domingo, 30 de noviembre de 2008

Ea, un tráiler



Ea, un tráiler, para variar. Un trailer no muy antiguo, tampoco nuevo. De una película para muchos desconocida, para muchísimos. Apenas ha habido alguna proyección en nuestro país, aunque en el formato dvd en que se distribuye hay versión subtitulada (un tanto particularmente, todo sea dicho) en castellano. No es una maravilla del séptimo arte. Probablemente resulte un tanto mogijata, excesivamente lenta, melosa. Rodada con medios escásísimos y con mucha colaboración amateur (en interpretación, en realización, en producción, en distribución). Pero es el primer largometraje de su director. Pero refleja una religiosidad que aún hoy conecta con la que se vive particularmente en el sur de Italia. Pero quiere transmitir que en el Mezzogiorno italiano no hay sólo 'ndranghetta y similares, que aquel territorio ha dado santos, y seguro que los da aún. Y algunos planos son bellísimos. Pero al final, después de todas las brillantes críticas y reproches, con mayor o menor fortuna, transmite algo verdadero: en la mayoría de los casos un santo (en este caso San Francisco de Paula, pero podrían ser tantos otros, San Agustín, un largo etcétera) lo es porque ha tenido una familia como ha tenido, y, especialmente, una madre. Muchas veces se puede decir: ¡Viva la madre que lo parió!

viernes, 28 de noviembre de 2008

El Adviento, a punto de advenirnos



Mañana, al atardecer (en judeocristianismo nuestros tiempos empiezan en la tarde-noche, eso de por la víspera se conoce el santo), será Adviento otra vez. En ese círculo repetido del tiempo litúrgico en nuestro tiempo irrepetible, en esa espiral que nos va llevando hacia la eternidad, volvemos al Adviento (en realidad, en los comercios y en los anuncios de TV, en el territorio de lo profano, cada vez se adelanta más y, aunque seguramente la razón es económica, yo creo que no es sólo eso, sino que la gente ya le tiene ganas). En la liturgia católica es lo que se llama un tiempo "fuerte". Hay quien se obstina en afirmar que todos los tiempos son "fuertes" y sagrados, y que los tiempos litúrgicos, bah, y que cada día tendría que ser Navidad. No estoy yo tan divinizado como para aceptar eso, porque tenemos patas (sumus homo, decía una monjita poco latinista y no demasiado feminista) y nuestros tiempos difieren y cambian (como cambiamos nosotros) y lo mejor de Navidad es que no puede ser cada día. El deseo es bienintencionado, las palabras bonitas, la realidad cruda como el frío de esta semanita. El Señor viene, manteneos alerta.

Haremos bien en no confundir la esperanza con el botín terreno de los bienes terrenos. Haremos bien en no confundir el gozo esperanzado del Adviento con las perspectivas del dulzor aterronado del turrón o la chispa juguetona del cava. El Señor que viene con la generosidad extrema hasta la muerte -y con el pan de unas bienaventuranzas desconcertantes bajo el brazo- no lo hace para acomodarnos en la poltronería del sofá y en el calorcito de las pantuflas y el radiador. Viene como un ladrón a robarnos los caramelos del engaño y a mostrarnos el único camino que puede salvarnos de nuestra mezquindad.

Lo resumo con una cita de C. Cardó (pensaba traducirla, pero es que entre la holgazanería de un servidor y la belleza del original...): "Si celebràvem l'Advent com a cristians, no com a gentils ni jueus, ho donaríem tot al Déu que s'anuncia en l'horitzó llunyà, disposats a veuren'ns-ho tot trencat per tal de posseir aquella integritat d'esperit que després del pecat només pot ésser fruit d'una conquesta dolorosa".

