sábado, 25 de julio de 2009

Una exposición: Vivre d'Amour

Por si alguien viaja a Bruselas este verano, una propuesta que parece interesante: una exposición sobre Santa Teresita del Niño Jesús, en la antigua iglesia des Minimes, del 21 del junio al 21 de septiembre. Proyección de la Thérèse de Cavalier, pinturas de Saskia Weyts, documental, etc.
La Iglesia conserva el órgano más antiguo de Bruselas y,si no me equivoco, su vicario sigue siendo Jacques Van der Biest, el famoso curé des Marolles.
Como muestra de la exposición, un vídeo de Robert Empain con su propia presentación:



Ce petit film rassemble des séquences que j'appelle des Grâces. Il a été réalisé pour l'exposition Vivre d'Amour de notre groupe informel d'artistes, nommé lui aussi Grâce, présentée à Bruxelles en l'Église des Minimes cet été 2009 et dédiée à Sainte Thérèse de l'Enfant Jésus et de la Sainte Face, plus connue sous le nom de Thérèse de Lisieux. Ce film donne à lire des phrases de Sainte Thérèse mises en relation avec des images qui touchent à la symbolique paradoxale du voile. Tout voile, tout être, toute image toute oeuvre, tout acte, cachent et révèlent simultanément ce qu'ils cachent et tout voile levé dévoile à son tour d'autres voiles et ainsi à l'infini. C'est une érotique amoureuse de l'apparent et du caché, de ténèbres et de lumière qui accompagne et guide le cheminement spirituel vers la vision du coeur, vers l'écoute de la Parole de Vie, vers l'amour de l'Amour, vers les Noces de l'Époux divin et de son Épouse, notre âme donnée... (R.Empain)

domingo, 19 de julio de 2009

En realidad, Aído sólo es una voz (la de la Necroética)


Le han puesto su apellido, pero en realidad Bibiana sólo es una voz, la de su amo. Sólo repite lo que le han escrito en los informes. No sabe lo que hace, ni lo que piensa. No ve. Es ceguera. Tal vez algún día abra los ojos. Pero los que están detrás, los que ven, esos sí son culpables. Esos sí saben y piensan.

"La pregunta acerca del momento en el que una vida empieza a ser humana sería una pregunta científica si se pudiera resolver empíricamente, pero está claro que no es así, como lo demuestran siglos de discusión filosófica. Esto hace que la afirmación de que la persona lo es desde que es concebida deba ser considerada como una creencia religiosa o metafísica, pero no un hecho verificable. DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA CIENCIA, SE DEBE CONCLUIR QUE NO ES NI VERDADERO NI FALSO QUE EL FETO SEA UN SER HUMANO. La indeterminación científica sobre el comienzo de la vida humana hace que no tengamos ninguna base empírica para decidir si es correcto o incorrecto moralmente disponer del feto mientras este no es viable y no se puede desarrollar autónomamente."

No, no es Aído la de las ideas chocantes con la realidad. El texto transcrito procede del informe aprobado por el Comité de Bioética de Catalunya en septiembre de 2008. Un informe con sólo un par de votos particulares en contra a las conclusiones finales. Le han puesto al muñequito el apellido de Bibiana, pero los padres-madres de su libre aborto son otros. Queden aquí sus nombres para que sepamos quienes son los que en nombre de la ciencia niegan la evidencia humana: Sra. Victòria Camps i Cervera, presidenta; Sr. Marc Antoni Broggi Trias, vicepresidente primero, Sr. Rogeli Armengol i Millans, vicepresidente segundo; Sra. Maria Assumpció Benito i Vives, coordinadora; Sra. Dolors Canals i Ametller, Sr. Josep Ramon Arisa i Clusella (voto particular técnico), Sra. Montserrat Artigas Lage, Sr. José Luís Ausín i Herbella, Sr. Màrius Morlans i Molina, Sr. Joan Maria Pons i Rafols, Sra. Maria Luisa de la Puente Martorell, Sra. Maria Eugènia Sala i Gómez, Sr. José-Pascual Ortuño i Muñoz, Sra. Rosa Sales i Guàrdia, Sra. Mireia Cañellas i Grifoll, Sr. Juan Rodés i Teixidor, Sr. Alfons Vilarrasa i Cagigós, Sr. Joan Viñas i Salas (voto particular de fondo), Sra. Montserrat Busquets i Surribas, Sra. Pilar Salvador i Collado, Sr. Pablo Hernando i Robles, Sr. Xavier Carné i Cladellas, Sr. Francesc Abel i Fabre (voto particular de fondo), Sra. Margarita Boladeras i Cucurella, Sra. Maria Casado González, Sr. Francesc Borrell i Carrió (voto particular técnico), Sra. Milagros Pérez i Oliva, Sr. Jordi Varela i Pedragosa, Sr. Francesc José María i Sánchez, Sra. Francesca Puigpelat i Martí, Sra. Virtudes Pacheco i Galván, Sra. Maria Josep Borràs i Pascual, Sra. Montserrat Boada i Palà, Sra. Anna Veiga i Lluch, vocales, y Sr. Josep M. Busquets i Font, secretario.

