegio restringido; es finalmente una monarquía, pero una monarquía electiva. Esta sorprendente fusión es quizá la razón por la que la Iglesia romana ha podido atravesar las tempestades durante siglos y adquirir la autoridad moral de la que todavía goza, autoridad que se extiende incluso sobre los hombres que no pertenecen a ella."
Creo que Druon utiliza un concepto de democracia un tanto particular. En fin, no seré yo quien le discuta tal concepto a un parisino que fue miembro de la Resistencia, secretario de l'Académie, Ministro de Cultura , Gran Cruz de la Legión de Honor y diputado europeo. Druon ha encabezado además el CPLDE (Comité pour la langue du droit européen), un grupo que defendía la mayor precisión jurídica de la lengua francesa, a fin de que ésta fuese considerada autoritativa en la interpretación de los actos jurídicos comunitarios; Druon, además de defender que el francés es la lengua de la codificación y la más apta y segura para las expresiones del derecho, efectuaba su propia clasificación de las lenguas: "el italiano es el lenguaje de la canción, el alemán es bueno para la filosofía y el inglés para la poesía". Obviamente, nada dijo sobre el español (ni, Deo gratias, sobre el catalán), omisión que puede obedecer tanto a la mucha como a la nula versatilidad del castellano o a que en Europa no importamos un carajo, o a ambas cosas a la vez. En todo caso lo que humildemente sí le discutiría a este Caballero del Imperio Británico y Gran Oficial pro Merito Melitensi (es que este tío tiene todos los títulos, rayos y truenos) es la razón por la que la Iglesia Romana ha atravesado todas las tempestades (y las que le quedan) a través de los siglos. No es simplemente por la expuesta combinación de formas de gobierno. La razón de ser y de persistir de la Iglesia Romana va más allá de sus aspectos organizativos o institucionales. Hay no una razón, sino un Alguien que a la Iglesia indesinenter sustentat. Claro que esta comprensión va más allá de la teorización discursiva del poder.
Tal vez también podría discutirse con Druon hasta qué punto goza hoy la Iglesia Romana de autoridad moral reconocida más allá de sus miembros. No hay que olvidar que el texto transcrito es de 1964. Hoy cabría incluso plantearse hasta qué punto esa autoridad moral es reconocida y valorada por los mismos bautizados, algunos de los cuales, sin dimitir de su catolicidad, expresan con insistencia su desafección frente a tal autoridad. El debate se complicaría si distinguiéramos entre aquello que se expresa y aquello que consciente o inconscientemente se vive. No hablo de una falta de sinceridad, hablo de una vinculación y una necesidad que trasciende aquello que exteriormente se manifiesta. Probablemente los ateos no reconocen autoridad moral alguna a la Iglesia Romana, pero, como uno de ellos ha tenido la lucidez de escribir (Emmanuel Todd), el no creyente parece no sentirse bien en su certeza más que cuando existe todavía en la sociedad una Iglesia, minoritaria si se quiere, pero portadora de una creencia positiva en la existencia de Dios, susceptible de ser criticada y negada.