(El Juan Bautista de la imagen es de Paul Guimezanes; sus dibujos provocan admiración o rechazo, difícilmente indiferencia; tenéis una antología de su Bible imagée en http://jubil.op.org/3caravan/virtuel/3reporta.htm para los torpes: se accede clickeando en la firma)

Tal vez una sonrisita nueva para un chiste antiguo:

Aquel ladrón slencioso no sabía que en aquella casa el marido, un tipo con poca voluntad y muchos kilos de más, estaba siguiendo una dieta estricta. Si lo hubiera sabido se hubiera ahorrado el tener que decirse: "Vaya hombre, dos horas trabajando y ahora resulta que es una nevera".

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Poesía

(hace una mañana fría, pero hermosa, poética, así que, para variar, tomo la lira):

La poesía
es
una revoloteante mariposa
que, huida del país de las colecciones,
solicita asilo
en nuestro corazón.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Probablemente soy un intolerante



Qué probablemente, ni probablemente, ¡seguro!
Uno de mis amigos/colegas italianos está convencido de que el proyecto de la masonería de acabar con el cristianismo y particularmente del cristianismo católico comprende como uno de sus medios la penetración del Islam en la Europa mediterránea. Soy poco amigo de creer en conspiraciones y siempre le he dicho a mi amigo que eso no tiene demasiado sentido, que querer acabar con una Iglesia "dogmática" mediante el dogmatismo islámico no se sostiene; su respuesta ha sido siempre imperturbable: "créeme, lo fomentan", "lo tienen calculado", "saben el porqué lo hacen"... Lo cierto es que para los católicos (y hasta no pocos no católicos) italianos la acción de la masonería es una realidad que a nosotros nos puede quedar como más lejana. Particularmente, eso que en Italia se denomina la masonería "deviata" con ramificaciones en los poderes establecidos y en los fácticos (léase mafias y similares); hay algún blog sencillamente delicioso sobre esto (si non è vero, è ben trovato, y los comentarios no tienen desperdicio).


Pero la penetración del Islam, de forma más explícita o de forma más progresiva y silenciosa, es un hecho. Lo siento, soy intolerante, lo confieso. Y si se me quiere tachar de xenófobo, adelante. Pero no creo en las bondades del Islam. No las veo. No veo que sea una religión portadora de libertad. Ni siquiera tengo muy claro eso que parece tan asumido del esplendor cordobés y de la "convivencia" bajo el califato. A quien crea en eso le aconsejo que haga un estudio histórico serio y no se deje llevar, de buenas a primeras, por alguna patochada fácil que, aunque provenga de un jurista de reconocido prestigio, no deja de ser una patochada fácil. Y que discierna qué convivencia era realmente aquella y de paso puede preguntarse qué es lo que realmente el Islam ha aportado creativamente a la historia de la civilización y al progreso científico (no niego el papel que ha jugado de transmisión en una época bastante lejana, pero sí cuestiono el de creación; un estudio serio descubriría probablemente a no pocos científicos medievales cristianos y judíos trabajando bajo el yugo mahometano). No basta con los calificativos que apliquemos, conviene preguntarse: ¿dónde estuvo verdaderamente el origen?

No es que tengamos que estar en guardia permanente, pero no deberíamos minimizar los efectos (y las pretensiones) del Islam entre nosotros. No olvidemos el papel que juega España como reto y desafío en el imaginario islámico. Que yo sepa (y si no, corríjanme, que yo no sé todo), el único territorio, junto con tal vez Palestina, en el que el Islam ha retrocedido tras siglos de dominio ha sido el nuestro.

Soy un intolerante, lo confieso. Y un outsider. En realidad, debería estar defendiendo las orientaciones eclesiales que claman por un dialogo interreligioso (anteayer el periódico nos ofrecía la imagen de un obispo cercano tomando el té, dialogando con dirigentes musulmanes). Obedezco al magisterio, no lo critico, no soy el típico revoltoso gruñón, pero se me hace difícil creer en la posibilidad de tal diálogo como sincero desde ambas partes. En este sentido soy también un outsider, más cercano a los puntos de vista de personas como la malograda agnóstica Oriana Fallaci con su Eurabia o al inclasificablemente certero Mario Gaviria con su califato de Francia. Ustedes perdonen. Probablemente con este post me voy a ganar más x (espero que sólo dialécticas) de las que el domingo repartí en mis tres misas.