lunes, 13 de julio de 2009

Si fuera prosista escribiría cosas así (III) o don Joaquín echando cuentas


El buenazo de Don Joaquín amaba su Parroquia de San Pelayo. Aunque al principio le costó adaptarse, con los años y el roce aquello fue su casa. Y, entre las Obras parroquiales, la niña de sus ojos era la Escuela Parroquial. Era su director, su profesor de lengua y literatura españolas, de geografía, de historia. Y, por si fuera poco, dada la escasez de recursos pecuniarios, también ejercía rigurosamente la peliaguda tarea de contable. En esta vertiente la autoexigencia era máxima. Don Joaquín, más práctico que piadoso, se había agenciado ya en sus últimos años de seminario unos manuales de contabilidad de los que se usaban para estudiar Comercio, se los había empollado a conciencia, como si fuera una segunda vocación. En San Pelayo, cuando el obispo venía a confirmar, don Joaquín se las arreglaba para encontrar medio minuto y mostrarle, como quien muestra una obra de arte, aquellos libros de Diario y Mayor, con anotaciones de caligrafía primorosa, impecables, mientras decía: "Aquí, Excelencia, cada céntimo queda anotado". Limitábase el Obispo a sonreír, por aquello de que cada loco con su tema, sabiendo que aquellas eran aficiones honestas, como la que tenía el párroco de la Milagrosa (coleccionar búhos en pequeñas imágenes decorativas, llaveros, cerámicas, abrecartas, todo un mundo de búhos) o la especialidad que ostentaba el de San Andrés (explicar pormenorizadamente las incomparables excelencias del purito Rossli).
Pues aconteció que una mañanita calurosa de julio estaba el bueno de don Joaquín en camiseta cerrando las cuentas de la Escuela cuando se le presentó una impertinente diferencia de 1,23 pesetas. Tranquilo, se dijo, que el Borrador cuadraba. Era cuestión sólo de tiempo: repasar las anotaciones, las sumas, puntear, sabía que aquello no podía durar mucho, que no había diferencia que se le resistiera. El verano lo que tiene es que la gente abre las ventanas (especialmente en aquellos tiempos en los que no era común el aire acondicionado) y por las ventanas entra el mundo en los pequeños mundos individuales con el peligro del desbarato. La ventana de la oficina de don Joaquín estaba en el primer piso de la casa parroquial, daba a la plaza y tenía delante un arbolito generoso en sombra. Hallábase don Joaquín empezando sus sumas cuando dos comadres se encontraron bajo el arbolito, se saludaron no precisamente con un susurro y empezaron una conversación: bla, bla, bla, bla. Don Joaquín, mientras se esforzaba por sumar, supo primero de la salud de ambas, embarcadas en la extraña competición de quien había estado más malísima, "pues te veo bien", "ahora sí, claro, pero que lo he pasao yo mu malamente", "anda que yo, mira, unos párpitos me daban". Pálpitos los de don Joaquín que al empezar la hilera no sabía cuántas se llevaba, así que vuelta a empezar, y a ver si a estas buenas mujeres les daba por circular. Aunque la sombra era buena, julio inducía al abanico, por lo que cuando la Lola y la Carmela pasaron al tema de los retoños respectivos, empezó a oírse ese abrircerrar de carraca propio de la época, entre frase y frase, raaaac, raaaac, con lo que las 1,23 pesetas empezaban a cobrar un aire de misterio y de derrota administrativa. Era imposible concentrarse, poner la vista en las cifras teniendo el oído tomado por los chismes. ay, si entonces hubiesen habido las absoluciones colectivas, podría al menos haberse ahorrado el buen párroco sus ratos de confesionario; hubiese bastado en la misa mayor decir: "hijos míos, decid todos: señor Jesús, ten piedad de mí, y os doy la absolución, que los pecados de todos ya me los dijeron la otra mañana la Lola y la Carmela". Pasaron diez minutos, un cuarto de hora, media hora, no había manera de repasar una sola suma con tanto bla, bla, bla, y con tanto abanico abriéndose y cerrándose. Allí se corroboraba que en el mucho hablar no faltará pecado, porque don Joaquín, además, empezaba a sentirse tentado de la ira, acalorado, nervioso. Hizo un enésimo intento de dedicarse a lo suyo, pero ni por esas, pensó en claudicar, en cerrar la ventana y asfixiarse antes de dejar aquello descuadrado, pero un hecho de inmensa gravedad, pasados los tres cuartos de hora del encuentro, tuvo una influencia determinante en su desenlace. Un goterón espeso e inadvertido de sudor se desprendió de su frente inclinada sobre el libro Diario y fue a caer precisamente sobre una cifra anotada, convirtiendo en irregular lo primoroso. Don Joaquín dio un puñetazo de cosa juzgada sobre la mesa, dos lápices fueron al suelo. Dirigíase ya el buen cura a llenar un cubo de agua con no muy buenas intenciones cuando su mirada tropezó con el cuadro del Ecce Homo que tenía en el cuarto. Hay acciones que un buen párroco no puede permitirse, así que don Joaquín, que lo era, recapacitó, se enfundó, pese al sudor, la sotana, mientras se sonreía con cara de pillo. Que sí, que siempre hay un plan B.
Pues estaban la Lola y la Carmela hablando tranquilamente sobre lo que la vecina de la primera cobraba de alquileres cuando oyeron que se abría una de las hojas de la puerta de la iglesia. De allí salió don Joaquín con dos sitiales apoyados en las caderas. Eran dos asientos pesados, sostenidos a fuerza de apretarlos contra los sobacos. Eran dos sitiales hermosos, amplios, blandos, tapizados de un rojo sangre. Don Joaquín se los ponía a los contrayentes en las bodas. El buen cura vino hacia las dos mujeres, enmudecidas por la sorpresa, al paso rápido que podían permitirle sus piernas regordetas. "Hijas mías, ea, como está claro que tenéis muchas cosas que deciros, sentaros aquí, repantingaros, que ahora voy por el botijo, no se os vaya a quedar la boca seca". Se dio media vuelta y de reojo vio como las comadres marchaban, pies para que os quiero, tal vez algo refunfuñonas.
A los cinco minutos don Joaquín había encontrado la diferencia. Todo estaba en orden. Cogió el botijo, lo levantó, pero finalmente decidió echarle antes un buen chorro de anís. En aquella mañana la palomita sabía a gloria, el mundo volvía a ser hermoso y ordenado.