Hoy mismo leo en el blog de Sor Lucía Caram su asombro ante el discurso de Plataforma per Catalunya; incluso pone el enlace al video del líder Josep Anglada. ¿Increíble? No, perfectamente lógico, hermana. Anglada tiene un porcentaje importante de votos en Vic y no es el fruto de la intolerancia, sino de la tolerancia cobarde, estúpida y políticamente (y eclesiásticamente a veces) correcta. Detrás de Anglada hay un montón de gente harta de discriminaciones positivas, de relativismos culturales, de que la sociedad receptora tenga que adaptarse a los que llegan de fuera y no al revés, de que se exijan todos los respetos para los seguidores de Mahoma mientras que Cristo y sus seguidores sean el objeto preferido de las chanzas tolerantes, de que hoy día, gracias a unos medios de comunicación políticamente correctos, todo el mundo sepa cuando empieza y termina y qué es el Ramadán y sea cada vez más bajo el porcentaje de personas que sepan qué es, por ejemplo, la Cuaresma (¿eso qué es?). Cuando una sociedad no cuenta con "intolerantes" inteligentes de la talla de Fallaci o Gaviria que hagan oír su voz con fuerza, genera Angladas desaforados. Y es que hay días en que aunque uno intente la mirada amorosa y esperanzada sobre la realidad, eso no puede ser a costa de ponerse las lentes de iluso. Y que conste que no me lamento, no digo los otros, digo ante todo mea culpa.


¡SAN PABLO Y ABRE ESPAÑA!




Así titulaba Miguel de Unamuno un artículo en 1934, artículo luego reproducido como prólogo en la traducción española del San Pablo de Teixeira de Pascoaes, un libro de religiosidad heterodoxa y atormentada (con razón le chiflaba a Unamuno), una especie de biografía novelada, históricamente deficiente, filosóficamente paradójica y brillante (con razón le chiflaba a Unamuno), literariamente preciosa. Tampoco, a decir verdad, tenía Pascoaes pretensiones de historiador, pues él mismo escribía que "la verdad histórica es anecdótica y la legendaria esencial".

He querido recordar esta frase del título en este año de San Pablo. Con ella quería expresar Unamuno su deseo de que España se abriera, decía, a la esperanza "desesperada".

Un servidor, que tiene un sentimiento menos trágico de la vida, quisiera que España (o las Españas, me da igual, discuta de ello quien con ello se problematice) se abriera al Cristo vivo de Pablo, al que nos muestra cómo vivir y morir, al Cristo predicado por Pablo incansablemente. No sería poco provecho si este año los que nos decimos, y queremos decirnos y serlo, cristianos, aprendiéramos de San Pablo su infatigabilidad. No buscó justificaciones, no se desanimó, no pasó la culpa a otros, no se quejó ni se lamentó cuando no fue escuchado o cuando su predicación no dio aparentemente un fruto abundante e inmediato. Llevó a cabo su apostolado en la necesidad y en la abundancia, haciéndose todo a todos. No se arredró cuando fue tenido por necio, débil o deshonrado. No se echó atrás a causa de los ultrajes, de la persecución, de la difamación. Cinco veces los cuarenta menos uno, tres apaleamientos y un apedreamiento, naufragios, sendas peligrosas, fatigas, desvelos, hambre, sed, frío... No desfalleció. ¿Nos atreveremos todavía a quejarnos?
¡San Pablo, y abre España!
Una sonrisita nueva para chiste antiguo:
Dos mirando una carrera atlética.
-Pero...¿por qué corren tanto?
-Porque al que cruce la meta primero le dan un premio de cinco mil euros.
-Ah...esto...y los demás...¿por qué corren?

sábado, 22 de noviembre de 2008

¿será posible?




"¿Será posible?", me dije esta mañana, cuando, en mi carrerita de sábado, pasé delante de un instituto de secundaria, cerquita del Parc de Can Dragó. Cada cual tiene derecho a defender lo suyo en una sociedad en la que, como te quedes atrás, te descuelgas, en la que las cuotas de la hipoteca son inmisericordes y en la que el que no corre vuela. Del instituto de secundaria colgaba una pancarta: "Conveni o lluita" (convenio o lucha); nada que objetar. Cada cual defiende lo suyo y con los medios que tenga a su alcance. Nada que objetar si no fuera por la faz que adornaba la pancarta. Un icono legendario, le llaman, un mito. "¿Todavía estamos así?", pensé. Y a renglón seguido a uno se le ocurre pensar en qué valores de verdad o de justicia se estarán transmitiendo en tal institucíón educativa. ¿Es que la única historia verdadera que aprenderán los alumnos será la que hay escrita en las cajetillas de güinston? ¿Es que nunca conocerán aquellos jóvenes la verdad? ¿Nadie se atreverá a decirles que aquella efigie es la de un tipo al que el mismísimo Fidel Castro tuvo que pararle los pies porque pretendía fusilar a chavales de catorce años? (O sea a chavales de la misma edad que tienen los que acuden al instituto). Basta de esta torpe educación y basta de películas tergiversadoras.


Es que hay que ser iguales y que nadie se sienta discriminado. De ahí se deduce, al parecer, que nada de símbolos religiosos. Fuera el crucificado. Teóricamente, se fomentan los valores "de la solidaridad, libertad, convivencia y participación democrática". Será por eso que fuera el crucificado. Pero en la fachada, eso sí, el rostro de un asesino. Triste, muy triste.




Para contrarrestar, intentemos una sonrisita tal vez nueva, para chiste antiguo (de Pakote!):






lunes, 17 de noviembre de 2008

Intriguillas diocesanas? (Germinans & Co.)



Hay quien juzga a los integrantes de la Iglesia como una especie de esclavos oprimidos y atenazados por los jerarcas que les dicen qué tienen que pensar, qué tienen que creer y qué tienen qué hacer. Lo cierto es que la Iglesia, aun contando con un origen divino, se mueve en este mundo, como por otra parte hace cualquier otro grupo humano, de forma organizada. Seamos claros y dejemos los prejuicios de lado. En la Iglesia, como decía alguien no hace mucho tiempo, todos hacemos más o menos lo que nos da la gana. Y cuanto más arriba se está en la pirámide probablemente más atadas se tienen las manos. Probablemente yo soy más libre que el Papa. Lo que no quiere decir que no haya injusticias (¿he escrito ya que es un grupo humano?, ¿sí?, bien vale) ni gente que sufre con razón. Como tampoco faltan descontentos que no contentos con hacer ellos lo que les da la gana, quisieran, además, que también el resto, empezando por el Papa, hiciéramos lo que ellos quieren. Y entre estos descontentos de todos los colores no faltan sacerdotes. Por si alguien no lo sabe, todos los sacerdotes el día de su ordenación prometen, entre otras cosas, obediencia a su Obispo. Todos sabemos que es más fácil prometer que cumplir. A los eternos descontentos les cuesta más cumplir y entonces el sufrido recurso es presentar al Obispo como el "opresor". Pasaron ya los tiempos de los curas obreros; los hubo, aunque muchos de ellos sólo lo fueron de forma pasajera. Pero a muchos descontentos de ahora no les iría mal pasar una temporadita en una empresa bajo las órdenes de un encargado o jefecillo cabroncete para que conocieran cuál es realmente el significado de la palabra "opresión".