miércoles, 1 de julio de 2009

Del siglo pasado: George Sheehan (atletas,ascetas y poetas)




Creo que empecé a correr regularmente en 1988. Lo de regularmente es un decir, porque, desde entonces, ha habido épocas de todo. Años de medias maratones quincenales y temporadas como la actual, en la que si logro combinar horarios y un par de veces por semana sacar cuarenta minutos para dedicarlos a trotar puedo considerarme afortunado. De esta menor dedicación dan fe signos tan expresivos como la prolongación inusitada de la vida útil de las zapatillas, la mayor dificultad en abrocharse uno los pantalones de la talla de toda la vida y el descenso de la velocidad de crucero hasta los 5 minutos y medio por kilómetro (y subiendo).
Un género interesante es el de libros para corredores. Libros dedicados a ejercicios preparatorios, a entrenamientos, a dietas especiales. Libros que señalan, por ejemplo, la trascendentalísima importancia de correr colocando la yema del pulgar en la articulación de las falanges distal y media del índice. Libros que aconsejan no dar nunca la espalda a un perro, especialmente cuando el dueño dice y asegura que no muerde ("morderá, seguro"). Libros que llegan incluso a instruir en auténticos misterios de sabiduría arcana, enseñando cosas insospechables como que hay que correr abrigado cuando hace frío y vestir ligeramente cuando hace calor. Libros motivadores, aunque sea utilizando la trampita de afirmar que los corredores suelen ser buenos amantes, lo que evidentemente ningún corredor/a negará.
Una especialidad es la de aquellos libros que pretenden ir más allá de la mera mecánica corporal y pretenden entrar en el espíritu del correr. Entre estos, pueden encontrarse auténticos bodrios con éxito como El Zen del correr (cuatro fotografías entreveradas con cuatro sentencias lapidarias, una especie de .pps impreso, para entendernos, frases cortas para mentes no muy dotadas) y auténticas maravillas como las obras de George Sheehan.