Vayamos al grano. En Barcelona hay descontentos como en todas partes. Alguno o algunos de ellos, de cariz más bien conservador y españolista (por ponerle adjetivos para entendernos, gusten o no gusten) iniciaron una página web (germinansgerminabit.org) en la cual, aprovechando el anonimato, se dedican a repartir mamporros verbales al Cardenal Arzobispo y a sus personas de confianza (por ahora, quien se lleva la palma es el Rector del Seminario), denunciando que la diócesis, a su modo de ver, está en manos de una progresía descerebrada a la que cabe achacar los males que el obispado padece (y en particular, los malos resultados pastorales). Los de germinans conocen los entresijos curiales y están bien informados, cualidad que, al margen de cómo se les juzgue, todo el mundo les reconoce. Además, en la medida en que se les percibe como antinacionalistas, han tenido altavoces en otros blogs católicos que se hacen desde la España más centralista. Lo cierto es que la web es visitada y comentada. Las andanadas de Germinans, desde el anonimato siempre, son hirientes, exageradas, poco elegantes (por no decir a veces por parte de alguno de los colaboradores bastante palurdas o brutas), nada comedidas y objetivamente cobardes (probablemente no se atreverían a decir esta boca es mía dando la cara), aunque últimamente se han moderado un poquito. En los últimos tiempos había surgido una especie de Contragerminans más aparente que real, más tosco y no menos imprudente; parece que, alabado sea Dios, ha quedado en agua de borrajas... Germinans es poco evangélico; resulta bastante repulsivo, para quien ame a la Iglesia, comprobar cómo, bajo pretendidas razones de servicio a la salus animarum, se explicita públicamente el peor testimonio que puede dar la Iglesia, el de las luchas intestinas y desprovistas de toda caridad, en las que se adivinan sin dificultad resentimientos personales.

Ahora bien, cabe preguntarse por qué una web que objetiva y aparentemente no merecería más que desprecio recoge tan alto número de visitas (no entro en las extradiocesanas, porque gente rara de todas partes sumada y sumada y repetida hacen subir estadísticas) por parte de sacerdotes y cristianos en activo de la misma diócesis. ¿Son sólo meras intriguillas diocesanas?

La respuesta es que no, no lo son. Y aquí sí que alguien tendría que empezar a hacer examen de conciencia y preguntarse sobre hasta qué punto influyen algunos hechos en el éxito de una propuesta aparentemente tan mezquina y maliciosa:
Es un hecho que nuestro Cardenal es poco comunicativo y un tanto desconfiado. Cuando se dice que el desaparecido obispo auxiliar Carrera se enteraba precisamente por Germinans de algunas cosas que se cocían tal vez se esté exagerando, pero nadie se atrevería a jurar que es una afirmación totalmente descabellada.
Es un hecho que la pastoral diocesana conoce cierta inercia, se sigue moviendo con unos planteamientos de hace 20 años que hoy no sirven porque el paradigma ha cambiado. En este sentido instituciones como el Centre d'Estudis Pastorals están pidiendo a gritos cambios de rumbo y no seguir supeditados a unos planteamientos ideológicos periclitados.
Es un hecho que no ha habido en muchas parroquias y organismos diocesanos un esfuerzo integrador y que no se han sabido aprovechar las posibilidades que una religiosidad popular bien encauzada hubiera dado de sí, incluso cuando provenía de una sensibilidad foránea. Aun hoy hay clero en activo incapaz de integrar a la inmigración y enrocado en su hecho diferencial.
Es un hecho que se ha confiado una excesiva responsabilidad a determinados miembros, a un determinado sacerdote en concreto, al que mucha gente prudente (incluidos sacerdotes sin ambiciones) cree, por su juventud y carácter, demasiado poco bregado para ser imbuido de tales responsabilidades. Y que tal confianza ha ido en detrimento de gente muy preparada, con más categoría intelectual (incluso con más títulos académicos) y mayor experiencia pastoral y humana que se han visto relegados a oscuras delegaciones diocesanas.
Es un hecho que las instancias críticas se han soportado a veces con demasiada paciencia cuando provenían de sectores pretendidamente "progresistas" y, en cambio, se han rechazado frontalmente cuando se las identificaba con sectores "conservadores" (enseguida calificados de "integristas", "oscurantistas", etc.).
Es un hecho que determinados temas morales, normales en cualquier otra parte del mundo como característicos de la realidad católica, no se abordan activa y decididamente en Barcelona por parte de los pastores, no se sabe si por timidez, por falta de convicción o por querer parecer modernos y dialogantes con el poder (la lucha contra el aborto, por ejemplo).