Sheehan (1918-1993) fue, además de cardiólogo y corredor tardío, un señalado "filósofo" del deporte. Conservo todavía un ejemplar de su obra más significativa, Running and Being, bien traducida al castellano por Antonio Pigrau y que la estupidez comercializadora de la editorial sacó al mercado español en 1979 con el abracadabrante título de Correr es salud. El mejor método para mantenerse en forma. A pesar del título, leer a Sheehan es un ejercicio delicioso, supone adentrarse en la filosofía de la creatividad y de la actitud ante la vida. El libro no es ningún método, sino una sucesión de reflexiones profundas conectadas a su propia experiencia vital de corredor. Un libro que desvela lo que tienen en común el atleta, el santo y el poeta: el coraje de amenazar la trivialidad, la búsqueda incesante de la obra maestra. Además, y no sólo como complemento, Sheehan era católico, un católico formado y militante, uno de los fundadores de la Christian Brothers Academy de Lincroft, capaz de citar a Péguy, a Chesterton, a Teilhard de Chardin. En su libro llega a adentrarse incluso en lo que puede llegar a categorizarse como la "mística" del correr. Sheehan corrió con Dios y contra Él y en su obra trata de transmitir esa experiencia difícilmente transmisible. La vertiente ascética es sin duda alguna más comprobable. Mientras corre, cualquier corredor solitario (modelo Sheehan) puede experimentar qué son la Pobreza, la Castidad y la Obediencia, sin necesitar la profundidad del filósofo. Esto pueden entenderlo, por su propia experiencia, hasta aquellos cuyas ideas cortas no irían más allá del Zen del correr. La Pobreza es un tipo solitario en camiseta, short y zapatillas; añadámosle un par de lujos: una gorrita y un ipod de esos a los que se les acaba la batería en el kilómetro cuatro; junto con esas posesiones no lleva gran cosa más: sólo su propio sudor, su dolor, su testarudez. La Castidad es ese mismo corredor en una larga cuesta que obliga a bufar cuando se acaba el gas, cuando el tórax se inclina hacia delante y los brazos comienzan a moverse como si uno esquiara; desde luego en ese momento no se está para muchas tonterías libidinosas. La Obediencia es ir hacia la meta, especialmente cuando ésta de tan lejana se hace remota, cuando uno se pregunta quién le manda meterse en este estúpido calvario y, como respuesta, no hace sino avanzar, plas, plas, uf, buf.

Pero dejemos esta incursión de un outsider y volvamos a la maestría de Sheehan, quedémonos con un par de bocaditos de Correr es salud (substitúyanlo por salvación y a lo mejor aciertan). El primero es para corredores (y no hace falta siquiera que sean creyentes para que lo entiendan):
"Al principio, mi empuje vence la suavidad de la pendiente, pero la Cuesta me exige más cada vez. Hasta que alcanzo el final de mi fisiología. El final de lo posible. E incluso llego más allá de lo que puedo soportar. Me siento tentado a decir: ¡Basta! Sí, ya basta, y con mucho. Pero no me rindo...Estoy luchando con Dios. Lucho contra las limitaciones que Él me ha dado. Lucho contra el dolor. Lucho contra la injusticia. Lucho contra el mal que hay en mí y en el mundo. Conquistaré esta Cuesta, y la conquistaré solo."
El segundo es para creyentes (no hace falta que sean corredores). Es la respuesta a un profesor de filosofía, enemigo acérrimo del rugby, deporte que consideraba desde su arrogancia intelectual una mezcla de violencia, odio y competición; el profesor le preguntó a Sheehan si podía imaginarse a Jesucristo como un jugador de rugby profesional:
"Sí, puedo ver a Jesucristo como a un jugador de rugby. Del mismo modo que puedo ver a Jesucristo el lampista, a Jesucristo el artista o a Jesucristo el carpintero. La Buena Nueva que trajo hace dos milenios es la de que el cuerpo es sagrado, que el mundo es sagrado y que nada humano me es ajeno. Cuando Él se hizo Hombre, nos convertimos en hombres. El mensaje de Belén no fue simplemente el de que todos los hombres habían sido creados iguales, sino el de que todos los hombres habían sido creados únicos. Y el de que triunfarían o fracasarían según cómo cumplieran las posibilidades de esta unicidad: la única y auténtica vida que uno debiera llevar."