¿Intriguillas diocesanas? Tal vez.
Yo lo miro desde mi celda y, aunque no puedo evitar cierto desaliento punzante porque no soy ajeno a la iglesia local, también me digo: qué bonito es ser religioso. Sí, sí, en todas partes cuecen habas, pero en mi casa o en mi familia religiosa si tenemos que mandarnos a la mierda lo hacemos directamente, no necesitamos ni webs anónimas ni contrawebs. Deo gratias.



viernes, 14 de noviembre de 2008

Al atardecer de la vida


Al atardecer de la vida te examinarán del amor, lo dice la canción. Algunos hemos pasado tantos exámenes en la vida...Por no hablar de esos indebidos exámenes que hacemos unos de otros, por no hablar que nos pasamos la vida evaluando a los demás, especialmente para catearles, más que para premiarles. Eso también es en cierto modo “libre examen”. Por no hablar de los exámenes médicos...
Y en realidad el examen (son varios, pero en realidad uno y el mismo diversamente expresado) que de verdad vale es el de Mateo 25: necias negligentes o prudentes preparadas, talentos que rinden o que se desaprovechan, ovejas o cabritos. Nosotros quisiéramos a veces que nos dejaran ser a medias, una vela a Dios y a otra al diablo, aceite, pero menos (que pesa), medio talento enterrado y medio empleado, ovicaprinos... Ser “casi”, pero no del todo, o sea como siendo sin ser (¿recuerdan ustedes aquella pregunta en la que casi todos hemos caído por mor de la respuesta rápida: tú qué prefieres, casi salvarte o casi condenarte?)
Pero en el examen ya se sabe, o pasas o no pasas. O te queda aceite o no te queda, o hiciste rendir los talentos o los dejaste estériles, o cordero o cabrón. Y te dan ganas de decir, Dios, tío, ¿cómo esperas tanto de nosotros? ¿Cómo confías tanto en nosotros? ¿Cómo no te resignas a que seamos unas mierdecillas capaces sólo de egoísmo?
En realidad, Dios tiene preparadas las fotos de carné de todos, porque él querría ponernos a todos en el cuadro de honor (eso del cuadro de honor los jóvenes probablemente no saben lo que es...).
Al atardecer de la vida, dice la canción. No soy carmelita, pero creo recordar que lo que Juan de la Cruz escribió fue exactamente “al atardecer te examinarán en el amor”. Quizá para que recordemos que el amor no es sólo la asignatura, sino también el aula, el papel, la mirada del catedrático. Quizá para que no dejemos la preparación para las últimas noches (entre otras cosas, porque nadie sabe el día ni la hora). Quizá porque todos los atardeceres son atardeceres de la vida y hay que vivir cada atardecer como si fuera el último.

Una sonrisita tal vez nueva para un chiste antiguo:
El paleto que va al dentista para que le extraigan una muela. Entra con una señora muy pintarrajeada, con pinta de fulana y se sienta en el sillón abrazado nerviosamente a ella. El dentista, sorprendido:
-Pero, hombre, cuánto miedo tiene usted. Tranquilo, su mujer puede esperar fuera.
-Quiá, si esta no es mi mujer. Esta es la Anastasia. Es que me han dicho que con la Anastasia no duele.

martes, 11 de noviembre de 2008

Caerse del caballo

Probablemente lo del caballo y la caída fue un elemento de adorno añadido por el "como me lo contaron te lo cuento". Vayan ustedes a saber si realmente iba Saulo montando un jumento, si repantingado en un carromato o con el coche de San Fernando (que el Santo rey no existía, pero sí el método de locomoción). Lo que sí sabemos es que allí hubo una experiencia vital determinante, que desde entonces nada sería lo mismo para aquel judío.
Lo cierto es que la mayoría de la gente, en materia de conversión, sigue, seguimos, procesos graduales, más que aparatosas caídas del caballo. Pero también es cierto que en ese proceso nebuloso, difícilmente descriptible, todos reconoceríamos episodios, instantes, flashes que recordamos especialmente. Para algunas personas resulta casi una necesidad hablar de tales eventos vitales, los cuentan como quien cuenta una hazaña, a veces sin alcanzar a comprender cómo el interlocutor no queda subyugado por el acontecimiento relatado. Es difícil transmitirlo, tal vez por aquello de que "nunca se logra hablar de lo que se ama", aunque al mismo tiempo se siente de que ninguna otra palabra es más digna de ser dicha que aquella.
Recuerdo especialmente uno de esos hitos en mi camino personal. Fue hace muchos años. Y mediante la televisión (ea, para que luego digan que ese artefacto no sirve para nada positivo). Fue un sábado noche. El Informe semanal mostraba unas imágenes, las imágenes finales de un reportaje sobre un atentado en la tierra de Jesús. Unos tipos con guantes y bolsas de plásticos recogían cuidadosa y exhaustivamente pequeños pedacitos de carne humana entre vidrios y hierros retorcidos. Después vino el intermedio, no habían transcurrido ni siquiera 15 segundos y allí, en la misma pantalla, una mujer de edad mostraba sus pómulos brillantes y atractivos. Era un anuncio de cosméticos. Collons, me dije, ¿esto es la vida, este sinsentido?
No fue exactamente una caída del caballo, más bien un bajar del taburete. Pero sólo es desde abajo desde uno puede levantarse, desde donde Otro puede levantarnos.
(Creo que en el texto de los Hechos falta una palabra; en realidad, lo que Saulo debió decir fue: "Collons, ¿quién eres tú, Señor?" O tal vez no, no me hagan ustedes mucho caso, porque Saulo había ido a una buena escuela rabínica y yo sólo soy un outsider)
Terminemos con una sonrisita tal vez nueva para chiste antiguo:
Dos amigos que se encuentran tras mucho tiempo sin verse:
-Hombre, Damián, qué sorpresa! Me habían dicho que habías muerto el año pasado.
-No, el que murió fue mi hermano Cosme...
-Pero qué lástima, hombre, qué lástima...

lunes, 10 de noviembre de 2008

Outsider o outlaw?



En fin, que acaso tal que así puedo llegar a verme. Y es que el Código de Derecho Canónico prevé que cualquier religioso sacerdote necesita someter sus publicaciones a Obispo y Superior legítimo para que éste, examinando atentamente lo escrito, autorice o deniegue su publicación.

El Código no es muy mayor, tiene 25 añitos sólo, pero estos últimos 25 años han sido como tres siglos para la técnica y el Código, pobrecito, poco sabía de internet (aunque sí sabía ya de radio o tv). Lo cierto es que la mentalidad codificada es todavía la del tiempo de Gutemberg y respecto a los medios de comunicación social sólo sabe esgrimir ideas como "prudencia en el uso" (especialmente para los religiosos, que, al parecer, necesitamos esa especial recomendación dada nuestra inmadurez, véase el canon 666).

En todo caso aquí, como no pontifico ni sermoneo (al menos, no es esa la intención) ni intento sentar cátedra, tal vez pueda argüir en mi defensa que difícilmente voy a perjudicar la "fe y costumbres" de los fieles cristianos.
Además como el Código del 83 no habla de internet, siempre puedo alegar que no me hallo "contra legem", sino en todo caso "praeter legem", o sea que el Código y un servidor no entran en pugna, sino que miran hacia otro lado y no se saludan.
En fin, que todo este rollazo sólo es para aclarar que esto que hoy empiezo durará lo que dure, permitiéndolo el tiempo y no impidiéndolo la autoridad.

Terminemos con una sonrisita tal vez nueva para chiste antiguo:
El gobernador civil pasa por un pueblecito para revisar las medidas que se han tomado contra la epidemia de cólera:
-Señor alcalde, ¿usted qué medida de precaución ha tomado?
-Señor gobernador, he mandado preventivamente agrandar el cementerio.